Las connotaciones nazarenas, omnipresentes en el devenir de la ciudad de Cuenca, nos podrían inducir, en un primer momento, a pensar en El Banzo como una publicación relacionada con la Semana Santa. No por otro motivo que la denominación con la que los conquenses conocen a los largos soportes, antes de madera y ahora de aluminio, sobre los que los nazarenos colocan sus hombros para portar las andas e imágenes que “procesionan” durante los días de pasión.

Nada más lejos de la realidad. Cuando hablamos de El Banzo, nos referimos a una revista cargada de una fuerte crítica social y política de la situación, en la que se encontraba la provincia de Cuenca y la región en la que parecía probable su inmersión en la configuración de las autonomías, allá por mediados de la década de los setenta. La denominación de la revista aparece justificada en el editorial del primer número de la misma, fechado en el mes de junio de 1975. El editorial señala el citado nombre como resultado de la intención que tenía la publicación: sentar una base y fomentar un sentimiento de unidad entre todos los conquenses con el fin de lograr objetivos, utilizando la revista como principal soporte para obtener tal resultado.

“Conviene decir que lo que tiene usted en sus manos, lector, es una publicación independiente”. Desde el primer momento, los responsables de la revista quisieron transmitir que no iban a ser mantenidos económicamente por ningún tipo de entidad o institución, además de no guardar ninguna relación con partidos o ideologías. Tan solo dependían de ellos mismos y de sus responsabilidades. Algo que consideraban fundamental para obtener un fin que no era otro que “estar al servicio de Cuenca: tal cual es: extensa, generosa, variada, despoblada, olvidada, quejosa, incomprendida, humilde, hermosa, con un permanente sueño de progreso que parece no ser alcanzado nunca”. Con esta declaración de intenciones, es posible entender la ácida crítica que presidía los artículos y trabajos periodísticos presentes en las distintas ediciones de El Banzo. Artículos de temática variada, como infraestructuras, sanidad, educación, iglesia o política, eran empleados para hacer ver a los conquenses la situación que atravesaban.

A pesar de la ligera apertura que experimentó la prensa desde la ley de 1966, era todo un reto lanzar escritos críticos hacia instituciones con tanto poder en España como la Iglesia. Así, se muestra en artículos dirigidos hacia la figura del obispo de Cuenca, Monseñor Guerra Campos, al que se identificaba como miembro del Movimiento Nacional e incluso, se adjuntaba una fotografía en la que se le mostraba cantando el Cara al Sol con el brazo en alto. Como con otros textos, los “ataques” hacia Guerra Campos no pasaron desapercibidos y los editores de la revista sufrieron presiones “desde arriba”. No les importó mucho e, incluso, publicaron una portada con el lema “No van a silenciar esta voz”. Las reivindicaciones continuaron en temas como la nueva Ley de Educación, la escasa inversión en infraestructura sanitaria que recibía Cuenca o en un aspecto que comenzaba a despertar un fuerte interés en la sociedad, la política. De esta forma, se cuestionaban decisiones como los cambios de alcaldes en municipios de la provincia (hasta 20 en un año) o el repentino nombramiento de Constancio Palomino como presidente de la Diputación Provincial de Cuenca. Otros temas como cultura y deporte, también tuvieron protagonismo en la revista; además de interesantes entrevistas con personajes de renombre relacionados con Cuenca como José Luis Coll, Pedro Mercedes o Gustavo Torner.

El alma mater del proyecto

José Luis Muñoz (Tetuán, Marruecos 1943) ha dedicado más de 45 años al Periodismo, fundamentalmente, en la ciudad de Cuenca y su provincia, desempeñando su actividad profesional en medios como Diario de Cuenca, o siendo corresponsal de El País, Europa Press y RNE. Hoy en día, es el decano de los periodistas conquenses y entre 1975 y 1977, fue el director de la publicación que protagoniza estas líneas. Accede amablemente a tomar un café y charlar , durante un rato, de una experiencia de la que conserva un grato recuerdo, pues se trataba de un proyecto entre amigos y compañeros, con el fin de ocupar el tiempo libre y, al mismo tiempo, defender los intereses de una ciudad que veía como su progreso se estancaba en relación a las grandes poblaciones vecinas. Muñoz asegura que el propósito de la revista era dar “la otra cara de la información”, alejada de la visión oficialista, transmitida por los dos medios estatales presentes, por aquel entonces, en la ciudad (Diario de Cuenca y Radio Nacional de España). “Salvando las distancias, era algo parecido a lo que es hoy El Intermedio de Wyoming. Ya les han contado las noticias, ahora les vamos a contar la verdad” afirma Muñoz. El hecho de utilizar El Banzo como hobbie, provocaba que los redactores utilizaran un lenguaje completamente diferente al empleado en los artículos que escribían para los diarios oficiales en los que trabajaban.”Utilizábamos un lenguaje precursor del estilo moderno, totalmente rompedor. Creo que sería interesante que los alumnos de Periodismo hicieran un ejercicio y compararan nuestras crónicas del Diario de Cuenca con las de El Banzo. Era contar la misma cosa, de una forma y de otra” asevera el periodista.

El director admite haber recibido muchas presiones por la publicación de la revista desde su primer número. Cree que la causa de tales recelos fue extraordinariamente explicada en una carta al director publicada en una de las primeras ediciones. Un lector afirmaba que el efecto de El Banzo se podría comparar como “pedrada en agua mansa”, es decir, que sus contenidos críticos y reivindicativos alteraron el vivir tranquilo y pacífico de la ciudad. “Muchos pensaron que era necesaria una conciencia crítica y otros se enfadaron. Yo estuve encausado varias veces y me llamaron desde el delegado de Información y Turismo, el fiscal, el gobernador, hasta el secretario de un ayuntamiento o el gerente de una cooperativa”. Unas presiones recibidas por destapar los primeros conatos de corrupción. Muñoz asegura que como ahora, por aquel entonces, también existía la corrupción pero, a diferencia de hoy, “antes se disimulaba o no se contaba”. “Nosotros fuimos los primeros en sacar los trapos sucios que había por ahí”, asegura el director.

Preguntado sobre si considera que la revista cumplió sus objetivos y satisfizo las necesidades de los conquenses, José Luis Muñoz responde: “Está claro que no puedo ser objetivo, pero creo que sí. Empezamos a recibir numerosas suscripciones en poco tiempo. Creo que ha sido la publicación que más ejemplares ha tirado en la ciudad de Cuenca y, con mayor mérito, sin ningún tipo de colaboración institucional. No tuvimos ningún tipo de apoyo institucional, ni en subvención ni en suscripción”. No obstante, Muñoz asegura que no resultaba muy costosa la publicación de la revista pues “los gastos se cubrían bien con las ventas, las suscripciones y la publicidad”. Algo imposible, hoy en día, por dos motivos, según el periodista. En primer lugar, por el incremento de los costes y, en segundo lugar, por la paupérrima situación que atraviesan los anunciantes.

Muñoz es un firme defensor de “el papel” como vehículo de publicación de la información y lo denomina como “Periodismo de verdad”. Por ello, respecto a los meses que Cuenca ha vivido sin prensa escrita, opina que se trata de “un desastre y nos podemos dar con un canto en los dientes gracias a los dos nuevos; yo era pesimista y pensaba que nos quedábamos sin prensa escrita; ha sido como estar en coma y resucitar”. Una ausencia de prensa escrita que también ha podido contribuir a la decadencia de la cultura en la ciudad, ámbito del que José Luis Muñoz es voz autorizada, pues también fue director del Teatro Auditorio de Cuenca, además de haber trabajado para el servicio cultural del ayuntamiento. “La cultura de Cuenca está bastante mal o, dicho de otro modo, ha estado mejor. Han existido momentos muy interesantes pero hemos ido cuesta abajo. Hicimos un esfuerzo considerable para alcanzar un nivel respetable dentro de las posibilidades de nuestra ciudad. Obtuvimos una posición ventajosa y ahora estamos a la cola”. Cree que sería interesante que existiera un medio de comunicación de implicación cultural pero duda de la receptibilidad de la ciudad a la que ve “un poco apática”.

El Banzo dejó de publicarse, en abril de 1977, por una cuestión que su director valora como “rara de entender pero lógica”. Afirma que la publicación experimentó una “crisis de crecimiento; se hizo tan grande que no pudimos con ella”. Se trataba de un entretenimiento para un grupo de amigos muy compacto, con cinco fundadores y otros ocho o diez ayudantes, que se encargaban de todas las tareas (contenidos, diseño y distribución). El proyecto creció hasta un punto inesperado por los propios fundadores. Al hilo de esto, José Luis Muñoz cuenta una anécdota sucedida en la redacción con su compañero y amigo Luis Calvo que le preguntaba con inquietud cuándo llegarían a los cien suscriptores. “Pues llegamos a mil quinientos”, afirmaba entre risas Muñoz, “había gente por toda España y por el extranjero, allí donde había un conquense, llegaba El Banzo”. Tal fue la dimensión alcanzada que se hizo necesario crear una sociedad anónima. Para ello, en los últimos números, se invitaba a los lectores a invertir un capital de 25.000 pesetas para hacerlo. “Solo salieron ocho o diez y fue imposible. Necesitábamos organizar una empresa y contratar gente, además de establecer una redacción fija. No acertamos a formar una empresa. Nos superó” se lamenta Muñoz, aunque conserva un buen sabor de boca y, sobre todo, los felices momentos vividos durante el transcurso de la experiencia.

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