Año tras año, miles de aves mueren por causas relacionadas directamente por la acción del ser humano. Muchas de ellas son especies protegidas y, en demasiados casos, en situación crítica de peligro de extinción. La electrocución en los tendidos eléctricos es la causa principal de muerte no natural de las poblaciones de gran cantidad de rapaces en España, entre las que se encuentran algunas de las especies de aves más amenazadas y en peligro de extinción, como son el águila imperial ibérica, el águila perdicera o el milano real. Nuestro país tiene el privilegio de ser la reserva natural de Europa, una riqueza que nos sitúa como el buque insignia de la biodiversidad pero que implica una mayor responsabilidad y compromiso.

El águila imperial es una rapaz majestuosa, la envergadura de sus alas en pleno vuelo rasante llega a alcanzar los dos metros. El plumaje de un individuo adulto es de color marrón oscuro salpicado de manchas blancas en los hombros. Bajo el sol se refleja su nuca dorada. Sus potentes garras ganchudas están diseñadas para cazar al vuelo. Realmente es un ave imponente.

Pero el avistamiento del vuelo de un águila imperial es un momento difícil de disfrutar, ya que a pesar de ser una de las aves más emblemáticas es hoy en día una de las más amenazadas de nuestra fauna. En el Catálogo Español de Especies Amenazadas (Real Decreto 139/2011, de 4 de febrero) la especie está incluida en la categoría de “En peligro de extinción”. Según datos del Ministerio para la Transición Ecológica, en el año 2001 la fracción reproductora de la especie en España contaba con 152 parejas territoriales. El pasado año se censaron 520 parejas, lo que supone un incremento de 24 parejas al año de media.

Un dato positivo que invita al optimismo, si no fuera porque al cabo del año se siguen produciendo al menos 33.000 muertes por electrocución de rapaces, entre las que se incluyen el águila imperial o el águila perdicera. Así lo revela el informe oficial sobre el impacto e incidencia provocados por la electrocución de aves rapaces elaborado por los ingenieros de montes María Ángeles Soria, del Ministerio de Medio Ambiente, y Francisco Guil, de la empresa pública Tragsatec.

El “precio” de un águila imperial ibérica es de 140.000 euros; un buitre negro, 93.000; un alimoche, 46.000; y un búho real, 9.300.

Si nos situamos en el plano económico, este mismo informe también señala lo que nos cuesta los daños producidos al medio ambiente. La herramienta informática utilizada para este cálculo es el Modelo de Oferta de Responsabilidad Ambiental (MORA), que analiza las intervenciones que serían necesarias realizar por posibles daños al medio ambiente y valora los costes de reparación. Se estima que el impacto económico generado por pérdida de biodiversidad y daño medioambiental es de 141 millones de euros cada año. Más cifras: según esta herramienta, un águila imperial ibérica vale 140.000 euros, un buitre negro, 93.000, un alimoche, 46.000, y un búho real, 9.300.

Electrocución es igual a muerte
Para que se produzca la electrocución es preciso que el ave toque a la vez un conductor (un cable) y un elemento metálico (el apoyo o la cruceta), o que entre en contacto con dos conductores simultáneamente

Por poco observadores que seamos, cualquiera de nosotros ha fijado en alguna ocasión la vista en un pájaro posado en una línea eléctrica. En muchas ocasiones, estas infraestructuras eléctricas se configuran como puntos de posaderos o dormideros para muchas aves y lugares ideales para otear el territorio en busca de presas, también como plataformas para la nidificación. Esta bonita estampa tiene otra cara mucho menos bucólica, ya que la electrocución en estas líneas eléctricas es una de las causas de mortalidad directa de muchas rapaces en España, más propia de aves grandes con gran envergadura. Es muy simple: para que se produzca la electrocución es preciso que el ave toque a la vez un conductor (un cable) y un elemento metálico (el apoyo o la cruceta), o que entre en contacto con dos conductores simultáneamente (menos frecuente). De esta forma, el circuito se cierra y la electricidad pasa a circular por el cuerpo del animal. El resultado es la muerte del animal en más del 95% de los casos.

La medida más efectiva contra la electrocución es la sustitución de las crucetas y apoyos por material no conductor, como fibra de vidrio o madera, pero al ser muy caro lo que se hace es aislar los conductores susceptibles de contactar con el cuerpo de las aves. Una medida menos eficaz, pero más económica.

 

Tendido eléctrico corregido con aisladores (en rojo) y cables por debajo de la cruceta. Foto: Ministerio Transición Ecológica.
Colisión contra los cables

Otro problema añadido de la interacción de las aves con las redes eléctricas es la colisión contra los cables de los tendidos. La extensa red de cableado aéreo es especialmente peligrosa en determinadas circunstancias meteorológicas de poca visibilidad como niebla, también al atardecer o amanecer donde los cables no están a contraluz, o en vuelos nocturnos. Este problema afecta a cualquier tipo de ave, aunque lógicamente es más frecuente en aquellas que tienen escasa capacidad de maniobra en vuelo.

Las medidas anticolisión consisten en la instalación de dispositivos o marcas situados en los cables que hacen más visibles los conductores a las aves, denominados “salvapájaros”.  Los que hoy se consideran más seguros son aquellos que están dotados de componentes reflectantes que se mueven con el viento.

Salvapájaros clásico en forma de espiral en el cable de un tendido eléctrico

Castilla-La Mancha es una de las regiones más afectadas y también más comprometidas con este problema, ya que tiene poblaciones muy importantes de águila imperial y también de otras rapaces protegidas. Por otro lado, también se da la circunstancia de que tiene zonas muy importantes de dispersión, lugares donde los ejemplares juveniles de las especies pasan sus primeros 4-5 años. Son zonas ricas en caza pero a la vez están bastante antropizadas, es decir, con multitud de infraestructuras o líneas eléctricas.

 “Cada apoyo corregido es un punto negro que desaparece”
Enrique Montero junto con un agente medioambiental constatan la electrocución de una rapaz. Foto cedida por Enrique Montero.

Según Enrique Montero, jefe de sección de la Dirección Provincial de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural y el actual encargado de la conservación de fauna y flora silvestre en Cuenca, el problema de la mortalidad de aves por electrocución y/o colisión era hace 10-15 años de una gran envergadura, “pero desde que se está llevando a cabo la corrección de los apoyos o postes eléctricos, sobre todo priorizando aquellos con mayor mortalidad las tasas han disminuido drásticamente. Cada apoyo corregido es un punto negro que desaparece”.

Montero añade que “los agentes medioambientales son los que se encargan de la vigilancia de los postes y, como mínimo, acuden una vez al año, sobre todo en otoño, que es cuando se dan condiciones de humedad y las aves se electrocutan con mayor facilidad; también es la época en que los pollos de cría están volando y es más fácil la electrocución.

Las incidencias de mortalidad se van recabando en una base de datos, que son las que posteriormente orientan para priorizar las correcciones en un tendido u otro. Los datos en la provincia de Cuenca arrojan unas 100 muertes de aves por electrocución de media al año. “Estos datos se constatan a pie de poste en los recorridos que se llevan a cabo de manera periódica a lo largo del año. No es un dato totalmente exhaustivo, ya que los recursos materiales y humanos no permiten un seguimiento más riguroso”.

En la provincia de Cuenca hay unos 12.000 apoyos peligrosos

Para hacernos una idea de la magnitud del problema y del trabajo que conlleva, en Cuenca hay inventariados unos 12.000 apoyos peligrosos, que son más de la mitad de toda la red de tendidos eléctricos. “Por suerte, de esos 12.000 apoyos solo el 10% son los que generan verdaderamente la mortalidad y no todos están en una ubicación idónea para las aves, no son atractivos para que las aves se posen, por tanto generan menos problemas de los que en principio se podrían prever”, afirma Montero. “De ese 10% en estos últimos 10 años se han corregido más de 500 postes, priorizando aquellos con una mayor tasa de mortalidad, lo que ha atenuado el problema de manera exponencial”.

Mapa tendidos eléctricos de la provincia de Cuenca. Foto cedida por la Dirección Provincial de Cuenca de la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural.

En este mapa elaborado por la Consejería de Agricultura, Medio Ambiente y Desarrollo Rural de la provincia de Cuenca se muestran los apoyos peligrosos para las aves en color rojo y los puntos verdes, que corresponden con los apoyos ya modificados según la normativa vigente. La prioridad para la corrección de tendidos viene dada por la mayor o menor mortalidad de aves. La zona de la Mancha es la de mayor peligrosidad junto con las zonas más antropizadas. Dentro de la malla de color rosado se encuentran las áreas de especial interés donde se priorizan las correcciones: 1º: ZEPAS (zona de especial protección para las aves) 2ª: Áreas críticas y zonas de dispersión 3ª: Otras zonas de importancia para la nidificación y alimentación.
Normativa tendidos eléctricos

Castilla la Mancha ha sido pionera en la aplicación de normas para instalaciones eléctricas, el Decreto 5/1999 establece las normas técnicas de seguridad para las instalaciones eléctricas aéreas en alta y baja tensión, con el fin de minimizar los riesgos de mortalidad de la avifauna por electrocución y colisión con las mismas. Desde esa fecha se han ido haciendo correcciones en los tendidos eléctricos considerados peligrosos.

Con posterioridad, se aprobó el Real Decreto 1432/2008 de rango nacional que establece las características estructurales que han de cumplir los apoyos eléctricos para minimizar el riesgo de electrocución y colisión. Es de aplicación a las líneas eléctricas aéreas de alta tensión con conductores desnudos ubicadas en zonas de protección, que sean de nueva construcción, o que no cuenten con un proyecto de ejecución aprobado a la entrada en vigor de este real decreto, así como a las ampliaciones o modificaciones de líneas eléctricas aéreas de alta tensión ya existentes.

Las compañías titulares de líneas eléctricas tienen la obligación de adaptar sus tendidos antiguos a la normativa de protección contra colisión y electrocución publicada en el Real Decreto 1432/2008.

Exigir responsabilidades a las compañías del sector eléctrico ya tiene precedentes en nuestro país. La primera sentencia se produjo en mayo de este año, el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha sancionó a Iberdrola por no haber adaptado sus postes como exige la ley y haber provocado la muerte de aves protegidas. Las multas ascienden a 200.000 euros de sanción más otros 195.000 de indemnización. El mismo Tribunal ha dictado recientemente tres nuevas sentencias contra Iberdrola por la muerte de aves amenazadas: dos águilas imperiales y dos águilas perdiceras en sus tendidos instalados en Albacete. Las sanciones administrativas suman 300.000 euros en multas más otros 750.000 por el valor de las rapaces electrocutadas. Sentencias que sin duda marcarán el futuro de casos semejantes.

Según Montero, el problema que se está abordando con los apoyos antiguos y las correcciones consisten en alejar los conductores de la cruceta y que los cables pasen por debajo de la misma. “Las líneas de media tensión, entre 15-20 kV, que son la inmensa mayoría son las más problemáticas porque las distancias de riesgo eléctrico no son suficientes para atenuar el riesgo de electrocución de las aves”.

La corrección de un apoyo eléctrico peligroso cuesta estre 1.500 y 2.000 euros

Según explica Enrique Montero, la corrección de un apoyo para que deje de ser peligroso para las aves tiene un precio de entre 1.500 y 2.000 euros. “El presupuesto para llevar a cabo estas actividades de modificación llega de manera irregular, no hay un presupuesto fijo todos los años”. La titularidad de la mayoría de las infraestructuras eléctricas corresponde a las compañías eléctricas, con las que se llega a un acuerdo para corregir los apoyos tal como marca la ley. “La mayoría de los acuerdos con las eléctricas están en vigor, por ejemplo Iberdrola está corrigiendo al año en Cuenca más de 200 apoyos”.

Por otro lado, el acceso y control de las líneas de propiedad particular conllevan mayor dificultad de seguimiento y modificación. Además, los particulares (líneas para pozos de agua, fincas, depuradoras…) no tienen obligación formal de corregir los tendidos y tampoco son conscientes del problema medioambiental. Según Montero, “en Castilla-La Mancha acaba de salir una orden de base para dar ayudas a los particulares y también a las compañías eléctricas para corregir postes, y la financiación alcanzaría el 80% de lo que cuesta, pero la convocatoria, a fecha actual, todavía no es ejecutiva”.

“Las electrocuciones han disminuido en 10 veces gracias a las correcciones en tendidos desde el año 99”

Montero es optimista, y señala que a pesar del grave problema que suponen las electrocuciones, “estas han disminuido en 10 veces gracias a los trabajos de corrección que se llevan haciendo desde el año 99, cuando entró en vigor el Decreto en Castilla-La Mancha, pionero en España”.

La electrocución casi nunca deja heridos

A muy pocos kilómetros de la capital conquense se ubica el Centro de Investigación Agroforestal de Albaladejito (CIAF) que, entre otras actividades, cuenta con un centro de recuperación de fauna silvestre. Miguel Ángel Verona y Rosa María Muñoz son los veterinarios encargados de atender cualquier especie que llega al centro, casi siempre protegida, que no pueda continuar su actividad debido, entre otras cosas, a colisiones o electrocuciones en tendidos eléctricos.

El Centro de Recuperación de aves de Albaladejito es un pequeño hospital con instalaciones  para diagnosticar y rehabilitar a los animales que allí llegan. Los veterinarios que trabajan en este centro han tenido faena esta mañana, además de realizar las curas diarias a una pequeña rapaz por una extraña infección, han tenido que hacer la necropsia a una rapaz electrocutada ayer. “La necropsia es simplemente para confirmar que se trata de una electrocución, en un alto porcentaje se ven el punto de entrada y de salida de la corriente eléctrica, aunque depende de si el animal viene mojado o seco. En este caso el diagnóstico de electrocución ha sido casi inmediato”.

 “La recuperación de un ave electrocutada es prácticamente imposible”

El cuerpo inerte del águila calzada sobre la mesa de necropsias es una visión impactante y siniestra. Entró viva al centro, pero la han sacrificado esta mañana. De un cubo negro repleto de aves muertas, han sacado al animal para que compruebe los efectos de la electrocución. La garra está quemada y en el ala contraria, en la parte interna, se ve el punto de salida o entrada de la corriente. Miguel Ángel Verona confirma que “la recuperación de un ave electrocutada es muy difícil”.

Águila calzada electrocutada, en la garra se observa el punto de salida de la corriente eléctrica. Foto: Sonia Sánchez.

“En pequeñas electrocuciones existe una mínima posibilidad de que el ave se salve, pero aun así la mayoría mueren o tienen que ser sacrificadas por las graves lesiones que tienen”. Rosa Mª Muñoz explica que el primer día las aves electrocutadas no muestran grandes síntomas, pero conforme avanzan las horas empiezan las complicaciones, “la piel empieza a desgarrarse y se desprende completamente, como si fuera la piel cocida de un pollo”.

Los agentes medioambientales son los encargados de transportar las aves hasta el centro de recuperación. “Aquí se confirma la especie y, además, se hace una ficha en la que constan las coordenadas del lugar donde se ha encontrado el animal y el número de poste, cada poste tiene un número único que lo identifica”, apunta Verona. En lo que va de año, que se haya constatado, 85 aves han muerto por electrocución (la mayoría son enterradas in situ por el propio agente medioambiental que la detecta). Rosa Muñoz apunta que solamente tres rapaces llegaron vivas al centro de Albaladejito, pero murieron al poco tiempo. Desgraciadamente se vuelve a confirmar el dato de que prácticamente el 100% de las electrocuciones tiene resultado de muerte, el veterinario sentencia: “La electrocución casi nunca deja heridos”.

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