Justicia, paz, igualdad o competitividad son algunos de los principios que promueve la Carta Olímpica redactada por Pierre Coubertin en 1894. En la antigua Grecia, los conflictos bélicos firmaban tregua cuando se aproximaban las fechas de los Juegos Olímpicos. Pero también es cierto que los Juegos Olímpicos atravesaron crisis violentas en múltiples ocasiones, llegando incluso a suspender la “fiesta del deporte” a causa de las guerras mundiales. La Unión Soviética fue excluida de los Juegos Olímpicos de Amberes (Bélgica), exclusión motivada por razones políticas en un clima de posguerra. Países como Austria o Polonia ni siquiera habían sido invitados. Después de la II Guerra Mundial y bajo el clima de la Guerra Fría, la URSS entró al Comité Olímpico Internacional, motivada principalmente por competir contra EEUU y quedar por encima de ellos en el medallero.

 

Los valores que promueven los Juegos Olímpicos a través del Comité Olímpico Internacional (COI) se han mantenido estables durante años: ocurrió en Berlín en 1936 mientras el nazismo se encontraba en pleno auge. En 1968 en México y la emblemática imagen de los boxeadores negros Thomas Smith y John Carlos, levantando el puño con un guante negro como apoyo al movimiento Black Power. Y 26 años después, la paz y la unificación de territorios en conflicto ha llegado a su máximo exponente en Pyongyang a través del deporte. Corea del Norte y Corea del Sur han participado en los Juegos Olímpicos de invierno como país unificado por primera vez desde su división en 1945.

Saludo Black Power en los Juegos Olimpicos de Mexico 1968. Fuente: Pinterest

Las “Olimpiadas de la Paz” es el mantra que lleva defendiendo Corea del Sur durante meses, consiguiendo que su país vecino, Corea del Norte se uniese a esta consigna, en un intento de acercar posturas. Durante la celebración de estos peculiares Juegos Olímpicos se pudieron ver autoridades representando a los diferentes países. Kim Yo-jong (hermana de Kim Jong-un, presidente norcoreano), Moon Jae-in (presidente surcoreano) y el vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence.

Además de ser dos países con la frontera más militarizada del mundo, otros conceptos que ellos entienden como paz, democracia, seguridad o libertad, son completamente opuestos al resto de países. Corea del Norte se rige por una de las dictaduras más opresivas y agresivas, amenazando siempre con un conflicto bélico-militar a su país vecino y desestabilizando la región.

Gráfico sobre tamaño del ejército militar en Corea del Norte y del Sur. Fuente: BBC

Amenazas que, además, están respaldadas por su gran potencial de armas nucleares. Tras la guerra de Corea en 1950, Corea del Sur pasó a ser aliada de Estados Unidos, siguiendo los valores que este país poseía. En cambio, Corea del Norte optó por aliarse a China y la  Unión Soviética. Aunque en todos estos años nunca han llegado a una guerra militar, ninguno de los dos países había dado un paso al frente por conseguir la paz y la unificación de las dos Coreas. Este ha sido el único momento en el que una de las dos partes cede, siendo Corea del Sur quien ha decidido distender un poco el ambiente tenso, colgándose la medalla de país pacifista de estos Juegos de Invierno 2018.

Además de este equipo de Hockey sobre hielo femenino que debutó como primer equipo unificado de las dos Coreas, hay otros muchos factores que fueron llamativos durante estos Juegos Olímpicos de invierno como el escándalo de dopaje en Rusia. Pero ninguno logró eclipsar la Bandera de la Unificación Coreana (bandera con la silueta de la península azul sobre un fondo blanco). Esta bandera fue diseñada en 1989 para representar al conjunto de Corea, sobre todo, en eventos deportivos importantes. Fue diseñada para su utilización en los Juegos Asiáticos de 1990 pero no se llegó a crear un equipo conjunto, por lo que su primera aparición pública fue en 1991, durante el Campeonato Mundial de Tenis de Mesa y la Copa Mundial de Futbol Sub-20, cuando Seúl y Pyongyang formaron un equipo unificado de mujeres. El equipo logró el oro y la bandera se alzó acompañada de la canción folclórica tradicional coreana “Arriang”, la cual ha vuelto a sonar en estos Juegos Olímpicos 2018 sustituyendo a los himnos nacionales de los dos países.

El movimiento olímpico siempre ha estado marcado por grandes ejemplos de paz y unificación entre países. Tal y como recoge la UNESCO en su sumario sobre la Tregua Olímpica, esta existe desde el siglo nueve a.C. la tregua olímpica o ekecheiria, prohibía a cualquier ejercito entrar en la zona de Olimpia durante los tres meses después de haber anunciado la celebración de los juegos. Este 2018 ha supuesto una nueva fecha en el calendario de la paz y la unificación de países.

Bandera De La Unificación Coreana. Fuente: theflagrants.com

 

El uso la Bandera de la Unificación siempre ha sido condicionado por las relaciones bilaterales entre las dos Coreas, por lo que su utilización en estos Juegos Olímpicos 2018 ha supuesto una distensión entre los dos países. Desde que Moon Jae-in entrase al poder como presidente surcoreano ha tratado de relajar las tensiones entre su país y sus vecinos de Corea del Norte, centrando sus esfuerzos diplomáticos en conseguir la paz y la buena relación entre las dos Coreas.

Desde la llegada de Moon Jae-in a la Casa Azul, las relaciones surcoreanas con Corea del Norte han dado un giro de 180 grados, provocando el acercamiento entre los dos países e intentando también disminuir las tensiones nucleares de la Península, tal y como el presidente surcoreano venía anunciando durante su campaña electoral. Por su parte, el presidente norcoreano, Kim Jong-un, durante su discurso de año nuevo, tendió la mano de la conciliación a Corea del Sur para una participación conjunta durante los Juegos Olímpicos de Invierno pero rechazando las peticiones de sus vecinos del Sur de rebajar tensiones militares y nucleares. Además, aprovechó para advertir a Estados Unidos del fuerte poder nuclear que posee su país y que no tendrían problemas en utilizar sus recursos en caso de que la seguridad de su país se viese amenazada.

Deporte como arma democratizadora

Pero el deporte, como herramienta unificadora y de juego limpio, sirvió como instrumento para fomentar las relaciones internacionales. Los grandes eventos deportivos como los Juegos Olímpicos suponen un ejemplo de lucha por el poder, compitiendo entre países para lograr el liderazgo y “acabar” con sus rivales. De esta forma se utiliza el deporte como muleta para el desarrollo de la paz. Por ejemplo, la Organización de Naciones Unidas (ONU), durante este 2018, cuenta con 193 miembros, pero por su parte, el Comité Olímpico Internacional (COI) acoge a 206 comités nacionales.

La Organización de Naciones Unidas, durante su Asamblea General de 2014, redactó un informe que recogía las acciones del deporte para el desarrollo y la paz mundial, invitando a los Estados Miembros y demás Organizaciones de las Naciones Unidas a colaborar conjuntamente para fomentar la paz mediante iniciativas basadas en el deporte promoviendo el desarrollo para fortalecer un marco común entre los países. Y así parece ser que lo están haciendo los diferentes países cada vez más. Competir, pero también reducir distancias. Acercar posturas, de la forma que sea. Como imagen simbólica, la de las jugadoras del equipo de hockey sobre hielo  del equipo unificado entre Corea del Norte y Corea del Sur que entregaron la antorcha Olímpica a la patinadora surcoreana, Yuna Kim. El equipo de hockey sobre hielo de las dos Coreas perdió 8-0 contra Suiza, pero su país ganó y sigue ganando en diplomacia a día de hoy.

Frente a los múltiples pronósticos que aseguraban la poca influencia que tendrían los Juegos Olímpicos en cuanto a las relaciones bilaterales entre las dos Coreas, el deporte ha contribuido a difuminar tensiones y establecer vías de negociación. Lo que no se ha logrado durante años con reuniones, cumbres y llamas telefónicas, ha abierto una puerta a la esperanza a través del deporte. Principalmente, porque estos Juegos Olímpicos de invierno no estaban caracterizados por los resultados finales y el medallero de los diferentes países, sino por las relaciones fructíferas que pudiesen salir de la pista entre los países invitados a participar.

A diferencia de otras ediciones, cuando se instó a las dos Coreas a participar en los Juegos, estas aceptaron. En cambio, son muchas fechas significativas las que preceden a este 2018. A veces los países no participan por no ser invitados y, en otras ocasiones, los países se niegan a participar. Por ejemplo en el caso de España, no acudió a Berlín 1936 por iniciativa propia. O Alemania y Japón que no fueron invitados en 1948. Por aquel momento, el deporte ya se utilizaba como herramienta propagandística y sigue siendo un medio para alcanzar los objetivos de supremacía y superioridad de los países en cuestión, en este caso, de Corea del Sur como organizador de los Juegos Olímpicos y como país unificador.

Cumbre entre EEUU y Corea

Desde la petición por parte del presidente surcoreano a su vecino de Corea del Norte de participar en los Juegos Olímpicos como país unificado, el discurso de Kim Jong-un ha ido cambiando y evolucionando. Semanas después del discurso de año nuevo por parte del presidente norcoreano, fue este quien, públicamente, invitó a su vecino de Corea del Sur a participar en una cumbre después de que este no cesase en sus reivindicaciones al diálogos entre ambos países. Esta cumbre resulta ser la primera muestra de unificación entre las dos coreas después de quince años de tensiones. La cita provocó especulaciones de todo tipo, sobre todo las que se dirigían hacia las especulaciones sobre las intenciones del presidente norcoreano en las diferentes negociaciones que estaba organizando.

Expertos en relaciones internacionales coinciden en la división de dos posibles objetivos principales que son los que motivan al presidente norcoreano a la hora de llevar a cabo sus acciones de negociación y evolución de su lenguaje belicista previo a la celebración de la cumbre. Por una parte, su intención podría ser debilitar la unidad internacional contraria al programa nuclear norcoreano. Quizá coaccionado por las diferentes sanciones internacionales impuestas hacia Corea del Norte por su aislacionismo y sus políticas militares y nucleares, el país podría pretender una nueva versión más diplomática que consiga convencer al resto de países de la comunidad internacional, sobre todo a Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump dio el visto bueno a las negociaciones propuestas por el presidente norcoreano.

Por otra parte, los expertos consideran que la unificación de las dos Coreas para estos Juegos Olímpicos de invierno podrían pretender minimizar el impacto de las sanciones económicas impuestas por las diferentes organizaciones internacionales. Estas sanciones, debido a su dureza, están suponiendo una grave amenaza para la estructura económica de Corea del Norte.

Aunque las posibles soluciones de la ya famosa cumbre entre Corea y EEUU podían ser muy amplias, el resultado final, tal y como se esperaba, dio lugar a la cancelación del evento por parte del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La Casa Blanca hizo llegar el comunicado de la cancelación al presidente de Corea del Norte. En la carta se hacía referencia a la “hostilidad y la ira” mostrada por el presidente norcoreano en sus últimas declaraciones, por lo que la reunión se cancelaba por el bien de los dos países y del mundo en general.

Dos hechos históricos han tenido lugar desde que comenzó este año 2018. Por una parte, la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pyongyang marcó un antes y un después en el curso de la historia, dejando ver a una leve unificación de los dos países coreanos. Por otra parte, la posterior relación fructífera que se comenzó a gestar con Estados Unidos y que ha llevado, en principio, a un consenso para la celebración de una cumbre en Singapur entre ambos países. Cabe destacar que ningún mandatario estadounidense ha mantenido reuniones con Corea del Norte desde que acabó la Guerra de Corea en 1953.

En la preparación de la cumbre, el secretario de Estado estadounidense ha adoptado cierto papel relevante. Tras la declaración de desnuclearización que firmaron las dos Coreas en pasado 26 de abril en Panmunjon, junto a la promesa de una paz “permanente” y “duradera” entre ambos países, la cumbre con Estados Unidos pretende materializar estas intenciones y convertirlas en hechos reales.

Después de meses de negociaciones entre Corea del Norte y Estados Unidos, y tras la negativa de Trump a celebrar la mencionada cumbre, el líder norcoreano hizo pública su reacción asegurando querer mantener negociaciones con el presidente estadounidense y dialogar si todavía era posible. Frente a esta inestable diplomacia entre ambos países y las declaraciones de una alta funcionaria norcoreana en las que aseguraba que Corea del Norte no mendigaría nunca por un acuerdo entre ambos países y que no tendrían problemas en comenzar “un enfrentamiento nuclear”, Trump mantuvo la decisión de la cancelación de la Cumbre.

¿Y ahora qué?

El desorden de la diplomacia entre Estados Unidos y Corea del Norte –y por tanto, mundial-, es más que evidente. Ante la negativa del presidente estadounidense a la celebración de la cumbre, ha dejado al resto de países con la duda de qué habría pasado si dicho encuentro se celebrase y si hubiese obtenido algún resultado positivo para el orden mundial. Lo que es cierto que desde la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno, el dialogo ha parecido instaurarse en las políticas exteriores del presidente norcoreano, provocando así un deshielo con su país vecino, Corea del Sur, y con Estados Unidos posteriormente.

Además, durante los meses de negociaciones, reuniones entre altos mandatarios de los diferentes gobiernos y la esperanza de un posible encuentro, Corea del Norte ha cesado en sus pruebas nucleares, provocando el fin de un posible conflicto entre las dos Coreas. Conscientes de los beneficios que podría tener una apertura al régimen de Kim Jong-un, el presidente estadounidense no cesa en sus intentos y apenas 24 horas después de haber cancelado la ya famosa cumbre, abrió una nueva línea de negociación volviendo a hacer públicas sus intenciones de mantener una reunión con Corea del Norte.

Si bien es cierto que los dos gobiernos están dispuestos a dialogar, ¿qué intereses pueden haber para seguir manteniendo este “tira y afloja” entre ambos? Lo que ha provocado este conflicto verbal y estas propuestas de consenso poco fructíferas, ha sido la incredulidad del resto de países frente a una posible desnuclearización de Corea del Norte. Son muchas las dudas y preguntas en torno a este suceso que siguen presentes tras cinco largos meses de negociaciones. ¿Ha acabado esta guerra verbal o no ha hecho más que empezar? Vista la poca paciencia del presidente norcoreano y las continuas amenazas de reanudar su guerra nuclear, ¿Comenzará Corea del Norte una nueva carrera nuclear y armamentística? Pero, quizá, lo más importante de todo, ¿Todavía hay posibilidades de negociación y diplomacia entre Corea del Norte y Estados Unidos?

Si ambos países deciden reunirse el próximo 12 de junio en Singapur, aunque sigue siendo un misterio qué podrá ocurrir durante esa reunión y a que consenso llegarán ambos líderes, una cosa está clara: la diplomacia mundial está cambiando. Frente a las dudas del éxito de los Juegos Olímpicos de Invierno, las dos Coreas demostraron cierto atisbo de democratización compitiendo como país unificado. Ahora, y después de tantísimos años sin ningún acercamiento de posturas entre ambos países y con el exterior, se ha conseguido un hecho histórico que todavía está por mejorar.

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