El próximo mes de mayo está marcado en rojo en los calendarios de todos los venezolanos: tendrá lugar la elección presidencial. Serán las primeras, desde hace al  menos 50 años, que no se organicen en el mes de diciembre, fecha que marca la Constitución.  Todos los factores políticos coinciden en que será determinante para el porvenir de Venezuela.

La situación actual, a nivel económico y político, es insostenible, y los resultados de los comicios van a marcar sobremanera el futuro del país latinoamericano. El año 2018 será de mayor conflictividad social por los efectos de la hiperinflación, el desabastecimiento de comida y medicinas y la crisis en los servicios públicos. Una situación que se acentuará a medida que transcurra el año.

Por ello, el Consejo Nacional Electoral, dominado por funcionarios leales al Presidente, decidió adelantar la elección presidencial en un primer momento para el 22 de abril. Con esta medida, el Poder Electoral acataba la solicitud hecha por la Asamblea Nacional Constituyente chavista de celebrar los comicios de forma anticipada. El anuncio se hizo oficial inmediatamente después de que fracasaran las conversaciones entre el chavismo y la oposición venezolana, en las cuales los primeros se negaron en todo momento a acordar unas elecciones que fueran después de abril, mientras que los dirigentes de la oposición proponían que estas debían ser, como mínimo, en el mes de junio. Además, exigieron a la delegación de Maduro que suscribiera un acuerdo en el que quedara establecido cómo, y en qué plazos, iban a instrumentarse las medidas que garantizarían la igualdad de acceso a los medios televisados en materia de mensajes y spots televisivos; el veto al uso de los recursos públicos en la campaña y el comportamiento profesional y equilibrado de las Fuerzas Armadas el día de la consulta.

La votación, originalmente prevista para finales de año, sería la tercera convocada por la Constituyente en seis meses. Ya en agosto, el Legislativo chavista ordenó el adelanto de la elección de Gobernaciones que, finalmente, se hizo en octubre por un resultado catalogado como fraudulento por la oposición. Posteriormente tuvieron lugar los comicios municipales, el pasado 10 de diciembre, en los cuales tres de los cuatro grandes partidos de la coalición Mesa de la Unidad Democrática (MUD) se abstuvieron de participar, por creer que no existen condiciones transparentes. Esto concedió un triunfo avasallador al Partido Socialista Unido de Venezuela (partido de Maduro), que ahora tiene el control del mapa político del país.

De esta manera, el chavismo tenía la escena perfecta para organizar unas elecciones como le viniera en gana: una campaña electoral brevísima, que no expusiera demasiado a Maduro frente al electorado, tutelada por unos funcionarios electorales comprobadamente chavistas, el control casi absoluto  de los mensajes televisados, el uso discrecional de los recursos públicos para la contienda, dirigentes opositores y partidos políticos proscritos y la colaboración activa de la logística de las Fuerzas Armadas Venezolanas.

La controvertida decisión provoco la oposición de los principales países de América Latina, agrupados en torno al Grupo de Lima, quienes rechazaron la convocatoria adelantada de elecciones. Las potencias consideraban que la celebración de comicios antes de mayo impedía que fueran “transparentes y creíbles” y carecían de “legitimidad y credibilidad”.

A ello se sumó la decisión que tomó la oposición venezolana de no concurrir a las elecciones. La Mesa de Unidad Democrática (la coalición de los partidos de la oposición) decidió no participar en las elecciones Presidenciales convocadas para el 22 de abril por considerar que no cumplían condiciones ni garantías democráticas, al vetar a candidatos como Leopoldo López o Henrique Capriles. “Retamos al gobierno de Maduro a que se mida contra el pueblo en unas elecciones de verdad”, afirmaba el comunicado emitido.

Con un sistema electoral controlado por el chavismo y el retiro de los partidos fuertes de la oposición de la contienda, la reelección de Nicolás Maduro como presidente de Venezuela parecía inminente. Sin embargo, Maduro no estaba satisfecho de ganar unas elecciones en las que solo él se presentara, lo que llevó a que el Consejo Nacional Electoral atrasara hasta el 20 de mayo los comicios.

El anuncio evidenciaba un sorprendente matiz estratégico, en el cual parecía hacerse un último esfuerzo por lograr la participación de parte de la oposición. Así quedaba claro que, al menos en el terreno teórico, el chavismo había hecho algunas concesiones. Los mandos chavistas no firmaron el pacto con la coalición opositora, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), que ha decidido boicotear las elecciones por no haber garantías, sino con los partidos opositores que sí se presentan a las elecciones y que decidieron acompañar a Henri Falcón, que no acató lo acordado por la MUD y presentó su candidatura a las elecciones por parte de Avanzada Progresista, Movimiento al Socialismo (MAS) y Comité de Organización Política Electoral Independiente (COPEI).

El Gobierno se comprometió a no abusar de su presencia en los medios, a permitir a la oposición reunirse con los efectivos militares del Plan República, a regresar a sus lugares originales los centros de votación que fueron mudado, a no colocar “puntos rojos” –centros de propaganda- el día de las elecciones en los lugares donde se vota, a organizar auditorias y depurar el Registro Electoral.

¿Habrá elecciones limpias?

La posibilidad de que, a pesar de los acuerdos, las elecciones sean fraudulentas, es muy alta. En los pasados comicios de la Asamblea Constituyente, el Consejo Nacional Electoral manipuló “al menos 1 millón de electores” para que Maduro consiguiera la mayoría, según Smartmatic, la empresa a cargo del sistema de voto electrónico empleado en las elecciones.

En cuanto a las elecciones de gobernadores, el CNE sesgó el proceso electoral a favor de los candidatos oficialistas al modificar el Registro Electoral, reubicar centros electorales, rechazar la sustitución de candidatos, eliminar el uso de la tinta indeleble y los controles al voto asistido, entre otros. Y para sellar el triunfo, obligaron a los gobernadores electos a juramentarse ante la Asamblea Constituyente.

En las elecciones municipales, además, el régimen de Maduro hizo énfasis en la coacción del voto a través del carnet de la patria, como tarjeta de identificación, y el voto asistido, la violación del perímetro de seguridad del centro electoral y la destitución de los testigos de mesa por presentar objeciones a la forma como se desarrollaba el proceso electoral.

Así, en menos de cinco meses, el régimen de Maduro dejaba atrás la forma de gobernar de los últimos 17 años, un régimen autoritario con elecciones competitivas, para pasar a una dictadura comunista, en la que el partido político del régimen gana todas las elecciones con una gran mayoría, tal como ocurre en Cuba, Rusia, China y en extremo Corea del Norte.

En lo que algunos denominan como una “dictadura moderna”, el modo de hacer trampa y ensuciar un correcto proceso de votación también se ha llevado a cabo de forma “moderna”. Maduro se ha valido del populismo puro: a través de chantajes a los estratos más pobres, ha logrado obtener votos con la estrategia de comida a cambio. A ello se suma el programa “uno por diez”, donde cada militante del Partido Socialista Unido de Venezuela está obligado a llevar a diez personas a la fuerza para que ejerzan su voto a favor del chavismo.

Por otro lado, de la mano con el CNE y del Tribunal Supremo de Justicia, el oficialismo ha logrado inhabilitar a los principales líderes opositores, aquéllos que considera una amenaza y que podrían causarle una derrota electoral, como Leopoldo López o Henrique Capriles. Otra medida fraudulenta se basa en la eliminación, sin explicación, de al menos 17.000 electores. Esto sucedió para los comicios regionales del 2017 y podría repetirse para estas presidenciales, situación que podría sumarse a la reducción de mesas de votación para complicar aún más el proceso.

Es evidente que el fraude electoral ha estado latente desde hace muchos años, pero recientemente se ha efectuado de manera descarada y visible, lo que hace prever que las elecciones del próximo mayo estarán muy lejos de ser limpias.

Maduro busca la reelección

El candidato a la reelección Nicolás Maduro, del Partido Socialista Unido de Venezuela y candidato por la coalición Gran Polo Patriótico Simón Bolívar, es protagonista de una meteórica carrera política inimaginable dos décadas atrás, cuando recorría las calles de la capital venezolana al volante de un autobús.

El sucesor de Hugo Chávez, nacido en 1962 en Caracas, es confeso cristiano, está casado con Cilia Flores y tiene una hija.  De familia de izquierdas, con 12 años ya militaba en una organización de izquierdas llamada Ruptura y posteriormente participó activamente en la Liga Socialista.

Fundador de la Fuerza Bolivariana de Trabajadores y férreo activista por la libertad del Comandante Chávez cuando este se encontraba en prisión, inició una carrera política en las calles formando parte del Movimiento V República, partido con el que participó en la campaña presidencial de 1998 en la que Hugo Chávez resultó presidente electo de Venezuela. Tras esto, fue elegido diputado en la Asamblea Constituyente de 1999, y posteriormente diputado para la Asamblea Nacional de Venezuela en 2000, cargo en el que fue reelegido en 2005. Poco después, sería designado Presidente del Parlamento hasta 2006, fecha en la que se convirtió, a petición de Chávez, en Ministro del Poder Popular para los Asuntos Exteriores. Con el fallecimiento de este, Maduro, entonces vicepresidente del Gobierno, asumió el cargo de presidente encargado, hasta la celebración de elecciones que le llevó aconvertirse en electo mandatario de Venezuela en abril de 2013.

Ahora se presenta a una reelección en la que, a pesar de su indudable impopularidad en las calles, parece que hay muchas formas en que su Gobierno puede asegurar la victoria. El equipo de Maduro viene aumentando la entrega de ayudas y la presión sobre los trabajadores estatales; a la par que incentiva hábilmente las divisiones dentro de la oposición y se beneficia de un poder electoral que le es proclive.

Situación de la oposición

Enfrente, una oposición que rara vez está de acuerdo en algo. Sin embargo, si se menciona el nombre del candidato Henri Falcón, los radicales en ambos bandos le tratan con desprecio o al menos con desconfianza. “Traidor” vociferan los incondicionales de Maduro, que no pueden perdonar al exgobernador por romper en 2010 con su amado líder, el fallecido mandatario Hugo Chávez. “Chavista light”, dicen los furibundos opositores, siempre sospechando que Falcón entró en sus filas como un caballo de Troya.

El exmilitar de 56 años y candidato de Avanzada Progresista es popularmente calificado como “Henry Falsón”, por sus sospechosos cambios de partido. En un primer momento, fue funcionario chavista y militante del partido de Hugo Chávez (Partido Socialista Unido de Venezuela), con el que ganó la gobernación del Estado de Lara. Sin embargo, se apartó de sus filas en el año 2010 para integrar la fuerza política Patria Para Todos. Con este movimiento se alió, de forma sorpresiva, con la Mesa de Unidad Democrática, principal partido de la oposición, en el año 2011 para apoyar al candidato que confrontaría a Hugo Chávez en las presidenciales de 2012. Ahora, vuelve a deslindarse de la MUD, para postularse a unas elecciones donde tiene todas las de perder.

Maduro y Falcón parten como claros favoritos en los comicios. Pero tres candidatos más se medirán a ellos: Javier Bertucci, Reinaldo Quijada y Luis Alejandro Ratti.

Javier Bertucci, candidato de Esperanza por el cambio, es pastor evangélico, creador de la Iglesia Maranatha en Venezuela y fundador de la asociación El Evangelio Cambia, además de empresario. Bertucci es un hombre que asegura que “ha dedicado su vida al Señor”, pero también es uno de los tantos venezolanos que aparece en los Papeles de Panamá y fue imputado por contrabando de diesel en 2010. La postulación de Bertucci, que afirma ser “la luz entre las tinieblas” para buscar derrotar a Maduro, causó suspicacia debido a que muchos aseguran que se trata de un acuerdo con el régimen de Nicolás Maduro para evitar represalias por estar vinculado en los Papeles de Panamá.

Reinaldo Quijada, miembro del partido Unidad Política Popular (UPP89), es un ingeniero chavista que se autodenomina como “opositor” a Nicolás Maduro. Dice que es “defensor del proceso revolucionario” instaurado por el expresidente fallecido Hugo Chávez Frías pero disidente del régimen de Maduro. Quijada no cuenta con una sólida estructura electoral, ni con el apoyo popular; es un hombre desconocido en la palestra pública. “Desde el Gobierno han venido señalando que nosotros somos un partido de oposición, ciertamente somos oposición al Gobierno del presidente Maduro, ciertamente somos oposición al PSUV (partido de gobierno), pero no somos oposición al proceso revolucionario”, dijo en el momento de inscribir su candidatura.

Por último, Luis Alejandro Ratti, expresidente del Frente Bolivariano Hugo Chávez, pastor evangélico y empresario, se presenta como candidato independiente y se denomina como un “descontento” dentro del chavismo y disidente de Nicolás Maduro. Hasta 2016, Ratti se mostraba públicamente como el presidente nacional del Frente Bolivariano Hugo Chávez; ahora asevera que es independiente y de tendencias políticas de centro.

Una situación económica insostenible

Las nefastas políticas adoptadas por el régimen bolivariano han propiciado que, en la actualidad, la economía venezolana se encuentre en estado de coma. El país vive un periodo de recesión que ya acumula cuatro años y la mala gestión en las actividades económicas en el territorio ha llevado a que la economía se reduzca un 35%. La realidad económica que viven hoy los venezolanos es realmente alarmante. El desempleo alcanza el 30% y los precios de todo tipo de bienes en el país aumentarán un 13.000% este año, según cifras del Fondo Monetario Internacional.

Tan mala es la situación, que el propio régimen ha dejado de publicar gran cantidad de estadísticas desde hace casi tres años. De hecho, el último dato oficial del PIB publicado por el Banco Central de Venezuela corresponde al tercer trimestre de 2015, mientras que el Instituto Nacional de Estadística hace lo propio y no publica cifras desde 2013.

Así, Venezuela sufre hoy la mayor recesión de su historia, así como la caída más intensa del PIB a nivel mundial. Además, el incremento de los precios se ha descontrolado por completo. Según el Banco Mundial, la subida del IPC fue del 121’74% en 2015 y del 256% en 2016. Además, el pasado mes de octubre, el país entró en hiperinflación, ya que el aumento de precios superó la barrera del 50% al mes.La principal empresa del país, Petróleos de Venezuela (Pdvsa), la casi única fuente de ingresos del país, atraviesa por una situación de desorden que se ve reflejado en la economía nacional.

En este punto, los continuos aumentos de salarios aplicados por el Gobierno no hacen más que agravar los incrementos de los precios. Con el actual ingreso básico, apenas se pueden comprar 30 huevos, un kilo de carne, uno de azúcar y otro de cebolla al mes. Además, existen graves problemas de liquidez en los bancos, lo que dificulta la retirada de efectivo de las sucursales y la falta de medicamentos y alimentos que vive gran parte de la población venezolana ha provocado que se declaren en situación de emergencia humanitaria.

El sistema electoral venezolano: ¿cómo se elige al Presidente?

Venezuela elige a su presidente por medio de votaciones libres, universales, directas y secretas, siguiendo el sistema de vota único (uninominal), de conformidad con los artículos 63 y 228 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. El presidente es elegido por un periodo de 6 años y es posible su reelección. Hasta 2009, se limitaba el mandato presidencial a dos términos consecutivos. Sin embargo, un referéndum aprobado en 2009 eliminó estas restricciones.

Se presentan candidaturas uninominales, sin suplentes, y pueden postular para Presidente de la República partidos políticos nacionales, Grupos de Electores Nacionales, Agrupaciones de Ciudadanos Nacionales e Iniciativas propias.

Todo venezolano mayor de 18 años registrado en el Consejo Nacional Electoral puede votar en la elección Presidencial y se proclamará electo o electa el candidato o candidata que hubiere obtenido la mayoría de votos válidos (artículo 228 de la Constitución).

En la actualidad, según el artículo 227 y 229 de la Constitución de 1999, para ser presidente de Venezuela se requiere:

  • Ser ciudadano venezolano de nacimiento (gozan de los mismos derechos los venezolanos y venezolanas por naturalización que hubieren ingresado al país antes de cumplir los siete años de edad y residido en él permanentemente hasta alcanzar la mayoridad).
  • No poseer otra nacionalidad.
  • Tener 30 años cumplidos al tiempo de la elección.
  • No estar sometido a condena mediante sentencia definitivamente firme.
  • No ser vicepresidente de la república, ministro, gobernador de Estado ni alcalde, en el día de su postulación y a la fecha de la elección.
  • Ser de estado seglar, es decir, no tener ningún cargo religioso en ninguna religión.
  • No estar sujeto a interdicción civil o inhabilitación política.
  • No haber sido condenado por delitos cometidos durante el ejercicio de sus funciones y otros que afecten al patrimonio público, dentro del tiempo que fije la ley, a partir del cumplimiento de la condena y de acuerdo con la gravedad del delito.
Un resultado que marcará el futuro

Algunos países ya se han anticipado a los posibles resultados que tendrán las votaciones en Venezuela. Uno de los más poderosos del mundo, Estados Unidos, no reconocerá los resultados de las elecciones “fraudulentas”, según ha afirmado el vicepresidente Mike Pence, que añade que su país “no descansará hasta que se restablezca la democracia en Venezuela y que el pueblo venezolano recupere su derecho a la libertad”. Asimismo, otros países como Argentina, Bahamas, Brasil, Canadá, Costa Rica, Guatemala, Guyana, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú, Uruguay, Chile, Colombia se han pronunciado al respecto durante la VIII Cumbre de las Américas y han afirmado que desconocerán el resultado de los comicios en Venezuela. Por su parte, Evo Morales, presidente de Bolivia y la delegación cubana fueron los únicos que alzaron la voz a favor de Venezuela.

Por su parte, España ha visto cómo esta convocatoria de elecciones era simultánea a un nuevo conflicto con Venezuela. El pasado 25 de enero, el Gobierno de Venezuela decidió expulsar de su país y declarar persona non grata al embajador español en Caracas, por lo que el régimen de Maduro consideraba “continuas agresiones y recurrentes actos de injerencia en los asuntos internos” del país sudamericano, según un comunicado del Ministerio de Exteriores venezolano. Como consecuencia, el Gobierno español expulsó a su homólogo venezolano y también lo declaró persona non grata, en “estricta aplicación del principio de reciprocidad”. Sin embargo, el pasado 18 de abril los gobiernos de Mariano Rajoy y Nicolás Maduro acordaron restablecer el funcionamiento normal de sus embajadas con el regreso a sus puestos de los embajadores. En el Gobierno interpretan que esta petición ahora de Maduro tiene que ver con que cada vez está más aislado en el panorama internacional y quiere dar la sensación de que hace algún gesto de apertura de cara a las elecciones presidenciales.

Y es que, a pesar de que las relaciones diplomáticas entre Venezuela y España tuvieron momentos de entendimiento, con el paso de los años, las constantes diferencias abrieron paso a una serie de conflictos, insultos y problemas que se agravaron aún más cuando el presidente Maduro asumió la jefatura del Estado.

El complejo entramado político y económico de Venezuela crea una gran expectativa por los próximos resultados del 20 de mayo. Si el presidente Maduro llega a ser reelegido, la comunidad internacional, que ya dijo que no reconocerá los resultados, deberá decidir cuál será su siguiente paso. Por otro lado, si llegara a ser elegido un candidato adverso al oficialismo, ¿la comunidad internacional mantendrá su discurso oficial a pesar del cambio de Gobierno?

 

Referencias
http://interamericantrends.com/?p=pub-en-2018-la-eleccion-presidencial-determinara-el-porvenir-de-venezuela-es

https://elpais.com/internacional/2018/02/08/america/1518047238_754183.html

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https://elpais.com/internacional/2018/01/23/america/1516747091_502952.html

http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/2018-eleccion-presidencial-determinara-porvenir-venezuela_216133

http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40804551

https://lta.reuters.com/article/topNews/idLTAKBN1GU0OT-OUSLT

https://impresa.prensa.com/panorama/Dudas-rival-Maduro_0_4987751255.html

https://www.eluniverso.com/2013/03/05/1/1361/nicolas-maduro-chofer-bus-sucesor-chavez.html

https://intermedia.press/2018/03/01/presidenciales-en-venezuela-maduro-ya-tiene-los-payasos-de-su-circo-electoral/

https://www.libremercado.com/2017-11-14/la-economia-de-venezuela-un-infierno-en-la-tierra-1276609010/

http://www.el-nacional.com/noticias/crisis-economica/pais-economia-venezolana-estado-coma_217683

http://www.cne.gob.ve/web/sistema_electoral/sistema_electoral.php

https://peru21.pe/mundo/paises-cumbre-reconoceran-proximas-elecciones-venezuela-fotos-403496

http://www.france24.com/es/20180423-inicia-campana-electoral-venezuela

https://politica.elpais.com/politica/2018/01/25/actualidad/1516892002_743473.html

https://politica.elpais.com/politica/2018/04/18/actualidad/1524077442_798133.html

http://www.el-nacional.com/noticias/europa/abc-tormentosa-relacion-entre-espana-venezuela-bolivariana_221107

 

Maria Gutierrez

Maria Gutierrez

Estudiante de Periodismo en la UCLM.

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