Desde hace unos meses, la ciudad castellanomanchega de Cuenca está viviendo un sueño, el sueño de jugar en competición europea. La capital conquense siempre ha tenido una gran afición por balonmano, siendo una de las ciudades punteras dentro de este deporte en la región, además de en todo el Estado. Hablar de Cuenca no solo es hablar de la Ciudad Encantada o de las mundialmente conocidas como “Casas Colgadas”. Hablar de Cuenca es hablar de balonmano, un deporte noble que sin ocupar grandes portadas, ni abrir noticiarios habitualmente, es capaz de sacar sentimientos a muchas personas que lo viven como algo más allá de un deporte. El balonmano se caracteriza porque a pesar de ser un deporte de contacto donde el físico ocupa un importante lugar, también se caracteriza por la inteligencia de sus jugadores para poder desempeñarlo de la mejor manera, acompañado por la máxima deportividad posible. Un deporte así es terreno abonado para la épica.

Uno de los mejores jugadores de balonmano del mundo, el francés Nikola Karabatic, dijo una vez que los niños jugaban al fútbol y los hombres al rugby, mientras que los dioses jugaban a balonmano. Y aunque suene increíble, como si una cosa de dioses se tratara, a veces el destino te favorece con algo que parece insignificante pero que consigue poner a muchas personas alrededor de un mismo objetivo. Este es el caso del Liberbank Cuenca, un equipo humilde de balonmano que está viviendo actualmente el mayor hito histórico en todo lo largo de su carrera. Son muchos los que recuerdan al histórico Balonmano Edenca Cuenca que en su día jugaba en Primera División Nacional (que en futbol se corresponde con Segunda B) y en División de Honor B (Segunda para los futboleros). Ya por entonces se demostraba que en Cuenca existía un gran amor por este deporte, dejando patente que hablar de Cuenca es hablar de balonmano.

Como decíamos antes, los logros conseguidos actualmente dentro del balonmano conquense no son fruto de un día, sino de años y años de esfuerzos colectivos. Temporadas en divisiones inferiores donde la cantidad se premiaba más que la calidad. En este tipo de ligas, el esfuerzo y el coraje valen más que las mejores acciones balonmanísticas, hablando bajo un punto de vista estético. Esto hace que sean ligas duras, donde muchos equipos comparten un mismo objetivo, quedar lo más arriba posible y ascender. Pero la constancia es fundamental para hacer que broten los objetivos. Año tras año, el balonmano conquense ha ido mejorando, jugando durísimas fases de ascenso donde se ha acabado consiguiendo lo que se quería: el ascenso. Una vez ya en la Liga Asobal, mantener un alto rendimiento para competir es ardua tarea. Jugar al máximo nivel con los mejores equipos del Estado conlleva un desgaste físico, además de económico, pero donde existe la pasión, no importan las cifras ni el reto.

Tras varios años disputando esta competición, era notorio el gran nivel existente, lo que llevó a Cuenca a pelear por la permanencia en la categoría durante dos años seguidos, hace escasos dos años. Con esta tónica, el balonmano en Cuenca atravesaba sus peores momentos desde su competición en Asobal. Pero como si de un fénix se tratase, el equipo conquense resurgió de las cenizas. Con las incorporaciones del central catalán Xavi Castro, el guardameta argentino procedente de Zamora, Leo Maciel, y de la joven promesa brasileña Leo Dutra; el equipo recobraba la fuerza y las ganas para seguir demostrando su valía. Un equipo volcado es la principal consecuencia para una afición volcada, y viceversa. Más que nunca, el arrojo mostrado por los jugadores se traspasaba a la grada, donde la mezcla de buen juego, intensidad y buenos resultados, no solo hacían crecer en la tabla al equipo sino que servían como caldo de cultivo para empezar a soñar.

Y como tal, comenzaban a brotar pensamientos, ideas que paseaban rápidas por la cabeza de los aficionados. ¿Y si…? Hasta que el trabajo empleado daba sus frutos y era fiel reflejo en la tabla de clasificación. Con cada vez más confianza, el sueño de jugar competición europea dejaba de verse tan lejano siendo cada vez, más y más alcanzable. Y llegó el día, el último partido en casa de la temporada pasada. El Liberbank Cuenca se jugaba la clasificación para Europa. Al igual que en los escenarios de las grandes finales, el pabellón polideportivo “El Sargal” se mostraba lleno hasta la bandera. No era para menos teniendo en cuenta todo lo que había en juego, el primer paso para vivir un gran sueño. Y ese primer paso se llevó a cabo. El Liberbank Cuenca consiguió su objetivo de jugar la fase previa para jugar en Europa la siguiente temporada.

El sueño europeo

El primer rival a enfrentar fue un equipo humilde de Bélgica, el HC Achilles Bocholt. Este equipo fundado en 1986 pertenece a una pequeña ciudad belga llamado Bocholt, visten de verde y negro, y su nombre será recordado históricamente como el primer equipo al que el combinado conquense se enfrentó en Europa. La eliminatoria se presentaba con el primer partido allí, con una ciudad muy motivada por el evento en ciernes, y con la mala noticia de la lesión del jugador argentino ‘Colo’ Vainstein, lo que suponía una gran baja para Liberbank. Pese a esto, el equipo continuaba con la emoción del primer día. Viajó a la ciudad belga acompañados por unos 150 aficionados aproximadamente, que decidieron no abandonar a su equipo en una cita tan especial. Y así fue, con un pabellón en el que la presencia conquense se hacía de notar, consiguieron la victoria ante un rival invicto en su casa desde hacía meses.

El primer gol europeo lo metió un canterano. Sergio López abría la lata de un abultado marcador que salía victorioso para los visitantes con cinco goles arriba. Estreno internacional con victoria, lo que suponía una tarde para la épica. “Un hecho que será recordado para siempre por todos los aficionados que seguimos el balonmano en Cuenca” nos asegura Javier López, un aficionado de la peña la “Furia Conquense” que acompañó al equipo en la visita.  Pedro Ortega también decidió disfrutar de la experiencia europea junto a su pareja y sus amigos. “Una alegría inmensa el poder apoyar a mi equipo fuera del Estado” nos dice, “que un equipo humilde como el nuestro haya podido llegar tan lejos es una pasada, deportivamente, de las mejores cosas que he vivido”.

Por otro lado, en Cuenca no se perdía detalle del partido. La “Furia Conquense” organizó una fan zone en uno de los bares de la ciudad, donde los aficionados pudieron disfrutar del encuentro observándolo en pantallas gigantes y animando como si en Bélgica estuvieran. En el local, además de los aficionados se encontraba el jugador lesionado ‘Colo’ Vainstein, además de un equipo de CMM que cubrió como se vivió la victoria tanto en Bocholt como en Cuenca. En cuanto a lo vivido, la afición desplaza viajó con gran ilusión debido a lo que estaba significando para ellos, un momento mágico. Además, para una velada perfecta también contribuyó el trato de la hinchada rival. “El trato en Bolcholt fue maravilloso, cuando estuvimos en un Bar en el centro de Bolcholt cantando con ellos, ¡se me ponían los pelos de punta!” nos cuenta Javier López con emoción.

Anfitrión europeo

El partido de vuelta se disputó en Cuenca. Liberbank venía con un resultado cómodo y así se mantuvo durante el partido. Con gran ventaja sobre el equipo belga, todos los jugadores tuvieron oportunidad de estrenarse en Europa. Así fue el caso de Alejandro Taravilla, el juvenil que este año tiene ficha con el primer equipo. “En ese momento no pensé en nada” nos cuenta ‘Tara’, como lo llaman sus compañeros veteranos en el equipo. “Luego pensándolo en frío pensé en todos mis familiares y amigos que me ayudan día a día” reitera el canterano. Una experiencia inolvidable como broche a muchos años de preparación en la escuela deportiva base del club. De cara al objetivo de esta temporada, los jugadores lo tienen claro. Terminar lo más arriba posible en la tabla y disfrutar de Europa. No todos los días se vive una experiencia como ésta.

El juvenil Taravilla llora al terminar el partido de la emoción – Fuente: Las Noticias de Cuenca

Al partido en Cuenca acudieron miembros de la afición rival, que pese al resultado final, un abultado 37-25 para los locales, compartieron momentos inolvidables que demuestran una vez más la nobleza de este deporte. Tanto la plantilla del equipo visitante, como parte de su afición estuvieron disfrutando al terminar el partido de un refrigerio en uno de los bares de la ciudad. “Después del partido sí que compartimos cervezas y conversación con los jugadores del Bocholt” nos asegura Pedro Ortega. Estos detalles son los que hacen grande a este deporte, un deporte que cada vez está más en alza. Sobre todo en la capital conquense.

El sorteo de la fase de grupos ha tenido lugar hace escasos días. Liberbank Cuenca partía en el tercer grupo por haber jugado solo una eliminatoria, y no podía enfrentarse a ningún equipo nacional en dicha fase. Había muchos candidatos para enfrentarnos, y el nivel de los rivales es de una grandeza increíble. Equipos míticos como Füchse Berlín o THW Kiel podían tocar al equipo conquense, pero la suerte de las bolas miró para otro lado. Finalmente, los rivales serán el equipo portugués, homónimo del futbol, FC Porto Sofarma, el TTH Holstebro de Dinamarca, y el HC Dobrogea Sud Constanta rumano. Un grupo que a primera vista parece fácil de ganar, pero que guarda un gran nivel de balonmano del que podrán disfrutar los aficionados. El primer partido de la fase tendrá lugar el fin de semana del 8-9 de febrero, en el Dragao Caixa de Oporto. Este primer partido será una gran cita debido a los desplazamientos que se harán debido a la cercanía por parte de los aficionados conquenses.

Sin duda, el Liberbank Cuenca lleva viviendo un sueño desde hace algún tiempo, y mientras continúen siendo fieles a los valores que los han caracterizado desde su ascenso a la Liga Asobal, seguirán teniendo licencia para soñar.

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