Desde 2016 un grupo de estudiantes llenan las calles del barrio conquenses con el teatro mágico, un proyecto que ofrece actividades culturales por y para la ciudad

Entre escaleras, paredes repletas de grafitis y calles imposibles se escondía una puerta. Esta era de madera verde, aunque ya casi había perdido su color por el paso del tiempo. Tiene un timbre manual de bronce, de esos que uno sólo ve en películas antiguas. Un cartel mínimo asoma en el centro de esa puerta. Uno se acerca mucho para poder leer unas letras blancas: “Teatro Mágico”.

Tal vez uno haya llegado allí por casualidad, paseando por esos rincones tan variopintos de San Antón. Se gira para comprobar el nombre de la calle y observa un cártel manipulado, enfrente de la puerta verde. El nombre de la calle “Coguililla” había sido cambiado por “Coleguilla”. Un detalle que indicaba que esto no era un lugar cualquiera.

Tras un cartel de bienvenida en una pared del salón se encontraban Iván, Óscar, Carlos y P10 junto a su perra Ira. Juntos estaban preparando, Channel Juan: Pascafary Sound System, la fiesta del día siguiente, que serviría como inauguración de la nueva temporada del teatro mágico. Habían comprado una bombilla que emitía luces led y jugueteaban cambiando el color del salón de la casa.

Los cuatro miembros que se encontraban en la casa dejan claro que ellos ni son los coordinadores del teatro mágico ni son los que más peso tienen. “No creemos en coordinadores aquí. Lo hacemos todo mediante asambleas y al final resulta ser todo bastante descoordinado” comenta Óscar entre risas.

La anterior calle Coliguilla es ahora Coleguilla (Javier Pascual)

Sentados en unas sillas unos y en el suelo otros, los cuatro miembros intentan explicar qué es realmente el teatro mágico con ciertas dudas, mientras gente de la calle se asoma por la ventana y saluda. Se miran entre ellos, esperando ver quién ofrece una definición más concreta y satisfactoria. “El teatro mágico es una excusa para hacer cosas, una especie de encuentro cultural” comenta finalmente Iván.

La palabra “excusa” podría resultar ser una salida fácil al tener que definir su actividad en aquella casa de San Antón, pero con un contexto la explicación resultaba muy lógica.

Como nos cuenta Iván, natural de Córdoba, cuando uno llega a Cuenca para estudiar se encuentra con un comentario muy habitual entre la gente de mediana edad. “Cuenca antes molaba más para estudiar, se hacían más cosas” Una frase cargada de nostalgia que sin embargo, escondía multitud de posibilidades. Una ciudad pequeña, un movimiento estudiantil grande y un pasado lleno de grandes recuerdos.

“Cuenca es una ciudad muy interesada por la cultura pero no existen muchos colectivos que se dediquen a ello” comenta Carlos. “Es una ciudad muy dinámica, con mucho estudiante de diferentes lugares y había que aprovecharlo. Al final, si esto no lo haces tú, lo hacen otros”

Un barrio idóneo 

Con este argumento y la intención de ser una referencia cultural en la ciudad, un grupo de estudiantes fundó este pequeño lugar, allá por el 2016. Sin embargo, las ganas por hacer cosas y por “darle vidilla a la ciudad” necesitaban de una espacio concreto de ejecución. Y allí apareció el barrio de San Antón.

“Este barrio es cómo un pueblo. La gente pasa mucho tiempo en la calle, todos se conocen y se saludan cuando se ven. Nos recibieron con los brazos abiertos cuando llegamos aquí. Es un lugar ideal para este tipo de proyectos. Se respira una atmosfera totalmente diferente” comentan los jóvenes con una sonrisa.

Iván también cuenta cómo la fama que tiene el barrio ayudó a sacar actividades que quizás en otro lugar no hubieran sido posibles. “Siempre se ha hablado de San Antón cómo un lugar marginal y problemático y eso nos dio ciertas libertades para hacer más cosas en la calle. Desde repartir arroz a la gente del barrio a pinchar música”. Con tanta libertad se permitieron hasta cambiar el nombre de la calle donde se encuentra su casa, antes en Coliguilla y ahora en Coleguilla. “Nos pareció muy divertido” explica Carlos.

Reconocen sin embargo haberse encontrado con problemas, especialmente al principio, debido a la ocupación durante mucho tiempo de la vía pública.

Con el tiempo se han ido sumando cada vez más miembros al teatro mágico y aunque la mayoría de ellos son estudiantes de Bellas Artes, también los hay que estudian Educación y/o Trabajo Social. “Nos gusta darle tintes sociales a todo lo que hacemos” y  aunque nunca han hecho nada de forma oficial con la Universidad de Castilla La Mancha , les gusta colaborar con diferentes colectivos”.

De esas uniones y trabajo han salido multitud de proyectos a lo largo de estos dos años de andadura. Desde colaboraciones con la asociación vecinal de San Antón pasando por estudiantes que presentan sus obras artísticas en la casa, hasta colectivos que enseñan sus documentales en la preciosa pantalla de cine que esconden en una pequeña plaza del barrio.

Uno de los trabajos que recuerdan con más cariño es Puertas Abiertas S.A, en el 2017. “Es un proyecto de intervención en la esfera pública que se enmarca dentro de las prácticas artísticas relacionales llevadas a cabo en el barrio de San Antón” cita la página del proyecto. Con el objetivo de dar voz y recursos artísticos al barrio, la web de Puertas Abiertas ofrece al lector un recorrido virtual por la historia y la cultura del barrio.

Así, encontramos imágenes de todo el arte urbano con el que cuenta San Antón, una serie de rutas posibles para conocer más el barrio (como si de una guía turística se tratara) e incluso una serie de entrevistas en audio a la gente más ilustre de la zona, donde cuentan sus vivencias allí durante sus años de vida.

El teatro mágico también ha participado en las Jornadas de Convivencia Vecinal, del pasado año ofreciendo su pantalla de cine a Jordi Oriola para la presentación de su documental . También el pasado año, realizaron acampadas con temática reggae en el barrio.

 

Presentación de un documental de Jordi Oriola, el año pasado (Iván Cuevas)

Aunque cuando les preguntas por futuros proyectos se muestran cautelosos; “hay varios proyectos muy ilusionantes en mente, pero no podemos hablar todavía”, decía Óscar, el teatro mágico ha empezado esta nueva temporada con una buena cantidad de iniciativas.

Para encontrar la más destacable e interesante sólo debemos de atender al panfleto que deja Iván sobre la mesa del salón. Un dibujo realizado por ellos mismos de un dragón verde observando el barrio de San Antón ocupa la portada de Octubre de La M.A.Q, la agenda cultural de Cuenca.

“Cave Paints” en el número 6 de Octubre de La M.A.Q (Javier Pascual)

Dentro de la revista podemos ver Cave Paintings, una de las novedades de esta temporada y que consiste en “un colectivo dedicado a crear las imágenes más rocambolescas que te puedes echar a la jeta” Estas imágenes serán estampadas en camisetas, pegatinas y “to lo que nos de la gana” dicen en la revista. Uno de los dibujos, incluso puede verse en una de las páginas.

Con respecto a otras cosas por hacer este año, “Estas paredes están muy blancas. Podríamos hacer alguna exposición” comenta Carlos con una media sonrisa.

Para sacar adelante todos sus proyectos el teatro mágico apuesta por la auto-financiación. “No cobramos entrada por las actividades que realizamos”, P10 y Óscar admiten que resultaría muy hipócrita cobrar a la gente por lo que hacen. “No podemos cobrar por cosas que hacemos en la calle, apostamos por una cultura libre y no hay que pagar entrada por ninguna de nuestras actividades”

De esta forma, el teatro mágico trata de realizar sus actos con el mayor ingenio posible y “de una forma bastante bastante improvisada” comenta Iván ante las risas de sus compañeros.

Sin una gran financiación, el teatro mágico reconoce haber encontrado en las redes sociales un gran aliado para realizar sus actividades. “Colocar carteles es muy caro y a veces los arrancan, con una difusión en redes sociales todo es más sencillo y barato” comenta Óscar. “Anunciaremos los futuros proyectos del teatro mágico por redes sociales” dicen emocionados.

Así, volcados por una ciudad rica en cultura y arte, el teatro mágico volverá a recurrir al ingenio, al “boca-boca” y a la colaboración de quien quiera presentar su arte y sus proyectos con la misma ilusión todos los años.

No sabemos concretamente cómo se manifestará esta temporada el arte en el teatro mágico pero seguro que no dejará indiferente. Al final, uno se marcha de ese barrio con la sensación de que quedan muchas historias por contar tras esa puerta de madera verde en la calle “Coleguilla” .

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Javier Pascual

Amante del cine y el buen periodismo. Defensor del final de Perdidos.

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