Las dudas sobre el futuro de Gran Bretaña preocupan a todos. Sin embargo, políticos, periodistas y ciudadanos no parecen tener respuestas

“No tengo la menor idea de que va a ocurrir”

La población británica miraba a Chris Mason, respetable y reconocidísimo periodista político de la BBC, con esperanza. Mason, en un directo de la cadena pública, miraba a cámara, con el Parlamento a sus espaldas y comenzaba a hablar de la situación actual del Brexit, en Gran Bretaña.

Que son tiempos convulsos y de desconocido desenlace lo sabe en el fondo cualquier ciudadano británico. Pero quién sabe, quizás aquel periodista podía ofrecer un halo de esperanza para todos. Un argumento o una información para comenzar a esclarecer la situación.

Pero no. Mason tiró de una humildad y una dignidad muy poco habitual entre nuestros periodistas políticos. No jugó a ser adivino ni tarotista. Chris Mason fue un británico más. Uno que no sabe que ocurrirá ni entiende hasta donde puede llegar esta situación.

Desde la esfera política las sensaciones no parecían mucho mejores. El pasado 12 de noviembre, Dominic Raab, ministro secretario de Estado para la Salida de la Unión Europea en el gobierno de Theresa May, hacía oficial su dimisión.

Lo hacía tras el acuerdo tomado con la Unión Europea donde se acordaba un texto que incluía una salvaguarda para evitar el restablecimiento de una barrera física entre la provincia británica de Irlanda del Norte y la República de Irlanda, uno de los escollos principales en el proceso.

Que el ministro de May, encargado de traer claridad sobre el Brexit se marchara, desde luego no ofrecía ninguna confianza ni a los laboristas, ni a Bruselas, ni, por supuesto, a los ciudadanos de Gran Bretaña.

Aunque existe un acuerdo tomado por el Gobierno y Bruselas, lo cierto es que este todavía tiene que debatirse durante 5 días en la Cámara de los Comunes y luego someterse a votación el día 11 de diciembre. Por lo que una solución a corto plazo parece improbable.

Ante esto, el pueblo británico, acostumbrado a vivir tiempos convulsos ha salido a la calle en múltiples ocasiones ha manifestar su desencanto.

Una de las movilizaciones más destacadas se dio el pasado 20 de octubre, donde, en una nueva demostración de descontento, medio millar de personas llenaban las calles de Londres pidiendo un segundo referéndum. Una manifestación que ponía en alza la tremenda ruptura que existía en Gran Bretaña. Una ruptura que ya se podía prever viendo los resultados obtenidos en el referéndum de 2016.

Recordemos que hace dos años, en aquel 23 de junio, un 72% de la población británica ejercía su derecho a voto en el referéndum convocado por el entonces ministro laborista David Cameron. De esos millones de personas, Gales e Inglaterra votaron “no” a la permanencia en la UE. No obstante Escocia e Irlanda del Norte se mostraban reacias al cambio.

Además, debemos tener en cuenta a Gibraltar, quienes fueron incluidos en el computo global de Inglaterra, pero que votó a la permanencia de la UE con un clarísimo 95,6%.

La manifestación de People´s Vote, abogando por un segundo referéndum escenificaba la tremenda repercusión social que el Brexit podía provocar. Un aspecto que muchos analistas, políticos y periodistas habían dejado pasar por alto.

Miles de inmigrantes en Gran Bretaña deberán poner en regla muchos de sus papeles para no tener ningún problema. Otros tantos británicos en tierras europeas también estudiarán la situación con delicadeza. Volver a tu tierra natal, emigrar de tu hogar… El futuro se presenta nubloso para algunos británicos.

MANUAL DE SALIDA:
Tras 5 días de debate en la Cámara de los Comunes:
11.12: La Cámara de los Comunes votará el documento de salida presentado por May.
*de no salir votado se impulsará probablemente desde el Partido Laborista una moción de censura.
29.03.2019: Reino Unido se retirará de la UE. Se abrirá entonces un periodo de transición que durará hasta finales de 2020 y en el cual ambas partes esperan negociar la futura relación comercial y de seguridad

Sin ir más lejos en nuestro país por ejemplo, está situación puede afectar a miles de personas. Según datos del INE, en 2018 más de 240.000 británicos viven en España.

Las oficinas de extranjería se llenan estos meses para tratar de ayudar en todo lo posible a estas personas que puedan verse afectadas por el Brexit. En una de ellas, en la ciudad de Barcelona se encuentra Francisco Fernández-Caballero, jefe de servicio de documentación de extranjeros.

Fernández-Caballero señala, que muchos están recibiendo una carta que les insta a regular su documentación en España. “Están acudiendo nerviosos a extranjería. No saben qué es lo que va a ocurrir, pero lo cierto es que nosotros tampoco” comenta.

El jefe de servicio es claro a la hora de hablar de las labores de extranjería ante estas dudas. “Lo que les ofertamos es, dentro de la legislación en vigor, regularizar las situaciones propias de cada individuo ya que, de momento, siguen siendo ciudadanos de la Unión Europea”.

A pesar del desconcierto que comparten la institución y la ciudadanía británica residente en España, Fernández-Caballero contempla el desarrollo del Brexit con normalidad: “Está siendo un proceso lento como todo proceso de negociación, donde los agentes involucrados parten de posturas maximalistas. Rupturas, pequeños avances, grandes retrocesos… es posible también que se generen noticias del miedo, donde se informe de la falta de acuerdos y que aboguen por el caos, pero al final es el propio proceso”.

Además, el jefe de servicio se muestra seguro con el desenlace del Brexit. “En las negociaciones siempre se lucha por averiguar quien es el primero que se levanta de la mesa. Se acabará desbloqueando, como suele pasar, a pocas horas del plazo definitivo, estoy seguro”.

Hasta que llegue ese momento donde todo tenga una respuesta (si esta es beneficiosa o no tendrá que verse) lo cierto es que las dudas tienen nombre, apellidos y una historia detrás.

El rostro del Brexit

Phillip Wilson se levanta cada mañana para abrir sus academias de inglés, “Imagine English”, una en la calle Rufas y otra en San Ignacio de Loyola. Ambas en Zaragoza.

Como otros tantos británicos Phillip emigró de Inglaterra a España en busca de empleo. En su caso, fue desde Liverpool hace 18 años. Tiempo después, Zaragoza es su hogar.

“Nunca me he planteado en serio volver a Inglaterra. Creo que la calidad humana en España es un valor intangible, pero primordial” comenta el británico, quién a pesar de eso no valora hacerse documentación española. “Ni me ha llegado ninguna notificación del gobierno británico ni me he planteado solicitar el pasaporte español. Además, por razones emocionales más que lógicas, me gusta mi pasaporte británico”.

En las palabras de Phillip puede averiguarse una tremenda decepción por la situación de su país, ahora con el Brexit, el cuál espera que termine en una nueva votación. “Creo que habrá lo que están llamando “A People´s Vote”. Una segunda oportunidad para votar sobre el Brexit, con parámetros y repercusiones más definidas”.

La primera ministra Theresa May (AFP)

Phillip, sin embargo, achaca el momento británico al desarrollo de una mentira colectiva. “Sobre el papel, los datos de Gran Bretaña son impresionantes. Una economía fuerte y estable. Sin embargo, durante los últimos años este éxito ha sido a costa de la clase que antes se llamaba trabajadora y que ahora podemos denominar “underclass” con contratos de cero horas y una inseguridad social y laboral”.

Para el de Liverpool este problema se extiende también a la sanidad y a la educación que han sufrido recortes “con la excusa de la crisis”, dando resultados catastróficos.

“Un público mal educado y que es una víctima fácil de la manipulación por parte de la clase gobernante, que aún teniendo la mejor educación: Eton, Cambridge, Oxford, etc eligen simplificaciones y tópicos para dividir al pueblo y echar la culpa de la austeridad a Europa y a los emigrantes” finaliza Phillip.

Haciendo el viaje contrario, esta vez desde la capital de Inglaterra, conocemos a otra posible víctima colateral del Brexit, Paola Lerma. Esta chica llegó un frío 10 de octubre del año 2000 a Londres. Dejó Zaragoza para, como suele decir ella, “explorar nuevos lugares”. Lo que iba a ser temporal terminó por ser una realidad. “El plan era estar por un año, pero la experiencia de vivir aquí me dejó anclada” afirma.

Ahora, vive en el barrio de Camdem y trabaja a tiempo parcial como profesora de teatro y camarera en una cafetería. Aunque ha podido plantearse a largo plazo volver a España, el Brexit no ha trastocado sus planes. “Me he planteado hacerme pasaporte británico. Comencé a realizar los trámites, pero cuando estalló el Brexit tuve que paralizarlo” cuenta Paola.

Con la perspectiva de quien lleva 18 años viviendo en Londres, Paola confirma la gran división que existe entre el pueblo británico. “Se percibe en las calles una gran diversidad de opiniones. Quizás no es alarmismo que algunos medios plantean, pero si se aprecia que la gente habla de ello. Es lógico, al final se está decidiendo el futuro de un país”.

La gran cuestión del “¿Qué pasará?” sobrevuela en todo momento, pero Paola al igual que Mason, no halla respuestas ante el futuro del Brexit.

“De primeras en espera a la votación del 11/12. Que hay habladurías de que las pierda… Ante ello, la Primera Ministra podría solicitar más tiempo, o una extensión del Art. 50, o que dimita, que salga corriendo y todo ello derive a un segundo referéndum…. quien sabe”.

Paola, sin embargo, nos ofrece con sus escuetas declaraciones pistas de cómo puede estar afrontando el pueblo británico esta (inédita) situación. “Ante todo este desorden lo mejor es llevar el día a día. Ya se irán tomando las decisiones en el camino, aunque ni ellos mismos sepan lo que queda por suceder…”

Paciencia y rutina. Lo que puede sonar a despreocupación social es en realidad una solución tan válida como necesaria.

Quizás lo más coherente para una nación tan trabajadora como Gran Bretaña sea seguir con el día a día que uno ha llevado desde siempre. Aunque claro está, las amenazas siguen ahí fuera y los peligros pueden disfrazarse con temibles formas. Racismo, políticas xenofóbicas, fronteras… No existe lugar para el despiste.

¿A dónde miramos ahora? ¿En quién debe confiar el pueblo británico? ¿Podrá una democracia tan antigua y legendaria superar el, posiblemente, mayor reto de su historia?

Habrá que esperar para verlo. De momento mientras esos políticos tratan de mover fichas, siempre se podrá apelar al fantástico folclore británico:

“GOD SAVE THE BREXIT!”

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Javier Pascual

Amante del cine y el buen periodismo. Defensor del final de Perdidos.

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