Tradicionalmente, el deporte cinegético ha sido un espacio reservado para hombres. Ya sea porque al principio era más una obligación  que un deporte o  porque, al igual que ocurre en otros entretenimientos, es simplemente machismo.

La caza según el diccionario de la lengua española es, la actividad o acción de capturar, generalmente a un animal, con fines recreativos o alimenticios. En esta definición no hay ningún concepto que haga pensar que este es un deporte de hombres, pero ya en la época de la prehistoria  los hombres salían a cazar para conseguir alimentos, pero las mujeres se quedaban recolectando frutos, cocinando o manteniendo el fuego vivo.

Por otro lado, la caza ha sido desde siempre enemiga intima de la mujer, puesto que el cazador sale de casa muy temprano y las jornadas se suelen alargar hasta bien entrada la tarde. Por ello, a todas aquellas mujeres que no comparten esta afición con sus parejas, les resulta incómodo este deporte. Rosa, esposa de un cazador piensa que: “la caza es el deporte más aburrido que hay y el que más tiempo se tarda en practicar”.

En la actualidad las cosas han cambiado, se ha catalogado como deporte, existe una Federación, tanto Española como regional desde hace más de 20 años, y se distribuye en distintas categorías y modalidades. Podemos encontrar caza mayor (Ciervo, Jabalí, Corzo, Gamo entre otros), caza menor (Perdiz, Codorniz, Conejo etc.), caza en montería, caza a rececho, caza con y sin perro, concursos de galgos, caza con arco, rehalas etc. Además para poder cazar todos deben cumplir unos trámites: tener permiso de armas en vigor, seguro de caza y una licencia para cazar en cada una de las comunidades autónomas de España.

Actualmente la actividad cinegética en es un sector socio-económico estratégico de Castilla- La Mancha, que mueve un gran volumen de negocio por parte de empresarios especializados en la organización de monterías, la realización de concursos de tiro, concursos de caza con galgo y otro tipo de modalidades que provocan grandes desplazamientos como el reclamo con perdiz, las exhibiciones y cursos de tiro con arco y sobre todo por el precio que pagan los aficionados a cambio de practicar este deporte. A lo que hay que sumar los ingresos que obtiene la administración pública.

La Federación de Caza de la región castellano manchega aglutina en torno a los 29.000 cazadores, de los cuales el 25% aproximadamente son mujeres. Un estudio de la Fundación para el Estudio y la Defensa de la Naturaleza y la Caza (Fedenca), dependiente de la Real Federación Española de Caza (RFEC), ha cifrado en 3.635 millones de euros la riqueza que genera la actividad cinegética en este país.

Avances en igualdad

Uno de los cambios más significativos que se ha producido en este sector es que cada vez un mayor número de mujeres se aficionan y practican este deporte. Ejemplo de ello son Cristina Gómez, una joven de treinta años que hace  ya tres años que se sacó la licencia. Concepción Casado (Cocha) que es cazadora desde que era pequeña, así como yo misma, que me saqué la licencia a los 16 años y desde entonces disfruto de este deporte cada vez que puedo.

Cristina se aficionó a la caza por su padre y su hermano y como ella misma cuenta, “Soy cazadora por tradición familiar. Nací y crecí en una familia de cazadores, desde mi abuelo y mi padre, que durante años se dedicó a gestionar un coto de caza, hasta mi hermano, que siempre me acompaña. He pasado gran parte de mi infancia en dos pequeños pueblos al este de Guadalajara, Checa y Orea, donde hay unos preciosos montes y una gran afición a este deporte.”

Crisitna G y su hermano. Rececho de Arruí en Polop. Foto: C.G
Crisitna G y su hermano. Rececho de Arruí en Polop. Foto: C.G

Al igual que Cristina, hay otras muchas mujeres que por un motivo o por otro se han aficionado a practicar este duro pasatiempo. La caza, sobretodo la caza mayor, es un deporte severo  por la época en la que se practica, que va desde mediados de octubre hasta finales de febrero.

Al ser una  práctica de montaña, en esa época del año, el frio y la nieve suele ser una constante, motivo por el cual muchas mujeres terminan por abandonarlo y tal como le sucedía a Gómez las experiencias no son buenas. “Mis primeros recuerdos son totalmente negativos, frío, aburrimiento, demasiado tiempo en silencio…pero a pesar de esto siempre me ha picado el gusanillo. Y es que cualquier persona aficionada a la caza sabe que no se vive igual la emoción y la adrenalina que se siente cuando eres tú el que porta el arma, como cuando eres la que está acompañando al cazador (figura muy típica de las mujeres en este ámbito)”.

Por el contrario, Concha asegura que el frio nunca ha sido un impedimento para ella, la afición y la ilusión que siente cuando va a cazar es más fuerte que las inclemencias del tiempo. Además ha declarado que, se lleva a su hijo de cinco años a cazar y es capaz de aguantar el mal tiempo. Confía en que su hijo seguirá con la afición.

Rececho, la modalidad preferida

La caza a rececho es una modalidad practicada a nivel mundial. Radica en encontrar un animal, que se selecciona principalmente por su trofeo ya sea ciervo, gamo, muflón, corzo etc. Sin utilizar ningún tipo de vehículo y acercándose lo máximo posible al animal sin que éste perciba nuestra presencia. Al rececho se puede ir con cualquier tipo de arma, y la más excitante es el arco puesto que es el que requiere mayor destreza, agilidad y aproximación.

Justamente a finales del mes de septiembre y hasta mediados octubre se produce uno de los recechos más valorados por todos los cazadores, la berrea. Y es que para muchos aficionados es momento en el que se puede disfrutar del macho Ciervo en toda su grandeza. Se muestran desafiantes, salen a “ganar territorio y hembras” a los claros de los montes y se puede disfrutar de un espectáculo fabuloso. Este tipo de rececho lo disfrutan, incluso aquellos que son contrarios a la práctica de la caza, por lo bonito que resulta ver un ciervo berreando en pleno atardecer.

Cristina Gómez confiesa que, practica la caza mayor en todas sus modalidades pero que tiene predilección por los recechos: “mi debilidad son los recechos. Sí tuviera que elegir me que quedaría con la berrea, en una sola palabra…Impresionante. El ciervo es mi pasión; su elegancia, su manera de moverse, su cuerna…”

Pero existen otros muchos recechos que no son tan conocidos ni tan demandados como puede ser el del Muflón, el Macho Montes o el Arruí. Estos animales viven en entornos muy escarpados de la montaña, motivo por el cual no todos los aficionados pueden o quieren practicar este rececho.

Con un arruí cobrado en Polop (Alicante)
Con un Arruí cobrado en Polop (Alicante)

El arruí es un animal poco conocido por las personas que no son aficionadas a la caza, e incluso muchos de los que habitualmente practican la caza no han abatido nunca un espécimen de esta especie.

Al arruí también se le conoce como Muflón del Atlas y se diferencia principalmente de los Muflones comunes porque tienen un mechón de pelo largo que les cuelga del pecho y de las patas delanteras. Fue introducido en España en 1970 con fines cinegéticos y su hábitat natural es el norte de África. Actualmente se pueden cazar estas especies en muchas zonas de nuestro país, pero uno de los principales entornos es Alicante.

El lujo de cazar

Un dato que posiblemente desconoce la sociedad es lo caro que resulta practicar este deporte. Como punto de partida y antes de pisar el campo, un cazador debe gastar unos 110 euros para pagar la licencia de una comunidad, en el caso de Castilla-La Mancha oscila entre los 30 y 40 euros, el seguro de responsabilidad civil que suele costar entre 20 y 30 euros y una caja de balas 50€. Todo esto contando con que ya eres cazador, tienes arma y estas dentro del plazo de revisión de armas de la Guardia Civil.

Si por el contrario eres novato en esta práctica y quieres cazar, el coste se incrementa notablemente ya que hay que pagar todo lo anterior a lo que se suma el coste de sacar el permiso de armas, comprar un arma y un armero para guardarla (obligatorio por Ley).

Una vez que tenemos todos los permisos en regla, lo pagos de licencias y seguros, nos hemos hecho con munición, ropa y calzado adecuado, podemos salir a cazar.

Si tienes un pueblo en el que hay un coto social, estas de suerte, puesto que los precios de estos cotos son asequibles y relativamente bajos. Sin embargo si no tienes, debes pagar por una postura o puesto. Los precios son muy variados según las zonas donde se celebre la montería pero ninguno baja de los 100 euros por puesto.

Tanto Cristina como Concha cazan en la misma zona y se les preguntó si consideraban que la caza era un deporte apto para todos los bolsillos y contestaron lo siguiente.

Cristina: “Me lo pones difícil, pero diré que sí, si se quiere se puede. Unos se lo gastan en copas, ropa y viajes, y otros en un rececho”.

Concha: “siempre me he sentido una privilegiada por ser de un pueblo donde se practica la caza y sigue existiendo un coto social, por un bajo precio se puede cazar. El deporte de la caza conlleva muchos gastos, desplazamiento, armas, municiones, y luego el coto en sí. Si no tienes la suerte de tener un coto social o algo parecido necesitas una cantidad considerable para poder practicar este deporte. En general la gente que caza, tanto mayor como menor, su clase social no es baja, desde luego”.

Por lo que cazar no es solo un deporte tradicionalmente masculino y machista, sino que también es bastante caro. Sin embargo, a pesar de todos estos impedimentos cada vez más mujeres forman parte de esta gran familia y año tras año,  se incrementa el número de mujeres en las monterías, en los rececho se  en los concursos.

 

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