Hace ya más de tres años, el 25 de septiembre de 2015, más de 150 líderes mundiales se reunieron en la Asamblea General de la ONU en Nueva York  para adoptar formalmente la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible. Esta Agenda cuenta con 17 objetivos, de los cuales el más conocido es la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, otros objetivos de gran relevancia se encuentran menos visibles para la opinión pública ya que hasta ahora se sitúan en los últimos puestos de las agendas internacionales. Uno de ellos es el problema de bacterias resistentes a los antibióticos, conocidas coloquialmente como “superbacterias”. Un informe elaborado por el gobierno británico calcula que en el año 2050 morirán unos 10 millones de personas al año por infecciones bacterianas, con un coste económico que puede superar los 100.000 millones de dólares. Esta grave amenaza ha puesto en jaque a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y ha hecho saltar las alarmas por sus grandes implicaciones para la salud mundial.

Desde su aparición en los años 40 del pasado siglo, el desarrollo de los antibióticos se considera unos de los avances más importantes de la ciencia moderna y supuso la gran revolución en la medicina, ya que cambió el pronóstico de las enfermedades infecciosas. Se produjo el auténtico milagro, las infecciones que se propagaban ampliamente y mataban a millones de personas por fin se podían curar. La medicina moderna es inviable sin los antibióticos, no podríamos vivir sin ellos. Pero en la actualidad, la resistencia a estos antibióticos supone una de las más grandes amenazas para la salud mundial.

En el año 2011 la ONU ya calificaba la resistencia a los antibióticos como un “riesgo mundial grave y urgente para la salud humana”. De igual manera se advertía de que si no se aplicaban medidas correctoras urgentes por parte de los gobiernos en cuanto a su reglamentación farmacéutica, podríamos entrar en la era “post-antibiótica”.

La OMS también ha alertado sobre este problema y ha indicado que el uso indebido de estos fármacos en los humanos y en los animales está acelerando el proceso de las resistencias antimicrobianas, lo que conlleva que infecciones como la tuberculosis o la neumonía sean más difíciles de erradicar ya que los tratamientos con antibióticos se vuelven ineficaces.

El informe O´Neill, elaborado por el economista británico Jim O´Neill bajo el encargo del entonces primer ministro David Cameron, y uno de los informes más citados por los expertos en la materia, estima que “el fracaso para hacer frente a las infecciones resistentes a los antibióticos llevará al menos a 10 millones de muertes adicionales al año y costará a la economía mundial 100 billones de dólares en el año 2050”.

El pasado mes de noviembre se conocían los resultados del estudio llevado a cabo por el Centro Europeo para la Prevención y el Control de Enfermedades (ECDC), en el que se revela que más de 33.000 europeos mueren cada año por infecciones causadas por bacterias que han desarrollado resistencias a los antibióticos. Este mismo informe también deja ver cómo este problema de salud tiene un impacto sobre los ciudadanos equivalente al que acumulan las tres principales  enfermedades infecciosas: la gripe, el sida y la tuberculosis.

En España los datos tampoco son nada alentadores. Según el Registro hospitalario de pacientes afectados por la resistencia a los antibióticos de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), más de 35.000 personas mueren cada año en España debido a las bacterias multirresistentes, es decir, aquellas que no responden a los antibióticos. Una mortalidad 30 veces superior a la que provocan los accidentes de tráfico.

España es uno de los países con mayor consumo de antibióticos en el mundo

En cuanto a consumo de antibióticos, un estudio reciente publicado por la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencia estadounidense (PNAS) que se basa en los datos de ventas de 76 países entre 2000 y 2015, calcula que el consumo de antibióticos en todo el mundo aumentó en torno a un 65%. Según este mismo estudio, el consumo total de antibióticos en España subió un 35%, pasando de 500 millones a 700 millones de dosis diarias definidas (DDD), que es la forma principal de medir el consumo de fármacos. Nuestro país es uno de los países que más antibióticos ha consumido en lo que llevamos de siglo, y ocupamos el tercer puesto en el ranking mundial solo por debajo de Turquía y Túnez.

Según los datos incluídos en el estudio del Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades (ECDC), España ocupa el segundo puesto en consumo de antibióticos por detrás de Chipre y por encima de la media europea. Todas estas cifras, verdaderamente preocupantes, dibujan un escenario que algunos científicos ya denominan como la “era post-antibiótica”.

Tabla de elaboración propia a partir de los datos del estudio de 2017 del Centro Europeo para el Control y la Prevención de Enfermedades.
¿Qué sabemos de las bacterias?

Hace 3.5 millones de años, antes de que los humanos aparecieran en la tierra, las bacterias ya habitaban nuestro planeta. Su capacidad de adaptarse a cualquier cambio ha permitido su supervivencia desde entonces. Aunque la mayor parte de estos pequeños seres vivos son inocuos, incluso beneficiosos para el ser humano, algunos han supuesto la muerte de millones de personas por neumonía, tuberculosis, cólera, peste, etc.

En una persona de unos 60 Kg, las bacterias suponen 1.2 Kg de peso

Todos nosotros tenemos una íntima relación con las bacterias, hasta tal punto que no podríamos vivir sin ellas, pero ellas tampoco sin nosotros. Se estima que el cuerpo humano está constituido por un 10% de células eucariotas (las del riñón, hígado…) y el 90% que resta lo constituyen las células procariotas, que son, en su mayoría, bacterias que habitan en nuestro organismo. Para hacernos una idea, en una persona de unos 60 Kg las bacterias suponen 1.2 Kg de peso.

Este arsenal de microorganismos del cuerpo, denominado microbioma, ejerce diferentes funciones en nuestro cuerpo como la protección contra las enfermedades estimulando las defensas, desdoblando los alimentos para que puedan ser digeribles o suministrando micronutrientes como las vitaminas. A cambio, nosotros les ofrecemos un lugar donde vivir y multiplicarse.

Bacterias resistentes, el reto de la medicina moderna

La resistencia a los antibióticos se define como la capacidad de un microorganismo para resistir los efectos de un antibiótico. Se produce principalmente cuando los microorganismos (bacterias, hongos, virus y parásitos) experimentan cambios ante la exposición a los antimicrobianos, como antibióticos, antivirales o antifúngicos. Estos microorganismos sufren mutaciones que les permite sobrevivir a la acción de los fármacos, de tal manera que crecen y propagan su resistencia.

El ‘Streptococcus pneumoniae’ puede provocar neumonías letales. Foto: GETTY IMAGES

Los antibióticos cada vez se utilizan más y están produciendo un grave problema a escala mundial. Según Olga Belinchón, médico internista adjunta del Hospital Virgen de la Luz de Cuenca y especialista en la atención de enfermedades infecciosas, “una bacteria solamente se hace resistente si hay una presión selectiva que selecciona bacterias resistentes a los antibióticos, puede haber una bacteria resistente pero que si no la seleccionamos no prevalece en la población”.

Las bacterias pueden hacerse resistentes a los distintos antimicrobianos de muy diversas formas. Según explica la doctora Belinchón, existen dos formas básicas: “Por un lado está la resistencia intrínseca, que es inherente a una determinada especie como por ejemplo la resistencia de los bacilos Gram negativos al antibiótico vancomicina y, por otra parte, está la resistencia adquirida, como consecuencia de un cambio en su composición genética”. Existen distintos mecanismos de resistencia como son la reducción de la concentración intracelular del antibiótico, la inactivación enzimática del antibiótico y la alteración de la diana sobre la que actúa el antibiótico». El uso inadecuado de antibióticos promueve el desarrollo de bacterias resistentes a estos, dado que cuando un paciente es tratado con un antibiótico, mueren las bacterias que son sensibles, pero quedan vivas las bacterias resistentes  que van aumentando en número provocando las infecciones por gérmenes resistentes. «Además las resistencias adquiridas se pueden transmitir entre distintas familias de bacterias”, aclara la doctora.

“Mucha gente toma antibióticos sin una receta médica o se toman los sobrantes que tienen por casa para tratar infecciones provocadas por virus como un resfriado o la gripe”

La complejidad de la aparición de resistencias a los antibióticos se puede explicar de manera sencilla, para la Dra. Belinchón “son varios los factores implicados, pero fundamentalmente son la prescripción inadecuada y un uso indiscriminado, una incorrecta dosificación y duración del tratamiento, la falta de adherencia al tratamiento y la automedicación. Mucha gente toma antibióticos sin una receta médica o se toman los sobrantes que tienen por casa para tratar infecciones provocadas por virus como un resfriado o la gripe, lo que supone un tremendo error”.

Como vemos, el problema básico es el mal uso que hacemos de los antibióticos, pero también hay que añadir la falta de innovación en el mercado farmacéutico.

“El rápido avance de las resistencias microbianas no se asocia a un equiparable desarrollo y aprobación de nuevos antibióticos. Los costes de desarrollo de nuevas moléculas son elevados y la compensación económica por la inversión en investigación es baja”

En los últimos años han vuelto a haber iniciativas para el desarrollo de nuevos antibióticos, pero la realidad es que desde finales de los 80 hasta principios de este siglo, apenas ha habido investigación y desarrollo de nuevas terapias antibióticas. A este respecto, la doctora Belinchón está de acuerdo en que existe una alerta real en cuanto a la ausencia de tratamientos alternativos cuando hablamos de resistencias, “en la actualidad el rápido avance de las resistencias microbianas no se asocia a un equiparable desarrollo y aprobación de nuevos antibióticos, debido a que los costes de desarrollo de nuevas moléculas son elevados y la compensación económica por la inversión en investigación es baja. Para las compañías farmacéuticas es más rentable invertir en desarrollar fármacos para las enfermedades crónicas”.

“Antibióticos: tómatelos en serio”

El fenómeno de las resistencias es un fenómeno global y los gobiernos están actuando para frenar el problema. Son escasas las informaciones en medios que se manejan para concienciar a la población del grave problema que supone el uso inadecuado de los antibióticos. El Plan Nacional frente a la Resistencia a los Antibióticos (PRAN) del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social difunde cada año material a través de la televisión, radio, redes sociales y medios informativos digitales.

La campaña se promueve todos los años en el contexto de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antibióticos 2018 y el Día Europeo del Uso Prudente de los Antibióticos, además de formar parte de la Agenda 2030 para los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Uso de antibióticos en animales como promotores de crecimiento

En los últimos años el uso de antibióticos en el ganado se ha tachado de abusivo. El principal problema en las granjas es que los antibióticos en el ámbito veterinario se han utilizado masivamente como promotores del crecimiento o como profilaxis para los procesos infecciosos. La mayoría de los países utilizan antibióticos de uso exclusivo en humanos para engordar a los animales, que luego pasarán a la cadena alimentaria humana. Esta vía también provoca la aparición de resistencias antimicrobianas.

España se sitúa de nuevo como el país de la Unión Europea donde más antibióticos se usan en la cría de animales. Entre el año 2010 y 2015 y según un estudio de la Agencia Europea del Medicamento,  se vendieron en nuestro país más de 3.000 toneladas de fármacos antimicrobianos, de los cuales el 99.9% se destinaron al tratamiento de cerdos, ovejas, vacas o pollos. El 0.1% restante se utilizó en animales de compañía.

Explotación ganadera de cerdos en España. GETTY IMAGES

Otro informe de 2014 de la Agencia Española del Medicamento y Productos Sanitarios, que es la encargada de recabar datos sobre las ventas de antimicrobianos para animales, revela que las empresas ganaderas españolas adquirieron aproximadamente 418 mg de antibiótico por kilo de carne, colocándose a la cabeza de los países europeos analizados y muy por encima de la media que se sitúa en un poco más de 100 mg por kilo de carne.

“Ha habido un gran abuso de los antibióticos en los piensos de los animales con la finalidad de un engorde rápido, pero la legislación lo ha permitido”

Pablo Martín, doctor en Veterinaria por la Universidad de Murcia, explica que ha habido un gran abuso de los antibióticos en los piensos de los animales con la finalidad del engorde rápido. “Hace 10-15 años se utilizaban piensos con 5 o 6 premezclas medicamentosas que era una auténtica barbaridad, pero afortunadamente la tendencia está cambiando en los últimos tiempos”.  Esta era la práctica habitual, pero la Unión Europea prohibió el uso de antibióticos como promotores del crecimiento en 2002 (aunque la norma prohibitiva se hizo efectiva en 2006). Pero aun así, “el sector sigue consumiendo gran cantidad de medicamentos alegando razones veterinarias”, apunta el veterinario.

“Los antibióticos se han usado porque la legislación lo ha permitido, si con el uso de antibióticos baratos conseguías engordar rápido a los animales, pues dabas los fármacos sin más”, explica Pablo Martín. El panorama ha cambiado y a partir de enero de 2019, gracias al Real Decreto 191/2018, los veterinarios deberán proporcionar a la Administración de la correspondiente Comunidad Autónoma, al menos una vez al mes, los datos relativos a los antibióticos que prescriban a animales de consumo humano en las explotaciones en las que trabajan.

En este camino hacia la regulación del uso de antibióticos, en 2017 la OMS hizo una serie de recomendaciones a la industria agropecuaria, piscicultora y alimentaria para que se dejara de utilizar de manera sistemática antibióticos para estimular el crecimiento y prevenir enfermedades en animales sanos. Estas recomendaciones tienen como finalidad “preservar la eficacia de los antibióticos importantes para la medicina humana y reducir su uso innecesario en animales”.

“El bienestar animal y las condiciones higiénicas deben primar sobre el uso de medicación preventiva”

Para Pablo Martín, “las alternativas al uso de antibióticos masivo pasa por mejorar las condiciones higiénicas de los animales y por la limpieza de las instalaciones de las granjas, un uso preventivo de las enfermedades centrado en la vacunación y en el uso de productos innovadores de origen natural con propiedades biológicas efectivas”. “Estos productos se incorporan al pienso, son beneficiosos para la salud y tienen una capacidad preventiva y terapéutica”.

Muchos consumidores empiezan a demandar carne producida sin el uso sistemático de antibióticos, por lo que algunas empresas de alimentos importantes han empezado a adoptar medidas en las que estén ausentes los antibióticos de sus suministros de carne. De hecho, el gigante de la comida rápida McDonald´s ha anunciado su pretensión de reducir el uso de antibióticos en su suministro de carne de res para finales de 2020 en sus mercados más grandes, entre los que por ahora no se encuentra el mercado español.

Las resistencias bacterianas es un problema que nos concierne a todos, sanitarios y pacientes, ganaderos y agricultores, laboratorios y empresas farmacéuticas. Un uso adecuado y responsable de los antibióticos sería suficiente para luchar contra las resistencias antimicrobianas.

Foto principal: Wikimedia Commons

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