El revisionismo se  puede definir como la acción de someter a revisión doctrinas, apreciaciones o prácticas ya establecidas con el objetivo de actualizarlas o modernizarlas.

Uno de los hechos por los que el revisionismo polaco está de actualidad es la iniciativa que fue aprobada por la Cámara baja del Parlamento de Polonia en la víspera del Día Internacional de Conmemoración en Memoria de las Víctimas del Holocausto. Un proyecto de ley fraguado en Polonia y que pretende tipificar como delito el hecho de culpar a los polacos en las atrocidades del Holocausto, lo que acarrearía penas de hasta tres años de prisión. Por otro lado, también pretende prohibir la mención de los campos de exterminio en la Polonia ocupada por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial como “polacos”.

La aprobación de esta polémica ley que impide vincular al país con los crímenes del Holocausto, ha hecho que Israel muestre su desacuerdo y la condene. Pero lo cierto es que aunque el régimen polaco no era colaboracionista durante la ocupación nazi, hay testimonios y pruebas que confirman la participación de instituciones y ciudadanos del país en el Holocausto judío.

Esto está haciendo que diferentes estados reaccionen, como es el caso de Israel, ante la campaña que está haciendo el gobierno polaco sobre “la responsabilidad del exterminio al Tercer Reich y a la vez ensalzar a los polacos como héroes, ya que salvaron la vida de miles de judíos”. Israel advierte que “las restricciones a las declaraciones de académicos y otros investigadores sobre la complicidad directa o indirecta del pueblo polaco con los crímenes en su tierra durante el Holocausto suponen una distorsión grave”. Pero también Estados Unidos manifestó su protesta ante este proyecto de ley, después de que lo hiciera Israel. Se señalan estos dos países porque las relaciones internacionales de estos con Polonia se habían estrechado considerablemente, y este hecho los puso en posiciones enfrentadas.  El país americano es la potencia militar más grande del mundo, y sigue con el objetivo de extender sus fuerzas armadas a las fronteras de Rusia, es aquí donde entran en juego sus relaciones con Ucrania y Polonia. Israel por otro lado es su principal aliado en el Medio Oriente.

La comunidad judía había criticado el proyecto de ley antes de ser aprobado en el parlamento, pero una vez aprobado este, se condenó esta decisión expresando el miedo a que se siga enmascarando la verdad sobre lo que pasó realmente. Algunos sectores polacos están intentando que no se relacione al país con las atrocidades cometidas en época de guerra, y ha sido con el gobierno derechista del partido Ley y Justicia cuando se está impulsando el revisionismo histórico. Por otro lado, se llegó a cancelar la visita que el Ministro de Educación, Naftali Bennet iba a hacer a Polonia con intención de contar toda la verdad, cuando afirmó que: “muchos polacos, a lo largo del país, persiguieron, informaron o participaron activamente en el asesinato de miles de judíos”.

Desde el Gobierno se está intentando mantener que no hubo polacos responsables de las muertes del Holocausto judío, y se llegó a publicar una nómina elaborada por el historiador polaco Aleksander Lasik, donde se recogen datos que relacionan a los alemanes con estas muertes. En esa lista aparecían los nombres de casi 10.000 miembros de las SS, donde se asegura que casi todas las personas que sirvieron en Auschwitz eran alemanes, aunque también letones, lituanos y ucranianos, pero en ningún caso polacos.

 

Hechos históricos asociados a los polacos

En 1939 el ejército polaco intentó resistir a la invasión alemana, en concreto el día 1 de septiembre, pero sus intentos fueron inútiles. Los germanos eran superiores en número y además contaban con más preparación, y sumado a las amenazas recibidas por la Unión Soviética, Varsovia acabó siendo ocupada por los nazis.

Una vez sucedido este hecho, la construcción de campos de concentración y exterminio en tierras polacas hace que se asocie al país con lo sucedido en el Holocausto. Millones de personas fueron asesinadas, en su mayoría judíos. Pero no hay que olvidar que durante la guerra también murieron aproximadamente seis millones de polacos, la mitad de ellos judíos.

Por otro lado, a pesar de que se produjo una fuerte oposición, lo cierto es que hubo colaboradores polacos con el régimen nazi, favorecido ya desde antes de la guerra por el antisemitismo que había en Europa. Ejemplos son las masacres de judíos en Jedwabne y Kielce llevadas a cabo por los propios vecinos polacos.

El 10 de julio de 1941 un total de 1.683 judíos fueron asesinados en Jedwabne. Fueron quemados vivos  después de ser arrastrados a un granero. Estos fueron los hechos, pero su autoría ha cambiado según han pasado los años, ya que en un principio la masacre se adjudicaba a los alemanes, pero tras una investigación de Jan Tomasz Gross se reveló que en realidad los autores de esta matanza fueron los propios polacos, vecinos del pueblo. Y no sólo acabaron con la vida de los judíos de la localidad dejando que sus cuerpos ardieran en aquel pajar, la mitad de los ciudadanos de Jedwabne salió de sus casas con machetes, palos y hachas y persiguió a la otra mitad, acabando con casi toda la comunidad judía del pueblo.

Monumento de Jedwabne. Fuente: www.pinterest.es

En un principio fueron señalados a los ocupantes nazis como autores de los hechos, dejando constancia en un monumento que se colocó en Jedwabne donde se podía leer: “Sitio de martirologio del pueblo judío. La Gestapo hitleriana y la gendarmería quemaron 1600 personas vivas en 10 de julio de 1941”. Finalmente en el año 2001, el monumento de piedra fue retirado.

Otra fecha clave es la del 4 de julio de 1946, cuando se produjo una persecución y matanza a 42 judíos que habían sobrevivido al holocausto nazi. Los autores, de nuevo, los propios vecinos del pueblo que acusaban a los judíos del secuestro y asesinato de un niño polaco. Los hechos los llevaron a cabo una multitud que, según testimonios, fueron apoyados por el propio ejército, pasivo ante lo que estaba sucediendo. Hay estudios que aseguran que esta masacre fue provocada por las fuerzas de seguridad soviéticas y polacas para desacreditar a la derecha nacionalista oponente al nuevo poder comunista en Polonia.

 

La influencia de Jan Tomasz Gross y su libro “Vecinos”

Como se ha señalado con anterioridad, Jan T. Gross, sociólogo e investigador de origen judío-polaco y profesor de la universidad de Princeton y que tuvo que abandonar Polonia en 1968, fue quién desveló en el año 2001 que la matanza de Jedwabne fue llevada a cabo por los propios vecinos polacos y no por los nazis, como se creía ya que fue atribuida a las SS.

El libro de Jan T. Gross, Vecinos, creó un gran revuelo en Polonia ya que en él se cuentan los exterminios de la comunidad judía en el año 1941, en Jedwabne, acusando a los propios polacos como autores de los hechos y señalando al ejército alemán como mero espectador. Además deja claro que no fueron los nazis quienes cometieron esas atrocidades, como estrangulamientos, acuchillamientos, o la quema de vecinos con los que había convivido la otra mitad que cometió esta matanza. Una versión que había sido ignorada hasta entonces por la historia oficial y que se convirtió en un estudio clave en la relación entre polacos y judíos en tiempos de ocupación, como se explica en su sinopsis.

Con la versión de Jan Tomasz Gross, se desataron debates sobre la responsabilidad de estas matanzas y se publicaron ensayos y libros a favor y en contra del trabajo del sociólogo. Pero algunos sectores de la derecha católica (que había participado en la resistencia y que salvó a algunos judíos) acusaron al historiador de falta de rigor histórico, y algunos periodistas y parte de la iglesia acusaron de la masacre a gente aislada, nazis o vecinos forzados por el bando alemán.

En el año 2001, la Fiscalía polaca estudió demandar al historiador por delito de “insulto público a la nación”, ya que había señalado: “Aunque los polacos están orgullosos con razón de su resistencia ante los nazis, mataron más judíos que los alemanes durante la guerra”. Jan T. Gross tachaba la sociedad polaca de antisemita, y tanto estas declaraciones como “el contenido de sus libros son el motivo por el que el régimen populista y nacionalista lo están atacando” señalaba el autor.

Jan Tomasz Gross, autor del libro “Vecinos”. Fuente: www.enlacejudio.com

En varias ocasiones desde las autoridades polacas se ha acusado a Gross de tener la intención de hacer campaña y propaganda con el objetivo de crear una nación antisemita, pero los propios supervivientes en sus testimonios señalan a los vecinos polacos de estas masacres. Como ejemplo Bernardo Olszewicz aseguraba que: “Desde la noche anterior los polacos bebían y festejaban en la calle, los perros lloraban. No fueron los alemanes: fueron ellos”, “todos sabían lo que iba a suceder: mañana van a matar a los judíos, pero nadie se imaginaba de qué forma, nadie lo creía”.

 

En 2001 las autoridades pidieron perdón a las víctimas

En julio de 2001 el presidente polaco Aleksander Kwansiewski pidió perdón públicamente  a las víctimas y familiares en nombre del pueblo polaco con motivo del 60 aniversario de la masacre y la frase del monumento que acusaba a los nazis como autores de la matanza fue cambiada por. “Aquí fueron quemados vivos los 1600 judíos de Jedwabne”. Diez años después en un acto similar un obispo leyó una carta del Bronislaw Komorowski, presidente en ese momento, donde volvían a pedir perdón.

El Instituto para la Memoria Nacional inició una investigación judicial en Jedwabne que finalizó en 2004 y sostenía parcialmente las conclusiones de Gross sobre la participación polaca, aunque no pudo asegurar la colaboración de las SS en la matanza.

 

Diana Wang: hija de supervivientes del Holocausto que tiene clara su postura

Diana Wang, presidenta de Generaciones de la Shoá-Sherit Hapleitá e hija de supervivientes del Holocausto también ha hecho publicaciones en referencia a la ley que sancionó el Gobierno polaco, con la que se pretende castigar a todas aquellas personas que califiquen al país como “colaboracionista o cómplice” del Holocausto. Pero para Wang no está justificado un revisionismo si entendemos por este concepto la negación. Como hija de supervivientes, se considera parte de la documentación viva y asegura que nadie puede negarle lo que pasó.

En una entrevista publicada por Visàvis, Cadena Judía de Información, Wang expone que “es una aberración y una inquietante declaración que encubre una complicidad, avergonzando internacionalmente a la dirigencia polaca”, y señala que “el actual gobierno polaco, del partido Paz y Justicia, tiene a la reivindicación del orgullo nacional polaco como columna, es un gobierno conservador y nacionalista que busca apoyo popular”. Pero que por el contrario, “los movimientos de la oposición están expresando su indignación por esta desdichada ley”, y por ultimo defiende que “se debe hacer honor a la verdad y desde ahí, solo desde ahí, reconstruir una identidad nacional mancillada y culpable”.

Por otro lado Adam Michnik, redactor jefe del periódico polaco Gazeta Wyborcza, señala que los polacos que defienden la inocencia de su país, señalando que son víctimas de la violencia nazi se escudan en que:

-Polonia fue el primer país en oponerse a las demandas de Hitler y el primero en enfrentarse a su agresión.

-Ningún regimiento polaco luchó por el tercer Reich.

Traicionados por el pacto Ribbentrop-Molotov, los polacos lucharon junto a las fuerzas anti-nazis desde el primer hasta el último día.

-En el interior de Polonia la resistencia a la ocupación alemana se acrecentaba.

-El primer ministro británico homenajeó a los polacos por su actuación en la batalla de Gran Bretaña y el presidente de los Estados Unidos llamó a los polacos la “inspiración” del mundo.

Estos son algunos hechos sobre  los que se apoya la ciudadanía que está en contra del revisionismo del Holocausto, pero que no evita el cuestionamiento de parte del país y del  resto del mundo sobre qué es lo que verdaderamente pasó en Polonia y quienes fueron los responsables reales de algunas matanzas.

 

Aún quedan cosas por resolver en busca de la justicia

Después de la guerra se fundaron instituciones que fomentaban el diálogo en el mundo, como Naciones Unidas. Pero también en Europa occidental se promovió un proceso de unión de Estados, naciones y sociedades, lo que a día de hoy es la Unión Europea y se crearon nuevas leyes para perseguir crímenes en el mundo. Todo el planeta parecía tomar conciencia, y se estaban tomando medidas que ayudaban a crear un estado de bienestar, acercándonos a tiempos de paz después de lo vivido. Pero otro de los problemas es la impunidad latente después de que de los aproximadamente 77.000 miembros de las SS que trabajaron en estos campos de concentración, solo fuesen castigados y con penas en ocasiones reducidas de cárcel, unos 1.650 después de la guerra.

 

El día a día en Auschwitz

No se puede hablar del Holocausto sin hacer referencia a Auschwitz, que se ha convertido en un lugar con parada obligatoria para los turistas, y un escenario, testigo del tiempo, donde aún se pueden apreciar los antiguos barracones insalubres, sin apenas ventilación.

Auschwitz I se construyó en la Polonia ocupada, en unos antiguos barracones militares en 1940, con capacidad para 30.000 presos. Todas las alambradas estaban electrificadas y era la forma más habitual de suicidio de los presos al arrojarse contra ellas. De todos los pabellones, destacaba el número 11, “conocido como el bloque de la muerte”. Este era el lugar donde se castigaba y encerraba a los presos en celdas minúsculas y se les ejecutaba o se les dejaba morir de hambre.

A la llegada al campo de concentración, un cartel de entrada con el lema “El trabajo os hará libres” daba la bienvenida a los presos que entraban en él.  Los deportados judíos llegaban en trenes  a Auschwitz desde todas las partes de Europa y entraban en el campo por la que se conoce a día de hoy como “la puerta del suplicio”. Los médicos de las SS, entre los que estaba el doctor Josef Mengele, conocido también como “El Ángel de la muerte”, elegían a los que iban a ser obligados a trabajar hasta sus últimos días, y a los que no eran aptos para trabajar los asesinaban.

Durante su estancia en Auschwitz, los prisioneros recibían un único uniforme con el que convivían a lo largo del día y lo utilizaban también para dormir, y un par de bastos zapatos. Eran habituales las heridas producidas por el calzado y la presencia de piojos en el campo, además la gran masificación y el hambre, que  hacía que las enfermedades contagiosas se propagaran con facilidad. Tampoco había baño en los barracones y debían apañarse con un solo balde para centenares de presos de cada bloque.

Imagen de Auschwitz. Fuente: www.Auschwitz.net

En 1941, cuando A 1 se quedó pequeño, los nazis construyeron Auschwitz o Auschwitz-Birkenau a 3 kilómetros del campo principal, y donde los nazis pretendían acabar con la población judía. Para ello fueron instaladas cinco cámaras de gas y hornos crematorios con capacidad para 2.500 presos. Aunque en un principio las mujeres no iban al campo, finalmente comenzaron a trasladarlas a Auschwitz, donde eran sometidas a experimentos de esterilización.

Birkenau además de un campo de exterminio, era un campo de concentración en el que la esperanza de vida no superaba los tres meses, y donde los presos solo podían utilizar las letrinas dos veces al día, pese a que muchos que ellos estaban enfermos por hambre o mala alimentación.

Pero no solo Auschwitz, otros campos como Primo Levi, Israel Gutman, Imre Kertész, Elie Wiesel, Wladyslaw Bartoszewski y muchos más fueron testigo del dolor y las muertes que se ocasionaron en ellos.

 

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