Están cubiertas por un envoltorio majestuoso. Son postales que protagonizan nuestras mejores fotos y escenarios de las películas que todos reconocemos. Contienen, además, obras de arte y un patrimonio que justifica eso de “viejo continente” ¿Quién no querría conocer estos lugares?

Hablamos, por supuesto, de las grandes capitales europeas. Esas que acogen cada año a miles y miles de turistas de todo el planeta. Las cifras, por lo menos, así lo dicen.

Según Business Insider, varias son las ciudades de Europa que aparecen entre las más visitadas del mundo. Londres y París, por ejemplo, son la segunda y tercera respectivamente. El caso de la francesa es notable, pues además tiene el Louvre, el museo más visitado del planeta. La representación española viene por parte de Barcelona y Palma de Mallorca. No obstante, es conocida la gran importancia del turismo en las arcas de nuestro país.

No es casualidad, por tanto, encontrarse con una especial atención por parte de los ayuntamientos de estas ciudades para que estas se parezcan lo máximo posible a las imágenes de las agencias de viajes. Que resulten muy acogedoras al que las visita por primera vez. Aunque eso, sea no mostrar toda la verdad.

Son múltiples los estudios que han terminado por señalar un aspecto escondido a simple vista; la desigualdad social de estos lugares.

Un ejemplo claro, es precisamente, la ya mencionada ciudad francesa de París.

En un proyecto financiado por el programa Journalism GrantsdelCentro Europeo de Periodismo en el año 2017, se hablaba de la ciudad parisina como “la capital europea de la desigualdad”. Según cuentan sus autores, Anne-Lise Bouyer y Nicolas Kayser- Brill, la gentrificación de los últimos años en París ha obligado a muchas familias de clase humilde a pagar más por casas en suburbios cada vez más pequeñas.

Este proceso de transformación urbana en el cuál un espacio deteriorado a través de una reconstrucción pasa a ser un espacio con mayores alturas provoca un notable aumento en el alquiler de las viviendas. Una práctica ya muy habitual en nuestro continente.

Es el claro caso del barrio de Bobigny, una zona humilde de París donde ya hay “de 4 a 7 veces más pisos pequeños que grandes en el mercado” cuentan Bouyer y Kayser-Brill en su reportaje. Los precios que ahora tienen esos pisos oscilan entre los 400 y 600 euros mensuales. Pisos, por supuesto sin grandes lujos.

Este aumento en el precio de la vivienda provoca una enorme desigualdad de clases, separando a la población casi, por zonas. No obstante, no podemos obviar esta práctica en otras grandes ciudades.

En Roma, la ciudad eterna, comprobamos un problema similar.Elena De La Iglesia, una estudiante de sociología de Burgos, emprendió el pasado año un Erasmus a la capital italiana. Como otros tantos estudiantes en esta situación, la beca proporcionada era el mayor sustento económico, lo que hizo complicado la búsqueda de un piso.

“Encontrar un piso decente para vivir, que no sobrevivir, por menos de 400 euros era imposible” comenta Elena que pasó cerca de un mes en la ciudad romana para encontrar piso. “Si quieres algo por debajo de ese precio tienes que irte muy lejos del centro o a un barrio, quizás más peligroso”

Algunos de esos barrios romanos a los que se refiere Elena no tienen porque estar lejos del precioso casco histórico romano, como podemos llegar a pensar. El conocido barrio de Termini, que alberga una de las estaciones de tren más concurridas de la ciudad, es una de las zonas más problemáticas de la ciudad italiana. Y se encuentra a escasos 20 minutos de Piazza Venezia.

El gran número de gente humilde que se ve obligada a dormir en los interiores de la estación, sumadas a la enorme cantidad de seguridad, contrasta con un escenario lleno de hoteles y restaurantes para turistas. Quién fuera finalmente el compañero de piso de Elena en Roma, Ricardo, de Madrid, ha vivido otra vez esta situación. Pero esta vez, en nuestro propio país.

Ricardo Gómez emprendió este mismo año la siempre complicada misión de encontrar piso en Madrid, encontrándose con el mismo problema que en Roma. “Es difícil encontrar algo por menos 500. La situación es parecida en Italia, si quieres vivir algo cerca del centro tienes que pagar un alto precio”.

Como en París, Ricardo achaca el problema de la vivienda a la gentrificación. “Se está viviendo en la actualidad un problema con eso, sumado además a la gran cantidad de pisos reservados para Airbnb que provoca la vivienda tenga un precio mucho más alto” comenta.

Este problema, como dice el madrileño, se expande hasta barrios como Chueca o Malasaña que antes eran de bajos fondos y ahora “han ganado prestigio, provocando una gran subida de los precios”.

Otra cuestión que agrava la desigualdad urbana en Madrid (y otras ciudades europeas) es el precio del transporte. Este, además de ser alto, ofrece descuentos sólo a gente joven y tercera edad. “Yo, por tener más de 26 años pago 55 euros al mes”, comenta Ricardo.

Sin salir de España, podemos observar otra de las grandes ciudades afectadas por la gentrificación, y por tanto la desigualdad: Barcelona.

Purificación y Paco llevan viviendo 4 años en la capital catalana, en el barrio del Poblenou, cerca del mar. Admiten adorar la zona playera en la que residen, pero no por ello obvian el excesivo precio del alquiler.

“El Poblenou, como otros tantos barrios europeos, está inflando sus precios excesivamente. Hace sólo 20 años, esta zona estaba llena de vertederos y fábricas donde ahora hay playa” afirma la pareja.

Los residentes en Barcelona afirman que no “es necesario irse hasta el Rabal o barrios pobres conocidos para ver desigualdad”. Como nos cuentan, tras pasar Diagonal Mar, un importante centro comercial, se llega al barrio de la Mina, en el que el paisaje lleno de chabolas resalta con el alto edificio del Hotel Hilton.

Estos problemas que señalan nuestros protagonistas no son aislados y son varios los organismos que empiezan a ver la desigualdad como el problema real que siempre ha sido.

La Comisión Europea aplicó, hace dos años junto al Instituto Vasco de Competitividad, un índice de progreso social a 272 regiones europeas, Social Progress Index(creado por una ONG norteamericana). El resultado mostraba una “cara B” de la economía: las regiones con un mayor PIB per cápita no son las que mejor lo hacen en términos de progreso social.

España queda muy reflejada en este índice, pues el estado cubre las necesidades básicas de sus ciudadanos, pero no existen las mismas oportunidades para todos ellos.

Progreso social en la UE en 2016 (El País)

Atención a necesidades humanas básicas, fundamentos de bienestar (conocimientos básicos, información o cuidados médicos) y oportunidades para que los habitantes puedan desarrollarse personal y profesionalmente son los puntos en los que el índice se apoya.

Así, el análisis ofrece nombres concretos de ciudades en el foco de la desigualdad.

Ciudades en el punto de mira

YUGOIZTOCHEN.La peor región de la Unión Europea en calidad de oportunidades se encuentra en Bulgaria. Yugoiztochen, tiene apenas un millón de habitantes, pero según el Social Progress Index, es la que menos oportunidades ofrece a sus habitantes.

ÖVRE NORRLAND. Al contrario, la ciudad con más oportunidades y, por ende, con menos desigualdad. Esta ciudad en Suecia, que sin embargo forma parte de Laponia, (según muestra el índice) tiene a más del 20% de su población con estudios superiores.

MADRID. El índice sitúa a la capital española como la mejor en España. (92/273 en total). Al contrario de lo que comentaban nuestros protagonistas, el índice muestra el buen acceso a servicios básicos y niveles de tolerancia de la capital madrileña. No podemos obviar no obstante los datos que indican que España es uno de los países con mas desigualdad de la Eurozona.

LONDRES. La ciudad más visitada de Europa según Business Insider es también una que ofrece unos pésimos resultados en sanidad, calidad del agua, seguridad nacional y jóvenes que ni estudian ni trabajan.

BRUSELAS.  Una situación similar a la de Londres es la capital belga. A pesar de ser una de las ciudades más influyentes del continente, su bajo nivel educativo, el alto coste de la vivienda, alta tasa de muertes por enfermedades cardíacas o la gran tasa de homicidios lastran su puntuación hasta el puesto 81.

VÉNETO, LIGURIA, PIAMONTE, VALLE D´AOSTA y LOMBARDÍA. Si antes nombramos Roma y su diferencia entre la belleza y su desigualdad, Social Progress Index muestra cómo el Sur del país tiene algunas de las peores puntuaciones. Estas cinco ciudades se encuentran en las 10 con menos oportunidades.

María Luisa Blázquez de la Hera, del Centro Internacional de Competitividad del índice, señaló una serie de aspectos muy interesantes para entender bien estos datos.

“La riqueza no necesariamente se emplea en mejorar los derechos personales, la tolerancia, o en facilitar el acceso a la enseñanza superior” “Este tipo de conceptos, por ejemplo, analizar la obesidad en una región o la tolerancia hacia los homosexuales no se suelen incorporar. Lo que no se mide, no existe” comentaba Blázquez de la Hera.

Con estos datos, uno puede llegar a pensar que, por desigual, son hasta los indicadores sociales, pues muestran una realidad acomodada que es bastante inexacta. No obstante, existen otros indicadores de desigualdad social que podemos aplicar a ciudades europeas.

La paridad del poder adquisitivo (PPA), por ejemplo, es la suma final de cantidades de bienes y servicios producidos en un país, al valor monetario de un país de referencia. Este indicador, a diferencia del PIB tiene en cuenta las diferencias de precios entre países.

Otro ejemplo muy recurrido es el Coeficiente de Gini. En este gráfico se mide la desigualdad de los ingresos en una escala de 0 (todos tienen los mismos ingresos) a 100 (todos los ingresos son para una sola persona) y que en la práctica se sitúa entre 20 y 80 para los países del mundo. Los más desarrollados suelen ser más igualitarios.

España continúa siendo un país con altos índices de desigualdad. (El periódico)

Los datos que recogen estos indicadores han alertado en varias ocasiones al orden público. Forman parte, incluso de los objetivos de desarrollo sostenible, firmados por la ONU, en los apartados 10 (reducción de la desigualdad) y 11 (ciudades y comunidades sostenibles)

No obstante, aunque es bien reconocida la desigualdad europea (y mundial) no siempre esta preocupación se ha traducido en reformas para paliar este problema.

Foro de Lisboa, un intento contra la desigualdad

La última gran demostración de interés por parte de la política en mejorar la igualdad social en sus ciudades se dio el pasado año en Lisboa. Convocados por el Ayuntamiento de la ciudad portuguesa, 140 representantes de 50 ciudades participaron en el Foro de Asuntos Sociales.

Algunas ciudades como Barcelona, Madrid, Atenas, Berlín o Génova se reunieron para buscar soluciones conjuntas al desafío de la pobreza y al aumento de la desigualdad. El foro lo presidía una española, Laia Ortiz, teniente de alcalde en Barcelona.

La catalana en su discurso inicial señaló diferentes ámbitos en los que las ciudades pueden desempeñar un gran papel para reducir la pobreza y la desigualdad. Además, Laia Ortiz reivindicó la necesidad de un mayor acceso y una mayor disponibilidad de fondos de la UE por parte de las ciudades.

La teniente alcalde señaló una serie de responsabilidades para las ciudades como “combinar medidas preventivas con medidas de activación” y una mejora de la cooperación y coordinación con todos los niveles de gobierno. “Las asociaciones urbanas son un primer paso en la dirección correcta, pero aún quedan por concretar los compromisos concretos de los asociados” señaló Ortiz.

En el Foro, todos los representantes de las ciudades reconocieron la importancia de trabajar y cooperar para mejorar la desigualdad en sus ciudades. “Queremos hacerlo, pero no tenemos los medios. Ha llegado el momento de actuar y demostrar los valores sobre los que se fundó la Unión Europea y cómo estos pueden mejorar la vida real de las personas” decía incluso Laia Ortiz.

Sin embargo, y a pesar de que los objetivos para mejorar esta situación siempre se postulan a largo plazo, no podemos evitar sentir una decepción al comprobar la falta de acuerdos y leyes que regulen la desigualdad social en las ciudades europeas.

Uno de los puntos más claros fue el acceso a viviendas asequibles y de calidad como un derecho social básico para todas las personas, así como la necesidad de desarrollar un marco legal para evitar la especulación en el mercado de la vivienda.

Lo cierto es que pese a esas “buenas intenciones” los barrios de Termini y Bobigny demuestran que nada ha cambiado casi dos años después. Además, el propio Parlamento Europeoen su web oficial, afirma que en los últimos años en países como Italia, Bélgica, Portugal o España el gasto del Estado en política de vivienda es igual o inferior al 1% del PIB, aproximadamente.

Otro de los puntos propuestos en el Foro de Asuntos Sociales fue la elaboración de estrategias “de abajo hacia arriba”, es decir,  estrategias que son decididas junto con los ciudadanos.

Sin embargo, como muestra en su trabajo el Doctor en Sociología, Ernesto Ganuza Fernández, la participación ciudadana en Europa suele verse limitada a asociaciones territoriales, consejos sectoriales y jurados ciudadanos. A pesar de eso, un estudio elaborado por Naciones Unidasincluía a España dentro del top 10 de países líderes en gobierno electrónico de Europa y en el puesto número 17 a nivel mundial con un alto índice de desarrollo del e-government.

 Desde luego, sin una mayor cooperación de las instituciones públicas, el objetivo de paliar la desigualdad se antoja imposible. La respuesta ciudadana, por supuesto, ha de ser un primer paso y la solidaridad de las personas es vital para tener ciudades más igualitarias, pero no podemos hacerlo solos.

Las cifras ayudan, los encuentros de figuras políticas también, pero las acciones no deben quedar ahí. Es ahora de actuar. Y el tiempo apremia.

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Javier Pascual

Amante del cine y el buen periodismo. Defensor del final de Perdidos.
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