El 2 de octubre de 2011 la cadena estadounidense Showtime estrenó Homeland, un drama y thriller político ambientado en Washington. A día de hoy continúa en emisión con su séptima temporada. Hasta la fecha ha logrado 35 premios, incluyendo numerosos Emmy y Globos de Oro en las principales categorías, tanto para el reparto como para la serie en sí, habiendo conseguido los premios a Mejor Guion y Mejor Serie Dramática en varias ocasiones.

Homeland está protagonizada por la agente de operaciones de la CIA Caroline “Carrie” Mathison (interpretada por Claire Danes), el jefe de división de Oriente Medio y mentor de Carrie Saul Berenson (Mandy Patinkin) y el sargento de pelotón de los marines que pasó ocho años como prisionero de guerra en manos de Al-Qaeda Nicholas “Nick” Brody (Damian Lewis). El reparto lo completan David Harewood, que encarna al subdirector de la CIA y jefe de Carrie David Estes; Morena Baccarin, la esposa de Brody, Jessica Brody; y Navid Negahban, que interpreta al líder terrorista sirio Abu Nazir.

De izquierda a derecha, primera línea: Morena Baccarin, Damian Lewis y Claire Danes. De izquierda a derecha, segunda línea: David Harewood, Mandy Patinkin y Diego Klattenhoff. Fuente: Collage de elaboración propia.

La serie está ambientada en el mismo año en el que se estrenó, en 2011, unos meses después de la muerte de Osama Bin Laden (en mayo de ese mismo año). Además, a finales de ese mismo año culminaría la retirada de las tropas estadounidenses de Irak, pero no así de otros países de Oriente Medio, como Afganistán. En esta época, el enemigo principal de Occidente era la organización terrorista Al Qaeda, que operaba en varios países de Oriente Medio, (Siria, Irán o Afganistán) y contaba con financiación de Arabia Saudí y contactos internacionales.

Sobre esta red de financiadores y contactos internacionales es en lo que se basa la primera temporada de Homeland. Estos primeros doce capítulos se centran en la vuelta a casa de Nicholas Brody después de estar ocho años prisionero de Abu Nazir en Afganistán. Durante toda esta trama se van mostrando aliados de Abu Nazir en Estados Unidos. Una red de contactos que abarca muchos ámbitos sociales.

Esa red de contactos es lo importante en esta temporada. No solo cuenta con militares convertidos durante su cautiverio. También hay un diplomático de Arabia Saudí, el mayordomo de un príncipe saudí, un sastre musulmán… En su mayoría hombres procedentes de países de Oriente Medio (OM). Por eso, cuando la CIA está detrás de una pareja por posibles contactos con Al Qaeda, investigan al marido: un profesor universitario musulmán también árabe, cuando en realidad el contacto es la mujer: una estadounidense (blanca) de familia rica que debido al negocio del petróleo vivió unos años en Arabia, donde conoció a su marido, y también se convirtió y radicalizó.

¿Y cómo se realiza esta red de contactos? ¿Cómo se radicaliza a la gente para que dejen de creer en su país? Demonizando a Estados Unidos. Es muy fácil ver solo una parte de la historia, creer lo que dicen los medios de comunicación occidentales sobre las operaciones militares en OM, porque la versión de allí o no llega o se ridiculiza. Pero los habitantes de esos países lo viven y lo sufren de otra manera. Constantemente reciben bombardeos por parte de la aviación occidental, provocando las bajas de personas inocentes (en la serie ponen el ejemplo de una escuela y 82 niños muertos, entre los que se encuentra el hijo de Abu Nazir).

Los bombardeos, o atentados según desde el lado en el que se mire, se responden con otro atentado, y este se responde con más operaciones militares. Es esta escalada de violencia sin fin lo que ayuda a la radicalización de los habitantes de estos países, el ver como gente inocente muere por culpa de occidente, sin que ni siquiera reconozcan cuando se equivocan.

Pero también hay conversos. En la serie usan de ejemplo a Brody. Un marine, lo más pro estadounidense que puede encontrarse. Y aun así le convierten y radicalizan. El proceso es prácticamente similar: hay que mostrarle el otro lado de la historia, demostrar que el verdadero enemigo mundial es otro, que ellos quieren vivir en paz. Pero antes hay que doblegarle, y lo hacen destrozando su cuerpo y su mente. Palizas diarias, torturas, hambre, desmoralización… Todo llega a tal punto que cuando Abu Nazir le asea y le ofrece cama y comida, no tiene otra opción que rendirse a él. Y una vez está dispuesto, se le enseña otro modo de vida.

Otro aspecto interesante de esta red de contactos es su anonimato, incluso para sus miembros. Se podría decir que más que una red es una pirámide de contactos. Un miembro conoce solo a un superior directo que le da órdenes, y a uno o dos subordinados a los que les cuenta sus planes. Cada persona conoce a dos o tres como mucho, así, si cae un eslabón, la red se mantiene intacta, además de no poder delatar a muchos compañeros. Y nadie es imprescindible, todo el mundo tiene su utilidad, independientemente de su puesto o cargo en la “vida real”. Es esta red de contactos lo que le da real valor a la serie, puesto que muestra cómo funciona el mundo de las relaciones internacionales (secretas, en este caso).

Asimismo, la segunda temporada introduce un segundo tema también importante: la educación. Ya desde los primeros capítulos de esta parte, se ve como los estadounidenses más jóvenes no diferencian entre “árabe” y “musulmán”. Pero, según uno de estos estudiantes “¿Qué más da? Son los malos. Mejor destruirles antes de que nos destruyan”. De esta manera la serie refuerza la idea de la manipulación de datos y la desinformación.

Pero las cosas no son tan sencillas como se muestran en la serie, y eso es teniendo en cuenta que en Homeland nada es fácil ni sencillo.

Errores y aciertos

Desde hace varios años, las organizaciones terroristas internacionales como Estado Islámico, no siguen el método de reclutamiento que se ve en Homeland. Ya no es necesario que las personas que se conviertan tengan una relación directa con estas organizaciones en Oriente Medio. Son los captadores los que llegan a países como España desde Siria o Marruecos. Y es aquí, en occidente, donde convencen a gente de confianza. Además, y es cada vez más común, la movilización se hace online, a través de webs y redes sociales.

Un ejemplo actual de captador que llega al país occidental es el de los terroristas de Barcelona y Cambrils de 2017. Los jóvenes que cometieron el atentado fueron supuestamente radicalizados por el imán Abdelbaki Es Satty. Un adulto que ha vivido tiempo en OM con ideas extremistas y un grupo de jóvenes de segunda generación que confían en él.

Otro dato desactualizado (al menos en las primeras temporadas) es la captación de mujeres. Entre 2011 y 2016, alrededor de 5000 personas de países occidentales viajaron a Oriente Medio para unirse a organizaciones terroristas. De esas 5000, unas 550 (el 10%) eran mujeres. Puede parecer una cifra pequeña, pero es la primera vez que una organización de este estilo recluta tantas mujeres. Por eso es extraño que la serie no incluya este fenómeno.

Podría argumentarse que las reclutadas ocupan puestos de “inteligencia militar”, organizando a los miembros y transmitiendo instrucciones. Pero desde hace pocos años, también se han utilizado para cometer actos terroristas. Es decir, hay mujeres en todos los niveles de estas organizaciones. Por eso, una serie que se dedica a indagar sobre las entrañas de este tipo de organizaciones, debería prestar más atención a este fenómeno.

Es obvio que estos pequeños errores no restan calidad a la serie, puesto que solo los notarían los espectadores más interesados por la situación internacional. Pero eso no quita que Homeland tenga sus detractores en Oriente Medio.

Entre esos detractores hay unos grafiteros contratados por Showtime en la quinta temporada. La productora les pidió que hiciesen grafitis en árabe para decorar un campamento de refugiados sirio. Estos artistas callejeros aprovecharon para añadir consignas como “Homeland es racista” o “Homeland es una broma, y no nos ha hecho gracia”. En un comunicado posterior explicaron que la serie perpetúa estereotipos peligrosos, como el pensamiento de que todas las mujeres llevan burka y van tapadas hasta los ojos.

Funcionarios del gobierno pakistaní se manifestaron en la misma línea, argumentaron que la representación de su país no podría ser más errónea. Desde el mal uso de la lengua urdu, ‘lingua franca’ de Pakistán, hasta la falta de vegetación en la representación de Islamabad, haciendo parecer la capital del país una zona desértica castigada por constantes bombardeos.

Estos estereotipos y falsas representaciones podrían haberse solucionado con una documentación mínima. Por otro lado, que Showtime no lo hiciera solo refuerza la opinión de los funcionarios pakistaníes y de los grafiteros. Con este comportamiento parece que la productora no respeta la cultura en la que se centra su serie, y solo la ve como un producto comercial.

Lógicamente, podría pensarse que al ser una serie estadounidense, Homeland muestre erróneamente la forma de vida de los habitantes de Oriente Medio. Al fin y al cabo, son numerosas las series y películas que muestran al “héroe americano” defendiendo su país de peligrosos invasores extranjeros.

Pero la CIA (siglas de Agencia Central de Inteligencia en inglés) también tiene puntos de vista contrarios a Homeland. Algunas son críticas tan nimias como que las oficinas de la Agencia en la ciudad de Langley no son tan elegantes como las que se ven en la serie. U otras tan lógicas como que una persona con una enfermedad mental tan severa como la de Carrie Mathison no podría estar trabajando en la CIA, puesto que podría poner en peligro sus operaciones. El público también puede suponer que el trabajo de los analistas no es tan emocionante, y que la mayor parte del tiempo están redactando y presentando informes. Pero estas críticas por parte de la CIA no son las que le quitan valor a la serie, al fin y al cabo, es un producto de entretenimiento.

Hay otras quejas de la Agencia que sí se deberían tomar en consideración. Por ejemplo, y sucede como en Pakistán, la representación de las mujeres que trabajan como espías. La queja más habitual entre las trabajadoras de la CIA es que el sexo no es un medio para conseguir un fin. Carrie Mathison no es la única espía de ficción que utiliza este método para acercarse a un objetivo o conseguir información. Pero nada más lejos de la realidad. Las analistas de la CIA no son “Mata Haris” que llevan vestidos de lujo para seducir a quien convenga mientras que no saben llevar una vida privada estable. Son personas normales, con las mismas herramientas y técnicas que sus compañeros, y que perfectamente pueden mantener una vida normal con su familia mientras desempeñan su trabajo.

Pese a tener algunos fallos, la representación de los analistas de la CIA tiene sus aciertos. En la cuarta temporada aparece el ISI (Dirección de Inteligencia Inter-Services), el mayor servicio de inteligencia en Pakistán. Aunque no se muestre como agencia “amiga” de la CIA, la colaboración entre estas instituciones es constante y vital para el buen desarrollo de las misiones antiterroristas internacionales.

Comparación de la dedicatoria final en Rambo III. Arriba, post atentado del 11S; abajo, mensaje original. Fuente: Collage de elaboración propia.

El apoyo por parte de la CIA que reciben los analistas que sufren de Trastorno por estrés postraumático, o la intención de los exagentes de encontrar un trabajo que tenga similitudes con el anterior, son otros aciertos de Homeland. Pero si hay uno que destaca es que no reniega del pasado de Estados Unidos.

Para hablar de este pasado hay que remontarse a finales de la década de los 70, en plena Guerra Fría. En 1978 el Partido Democrático Popular de Afganistán fomentó un golpe de estado contra el presidente Mohamed Daud, cuyo gobierno encerraba e incluso asesinaba a los ciudadanos comunistas. Con el nuevo gobierno prosoviético, Afganistán experimentó cambios radicales, uno de ellos siendo la propuesta de repartir las tierras y acabar con los terratenientes.

Este nuevo aire reformista en un país emergente aliado de la URSS, propició que EEUU financiara a los muyahidines, campesinos contrarios al gobierno que seguían a sacerdotes y terratenientes. Este empuje contrarrevolucionario hizo que la Unión Soviética interviniese militarmente. Mientras tanto, Estados Unidos continuaba entrenando y armando a los muyahidines para derrocar al Gobierno afgano. Es más, una de las corrientes más extendidas afirma que esta financiación fue la que propició el nacimiento de Al Qaeda de manos de Osama Bin Laden.

En 1989, tras la muerte de 15.000 personas, los soviéticos dejaron Afganistán en manos de los muyahidines. Este nuevo régimen acabó con el crecimiento que comenzó en 1978. Pero para los Estados Unidos, esta operación fue todo un éxito. El presidente Ronald Reagan dedicó a estos “valientes luchadores por la libertad” el lanzamiento del transbordador espacial Columbia. Incluso la película Rambo III estuvo dedicada a los muyahidines hasta el atentado de las Torres Gemelas. A partir de ese día se cambió la dedicatoria en las posteriores ediciones de la película.

Este armamento de los muyahidines por parte del gobierno de Reagan vuelve a aparecer en la cuarta temporada. Durante su colaboración con el ISI en Pakistán, Carrie sufre un ataque con drones por parte de una facción que desciende de los muyahidines entrenados en secreto por la CIA. Es decir, que las acciones de EEUU en los años 80’s todavía tiene repercusión en el Oriente Medio de la actual década. Esta es, en parte, la colaboración antiterrorista que argumentaban los funcionarios pakistaníes al criticar los errores de la serie.

Encuesta en Francia: “¿En su opinión, que nación contribuyó más a la derrota de Alemania en 1945?” Fuente: Olivier Berrouyer, les-crises.fr.

Las historias de ficción desde siempre han influido en la sociedad a la hora de ver y entender el mundo. Y desde hace varios años, las producciones culturales audiovisuales son predominantemente estadounidenses. Esto provoca que sea su versión la que el gran público consuma. Un claro ejemplo de esta tendencia es la opinión general sobre la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial.

Por este motivo, las grandes productoras como Showtime deben tener cuidado y respeto a la hora de crear sus series. Una mala representación puede cambiar la opinión del público, aunque haya voces discordantes que intenten llamar la atención sobre los errores.

Una última oportunidad

El éxito de Homeland es claro. En la actualidad, con el amplio mercado audiovisual disponible, no es común que una serie tenga siete temporadas. Aun así, su pérdida de audiencia y que la crítica esté de acuerdo en que su calidad va mermando, hará que la octava temporada sea la última. Pero aún no es tarde para enmendar sus errores.

Homeland propone conceptos interesantes en sus tramas, como son la colaboración internacional entre agencias de inteligencia, las redes de contactos terroristas y la desinformación institucional. Pero como se ha visto, también cae en diversos errores de representación, ya sea con las mujeres en general, con los trabajadores de la CIA, o con los países de Oriente Medio en los que se centra la acción.

Es importante destacar cómo una serie que pone en el foco de atención la mala calidad y escasez de información que tenemos en occidente sobre la situación en Oriente Medio, caiga en estos errores. Y es preocupante que no pongan empeño en arreglarlo, cuando son cuestiones sencillas de contrastar.

Pero también es importante destacar sus aspectos positivos, como la realidad de los agentes de la CIA en el desempeño de sus funciones. Por eso cabe esperar que la última temporada de Homeland sea la mejor de todas, y no solo en cuanto a tramas se refiere.

La octava temporada es la última oportunidad de Showtime para demostrar que los países de Oriente Medio no son un recurso más. Son lugares reales con situaciones políticas complejas. No debe simplificarse ni estereotiparse su situación para hacerla más atractiva para la audiencia. Es la última oportunidad para que influyan en la sociedad occidental, para que muestren cómo son realmente los movimientos antiterrorista internacionales. Es la última oportunidad para que se tomen a sí mismos como ejemplo, y acaben con la desinformación.

En mi opinión, Homeland es un producto cultural entretenido, que engancha al espectador con su intrigante trama. Al menos al principio. A lo largo de las temporadas cambia el suspense por la acción, haciendo que sea “una serie más” y pierda su principal atractivo. A ojos de una persona inexperta en temas internacionales relacionados con Oriente Medio, es un buen reflejo de lo que vemos cada día en los medios de comunicación, incluso va más allá y explica las profundidades de las organizaciones terroristas. Pero si se ha vivido en estos países de primera mano, Homeland  pasa a ser un despropósito racista, como muchas series y películas antes que ella. Es decir, Homeland es una serie interesante, intrigante y seria. Siempre y cuando se vean solo las primeras temporadas y solo se busque entretenimiento. Pero no es la serie indicada si se quiere un análisis profundo y realista sobre Oriente Medio.

Referencias
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Juan Albendea

El proyecto de periodista más friki a este lado del Huécar. Apasionado de las series, cine, libros, cómics y videojuegos. El humor es mi actitud ante todo.
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