La palabra propaganda proviene del término latín “Propagare”, el cual significa propagar. La misma, se trata de una forma de comunicación a través de la que se busca conseguir el posicionamiento referente a una ideología política o religiosa de un individuo o un grupo de individuos. Asimismo, tiene como principal objetivo influir en las decisiones que toman los ciudadanos dentro de una sociedad y es considerada un arma de guerra en la lucha de ideologías.

En sus inicios, el verbo propagare fue usado principalmente en el ámbito de la agricultura para hacer referencia a las semillas y cultivos. Posteriormente, este término fue usado por la Iglesia en la frase “De propaganda fide”, la cual significaba “Por la extensión de la fe” y finalmente, fue aplicado a la terminología bélica aludiendo a la conquista de territorios nuevos.

Desde finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, la propaganda ya comenzó a jugar un papel importante en la movilización ideológica de las democracias occidentales, generando así un gran avance en la comunicación de masas. Es por ello que la comunicación servirá como un espacio de confrontación política en tiempos de paz y guerra. Sin ella, en la actualidad no podríamos concebir grandes conmociones de la historia como la revolución comunista o el fascismo.

Especialistas como Qualter, definen la propaganda como: “el deliberado intento por algún grupo para formar o alterar las actitudes de otros grupos mediante el uso de instrumentos de comunicación, con la intención de que en una situación dada, la reacción de los así influidos será la deseada por el propagandista”.

En el contexto de la Primera y la Segunda Guerra Mundial las estrategias de información propagandísticas estuvieron presentes jugando un rol destacado. La primera contienda bélica fue la guerra de la propaganda periodística y la segunda, la de las ondas e imágenes. En ambos conflictos se desenvolvieron diferentes tipos de estrategias informativo-propagandísticas: mecanicista, blanca y negra.

En primer lugar, la conocida como estrategia mecanicista fue utilizada durante la Segunda Guerra Mundial por las potencias del Eje. Sus principales medios de comunicación fueron la radio, seguidamente el cine y la prensa y, por último, los carteles, dibujos o folletos.

En segundo lugar, la propaganda blanca estaba basada en el principio de fidelidad a los hechos y veracidad de las noticias. Esta estrategia fue llevada a cabo especialmente por las potencias norteamericana y británica, siendo su principal instrumento la radio, más en concreto la British Broadcasting Corporation (BBC).

En tercer y último lugar, la propaganda negra se asienta en la difusión de informaciones falsas que son presentadas a los destinatarios como noticias verdaderas obtenidas de fuentes fiables. Su uso se extendió a los servicios de inteligencia de todos los países beligerantes, creándose emisoras de radio clandestinas cuyos mensajes iban orientados a impulsar el levantamiento de los distintos pueblos contra sus gobiernos, propiciando así enfrentamientos entre las tropas y sus correspondientes fuerzas políticas.

La propaganda en la Guerra Civil

La propaganda siempre ha estado muy unida a la historia de las guerras actuando, en mayor o menor medida, en todos los conflictos bélicos. En estos casos, la propaganda se encamina inicialmente al frente con el objetivo de mantener la honestidad combatiente. En segundo lugar, se dirige a aquellos que se mantienen neutrales para evitar que se unan al bando enemigo, mantenerlos en su posición imparcial o bien, atraerlos al propio bando y por último, se orienta al frente y a la retaguardia del bando enemigo.

La Guerra Civil española constituye un verdadero hito en la historia propagandística. No obstante, fue la Primera Guerra Mundial la que supuso el nacimiento de la propaganda por parte de los estados más potentes, que continuó con la Guerra Civil y posteriormente, con la Segunda Guerra Mundial.

Aunque durante la Guerra Civil se tomaron como referencia muchos de los elementos que se habían desarrollado durante la I Guerra Mundial (carteles, desfiles, folletos, etc.,), aparecieron otros nuevos como el cine sonoro y la radio, considerada como una novedad absoluta. Así, en el contexto de la Guerra Civil Española tanto el bando franquista como el bando republicano se sirvieron de distintas técnicas propagandísticas.

En un principio, el bando franquista disponía de escasos instrumentos para difundir su propaganda en comparación con el bando republicano, pero poco a poco y con el apoyo de Italia y Alemania, estas carencias se fueron solventando. La Iglesia contribuyó en gran parte a difundir propaganda en apoyo del partido franquista. La prensa continuó aplicando una censura severa y, con el nacimiento de nuevos periódicos de ideología conservadora, la influencia del  régimen se iba ampliando. La Ley de 22 de abril de 1938, más conocida como “Ley de Prensa de 1938” e impulsada por Serrano Súñer fue una de las principales realizaciones en el ámbito de la propaganda del bando franquista. Con dicha ley, la prensa se presentaba como una institución al servicio del Estado. El teatro y otros espectáculos públicos también fueron utilizados como canales propagandísticos y la radio empezó a cobrar gran importancia con las charlas radiofónicas del general Queipo de Llano a través de Unión Radio Sevilla, que gracias a su lenguaje popular y sencillo, los chistes vulgares, insultos, etc., lograría convertirse al general en una gran estrella.

El bando republicano contó con una infraestructura bastante mayor para llevar a cabo su propaganda a través de distintos medios como la prensa, la radio y el cine. En toda la zona controlada por el Gobierno, la prensa escrita sufrió una trasformación radical. Los periódicos de derechas o bien dejaron de publicarse, o bien lo hicieron por cuenta de partidos y organizaciones afines al Gobierno. La llamada “prensa de trinchera” también jugó un papel importante, constituida por periódicos de guerra destinados a mantener la honestidad de los combatientes y su instrucción política e ideológica. Los carteles estarían presentes como instrumento esencial propagandístico y todos los partidos, organizaciones e instituciones del bando republicano se dedicarían a editarlos.

Al igual que en el bando franquista, en el republicano la radio tuvo especial protagonismo, sirviendo al mismo tiempo como un instrumento de educación y cultura, ya que dedicaba un espacio amplio a la realización de distintas actividades para combatir el analfabetismo.

En último lugar, cabe destacar la importancia de la propaganda cinematográfica. La Subsecretaría de Propaganda del gobierno republicano produjo numerosas películas documentales. “España leal en armas” tuvo gran repercusión y “Sierra de Teruel” fue unos de los films con mayor alcance propagandístico.

Propaganda y publicidad

La publicidad se caracteriza por incidir en los hábitos de consumo y criterio de las personas y se trata de una de las formas más generalizadas y desarrolladas de la propaganda. Aunque ambos fenómenos contienen ciertas similitudes y muchos los consideran indistinguibles, también presentan algunas diferencias claras.

En cuanto a las semejanzas, tanto la propaganda como la publicidad tienen como objetivo la persuasión, cambiar el razonamiento y el comportamiento del destinatario como el emisor lo prefiera. Ambas utilizan un discurso basado en figuras retóricas y un uso manipulativo dirigido a conseguir los fines discursivos y sociales del transmisor y además, presentan argumentos o bien racionales, o bien emotivos. En cuanto a los métodos comunicativos, las dos utilizan imágenes, palabras y sonidos o logotipos para la persuasión así como todos los canales posibles para transmitir sus mensajes.

Las diferencias residen en que la propaganda está ligada al poder y es ideológica, mientras que la publicidad no. El acto de propaganda tiene importancia cívica, política, humanitaria y social tanto en la fase de emisión como en la de recepción, a diferencia del acto de publicidad, en el que tanto la fase de emisión como la de recepción carecen de importancia. Además, el discurso propagandístico tiene lugar en una pertenencia política mientras que el publicitario se lleva a cabo en un dominio comercial.

A la hora de distinguir un fenómeno y otro, son muchos los que asocian la publicidad a aquello que tiene una dimensión social, colectiva y universal y la información propagandística a lo que posee una orientación particular, reductora y parcial. Por tanto, podría decirse que la publicidad es más abierta, ya que se dirige al bien de todos, a diferencia de la propaganda, que está destinada a favorecer los intereses de un grupo por encima del bien común. Es por ello que, la desigualdad entre la publicidad y la propaganda no se encuentra tanto en los contenidos como en el procedimiento utilizado. La primera de ellas contiene algo de violencia, se basa en implantar una ideología, un discurso y unos eslóganes sobre los cuales no existe la posibilidad de dar argumentos racionales. Es una idea que se antepone al receptor y que éste no puede rebatir: o lo acepta o se autoexcluye. En cambio, la segunda es más suave y sutil, siguiendo el camino de la seducción, del enamoramiento. Además, en este caso es posible debatir y dialogar.

Características esenciales      

La información propagandística posee todos los componentes propios de la relación comunicativa, pero junto a ellos aparece un nuevo elemento: la presencia de una manipulación intencionada de la información con el objetivo de perjudicar las actitudes y opiniones de ciertas personas y de manera indirecta, condicionar sus comportamientos para adaptarlos a fines que pretende el emisor.

La propaganda contiene cuatro características esenciales independientemente de cuál sea su origen, el mensaje que transmite o los destinatarios.

En primer lugar, la propaganda es deliberada, ya que el emisor pretende comunicar una información. Esta es una de las peculiaridades que permite diferenciar la información propagandística de otras que se transmiten de manera accidental o espontánea.

En segundo lugar, es parcial, puesto que implica el desarrollo de una manipulación o alteración de la información que transmite con el fin de que el destinatario interprete los mensajes de una forma diferente a la que se produciría en el caso de informar de los hechos y datos en su totalidad o de transmitirlos con la mayor exactitud y rigor. Esta manipulación se puede encontrar tanto en el contenido del mensaje como en la manera de comunicarlo, aunque es muy frecuente que se den al mismo tiempo ambos casos.

En tercer lugar, la propaganda requiere una triple selección: por un lado, de los medios o canales, por otro lado, de la información que debe ser manipulada y, por último, de las personas a las que debe dirigirse. El carácter selectivo de la propaganda es uno de los ingredientes más significativos, ya que de ese carácter depende en gran parte su efectividad como mecanismo de condicionamiento.

Por último, la propaganda se caracteriza por causar dos condicionamientos: uno en el público al suministrarle una información distorsionada y entorpeciendo el proceso de autoconformación de sus valores, actos y opiniones y otro, respecto del propagandista, pues limita sus probabilidades de difundir informaciones o propaganda contradictorias en periodos consecutivos.

Reglas y técnicas

A lo largo de la historia, la propaganda ha tenido diferentes formas y guías para alcanzar el fin perseguido. La esencia permanece, pero las técnicas han ido evolucionando para adaptarse a la sociedad y al contexto actual. Jean-Marie Domenach es uno de los autores que ha planteado algunas técnicas y reglas que lleva a cabo la propaganda.

En primer lugar, por regla de la unanimidad y del contagio se entiende el uso habitual de otros actores para difundir un mensaje. En este caso, la propaganda deberá reforzar la unanimidad de las masas y contagiarla para que se conviertan en una sola voz y esto facilite la construcción del mejor ideal político para el bien de la ciudadanía y del país.

En segundo lugar, la regla de la transfusión consiste en operar siempre sobre una base preexistente para conectar algunos puntos nuevos con esa fuente de energía mental creada por ese estereotipo ya creado.

La simplificación es otra de las reglas, la cual está basada en la reducción de aquellos mensajes complicados a eslóganes o imágenes sencillas, más fáciles de comprender por la sociedad. La propaganda se esfuerza siempre en todos los ámbitos por la simplicidad, es decir, por dividir sus argumentos en diferentes puntos que serán definidos de la forma más clara posible.

En cuarto lugar, la regla de la desfiguración y la exageración consiste en alterar la percepción de algo o de alguien a través de la exageración o la simplificación. La exageración de noticias es un método muy habitual usado por los grupos de poder con el objetivo de destacar todas aquellas informaciones que les resulten positivas y favorables.

En quinto lugar, la regla de la orquestación es aquella que se basa en la repetición incesante de los temas principales e interesantes a través de todos los órganos de propaganda posibles pero intentando adaptar cautelosamente el tono y los argumentos a los diferentes públicos.

En último lugar, la contrapropaganda se utiliza para neutralizar la propaganda del adversario. Ésta, a su vez, se caracteriza por tener unas reglas secundarias propias, tales como, reconocer los temas del adversario, atacar sus puntos débiles, no atacar nunca de frente cuando la propaganda adversaria es poderosa, atacar y desdeñar al adversario y ridiculizarlo,  entre otras.

Propaganda internacional

La propaganda nacional sobre temas y con efectos internacionales es muy diferente de la propaganda estrictamente internacional. Aunque ambos fenómenos conviven en el ámbito internacional y guardan ciertas similitudes, no se deben confundir conceptualmente.

La primera de ellas se manifiesta cuando el propagandista y el destinatario o destinatarios pertenecen a un mismo país aunque la información a la que se alude pertenezca a un asunto o problema internacional. En este sentido, el propósito radica en impulsar una determinada postura en la opinión pública nacional, para que ésta influya favorable o desfavorablemente en la actuación exterior que llevan a cabo los órganos de poder del Estado respecto a dicho problema internacional.

Sin embargo, la segunda tiene lugar cuando el propagandista y el público destinatario pertenecen a diferentes comunidades estatales o bien, cuando el agente emisor no es un individuo, sino una organización internacional. Por tanto, independientemente del objetivo o fin perseguido y del contenido de la información, la propia comunicación propagandística establece una innegable relación internacional.

Fake news, la propaganda actual

Hasta la llegada de Internet, la propaganda era difundida a través de los medios de comunicación tradicionales: la prensa, la radio y la televisión. En el periodo de entreguerras, unos bandos y otros utilizaban estos medios para difundir su información propagandística e influir en las decisiones de muchos receptores.

En la actualidad, gracias a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación y el desarrollo de Internet, se ha desarrollado un nuevo tipo de comunicación que ha provocado un giro en el panorama comunicativo.

Desde hace mucho tiempo, la humanidad convive con información tergiversada o falsa y cada vez que la tecnología evoluciona, el pánico vuelve. Los principales creadores de las noticias falsas, más conocidas por el término inglés fake news, han sido históricamente los Estados, los mismos que durante siglos se han encargado de controlar la información y suprimir aquellos canales que no interesaban para difundir sus mensajes.

En el S.XIX, la innovación tecnológica tuvo un gran despegue en muy poco tiempo y los gobiernos no supieron ponerle freno. Con el nacimiento del nuevo sistema de impresión impulsado a vapor en 1814, el crecimiento de la red ferroviaria y la invención del telégrafo eléctrico en los años 40, el tiempo de transmisión de las noticias sufrió una transformación. Más tarde, fueron surgiendo nuevos inventos como la fotografía, la linotipia y el avión, por lo que el incremento de las vías de comunicación se fue convirtiendo en una necesidad. Seguidamente llegaron las guerras y con ellas, las fake news vivieron su época dorada. La propaganda militar ha sido la que principalmente ha agudizado las técnicas de desinformación. Para contrarrestar estas situaciones de desinformación, las imágenes han sido una de las principales evoluciones tecnológicas que más han hecho por las noticias falsas, ya que dan una apariencia inequívoca a la información.

Por tanto, las fake news no son un fenómeno novedoso, sino más bien antiguo. Algunos profesionales como Pablo Sapag creen que el periodismo ha sido desde siempre el arma más poderosa para desenmascarar las noticias falsas, pero actualmente, no está atravesando su mejor momento. Para Sapag, el periodismo ha caído en un error: convertirse en opinión y centrarse en reciclar información para abaratar los costes. Es por ello que el periodista ha bajado la guardia y aquellos que saben utilizar las nuevas tecnologías con otros fines, se están imponiendo, por lo que la propaganda vive su época de gloria.

Actualmente, son muchos los actores que imitan el funcionamiento de los medios tradicionales con el fin de ganar credibilidad y audiencia. Uno de esos actores son los sitios web que se crean a diario para difundir noticias falsas a una audiencia que no es capaz de distinguir entre lo que es válido y lo que no. Otros actores son los gobiernos, que, por un lado, producen propaganda gubernamental creando una realidad sesgada y por otro, acusan a los medios de comunicación y a los profesionales de difundir mentiras cuando éstos revelan hechos que les resultan inoportunos.

Por ello, es necesario alarmar sobre el uso que muchos gobiernos hacen de las noticias falsas como excusa para juzgar a la prensa, eliminar la disconformidad y el debate de ideas.

Internet también se perfila como un actor elemental en la explosión de las fake news por su poder de viralizar la distribución de la información y por su capacidad de nivelar el acceso a la información y ampliar la probabilidad de los usuarios para paliar la desinformación.

Por último, es importante hacer mención del consumidor, sin el cual las noticias falsas no existirían. Éste comparte contenidos en muchas ocasiones sin detenerse a verificar su autenticidad, por lo que es necesario reeducar al público para un consumo responsable de los contenidos y potenciar su capacidad crítica.

 

Referencias bibliográficas:

 

  • Libro de Felipe Sahagún “Periodistas, diplomáticos y militares”.

 

 

 

 

 

 

 

González Camacho Victoria

González Camacho Victoria

Estudiante de periodismo en la UCLM.

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