La brecha digital de género se ve aumentada por el traslado de los principales problemas sociales de género al mundo digital.

La brecha digital de género es un asunto que últimamente está en muchos debates del espacio público. Para quien no lo sepa o no lo tenga muy claro aún, este término se refiere a la diferencia porcentual entre hombre y mujeres en el uso digital. Cuando consumimos cualquier contenido vía Internet existe una desigualdad de posibilidades para acceder a la información y al conocimiento. Pero la brecha digital no solo engloba el mundo de la web, sino también otras vertientes dirigidas a las nuevas tecnologías.

Sobre este tema hablaron Lorena Romero y Miriam Suárez en el VI Congreso Nacional ULEPICC-España sobre la digitalización de la comunicación el pasado 22 de noviembre, celebrado en la Facultad de Periodismo de Cuenca. Ambas son investigadoras en el terreno de los medios, las políticas de comunicación y la democracia en la Unión Europea en la Universidad de Sevilla y actualmente están inmersas en la materia de la brecha digital de género.

En su ponencia destacaron que hoy en día existe una segunda brecha digital que se basa en los diferentes usos de género en los contenidos digitales. Además, resaltaron que hay muchos reglamentos y medidas para regular este problema tan presente en la actualidad, pero que ninguno de ellos ha tenido un impacto verdadero en la sociedad.

 

¿Se han reducido las desigualdades de género en todos los niveles con respecto a las TIC?

L.R.: Es muy complicado saber si se han reducido las desigualdades porque hay que fijarse en otros aspectos como el ámbito geográfico o el nivel formativo de las mujeres y hombres que acceden a estas tecnologías. En los países occidentales sí que hay un mayor acceso por parte de las mujeres, pero en otros continentes esas desigualdades se siguen manteniendo. Sin embargo, todavía no hay un respuesta única.

¿Por qué crees que con el paso de los años han ido aumentado las investigaciones sobre la brecha digital de género?

L.R.: En primer lugar porque hay temáticas que se convierten en asuntos de moda y tienen más atención por parte de las instituciones, por lo que hace que exista un efecto llamada entre los investigadores con el fin de investigar algo no muy conocido y aportar novedad. En segundo lugar ha habido un aumento de las subvenciones por parte de los poderes públicos a este tipo de trabajo.

¿Son las generaciones más jóvenes ajenas a las desigualdades propias a la brecha digital de género?

L.R.: El hecho de que los jóvenes sepan usar las nuevas tecnologías no significa que las sepan utilizar correctamente, por ello muchos de ellos no saben que están viviendo en esta brecha digital. Se necesita una mayor formación para que los jóvenes sepan hacer un uso ético y consecuente de las nuevas tecnologías.

¿Existe algún proyecto de ley futuro que sí tenga un resultado garantizado en la sociedad sobre este tema?

L.R.: Primero hay que seguir teniendo un movimiento social importante como fue el 8M donde se ha visto que hay una reclamación por parte de la ciudadanía, tanto de hombre como de mujeres, y que ese sentir general llegue a los poderes públicos y sobre todo doten de medios económicos que solventen las medidas.

Ante la aparición de nuevas aplicaciones, dispositivos y perfiles de usuarios ¿están reproduciéndose las brechas digitales de género?

L.R.:Si miramos que muchas chicas tienen como máximo interés ItGirls y acaban reproduciendo estereotipos relacionados con el mundo de la moda, donde se sigue hablando sobre determinados tipos de cuerpo, patrones o comportamientos, considero que sí. Puesto que se está trasladando al entorno digital muchos de los problemas que seguimos teniendo en el entorno no digital. Lo único que estamos haciendo es trasladar los problemas del mundo no lineal, al mundo lineal.

¿Cómo han impactado todos los reglamentos mencionados en la ponencia en el mundo educativo?

L.R.: Pues de modo bastante parcial la verdad. Ya que muchos de los trabajos que se han resaltado por parte de las instituciones o no tenían medios económicos para aplicarse o en muchos casos son totalmente desconocidos por parte de los propios docentes, porque realmente no hay una formación para educar en cuestiones de género. Es decir, si ahora mismo miramos los planes de estudio de la Facultad de Ciencias de la Educación, es una materia que se introduce en algunos casos en el último año de carrera o en algunos másteres, entonces realmente no se trabaja desde el primer curso de carrera para que los futuros maestros estén sensibilizados con esa realidad. Al fin y al cabo, un docente puede acabar introduciendo la tecnología como una herramienta más pero no en todos los casos se les puede dar un valor activista.

Por ejemplo, en el caso de los videojuegos que están de cierta manera destinados para hombres ¿Cree usted que esto también afecta a la brecha digital?

L.R.: Claro, sobre todo porque al final uno se ve obligado a identificarse con determinados referentes que no le son propios. Si yo quiero, por ejemplo, entrar a jugar dentro de cierta comunidad de gamers, sino reproduzco los mismos estereotipos masculinos de los jugadores pues a lo mejor no tengo un sitio. Hace unos meses salió una noticia de un grupo de gamers japonesas, muy conocidas dentro del entorno, que para llamar la atención habían acabado introduciendo estereotipos muy sexualizados. Reproduciendo al final los roles que ellas veían en los videojuegos, sin asumir su propio rol como jugadoras. Realmente no es necesario hipersexualizarte, ni tener ese lenguaje para hacerte un sitio en el mundo de los videojuegos o otro tipo de entorno electrónico.

¿Crees que vuelve a desarrollarse la brecha digital de género en el uso de Internet en el móvil, como en las redes sociales?

L.R.: Eso se podría ver con el tipo de aplicaciones que se usa, habría que hacer un estudio para comprobar cuales son las más usadas por los hombres y cuales las más usadas por mujeres, entonces si se podría sacar algún dato. Es curioso, por ejemplo, que normalmente una aplicación que utilicen más las mujeres va a estar más relacionada con portales de compra, mientras que a lo mejor los hombres pueden ser muchos más activos en determinados foros temáticos de determinadas disciplinas. Al final uno acaba buscando aquello que le es normal en su entorno no electrónico y después en el entorno electrónico lo hay.

Creo que sí puede haber un poco de diferencia por lo menos de manera usuario, ya que cuando entramos en sectores más especializados, yo por ejemplo que soy docente investigadora y otro compañero que también lo es, ambos accederemos al mismo tipo de portal, pero porque vamos a realizar una cuestión profesional. Pero en los entornos más personales yo creo que todos, nos dejamos guiar por lo que más nos gusta. Tampoco creo que la tecnología haya incrementado eso, pero si es verdad que un poco se reproduce, se replican los comportamientos.

¿Se reproduce la brecha digital de género cada vez que se desarrolla un nuevo dispositivo móvil?

L.R.: Yo creo que no, realmente el dispositivo lo único que hace es evolucionar en cuanto a prestaciones, pero después sigue siendo el mismo dispositivo. Seguramente vuestro teléfono será mucho más moderno que el mío. El hecho de que después se saque un móvil con doble cámara o tripe cámara lo único que está haciendo es desarrollar un poco más las cuestiones técnicas pero el uso que les vamos a dar sigue siendo el mismo, no creo que más desarrollo o evolución de los dispositivos electrónicos permita reducir la brecha digital de género.

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