Cuando pensamos en patinaje artístico, nuestra mente nos lleva a una pista de hielo y una escena de una película navideña. La verdad es que el patinaje es mucho más que eso, mucho más que cualquier pista de hielo o de cemento donde alguien ruede. Detrás de cada patinador hay una historia de superación, control y concentración y, sobre todo, lucha porque el deporte llegue a cualquier ciudad del mundo. Por la lucha se caracteriza la entrenadora del Club Hoz del Júcar en Cuenca, Elvira Villarreal, quien desde Barcelona trajo a la capital conquense el deporte de su vida.

El principio de los patines de hielo es mucho más antiguo de lo que se piensa. La creación de este patín es de hace 5000 años aproximadamente a causa de la necesidad de tener un medio de transporte durante el invierno. El invento de este nuevo medio de transporte se convirtió en la nueva moda y deporte del momento, lo que llevó, años más tarde, a la necesidad de seguir con la rutina tras en verano con la desaparición del hielo: los patines de ruedas.

Las diferencias entre un patinaje y el otro son abismales. En hielo se patina mucho con las caderas, en ruedas se patina con cuádriceps, la espalda tiene que estar encorvada, en ruedas tiene que estar recta. En hielo, el hombro izquierdo tiene que estar todo el tiempo arriba, en ruedas es abajo, en hielo la cadera en las curvas va siempre adentro, en ruedas va a fuera.

Aunque parezca que estos son un invento reciente, la verdad es que los primeros parecen datar del siglo XVIII de la mano del holandés Hoans Brinker, quien construyó la primera rueda metálica para patines en el año 1733. Sin embargo, en 1813 Jean Garcín, construyó unas ruedas de madera que patentaría dos años después con notable éxito. Además, creó una Escuela de Patinaje, pero la gran cantidad de accidentes provocó el cierre de la Escuela.

Aun así, años más tarde, con una gran perseverancia, el inventor continuó su lucha y presentó a unos industriales británicos el patín que tras un proceso de perfeccionamiento se expuso en la Feria Mundial en París, lo que conlleva a la apertura del primer Centro de Patinaje del mundo en 1876. Sin embargo, hasta 1946 no llega la creación de la Federación Española de Hockey y Patinaje y España que debutó en competiciones internacionales en 1947 en un campeonato celebrado en Lisboa.

Patinaje en Cuenca

La actual entrenadora del Club conquense Hoz del Júcar, Elvira Villarreal, supone la misma historia de lucha y motivación con el deporte que hizo el inventor siglos antes. Su primer contacto con el patinaje fue como muchos niños, con los patines que les regalaban sus familiares. “Salíamos por la calle a patinar y a jugar con los amigos. Antes era habitual tener unos patines de correas y de hierro y no como los de ahora”, explica. Aun así, tu trayectoria más profesional empieza cuando con 10 años se inscribió una amiga al club de patinaje de velocidad, lo que le incitó a tomárselo un poco más en serio.

El patinaje de velocidad consiste en la realización de vueltas a una pista ovalada con el objetivo de llegar a la meta en el menor tiempo posible en patines de línea. Esta categoría es una de las tres modalidades más antiguas del patinaje y puede presumir de ser, en España, una de las categorías que más títulos ha aportado al palmarés nacional con 21 títulos del Mundo y 61 Europeos.

Cuando Elvira llegó a Cuenca desde Barcelona con 14 años, quería seguir con una de sus pasiones, el patinaje. Por eso, se dirigió al IMD a preguntar si tenían esta actividad, pero que si le interesaba iniciar la actividad dando clase a los niños. “Entrenar a los niños era la única manera de poder practicar este deporte, así que, aunque no tuviera mucha experiencia, dije que sí”. Empezó dando clases en el parque Vivero, donde hay una pista muy pequeña, los sábados por la mañana. “Recuerdo que les pedía la escoba a los barrenderos para poder barrer la pista y daba clases a niños. Hacía lo que podía, me inventaba juegos, pasos de baile… Más tarde me puse en contacto con la federación de patinaje de Castilla- La Mancha y me pedían una prueba de patinaje artístico, cosa que yo nunca había hecho. Aun así, lo hice y después me saqué el título de entrenadora.”

Así, creó el Club Hoz del Júcar de Cuenca que acoge a niñas y niños de todas las edades para disfrutar y encontrar en los patines otra forma de hacer deporte “más que una pelota o una red”, explica Elvira. Lidia Ruiperez, una de las patinadoras del club explica que “el patinaje es un deporte en el que se combinan la parte artística y física. Hay que tener mucha disciplina y constancia, ya que es un deporte difícil, y si no eres constante no conseguirás avanzar. Desde el Club se entrena a niños de todas las edades y con diferentes historias y tipos de competición. Begoña Ibáñez, alumna y entrenadora de algunos grupos del club, empezó con los patines con su hermana en la calle, “a los 10 años me apuntaron a clases de patinaje artístico en el club, ahora tengo 25 años y no he dejado de patinar en ningún momento”.

Elvira Villarreal entrenando con una alumna

 

El patinaje requiere de una gran cantidad de fuerza física, a la vez que constancia, dedicación y una gran cantidad de concentración. Cualquier despiste puede llevarte a sufrir lesiones o, en trabajos en equipo, descoordinar a los demás compañeros.” Se trata de un deporte emocionante a la vez que elegante y visualmente bonito, en el que es necesario trabajar tanto la fuerza como el equilibrio y el control de tu cuerpo, ya que no se trata solo de girar o de saltar, sino que es necesario colocar cada parte del cuerpo en la posición correcta”, explica Begoña.

“No podemos entrenar mucho para competir en modalidades de muchas personas, no tenemos ni tiempo, ni pista”

Las modalidades que presenta este deporte son patinaje libre, escuela, patinaje sincronizado, show y, el más reciente, patinaje sobre ruedas en línea. Desde el Club conquense se practican diferentes categorías, aunque por falta de tiempo y espacio la individual es la más trabajada. Compiten en modalidad individual, la más sencilla de entrenar y donde se pueden detener más tiempo, aunque también han ocupado la modalidad de show, que se basa en un trabajo de entre 7 y 12 personas. “El problema es que no podemos entrenar mucho para competir en modalidades de muchas personas, no tenemos ni tiempo, ni pista para hacer esto”, cuenta la entrenadora. Cada vez salen más competiciones y modalidades, como las de parejas, pero, “aunque no compitamos, sí que hacemos exhibiciones”, concluye.

Desde el Club se entrena entre 3 y 3 horas y media a la semana. Los miércoles, viernes y sábados por la mañana, tiempo justo para que los patinadores sean capaces de coger las destrezas necesarias para ser mejorar. Begoña Ibáñez, con 25 años, explica que su primera competición fue con 11 años en un trofeo de iniciación. Desde entonces, ha pasado por varias categorías que dependían tanto del nivel como de la edad, pasando por competiciones de la primera, segunda y tercera prueba de patinaje artístico y sus últimas competiciones han sido en la categoría absoluta.

Deportista del Club poniéndose los patines

En la categoría de show se puntúa en primer lugar el contenido, reflejando la dificultad y el diseño del programa y la técnica del grupo, y en segundo lugar la presentación, por la expresividad, la interpretación y el uso del vestuario y maquillaje para reflejar el tema de la música. Por otra parte, la parte de parejas se divide en dos partes, una corta y otra larga; en cada una de estas partes de deben hacer posturas y elementos obligatoriamente, como la espiral de la muerte, en la primera, o una secuencia de trabajo de pies, en la segunda. En esta última categoría se puntúa en base al mérito técnico y la impresión artística.

El principal objetivo de Elvira Villarreal es uno claro: hacer sentir a los deportistas que ella es más que una simple entrenadora. “Es una gran satisfacción cuando las alumnas que ya son mayores se sienten como que son mis amigas o, incluso, mis hijas. El trato es distinto, mucho más lleno, les doy una confianza que me permite ayudar, dar consejos…”. Ella tiene claro que el deporte es muy sacrificado y que es necesaria la concentración, pero disfrutar haciendo patinaje es también estar unidos en un grupo, que se apoyen entre los compañeros y encuentren una familia que elimine el sacrificio.

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