Por primera vez en 88 años, un presidente de Estados Unidos viajó hasta la isla de Cuba. Este hecho tuvo lugar el 20 de marzo de 2016 y, el protagonista no fue otro que, Barack Obama. En 2008, el ya expresidente de EE.UU., ganó las elecciones con la promesa de dialogar con países enemigos. Obama no llegó a Cuba con la intención de pedirle al, por entonces líder cubano, Raúl Castro, un cambio político en uno de los regímenes autoritarios más longevos. Tampoco se le recibió con hostilidad: al contrario. Para Obama, esta visita con carácter histórico era solo el primer paso en la nueva relación de ambos países.Pero, el camino hasta llegar a lo que Obama calificó de paso “histórico”, ha sido largo. Hagamos un repaso de este prolongado proceso.

El miércoles 17 de diciembre de 2014, los gobiernos de Estados Unidos y Cuba anunciaron la decisión de iniciar un proceso de negociaciones para restablecer sus relaciones diplomáticas, rotas, oficialmente, el 30 de diciembre de 1960. El anuncio se hizo público el 3 de enero de 1961.Para ese momento, el cúmulo de acciones que lesionaron sus vínculos económicos, comerciales y financieros, así como políticos y diplomáticos, había llegado a su clímax. En abril de 1961, aunque disfrazado, Estados Unidos atacó militarmente a Cuba con el propósito de invadirlo, pero fracasó. Fue en medio de la invasión, el 16 de abril de 1961, cuando el comandante Fidel Castro anunció el carácter socialista de la Revolución.Antes de esa fecha, el gobierno revolucionario no había hecho mención al socialismo o al comunismo, aunque el 8 de mayo de 1960 había restablecido relaciones diplomáticas con la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), como respuesta a fuertes agresiones comerciales, diplomáticas y militares estadounidenses. El 3 de febrero de 1962 el gobierno estadounidense decretó de manera formal un “embargo” contra Cuba, aunque en realidad se trató de un bloqueo económico, comercial y financiero, pues abarcó todos los sectores del comercio y las finanzas entre ambos países. Además, las filiales de empresas estadounidenses en terceros países interrumpieron sus relaciones con la Isla y, los gobiernos de los distintos continentes sufrieron presiones de Washington para que dejaran de comerciar con Cuba.

Entre las acciones señaladas por Washington y La Habana en diciembre de 2014 para establecer sus vínculos, están la apertura de embajadas en ambas capitales.

De manera puntual, ambos gobiernos dejaron sentadas sus posiciones ante el nuevo proceso bilateral para normalizar sus relaciones. El 17 de diciembre de 2014, el general Raúl Castro destacó que, desde su elección como presidente, había reiterado la disposición del gobierno cubano de sostener con el de EE.UU. un diálogo respetuoso. Esta conversación estaría basada en la igualdad soberana, sin menoscabo a la independencia nacional y a la autodeterminación de los pueblos. El general también dejó claro que las reformas económicas y políticas en Cuba, solo competían a la sociedad y gobierno cubanos. Así mismo, agradeció la disposición de EE.UU. al diálogo y la liberación de los tres héroes nacionales cubanos, que eliminó un obstáculo en las relaciones entre ambos países. Congratuló el planteamiento de Obama de abrir un nuevo capítulo en los vínculos entre ambas naciones. El presidente de Cuba fijó, entonces, su agenda:

  • dialogar en un marco de respeto mutuo bajo la observancia de los principios del Derecho Internacional y de la Carta de las Naciones Unidas;
  • discutir de todo lo que se quiera sobre Cuba, pero también sobre EE.UU.;
  • no pretender la mejora de las relaciones con EE.UU. a cambio de que Cuba renuncie a sus ideas y principios, y
  • adoptar medidas mutuas para prevenir y evitar afectaciones al progreso de la relación bilateral, en apego al orden institucional de las partes.
La apertura, en 2014,  de las embajadas de ambas capitales, fue una acción señalada para el establecimiento de vínculos.
Por su parte, Estados Unidos, señaló que las décadas de aislamiento de Cuba por parte del propio país, no habían conseguido su perdurable objetivo de promover una Cuba estable, próspera y democrática. Esta política de tiempo prolongado provocó un aislamiento regional e internacional de EE.UU. Restringió su capacidad para influenciar el curso de los acontecimientos en el hemisferio occidental e imposibilitó el uso de toda una gama de medidas que, EE.UU., podría utilizar para conseguir un cambio positivo en Cuba.

Tras estas declaraciones, anunció acciones hacia la Isla. Las más significativas se pueden ver en la siguiente infografía;

Un nuevo rumbo entre las relaciones de EE.UU y Cuba. Fuente: Oficina del secretariado de prensa de la Casa Blanca
Contexto de las negociaciones

El proceso de cambios económicos y políticos más importantes de los últimos años en Cuba arrancó en 2006. A través de una proclama, el comandante Fidel Castro, se separó de sus cargos y los delegó a diversos funcionarios. Por Constitución, el general Raúl Castro, primer vicepresidente de los consejos de Estado y de Ministros, ocupó el cargo de presidente de manera interna. Fue destacado como objetivo del nuevo mandatario interino, la solución rápida a los problemas económicos cotidianos de la población.

En 2008, Raúl Castro resultó electo como diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular, instancia que lo eligió como presidente del Consejo de Ministros y del Consejo de Estado. El proceso de reformas económicas continuó y tuvieron un avance de mayor alcance en 2011. En este año, el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, aprobó los lineamientos de la política económica y social de Cuba. El general Castro ratificó su objetivo de perfeccionar el socialismo en Cuba.

2008 resultó un año emblemático para Cuba y la región latinoamericana y caribeña. El Mecanismo de Concertación y Diálogo Político de América Latina y el Caribe, Grupo Río, invitó al gobierno cubano a unirse como miembro de pleno derecho. Fue el regreso absoluto de la Isla a los foros de discusión política de la región, después de estar alejada de ellos desde 1960.

Esta participación con el Grupo Río, permitió a Cuba tener una activa colaboración con las Cumbres de Unidad, Integración y Desarrollo de América Latina y el Caribe de ese año y hasta el 2011. Por primera vez, desde los intentos de Simón Bolívar en 1826, los países de América Latina y el Caribe, se unieron en un esquema que dejó fuera a Estados Unidos y Canadá, en la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC). Cuba, durante el año 2013 actuó como presidente Pro Témpore de esta comunidad. Este mismo año, Cuba ha recibido la presidencia Pro Témpore de la Comisión Económica para América Latina y El Caribe (CEPAL).

El avance de Cuba en el fortalecimiento de sus vínculos con América Latina y el Caribe ha sido destacado. En marzo y junio de 2009, Costa Rica y El Salvador, respectivamente, restablecieron relaciones diplomáticas con la Isla. Con ello, toda la región tenía relaciones con los cubanos, excepto Estados Unidos. En el mismo mes de junio de 2009, la Organización de Estados Americanos (OEA) adoptó una resolución que desconoció la de 1962, por la que se expulsó a Cuba del Sistema Interamericano. La OEA dejó abierta la posibilidad para que el gobierno de Cuba regresara a esa organización, cosa que rechazó el gobierno cubano. En el terreno comercial, América Latina y el Caribe se convirtieron, a partir de 2008, en el primer socio comercial de la Isla.

Cuba y las Relaciones Internacionales. Fuente: telesur
Terreno económico

América Latina y el Caribe mostraron avances en esta materia que no se veían desde los años ochenta. Pese a la grave crisis financiera que estalló en 2008 en las economías desarrolladas, la región latinoamericana y caribeña aumentó su comercio internacional, recibió mayores inversiones, disminuyó el desempleo, la pobreza y la marginación. La clase media se fortaleció́, incluso, se incrementó.

América Latina y el Caribe han sido una región que se ha beneficiado de una coyuntura mundial muy especial. Como la presencia y el destacado peso internacional de Brasil en los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) o actores internacionales que, en conjunto, han decidido poner en marcha importantes acciones que modificarán la geopolítica mundial.

El comercio entre América Latina y China se multiplicó por 22 entre 2000 y 2013. Si bien la región en conjunto mantiene déficit comercial con el gigante asiático, lo cierto es que las expectativas para equilibrar dicha situación son prominentes, después de los resultados del Primero Foro de Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños – China, que se realizó en Pekín en enero de 2015.

La nueva relación económica de China con América Latina no solo ha impactado el crecimiento y desarrollo de la región. China es el segundo socio comercial de América Latina y el Caribe, y si bien aún es distante la brecha que tiene para superar a Estados Unidos, la expectativa es que en el mediano plazo lo supere, sobre todo porque las relaciones políticas y económicas entre Washington y la región no son homogéneas.

Las inversiones chinas no solo están destinas a materia agrícola, sino que están destinadas al transporte, las energías, la industria y las telecomunicaciones. De acuerdo con los objetivos de la política exterior de China, las relaciones con América Latina y el Caribe deben establecerse sobre bases de igualdad, cooperación y entendimiento, bajo estricto respeto a su idiosincrasia. De tal manera, que se espera que el aporte de China a la industria latinoamericana y caribeña le permita a la región incrementar su comercio y diversificarlo para no caer en una nueva dependencia. Estas relaciones con China, ofrecen a los países latinoamericanos y caribeños un nuevo papel internacional.

Por su parte, Estados Unidos ha padecido desde los ataques a las Torres Gemelas en 2001, una fuerte contracción de su poderío político y económico. Su único referente ha sido su indiscutible fortaleza militar. Pero sin un núcleo económico sano, será difícil mantener su capacidad hegemónica. Autoridades estadounidenses, incluido el presidente Barack Obama, insistieron en que Estados Unidos no estaba en decadencia como potencia mundial.

En este proceso de integración y unidad latinoamericana y caribeña, la imagen política y diplomática de Estados Unidos se vio seriamente mermada por su terrible campaña contra el terrorismo. Su economía se mantenía sumergida en una aguda crisis financiera desde 2008, la más profunda desde 1929.

Dado el contexto descrito, se entiende mejor que Estados Unidos y Cuba, promovieran el restablecimiento de relaciones diplomáticas y la normalización de sus vínculos bilaterales.

Interpretaciones

Una de las primeras cosas que se han reconocido, es que los anuncios del 17 de diciembre de 2014 representan, el reconocimiento y la legitimidad del gobierno de Cuba por parte de Estados Unidos. Esto significa que, en términos prácticos, el gobierno del presidente Barack Obama aceptó, en principio, sentarse a negociar con Cuba en calidad de iguales. Por primera vez en, más de dos siglos, Estados Unidos no trató a Cuba como un estado inferior, sino como a un sujeto legítimo e igual en términos de derecho internacional. Este es un tema importante, ya que, el principal obstáculo para las negociaciones han sido la falta de voluntad de EE.UU. para tratar a Cuba como una nación soberana. El inicio de las conversaciones demuestra que las posturas de estos países han sido modificadas. Aun así, Cuba no dejará que Estados Unidos tenga injerencia en sus asuntos internos y, Washington tampoco hará a un lado su ambición de influencia mundial y regional, su devoción a las recetas del libre mercado y el compromiso de la sociedad civil estadounidense y la opinión pública con la protección universal de los derechos civiles y humanos. Lo que cambiará, sin embargo, es la complejidad e influencia probable, a lo largo del tiempo, de múltiples actores que pueden afectar el futuro de Cuba.

Por primera vez en, más de dos siglos, Estados Unidos no trató a Cuba como un estado inferior, sino como a un sujeto legítimo e igual.
Estas negociaciones también derriban algunos mitos. Entre ellos, el de que Cuba se ha negado insistentemente a normalizar sus relaciones con Washington. Pero la realidad es que ha sido histórica la insistencia de la dirigencia cubana en sentarse a negociar las diferencias con Estados Unidos. Es más, Cuba y Estados Unidos han tenido una permanente relación, sobre todo a partir de los años sesenta cuando iniciaron las oleadas migratorias a Estados Unidos.

Más allá de las dificultades vividas debido a la política de ambos países, la interrelación social ha ido desarrollando sus propios códigos de conducta, sociedad y asociación. La telefonía, Internet y los medios de transporte han desempeñado un especial papel en la dinámica intersocial entre Cuba y Estados Unidos.

Una vez que se normalicen totalmente las relaciones entre los países, es muy probable que el tema de Cuba deje de estar en la agenda doméstica e interamericana de Washington. Objetivo que han tenido los gobiernos estadounidenses desde la década de los años sesenta. Esta decisión mejorará las relaciones con América Latina, pero no producirá una armonía total. Sin embargo, apunta a terminar con los desechos de la Guerra Fría en el continente.

Responsabilidad social

Si el objetivo de la diplomacia es el acuerdo y el compromiso, la publicidad en las etapas iniciales es garantía de fracaso, como señala Felipe Sahagún en De Gutenberg a Internet: La Sociedad Internacional de la Información. Pero, tan equivocado es considerar la negociación secreta básicamente viciada y la pública algo siempre saludable como lo contrario. Hay que determinar en qué momento de una negociación se puede o conviene dar publicidad a parte de las propuestas o a todas ellas.

Aunque se necesitaron secretas negociaciones durante muchos meses para marcar el camino hacia la reconciliación, para continuar con este proceso, era necesaria transparencia por parte de ambos gobiernos. Se abrieron líneas de comunicación oficiales a muchos niveles. Las acciones encubiertas, deberían o bien sofisticarse o convertirlas en acciones legales, aunque fueran disfrazadas.

Teoría llevaba a la práctica
El Gobierno estadounidense se sumó a la negociación cuando comprendió el beneficio político de sentarse a la mesa para negociar una solución y dejar de ser el principal obstáculo de un acuerdo.
La posibilidad de que un presidente de EE.UU. entrase triunfal en La Habana estaba en la categoría de las peores pesadillas del castrismo.

La visita de Obama, de apenas 48 horas, culminó un año en que Obama y Castro pusieron fin a más de medio siglo de guerra fría. En poco más de un año, EE.UU. y Cuba reabrieron sus embajadas y Washington relajó las condiciones para hacer negocios y viajar a Cuba. El deshielo se aceleró tanto que, lo que parecía inimaginable, como ver a un presidente estadounidense paseando por La Habana, se antojaba natural.

En diciembre de 2015, Obama dijo que carecía de sentido visitar Cuba si no había avances palpables en derechos humanos. Estos avances no eran visibles y, sin embargo, Obama viajó a la isla. Cambió su criterio porque disponía de poco tiempo antes de las elecciones. Si quería que ocurriesen cambios en Cuba, tenía que ir a visitar a Raúl Castro, para expresarle que él no podía hacerlo solo. Ante la cercanía de que un nuevo presidente lo relevase en la Casa Blanca, que podría deshacer los avances del último año, Obama quería que el deshielo fuera irreversible.

Aplicada a Cuba, la doctrina de Obama en la política exterior rezaba que el cambio político no llegará impuesto desde fuera, ni mucho menos a la fuerza. Obama no buscaba el cambio de régimen. La idea era que, mejorando las vidas de los cubanos de a pie, el país acabara transformándose. Cuantos más turistas y estudiantes visiten la isla, y cuanto más negocien entre ellos, cubanos y estadounidenses, más cerca estarán de la democratización.

Obama dejó claro que corresponde al pueblo cubano, no a EE.UU., ni a nadie más, decidir su futuro. Pero no calló su opinión de que, al pueblo cubano, como a los pueblos de todo el mundo, las cosas le irían mejor con una democracia genuina en la que sea libre de elegir a sus líderes, expresar sus ideas y practicar su fe. Estados Unidos seguirá promoviendo los derechos humanos para todas las personas, en cualquier lugar, incluida Cuba.

El Gobierno estadounidense se sumó a la negociación cuando comprendió el beneficio político de sentarse a la mesa para negociar una solución y dejar de ser el principal obstáculo de un acuerdo.

NOTA METODOLÓGICA

Los datos recopilados y estructurados para este análisis sobre la visita del ex presidente de Estados Unidos, Barack Obama, proceden mayoritariamente de Domínguez Guadarrama, R. (2015). Cuba y Estados Unidos: el largo proceso del reconocimiento. Latinoamérica. Revista de Estudios Latinoamericanos, (60), 53-92. A raíz de este artículo de Domínguez, llegamos a otra bibliografía como; Marc Bassets. (2016). Obama llega a Cuba para sellar el deshielo con Castro de El País; Tokatlian, J. G. (1984). Cuba y Estados Unidos: un debate para la convivencia (No. 327 (729.1: 73)). Gel; Domínguez Guadarrama, R. (2013). Revolución cubana: política exterior hacia América Latina y el Caribe; Lowenthal, A. F. (2007). Estados Unidos y América Latina a inicios del siglo XXI. Foreign AffairsEn Español. También he utilizado para mi análisis Sahagún, F. (1998). De Gutenberg a Internet. La sociedad internacional de la información y el texto Manfredi-Sánchez, J. L. (2017). Cuatro funciones estratégicas de la diplomacia corporativa. Comillas Journal of International Relations, (10), 01-08.

La información está disponible en Google Scholar.

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Maria Jose Peña

Entre Albacete y Cuenca. “El periodismo es una pasión insaciable que solo puede digerirse y humanizarse por su confrontación descarnada con la realidad” Gabriel García Márquez

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