El Estado Islámico cuenta con una máquina de propaganda muy sofisticada en la que muestra su forma de actuar sanguinaria y brutal. Crucifixiones, decapitaciones o ejecuciones sumarias son retransmitidas por las redes sociales con vídeos espantosos que buscan un doble efecto: una guerra psicológica para atemorizar a las poblaciones y reclutar adeptos a la causa de todo el mundo.

El ISIS proclamó su Califato y ha nombró a su líder, Abu Bakr al Baghdadi, como su califa. El Califato se encuentra a no demasiada distancia de los tres lugares santos del islam: Meca, Medina y Jerusalén, cuyas capturas figuran entre sus objetivos. Esto sin duda tiene un mayor atractivo que el refugio del liderazgo de Al Qaeda en las montañas de la frontera afgano-pakistaní.

El ISIS adopta las técnicas de marketing con revistas como Dabiq y utiliza el medio audiovisual con una estética hollywoodiense, con la que ha establecido su marco de referencia con sus decapitaciones, vídeos tipo Call of Duty, películas con planos aéreos, explosiones a cámara lenta o revistas atractivas con el fin de reclutar yihadistas en todo el mundo y atemorizar.

El Daesh busca dos públicos: uno más joven, mediante las redes sociales y esa estética de la violencia; y otro, más adulto, a través de las imágenes idílicas de sus militantes disfrutando de una baño en una piscina o mediante la felicidad que muestran en los vídeos sus familias e hijos .

El califato usa recursos cada vez más virales: fotos de su vida diaria en Instagram, imágenes con la estética de videojuegos, puntos de vista en primera persona, memorias de operaciones mediante infografías y hasta merchandising, con páginas en Facebook donde obtener desde siete dólares camisetas, sudaderas y otros productos.

Esto les permite reclutar jóvenes occidentales, como ocurre con los sospechosos de la ejecución del freelance James Foley, cuyas biografías se acercan más al estereotipo del hipster urbano que al del típico islamista: hackers, escritores de viajes y hasta un rapero.

Los terroristas usan las nuevas tecnologías para comunicarse y como instrumento de propaganda y reclutamiento. E-mails, Whatsap, sistemas encriptados o el uso de hastags como Copa del Mundo o ébola les permite insertar sus mensajes o tener la capacidad enviar 40.000 tweets durante avance sobre Mosul sin que detecten controles de spam. El amplio uso de las redes sociales les ha permitido difundir su mensaje en una medida sin precedentes. Debido al hábil uso de Facebook y Twitter, muchos expertos en seguridad temen que la influencia de la organización terrorista se extienda mucho más allá del Oriente Medio. Como ejemplo, un presunto simpatizante de ISIS tuiteó un mensaje con el hashtag #AMessageFromISIStoUS afirmando: «Estamos en sus estados. Estamos en sus ciudades. Estamos en sus calles. Ustedes son nuestros objetivos en cualquier lugar» y todo eso frente a la Casa Blanca. Varios funcionarios de inteligencia incluso han declarado que el uso que hace ISIS de medios de comunicación social marca una nueva era de la guerra cibernética.

En esta batalla por las ideas hay que combatir al Califato con estrategias de marketing y propaganda en los países árabes y en Occidente para evitar el reclutamiento y combatirles en las redes sociales mediante acuerdos con las grandes empresas tecnológicas.

Miguel Angel Benedicto

Periodista y profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea

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