El mundo en que vivimos tiene cada vez más vecinos. Y lo digo en el sentido de persona cercana. Ahora mismo, alguien que vive a miles de kilómetros puede estar más cerca de nosotros que quien vive a nuestro lado. Si hablamos en términos económicos, pasa exactamente lo mismo. Una empresa local, un artesano, un pequeño productor o productora que no es capaz de dar salida a sus productos en su misma localidad, con unos conocimientos esenciales de manejo de Internet y la ayuda de las NTICS es capaz de montar una tienda a la vista de millones de personas. Pero todo esto solo es posible abriendo caminos que lo permitan y para ello es imprescindible la buena relación entre todos los participantes.

Con el asentamiento de los primeros humanos y la vida en sociedad, ya se nombraban portavoces (que solían ser los propios jefes) para establecer relaciones con unas tribus vecinas. Esto fueron los “inicios rudimentarios de la diplomacia”. Los temas que trataban sobre todo tenían que ver con la convivencia, el establecimiento de zonas de caza o cultivo e incluso para el intercambio de experiencias. Todo esto hacía posible una convivencia más pacífica y tranquila para todos los miembros. El uso de la palabra evitaba males mayores. En el caso de no entenderse, se pasaba a la acción y entraba en juego la violencia, ocasionando problemas a todos los bandos de la contienda.

Poco a poco se fueron mejorando las comunicaciones, el transporte, el comercio y con ello, se establecía una mejor y necesaria relación entre reinos para la convivencia. Aunque esto no fuera siempre pacífico, con la conquista de nuevos espacios, se hizo más necesaria esta comunicación y, aunque no lo supieran, los portavoces de estos países, estaban ejerciendo la diplomacia para trazar las rutas comerciales y repartirse y tratar de quedarse la mejor parte del pastel sin ofender al otro. Trasladado a nuestros días, esto es lo que han seguido haciendo los países: negociar con otro/s por unos intereses, resolviéndolo de la manera más fructífera para todas las partes; en resumen, utilizar la diplomacia para lograr unos objetivos, casi siempre económicos. Por eso hablamos de diplomacia económica.

Y a todo esto, se está hablando en los anteriores párrafos de diplomacia, pero ¿qué es la diplomacia? La palabra proviene del griego ‘diploma’, que quiere decir doblar. Con esta acepción, diplomacia se refiere a enfrentarse, pero no en el sentido bélico de la palabra, sino en el de ponerse en frente (un diploma sería un pliegue con dos caras encontradas, un ‘duplo’). Entonces, diplomacia viene a ser el encuentro entre dos agentes que persiguen un fin concreto, buscando el mejor resultado posible para las dos partes. Trasladado a la economía sería lo mismo, pero el fin estaría encaminado a la consecución de un beneficio económico por encima del social (aunque pueda repercutir también), para el país, empresas, negocios, etc.

Poder Blando y Poder Duro

A la hora de ejercer la diplomacia, tenemos dos opciones: hacerlo de una forma más suave, conocida como Soft Power, donde imperaría el uso de la palabra para conseguir los objetivos marcados. El Soft Power o Poder Blando es un término acuñado en 1990 por el profesor de la Universidad de Harvard Joseph Nye. El profesor Nye indica que cando los países emplean técnicas de persuasión y atracción para conseguir sus objetivos, éstos están empleando el Poder Blando. Para saber cuáles son los países con más poder blando del mundo, la agencia de comunicación Portland lleva varios años elaborando un informe donde sitúa en un ranking a los países con más poder blando. En el año 2017, Francia se situó en la cima de este ranking, desplazando a Reino Unido a la segunda posición, que había estado en cabeza las ediciones anteriores). Reino Unido, Alemania y Canadá ocuparían los siguientes puestos. Para saber dónde se encuentra España, hay que bajar un poco la mirada, ya que se está situado en un decimoquinto puesto, perdiendo una posición con respecto al año anterior. El poder blando es una opción que tienen los gobiernos para ejercer la diplomacia para conseguir que sus empresas operen en otros países pero, ¿qué pasa cuando no funciona? Pues que entran en juego medidas algo más fuertes; es cuando se aplica el Hard Power  o Poder Duro.

 

Principales países con más Poder Blando. Elaboración propia.

El Poder Duro o Hard Power, contrapuesto al Poder Blando es aquel que utiliza métodos de presión más coercitivos para conseguir sus objetivos como pueden ser la utilización de la fuerza militar u otros aparentemente más débiles pero que pueden traer consecuencias muy grabes para la población, como pueden ser las sanciones económicas. Centrándonos en la segunda opción, cuando se imponen sanciones a un país, se le asfixia económicamente, se impide su crecimiento y hace muy difícil que lleguen los recursos necesarios para vivir. En el lado contrario, también se hace muy complicado exportar sus productos, ya que los países imponen aranceles que encarecen estas transacciones. Lo explica muy bien el Catedrático de Economía Aplicada en la CEU San Pablo Javier Morillas:

 “si se impone una sanción económica no por la naturaleza de sus efectos económicos, sino por que el nivel insoportable de daños que producirá,  debería obligar a ceder al país en cuestión, o por su solemnidad o carácter simbólico amplifica una protesta diplomática, entonces no es más que un medio de presión como cualquier otro. Si por el contrario se trata de debilitar una economía para fragilizar a un adversario en su capacidad de iniciativa económica, entonces estamos en el campo de la diplomacia económica.”

Josph Nye los diferencias con unos ejemplos muy claros. En un artículo reciente dice que si te apuntan con un arma y te quitan la cartera, sin importar lo que tu pienses o quieras, eso es Hard Power; si por el contrario te persuaden y te piden que les entregues la cartera sin recurrir a la fuerza, te permiten tomar una decisión, por lo que se consideraría Soft Power.

A estos dos conceptos hay que añadir un tercero algo más actual, de hace pocos meses: el Sharp Power o Poder Punzante. The Economist lo definía recientemente en sus páginas, caracterizándolo por el uso de la “subversión, hostigamiento y presión, combinadas para promover la autocensura”. Con estos ingredientes se intenta “punzar” en la conducta de los habitantes de un país para que actúen de un modo concreto para conseguir la imagen que el gobierno quiera proyectar al exterior. Esto se consigue con el endurecimiento de las leyes o las sanciones en cuanto a libertad de expresión para conseguir que las voces discordantes no puedan externalizar las quejas. De esta forma, al exterior solo sale lo que está establecido. El Sharp Power está a medio camino entre el Hard Power y el Soft Power, pero más cercano a este último según Nye.

Diplomacia en la “era Trump”

                A finales de 2017 fue elegido el 45º presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Un magnate de los negocios se ponía a los mandos del país más importante del mundo y lo hacía con mensajes de odio hacia los inmigrantes y residentes mexicanos, envuelto en un escándalo sexual y con una sombra de interferencia rusa en las elecciones que ganó. Pues bien: todas las expectativas se han cumplido y Donald Trump ha seguido enfadar a mucha gente y contentar a pocos. Para ello ha utilizado una política de sanciones económicas que se han convertido en los castigos impuestos a países como Irán, país con el que Obama había conseguido un pacto para su desnuclearización, pero que a Trump no le ha parecido muy creíble. A principios del mes de mayo el Presidente norteamericano anunció su retirada del pacto nuclear y dos semanas después, su Secretario de Estado Mike Pompeo anunciaba que impondría a Teherán  “las sanciones más fuertes de la historia”. Con estas medidas, Trump quizá no solo busque el desarme nuclear de Irán, también podría estar debilitando al país que en las últimas semanas ha recibido ataques de la vecina Israel con más intensidad.

 

Los líderes de EE.UU. y Corea del Norte, Donald Trump (izquierda) y Kim Juong Un (derecha). Foto: wikimedia.org

 

Pero, como se ha podido comprobar, si hay algún adjetivo que califique a Trump es imprevisible por sus “idas y venidas”. Al poco tiempo de entrar en la Casa Blanca, el presidente norteamericano intensificó sus amenazas al Presidente de Corea del Norte, Kim Jong y cuando   todo hacía pensar que la historia acabaría muy mal, en un giro inesperado de los acontecimientos, el presidente norcoreano anunció la desnuclearización del país y pedía una reunión con Trump. En pocos meses ha pasado de hablarse de la tercera guerra mundial a una reunión histórica. Aunque se fijó el 16 de junio como fecha para el encuentro, las idas y venidas del presidente norteamericano apuntan a que la reunión pende de un hilo. Hace pocos días, desde Pyongyang decían que si Whasington pedía un desmantelamiento de golpe de su programa nuclear, no estarían dispuestos a negociar. Desde el otro lado, Trump ha amenazado con acabar como Gadafi si no llegan a un acuerdo. Ahora mismo, tras haberse cancelado en los últimos días, parece que ambas partes seguirían dispuestos a reunirse. Lo cierto es que las conversaciones podrían haber empezado algo mejor.

Aunque el conflicto coreano no es el único que Trump libra en estos momentos. Rusia o China son otros dos frentes que el presidente tiene abiertos. Con los primeros, por la hegemonía mundial, desplazando el conflicto como en épocas de la guerra fría nuevamente en terceros países, este caso en Siria. Con los segundos, a los que hoy ve enemigos y mañana aliados, la guerra se desarrolla en el espacio económico. Xi Yin Ping, actual presidente chino ha apostado por dejar de ser un país comunista en la práctica (si lo fue en algún momento) y ha apostado por el sector de las Nuevas Tecnologías y la industria del acero para situar a su país como principal potencia mundial para mediados de este siglo. En este caso, Washington ha virado en varias direcciones; si en noviembre del año pasado se firmaban acuerdos por un valor de 9000 millones de dólares en exportaciones entre empresarios de las dos potencias, el pasado marzo China anunciaba aranceles a distintos productos de EE.UU. (frutos secos, cerdos, aluminio reciclado entre otros), en total, 3000 millones de dólares. Como no podía ser menos, Trump le devolvía el golpe a Pekín con sanciones a distintos productos, entre ellos el acero, por un valor total de 60000 millones de dólares. Al final no está claro si estas sanciones son la solución para conseguir sus objetivos políticos o económicos, ya que, como siempre, quien acaba pagando son los trabajadores y empresarios que ven encarecido su producto al exportarlo al otro país.

 

Presidente Donald Trump y Melania Trump (derecha) con el Presidente chino Xi Jingping y esposa, Peng Liyuan. Foto: D. Myles Cullen

 

Y en España, ¿qué?

Como todos sabemos porque hemos comprobado o leído hasta la saciedad, los últimos años no serán recordados como tiempos de bonanza en el país. La grave crisis económica hizo que cientos de miles de personas perdieran su trabajo, poder adquisitivo, negocios, etc. Al Estado tampoco le fueron muy bien las cosas, ya que su deuda creció hasta superar el 100% del PIB, la prima de riesgo (que marca el interés al que se financia la deuda) subió a máximos históricos en tiempos cuando más necesario era acudir a la emisión de deuda para no quebrar o tener que recibir dinero de Europa para rescatar cajas y bancos. Con este panorama, el gobierno apostó decididamente por dos sectores: el turismo y las exportaciones.

Para saber algo más sobre la situación de la diplomacia económica en España, hemos hablado con el Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad CEU San Pablo, Javier Morillas Gómez. Además de impartir clases en la Universidad, Morillas tiene numerosas publicaciones sobre diplomacia y economía, tales como “De Isabel II a Felipe VI: “El Economista” en la evolución de la economía de España, (de Eco-Trade Ecoprensa, 2017) un libro en el que hace un recorrido por la historia a través de la figura de los economistas; en 2008 publicó “Análisis de la economía española e internacional”, buscando las claves económicas que desatarían la posterior crisis; o “Los determinantes del crecimiento económico en el siglo XXI : el papel de las instituciones y la cooperación al desarrollo” un texto en el que se habla de la importancia de las instituciones para el desarrollo económico en países del tercer mundo (2014). Sobre la diplomacia económica española, esto es lo que nos ha contado Morillas:

 

 
Javier Morillas Gomez (izda.) en una ponencia de las jornadas católicas y vida pública. Foto: Asoc. Católica de propagandistas

 

Pregunta: ¿Qué papel juega España en el panorama internacional?

Respuesta: Somos el país de la eurozona con mayor déficit público y seguimos en el “procedimiento de déficit excesivo”; mientras no tengamos el respaldo económico de una economía saneada, la proyección política se complica (emitir deuda pública una semana tras otra para que la compren los extranjeros nos hace depender de los mercados y nos hace vulnerables ante subidas de tipos…).

Pregunta: Durante los años duros de la crisis, las exportaciones crecieron notablemente, sobre todo si metemos dentro sectores como el turismo, ¿en qué medida tuvo que ver las estrategias diplomáticas ejercidas por el Gobierno, con la puesta en marcha de iniciativas como “Marca España”?

Respuesta: Todo está relacionado, pero el alza de la exportación se ha debido a un conjunto de factores: reforma laboral, mejoras de competitividad, empuje empresarial y calidad de los productos, caída de la demanda interna y por tanto necesidad de las empresas de salir a vender más fuera, marca España, mejora en idiomas, la proyección de nuestra imagen con deportistas, industria del cine, Real Madrid, Nadal, Mireya…. lo del turismo es transversal; sustancial es nuestra industria de automoción, maquinaria y bienes de capital, industria química y del medicamento y agroindustria: esas 4 partidas de exportación mas los 80 millones de turistas, han hecho que vez primera tengamos los 4 últimos años “Capacidad de Financiación” frente al exterior.

Pregunta: Empresas españolas como ACS, Dragados, Indra o Abertis están construyendo proyectos en el extranjero como la ampliación del canal de Panamá o la construcción del AVE a La Meca, aunque no sin problemas con la entrega a tiempo o el encarecimiento de las obras. ¿Realmente estas empresas son las más competitivas o son las visitas del Rey y Ministros los que consiguen estas adjudicaciones?

Respuesta: De nuevo todo influye. La imagen de la familia Real es importante, y es tarjeta de presentación y licitación, pero luego hay que haber demostrado capacidad y profesionalidad. La buena selección de la clase dirigente te permite estar más atento y orientar también a las empresas hacia nichos potenciales.

 

“Javier Morillas: mientras no tengamos el respaldo económico de una economía saneada, la proyección política se complica”

 

Pregunta: ¿Hacia dónde debería dirigirse la estrategia diplomática en los próximos años?

Respuesta: Persistir y dar continuidad a la fase alcista del ciclo económico actual. Al tiempo fortalecer las instituciones (ver que en los 12 pilares de la competitividad global es un punto débil junto a la innovación, en este caso por la falta de recursos y ahorro interior.

Pregunta: Hace unos meses, en The Economist se hacía referencia al término Sharp Power o Poder Punzante, que sería proyectar una imagen de un país al exterior, manipulando a la población con técnicas como la autocensura. ¿Cree que esta técnica podría estar aplicándose en España?

Resuesta: Si se está intentando se hace mal, no lo veo. Eso hacen los ingleses creando esas series de TV y películas tan potentes que son una inversión productiva (“Victoria”, The Queen, El discurso del Rey, Dunkerke, The Crawn, “27 días”, The Royals… ahora lo vemos con la boda real.

Fortalecer instituciones, dar continuidad a la fase alcista del ciclo económico actual, sanear las cuentas públicas o complementar las exportaciones y el turismo con una fuerte industria de la automoción son algunas de las claves que da Javier para que el país tome importancia a nivel internacional. Pero en panorama con grandes potencias económicas y militares como Rusia, Estados Unidos, Irán, China o las dos Coreas en el tablero, el peso de España se quedaría en una cuarta fila según el profesor de Economía de la UCLM Víctor López Ruíz. Pero entonces, ¿Qué sucede actualmente en el tablero internacional?

Mirando hacia el horizonte

Viendo cómo se resuelven conflictos como el de EE.UU. con Corea, EE.UU. con China, EE.UU. con Europa o EE.UU. con Rusia, (Trump vs el mundo) aplicar la fuerza quizá no sea la mejor solución para resolver los problemas del mundo actual. Con varias guerras en Oriente Medio que parecen no acabar nunca, el petróleo, presente en todos los países en conflicto, parece ser la única solución para el fin de las mismas. Y es que parece que hasta que no se agote, las grandes potencias van a luchar por el control del crudo, no importando las consecuencias que esto conlleve. Entre estos conflictos, la disminución de las reservas que algún día tendrán que agotarse y las políticas cada vez más restrictivas contra la emisión de CO2, llegará el día en el que, con la desaparición del petróleo, por lo menos se acaben la excusa para estos enfrentamientos.

Aunque, adelantando ese fin, los países deben ponerse las pilas y apostar por unas relaciones productivas, poniendo en el centro de sus objetivos a los ciudadanos y luchar por mejorar las condiciones de vida de los habitantes de cada país. Pero como decíamos al principio, en un mundo globalizado, la cooperación entre países es fundamental y a día de hoy es muy sencillo. Con una apuesta fuerte por las nuevas tecnologías, el desarrollo de acuerdos que fomenten y permitan la circulación de personas con, por lo menos, las mismas condiciones que las mercancías y, sobre todo, con la educación. Solo de esta forma, con colaboración y responsabilidad de todos los países, no olvidando a los más desfavorecidos, se logrará que las próximas generaciones puedan vivir algo mejor que nosotros.

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