En España se calcula que hay alrededor de 15.000 árbitros federados en fútbol y fútbol sala

Los jóvenes que deciden hacerse árbitros empiezan su carrera a una edad muy temprana, como bien nos contaba Carlos, un árbitro de Primera Autonómica Preferente del colegio Castellano-Manchego: “empecé a arbitrar mis primeros partidos con trece años”. Y hay gente a la que le parecerá que un chico con trece años es demasiado joven para tener la responsabilidad de dirigir un partido, incluso hay veces que arbitran a gente de mayor edad, algo que puede parecer un poco contradictorio.

En mi opinión, el Comité Técnico de Árbitros (CTA) debería plantearse si un niño o niña de trece años tiene las capacidades suficientes para dirigir un partido y para, desde tan temprana edad, empezar  a soportar todo tipo de presiones e insultos como los que sufren los árbitros durante un partido. Por esto, el CTA debería replantearse la posibilidad de aumentar la edad mínima para hacerse árbitro, que se encuentra en la actualidad en los trece años.

«El dinero que percibimos por partido siempre viene bien, pero de eso no se puede vivir, hay que tener un trabajo aparte que se pueda compaginar con el arbitraje».

Mucha gente pensará que los chicos y chicas que deciden hacerse árbitros lo hacen por razones económicas, pero no es así. Ricardo, un árbitro de Segunda División “B” de fútbol sala del colegio Castellano-Manchego contaba que: “El dinero que percibimos por partido siempre viene bien, pero de eso no se puede vivir, hay que tener un trabajo aparte que se pueda compaginar con el arbitraje”.

La respuesta que recibimos al preguntar  a un árbitro del por qué decidió iniciarse en ese mundo, la mayoría de veces no es por razones económicas, sino que lo que les llama la atención es el poder tomar las decisiones durante los partidos, ven el arbitraje como una profesión más.

En lo que coinciden todos los árbitros es en afirmar que la etapa más dura son los inicios, una vez superados los exámenes teóricos y las pruebas físicas, algo necesario y obligatorio para formar parte del CTA, llega lo más complicado, el primer partido como árbitro. Ricardo, árbitro de fútbol sala, contaba que: “En mi primer partido lo que más sentí fueron nervios, estaba deseando que llegara la hora del partido para empezar a arbitrar”. Es muy importante la ayuda que reciben los nuevos árbitros de los veteranos, que llevan muchos partidos a sus espaldas, como decía éste arbitro: “En los inicios te suelen ayudar mucho los árbitros más veteranos, asistiendo a tus primeros partidos y aconsejándote sobre las cosas que haces bien y mal”.

«Por suerte no he sufrido ningún tipo de agresión física, aunque sí es cierto que en alguna ocasión he tenido miedo de poder ser agredido».

Los árbitros pueden enfrentarse a multitud de problemas durante los partidos, como así nos decía Aarón, árbitro de fútbol de Castilla-La Mancha: “En un partido puedes tener  problemas con los jugadores en el campo, pero lo más habitual son los insultos desde la grada”.  También hablaba de las agresiones durante los partidos por parte de los jugadores a los árbitros, que en los últimos años están aumentando considerablemente: “Yo por suerte no he sufrido ningún tipo de agresión física, aunque sí es cierto que en alguna ocasión he tenido miedo de poder ser agredido”. Ricardo señalaba que: “Al verte cara de niño intentan meterte presión antes del partido, son en esos momentos en los que se aprecia la falta de veteranía que hace falta en situaciones comprometidas”.

Árbitro dirigiendo un partido de fútbol sala. Fuente: José Luis Antón

Otro de los problemas que resulta habitual entre los colegiados más jóvenes es la necesidad de trasladarse a otros pueblos o ciudades cercanas para arbitrar algunos partidos. Sobre esto nos hablaba Carlos, árbitro castellano-manchego que ha vivido este problema desde muy cerca: “No disponía de carné de conducir  para desplazarme a otros pueblos a arbitrar, ya que cuando empecé en el arbitraje era menor de edad. Esto obligaba a mis padres a tener que trasladarme en su propio coche hasta el lugar donde tenía que dirigir el partido”.

Hay veces que al estar viendo un partido de fútbol, ya sea a pie de campo o en una retransmisión por televisión, nos preguntamos si de verdad compensa el dinero que reciben los árbitros por realizar su trabajo con todos los insultos y groserías que han de soportar cada fin de semana. Trasladando esta curiosidad a distintos árbitros observamos que ya no les afecta todo lo que escuchan desde las gradas, han aceptado esos insultos como parte de su trabajo, como nos decía uno de ellos: “Cuando yo salgo a arbitrar lo único que pienso es que voy a disfrutar de mi trabajo y a hacerlo lo mejor posible, aún sabiendo que me van a recriminar los errores que cometa”. También apuntaba que compensa más por el beneficio personal que te llevas de cada partido que por el beneficio económico: “El beneficio personal que me llevo de cada partido es enorme, ya que a mí lo que más me agrada de cada semana es poder salir a arbitrar”. Finalizaba este tema diciendo que: “Veo el arbitraje como un deporte y como una afición”.

Tras escuchar las opiniones de estos árbitros sobre los insultos que reciben constantemente podemos darnos cuenta que hay que ser de una pasta especial para realizar esta profesión, ya que cualquier persona reaccionaría de mala manera al escuchar permanentemente insultos, tanto hacia su persona como a sus familiares. Y bajo mi punto de vista esto es algo que traspasa las fronteras del respeto hacia las personas, ya que ser árbitro es una profesión como cualquier otra y se deberían tomar medidas contra las personas que son capaces de insultar a niños de tan corta edad, que lo único que están haciendo es desarrollar una actividad que les gusta, por un error que puedan llegar a cometer.

Como se ha mencionado antes, la mayoría de árbitros coinciden en decir que su mayor miedo es sufrir una agresión física, ya sea por parte de los jugadores, cuerpo técnico o aficionados. Hablando del tema de las agresiones hay que destacar que ha aumentado el número de agresiones físicas que sufren los árbitros y, prácticamente, cada semana podemos leer noticias de agresiones a árbitros durante la celebración de partidos de fútbol. Los árbitros se quejan, aparte de las agresiones en sí, de lo barato que sale agredir físicamente a un árbitro. Uno de estos ejemplos es el de un árbitro que tuvo que ser atendido por los servicios médicos tras sufrir un puñetazo en la cara en plena disputa de un partido en Albacete hace apenas un año. La sanción para el agresor fue de quince partidos de suspensión de juego y 100€ de multa para el club, algo de lo que se quejan los árbitros y su sindicato.

En conclusión, se puede decir que ser árbitro es una profesión que no es nada fácil y que no todo el mundo está preparado para realizarla, tanto por la buena forma física y mental que hay que mantener durante tu trayectoria, como por los insultos y demás improperios que se ven obligados a aguantar durante los partidos.

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