En la ciudad de Cuenca, a día de hoy, hay cinco conventos de vida contemplativa. La vida contemplativa es el ambiente donde las monjas viven su vocación y la vida que las religiosas deben llevar viviendo para Dios y viéndole en todo. Para ello, la clausura facilita ese espacio para poder vivir en contemplación. Con frecuencia, se confunde contemplación con clausura, pero tal y como comenta una de las madres del Convento de las Concepcionistas Franciscanas, la clausura es el medio para el fin, que es la vida contemplativa.

Sor María Elena, una de las madres del Convento de las Carmelitas Descalzas lo explica de esta manera: “Contemplativas somos las que vivimos en claustro dedicadas solamente a la oración y a la labor, porque hay que orar y trabajar, pero no tenemos tareas apostólicas, ni asistenciales, ni vamos a colegios a dar clase, ni a catequesis, ni a misiones, ni estamos en hospitales. Simplemente oramos por los demás y entregamos nuestra vida en silencio, oración y sacrificio por los que están fuera”.

CONVENTOS DE VIDA CONTEMPLATIVA EN CUENCA

Convento de las Carmelitas Descalzas. 4 hermanas.

Convento de las Concepcionistas Franciscanas. 17 hermanas.

Convento de las Religiosas Justinianas, conocidas como “Petras”. 2 hermanas.

Monasterio Santa María de la Expectación, Benedictinas. 35 hermanas.

Convento de la Merced, conocidas como “Las Blancas”. 18 hermanas.

No obstante, cada orden religiosa tiene una forma distinta de vivir la contemplación. Tal y como detallan algunas de las Concepcionistas Franciscanas, cada orden tiene un carisma y una manera de vivir el Evangelio. Por ejemplo, en su caso, la convivencia y la fraternidad es fundamental, pero por el contrario, en el caso de las Carmelitas Descalzas se vive de forma más eremita y en soledad.

Uno de los aspectos en los que más se puede notar estas diferencias es a la hora de contactar con ellas. Cuando una persona acude a visitar o hablar con las Carmelitas Descalzas tiene que hacerlo a través de dos rejas, lo que llega casi a impedir la comunicación, pues no hay un acercamiento. Las Concepcionistas Franciscanas tienen una reja, pero en el momento en el que llega una persona la abren y pueden tener contacto físico, por ejemplo, a la hora de saludar dando dos besos.

Esto mismo, bajo los tópicos de qué son y cómo viven las monjas de clausura parecía impensable. Esto es así porque cada orden religiosa, que es la agrupación de conventos con la misma denominación o el mismo cariz, tiene sus constituciones. En el caso de las Concepcionistas Franciscanas la elaboran ellas, pero tiene que ser aprobada por el Papa en Roma, pues su clausura es papal.

Locutorio de las Esclavas Carmelitas
Locutorio de las Esclavas Carmelitas.

Así pues, consideran que su constitución tiene que ir cambiando con arreglo a los tiempos: “Tiene que haber una separación material, la que sea y no dice cuál, la que los estatutos de cada monasterio determinen. Aquí hay una separación material como símbolo, que es este pequeño muro, pero esto no es algo que me separe de ti porque te puedo abrazar, darte un beso…Hoy en día, una reja no dice lo que antes, una reja ahora pone límites. Si no te ayuda a centrarte en esa contemplación te la está dificultando. La contemplación nunca cambia es la relación para vivir con Dios, pero la clausura no es como hace un montón de tiempo”, detalla la madre María.

Acceso a la clausura

Para poder ser monja lo primero que se necesita es tener fe, vocación y ser mayor de edad. La vocación es comparable a la que cualquiera puede tener a la hora de decidir su futuro profesional. En el caso de algunos conventos hay una serie de fases para poder acceder.

Las primeras no comprometen, por lo que puede decirse que son de prueba. El aspirantado es el primer paso, en el que hay un conocimiento mutuo entre la chica o mujer que quiere acceder y la orden religiosa o convento y es donde se ven sus motivaciones. En el caso de las Concepcionistas Franciscanas el segundo paso es la experiencia, pero en las Carmelitas Descalzas esta fase no se da. Esta consiste en que las interesadas en acceder vivan como el resto de hermanas del convento y con ellas, donde pueden estar hasta un mes.

Después, se pasa a la fase del postulantado, donde se da un paso más y en el que la persona que ha demostrado que sí tiene claro que quiere seguir este tipo de vida, puede experimentar por sí misma lo que es. Además, se asemeja a una adaptación, donde se conoce a las madres del convento y para ello, se tiene a una formadora, la cual es responsable de las aspirantes y a la que le cuentan sus dificultades. Dicha formadora es la que va a ir viendo si realmente la aspirante tiene vocación.

Hay muchos casos en los que hay otro tipo de motivación a la hora de entrar a un convento y que no son la vocación: “A través del diálogo las cosas salen y la chica que no es para aquí ella misma lo va viendo porque no lo aguanta, llega un momento en el que se ahogan y hay chicas que por puños han querido ser y no. Como no sea vocación se ve”, explica Sor Inmaculada. Dicha fase tiene una duración mínima de un año.

El noviciado es el penúltimo de los pasos antes de llegar a ser monja. En dicha fase las aspirantes ya viven como monjas y obtienen una formación, pero en este punto, todavía no hay un compromiso. Este llega cuando se hacen la promesa y los votos, los cuales se renuevan.

En las Concepcionistas Franciscanas se ha dado un caso reciente.  En él una aspirante, la cual llevaba más de 7 años en el convento, ha decidido marchase y no renovar los votos: “Verónica, de 24 años, tenía que renovar y se resistía porque le gustaba nuestra vida y nos quería, pero mutuamente veíamos que no era para ella. El día que decidió irse nos lo dijo con mucha pena, pero dice que notó liberación. Lo bueno es que todas las chicas que hemos tenido y, que al final no se han quedado, mantienen con nosotras una relación buenísima.  Lo que no estaría bien por nuestra parte es querer retener a la fuerza, eso es muy malo para la comunidad. La vocación no se impone ni se obliga”, determina la Madre Abadesa Inmaculada.

A qué se refieren o qué quieren decir cuando hablan de sentir  “la llamada” y otros clichés acerca de la vida en clausura

Cuando una persona tiene una inclinación o motivación que le hace querer ser monja ellas mismas suelen decir que sienten “la llamada”.  Esto no es más que una forma de denominar a un impulso vocacional: “Es un proceso, no es una llamada, sino un impulso que vas sintiendo, una vocación”, aclara María, madre del Convento de las Concepcionistas Franciscanas.

Convento e Iglesia de las Concepcionistas Franciscanas. Fotografía: Alba Soledad
Convento e Iglesia de las Concepcionistas Franciscanas. Fotografía: Alba Soledad

Asimismo, cabe destacar, que también hay falsas creencias sobre las monjas en el momento en el  que acceden al convento. Se puede llegar a pensar que no han podido tener nunca una pareja o haberse enamorado, pero no es así. La historia de la madre abadesa (superior) del Convento de las Concepcionistas Franciscanas es un ejemplo de ello:

“Yo desde pequeña fui a un colegio de monjas, desde los 3 años y cuando tenía 13 o 14 sentí curiosidad y le pregunté a una hermana, a la madre Nieves y nos hablaba y me sentía llamada para ser monja, pero me gustaban los chicos también. Ambas, tanto la madre María, como yo nos hemos enamorado, somos normales. Yo el día que me vine al convento al chico con el que estaba saliendo le dejé plantado. Habíamos quedado a las 11 y en vez de ir allí con él me vine aquí.

Él más o menos lo sabía, pero esa misma mañana se precipitaron las cosas porque mis padres no querían que fuera monja y me fui de casa. Mis padres no tenían ninguna religiosidad. Ellos tampoco es que se opusieran, pero lo que querían es que estudiara. Luego, al cabo del tiempo, los dos han estado muy contentos. Ellos me veían feliz y lo aceptaron, se acercaron también a Dios e iban a la Iglesia, pero mi familia es que no ha tenido tradición religiosa ninguna, entonces cuando dije yo eso…¡Uy madre mía! Y me escapé.

Discutí con mi padre y me dijo que hiciera lo que me diera la gana, que me podía ir, pero que hiciera como si no tuviera padres y entonces yo le cogí la palabra. Me vine al convento y las monjas estaban indecisas y les dije que yo no me iba y que si me echaban yo me iba a quedar en el portal del convento. Ellas decían que tenía que ir a casa y volver con el consentimiento de mis padres. Además, yo era menor de edad, tenía 17 años y en aquella época la mayoría no era a los 18, sino a los 21. Ahora van a hacer 43 años desde que estoy en este convento”.

¿Por qué no hay nuevos ingresos?

Tanto en las Carmelitas Descalzas, como en las Concepcionistas Franciscanas hace tiempo que no hay nuevos ingresos. En ambos conventos coinciden en que hay falta de vocaciones y una crisis de fe. Así lo detalla la madre Inmaculada del Convento de las Concepcionistas: “Empezamos con una crisis de religiosidad, la gente dejó de ir a las Iglesias. Por otra parte, ha habido un fenómeno contradictorio, pues se ha fomentado mucho la Semana Santa, pero es verdad que la religiosidad se perdió y ahora hemos pasado a una crisis de fe,  pues la gente no cree en Dios. Entonces, una sociedad que mayoritariamente no cree en Dios no puede dedicarle su vida. Ahora mismo la vida consagrada no es ninguna opción de vida para nadie. No se puede querer lo que no se conoce ni desearlo”.

Convento de las Carmelitas. Fotografía: Alba Soledad.
Convento de las Carmelitas. Fotografía: Alba Soledad.

La madre María Elena, de las Carmelitas Descalzas, lo explica de esta manera: “Hay una crisis de vocaciones en toda la Iglesia, no solamente aquí. Antes éramos muchas más, pero han ido muriendo las mayores y no se ha dado el mismo índice de fallecimientos como de entradas o permanencias, porque a lo mejor ha habido entradas, pero se han marchado. No es sólo que no entren en este convento, sino que no entran en ninguna parte porque hay una crisis muy grande de vocaciones.

Además, hay otros factores. El otro día conocí a una religiosa jovencilla que sus padres estaban totalmente opuestos a su vocación porque no eran <<gente de iglesia>> y no querían. La muchacha estaba sufriendo porque ella quería entrar. Se tienen pocos hijos y los que se tienen no se quieren dar a Dios, se quieren para uno mismo. Estamos asistiendo cada vez más a gente que no sabe ya ni rezar, no lo han visto, no han contactado con algo religioso y ha habido un descenso de práctica religiosa tremenda”.

Su rutina diaria

En ambos conventos dedican más de 7 horas a orar. Su rutina diaria es la siguiente: se levantan a las 6:30 de la mañana y a las 7 en domingos y festivos y rezan Laudes. Después, de 7 a 9 horas dedican su tiempo a la oración personal. A continuación desayunan y tienen un periodo de reflexión de 9:15 a 10:30. A partir de dicha hora trabajan y de esta manera, viven y ganan lo necesario para poder vivir.

Las Carmelitas Descalzas hacen escapularios y mermeladas con fruta de temporada, pero afirman que al ser tan sólo 4 hermanas viven, mayoritariamente, de la providencia. En cambio, las hermanas de las Concepcionistas Franciscanas tienen un taller de encuadernación, pero han notado un descenso de trabajo. Asimismo, pueden encuadernar cualquier tipo de libros: “Nosotras nunca hemos tenido libros prohibidos para la gente, pero para nosotras sí. Me acuerdo que una vez trajeron una edición que salía por fascículos sobre sexo y nosotras dijimos: ‘pues esto no se lee’. Los de los animales de Félix Rodríguez de la Fuente sí, pero otros no.

Quiero decirte que tenemos que poner un poco de control, pero hemos encuadernado libros de todo tipo. Ahora lo que se edita en papel no se encuaderna y se edita poco. Nosotras teníamos cantidad de volúmenes del Boletín del Estado, que ya no lo editan en papel o el Aranzadi, que era de los juristas. El Ayuntamiento, todavía trae los diarios de Castilla-La Mancha y la Diputación, también trae algunos libros o particulares”.

El precio depende del material y del tiempo, aunque afirman que lo que menos cobran es el tiempo. Así como también realizan túnicas de Semana Santa, cordones para los nazarenos, o arreglos generales para la gente que lo pide, por ejemplo cambiar alguna cremallera, bajos de pantalones, etc. Adicionalmente, también hacen su propia ropa, a excepción de la interior o algunas chaquetas, que suele comprarlas la madre abadesa en las tiendas.

Las hermanas de edad avanzada reciben una pensión, pues cotizan a la seguridad social y esta se ingresa en una única cuenta que es de todas las hermanas del convento. Otra de sus fuentes de ingresos proviene del dinero que la gente da en la Iglesia cuando se pasa “el canastillo”, pero dicha aportación se deja para los gastos de la propia Iglesia como por ejemplo, la luz. Incluso con todo su trabajo y el resto de ingresos aportan dinero a Cáritas y a los presos de la ciudad, pues no se crean necesidades al tener únicamente gastos básicos.

Después de su trabajo diario, comen y, por la tarde, tienen Vísperas que son las oraciones que realizan por la tarde. La última son las Completas, que se realizan por la noche después de cenar.

Relación con el exterior

Otro de los tópicos que solemos tener en mente es que las monjas de clausura no pueden salir a la calle, pero esto no es del todo cierto. En ambas órdenes una de las madres se encarga, por ejemplo, de ir a hacer la compra. Asimismo, también salen por causas de fuerza mayor, cuando necesitan ir al médico, al dentista, para votar, etc. No obstante, sólo salen a lo necesario. “Yo cuando salía para ver a mis padres estaba como fuera de lugar, me costaba porque no estaba en mi ambiente. Lo hacía, pero lo importante no es perder de vista lo que eres y lo tienes que sentir”, manifiesta la madre María.

Escapularios y rosarios realizados por las carmelitas. Fotografía: Alba Soledad
Escapularios y rosarios realizados por las carmelitas. Fotografía: Alba Soledad

Una de las diferencias entre ambos conventos es que en el caso de las Carmelitas Descalzas, suelen vivir de la providencia, evitando así salir a la calle. Además, el convento en el que viven se ubica en medio del campo, por lo que si quieren ir fuera dependen de la gente que se ofrezca a llevarlas. “Nosotras compramos poco. La providencia se nota mucho. Muchas veces la gente se adelanta a traer lo que necesitamos sin haberlo pedido. Hay gente muy buena que nos llama y nos pregunta: hermanas, ¿qué necesitan que quiero hacerles una compra? ”, explica la madre María Elena.

Uso de la tecnología

Tal y como se ha detallado anteriormente, cada convento tiene unas normas. El uso de la tecnología suele ser una de las muchas preguntas que la gente suele hacerse acerca de la vida en un convento.

Las Carmelitas Descalzas tienen prohibido, por ejemplo, ver la televisión o escuchar la radio. No obstante, cuentan: “En el Carmelo tenemos prohibido usar la televisión o la radio, pero en algunas ocasiones,  sí que se ha hecho uso, pero muy puntual, como por ejemplo, hemos visto alguna visita del Papa. A veces, sintonizamos Radio María en la radio porque dan conferencias muy buenas, pero no para cosas triviales o de pasatiempo. Alguna vez hemos escuchado noticias en Radio María que convenía saber o acontecimientos por los que se necesitaba orar, pero poner un informativo para saber lo que pasa no porque antes o después te acabas enterando”.

Asimismo, poseen un teléfono fijo por estas razones: “El teléfono ahora es una cosa súper necesaria porque nosotras si necesitamos algo, viviendo aquí en medio del campo, si no tuviéramos teléfono, no podríamos hacer nada de nada. Luego, también, con el teléfono mismo hemos ayudado a mucha gente porque nos pide ayuda o escucha”.

Ninguna de ellas posee un teléfono móvil, ni Internet y su concepción sobre ello es la siguiente: “Yo no necesito que me dejen usar el ordenador o el móvil. Si tú quieres tener en el convento lo que tienes fuera es mejor que no entres y a ello se le llama desprendimiento”. Así pues, en la mayoría de los casos, todas ellas se informan del acontecer diario a través de las personas que acuden a visitarlas.

Por el contrario, las Concepcionistas Franciscanas no tienen prohibido el uso de la radio o la televisión. A pesar de ello, no se sienten atraídas por las mismas: “Por las mañanas ponemos la radio y al rato decimos: ¡Calla ese aparato que no nos deja hablar a nosotras! En el caso de la televisión es que tampoco disponemos de tiempo para verla”. Asimismo, comentan que hace tiempo que disponen de un teléfono fijo y, además, también tienen dos móviles e incluso WhatsApp, para que algunas hermanas que son de El Salvador puedan hablar de forma gratuita con sus familias. “La clausura tiene que ir conforme a los tiempos”, puntualizan.

De igual forma, también tienen un ordenador, el cual suelen utilizar los domingos, sobre todo, para comunicarse a través del correo electrónico. Asimismo, algunas veces también buscan algunas noticias entre todas las hermanas. Para la actualidad y la información como tal disponen de algunas revistas de carácter religioso e incluso reciben el periódico La Tribuna, para lo que declaran: “Nos gusta estar informadas y para rezar por el mundo tendremos que saber lo que pasa en él”.

Por todo ello, la conclusión a la que se llega es que hay conventos que se van adaptando conforme a los tiempos y que a pesar de que todos tienen los mismos valores, cada uno tiene su forma de vivir la contemplación.

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