Arrorró a priori es una palabra que no nos dice mucho. Pero detrás de esas simples seis letras hay mucha historia.

De una conversación por teléfono una tarde de verano surgió la idea de este libro. Los protagonistas de esta llamada: César Sánchez Ortiz y Pedro C. Cerrillo. Ambos profesores de la Universidad de Castilla-La Mancha. Ambos muy involucrados con la literatura. Por ello pusieron en marcha el proyecto Arrorró: una recopilación de nanas para mantener la tradición cultural.

Pero por desgracia, Cerrillo enfermó a principios de 2017 de cáncer y no pudo ver finalizado su proyecto, al igual que otros tantos que había puesto en marcha con ayuda de amigos. Pero Arrorró vio a la luz con ayuda de personas como Arantxa Sanz, quien es voluntaria de Aladina, asociación para la que va en 100% de los beneficios.

Este libro está compuesto por siete canciones de cuna: tres nanas de la tradición española, tres nanas de origen mexicano y una última de Luis Rius, un conquense que tras la Guerra Civil tuvo que exiliarse a México. Estas siete canciones de cuna fueron cuidadosamente seleccionadas por Pedro y César e ilustradas por Luis San Vicente.

La editorial que ha publicado este libro es Diego Pun. En palabras del propio César Sánchez “No podía haber otra mejor. Diego Pun vivía en los arboles y solo bajaba para cantar romances y contar cuentos. Mezclaba la tradición más moral con lo cultural. Este libro es una mezcla de ambas. Los niños necesitan dormir sus miedos”.

Zas!!Candil tocando “Las Panaderas” / María Herance Jiménez

Pero ¿Qué es una nana sin música? Como indican en su página web, el cancionero necesitaba ritmo, necesitaba alma. Y qué mejor manera de otorgarle la parte que le faltaba con pequeños.  Es aquí donde entra en juego la Escolanía de Cuenca. Once niños y niñas que con sus voces blancas ponen el toque de dulzura a esas canciones de cuna. Junto a Zas!!Candil grabaron tres de ellas: la Nana del Pardal, la Nana de la Pastora y la Nana de la Tórtola.

Zas!!Candil es un grupo de amigos de Tarancón que hace siete años decidieron unirse y recuperar parte del folk que habían escuchado siempre en la zona. ”La gran mayoría de nosotros nos cocinamos de pertenecer en grupos de folclore en el pueblo y vimos que había que darle una vuelta para que la gente joven se aproximara a él y lo encontrara más divertido”. Compuesto por nueve músicos y dos bailarines enseñan a grandes y mayores a ver de otra forma la música de nuestra tierra.

Esto quedó reflejado en la actuación que tuvo lugar en el Paraninfo del campus de Cuenca. En el ambiente de este teatro se respiraba nervios, se respiraba emoción, pero sobre todo se respiraba respeto. Respeto, cariño y admiración hacia Pedro C. Cerrillo. Muchos fueron los amigos y conocidos que asistieron a la cita. Esto se hizo más latente después de las palabras de César sobre el libro, sobre toda la historia que tiene detrás y sobre el propio Pedro.

Tras la intervención de Sánchez, fueron los niños de la Escolanía de Cuenca los que, junto a algunos integrantes de la banda Zas!!Candil interpretaron dos de las nanas de Arrorró. Los niños nerviosos se balanceaban en el escenario, al ritmo de los acordes de la guitarra y de la flauta travesera. La primera de ellas, la Nana del Pardal, se interpretó con una dulzura asombrosa. Dulzura que solo fue interrumpida por los aplausos de los asistentes y, sobre todo, por los aplausos de los padres orgullosos. Casi sin dejar de terminar los aplausos, se alzaron las voces de nuevo. Esta vez para cantar la Nana de la Pastora, mucho más alegre que la anterior y que tenía como palabra recurrente Arrorró. Cuando los acordes cesaron el auditorio se unió en un gran aplauso. Los pequeños recibieron como regalo de la mano del propio César Sánchez un ejemplar del libro, que recibieron con mucha curiosidad.

Tras la Escolanía llegó el turno del grupo completo Zas!!Candil. Pudieron actuar ocho de los once componentes del grupo. Comenzaron muy fuertes, con la Aceitunera. “Es casi nuestro himno ya, nos hemos adueñado de ella” Nos comentaban entre risas. Con gran animo invitaban a grandes y pequeños a bailar, pero solo unos pocos niños dejaron su timidez a un lado y se lanzaron a bailar en el pasillo.

Jugando en el concierto con el Pelele / María Herance Jiménez

Esto cambió poco después, cuando cantaron la canción del Pelelito. A pesar de ser una canción que se canta el 18 de marzo y en la cual se baila alrededor de una manta y haciendo saltar a un muñeco con el vaivén de la sábana, al ritmo de la música. Los niños que acudieron en masa al corro que se había formado en torno al pelele disfrutaban con el espectáculo, para muchos era la primera vez que lo veían. Cerca de 25 niños danzaban al ritmo de la música y de las palmas del todo el auditorio, que se había animado a acompañar a los músicos.

Para más disfrute de los niños, el grupo hizo subir a los pequeños al escenario para bailar una Seguidilla Manchega. Todos ellos, músicos y bailarines improvisados, con un ¾ en los pies casi perfecto, animaron a todos los que permanecíamos sentados en las butacas, que con palmas marcábamos ese ritmo.

Zas!!Candil comenzó a tocar instrumentos más inusuales en La Mancha, al igual que las melodías. No era a lo que nos tiene acostumbrado nuestra tierra. Y tenía una explicación: con su música el grupo nos había trasladado hasta Castilla-La vieja. Con un pandero marcaban ritmos más graves, procedentes de Salamanca. Pero lo más sorpréndete fue cuando dejaron de lado todo los instrumentos y colocaron una mesa en mitad del escenario. Tres personas tocando la “Canción de las Panaderas”. Una canción con la simple percusión de golpes en la mesa que te llevaban directamente a una panadería.

Entre Jotas, canciones de Luis Rius y de Diaz llegó a su fin el concierto, con todo el público animado, dando palmas y algún que otro canto. Cuando dieron por finalizado el concierto el auditorio entero estaba en pie, aplaudiendo y pidiendo un vis. Ellos bajaron del esceranio y se entregaron al público.Un placer para cualquier asistente.

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