La ganadería produce el 14,5% de los gases de efecto invernadero de las actividades humanas a escala mundial. La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación afirma que se gastan 1.500 litros de agua para hacer una hamburguesa de ternera, se les dan a los animales más antibióticos que a las personas y si juntamos a todas las vacas del mundo para formar un país, sería el tercero que más contribuiría al cambio climático.

Las Naciones Unidas han tenido que dar un golpe en la mesa de todos los países del mundo. Tenemos una realidad delante nuestra donde el cambio climático, la falta de una educación para todas las niñas y niños del mundo y una lacra de igualdad real nos está pisando los talones. Por eso, aunque no ha sido algo novedoso, la organización ha creado los Objetivos de Desarrollo Sostenible para dar continuidad a los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En este último, se proponía “reducir la pobreza extrema, frenar la propagación del SIDA y garantizar el acceso a una educación primaria, con la vista puesta en 2015”. Con motivo de seguir garantizando estos derechos y seguir aumentando la lista, se han creado los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

En los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se incluyen nuevas esferas como “el cambio climático, la desigualdad económica, la innovación, el consumo sostenible y la paz y la justicia”. Diecisiete puntos que pretenden dar una vuelta de tuerca a todos los Estados y conseguir con diferentes claves específicas de progreso, llegar a un mundo mejor.

Una de las claves de los ODS de las Naciones Unidas es la clarificación de cómo funcionan las grandes ciudades españolas a la hora de llevar a cabo las metas impuestas. Una lista en la que una a una analizan como funciona estos objetivos con diferentes colores (de mejor a peor, verde, amarillo claro, amarillo oscuro y rojo) donde explica meta a meta cómo funciona.

En el total del informe, se analizaron 100 ciudades españolas. Solo 10 de ellas se rigen con verde en el apartado de producción y consumo responsables y solo 8 aprueban con verde el apartado hambre cero, donde se encuentra la agricultura ecológica.

Centrándonos en Castilla- La Mancha, Cuenca, por ejemplo, tiene un amarillo claro en el global del objetivo de producción y consumo responsable, basado casi al completo en reciclaje, pero, por otra parte, en las producciones de CO2 tiene un rojo y un amarillo oscuro en agricultura ecológica.

Ciudad Real y Guadalajara se asemejan muchísimo a Cuenca en cuanto al objetivo de producción y desarrollo, con amarillos oscuros y rojo en la contaminación por CO2. Sin embargo, la agricultura ecológica está calificada con un verde. Albacete, por otra parte, se encuentra en peores condiciones en la mayoría de los apartados. Amarillos oscuros y rojos en el reciclaje y amarillo oscuro en agricultura ecológica. Por último, la capital castellano-manchega, se sitúa en unos niveles mejores que las demás capitales de provincia. Amarillos claros en producción y consumo y verde en agricultura ecológica.

¿Qué significa una producción y consumo responsable?

Después de la Guerra Civil y de la Segunda Guerra Mundial, en España salimos de una época de hambrunas, hambres y miserias. Esto conlleva a un cambio radical a la hora de tratar nuestra dieta, un cambio a la hora de pensar que la carne es un consumo de la alta élite que se puede permitir la clase media-baja. A partir de ese momento, se ve la carne como un elemento de modernidad, algo que tenemos que alcanzar. Un símbolo de fuerza y de valor, de masculinidad.

A partir de aquí, vivimos en sociedades donde la pobreza y las hambrunas están a la orden del día. Las Naciones Unidas afirman que “cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos, mientras casi 2.000 millones de personas padecen hambre o desnutrición”. Así, dentro de estos objetivos de desarrollo se busca la producción y un consumo ciudadano responsable. Es una necesidad urgente reducir la huella ecológica mediante un cambio en los métodos de producción y consumo de bienes y recursos. Las Naciones Unidas pone el foco en la agricultura y la ganadería como consumidor principal de agua en el mundo y el riego representa hoy casi el 70 por ciento de toda el agua dulce disponible para el consumo humano.

Los datos dicen que “la ganadería produce el 14,5% de los gases de efecto invernadero de las actividades humanas a escala mundial”, en gran medida debido a la conversión de bosques en tierras de cultivo. La ganadería industrial, aquella que produce cantidades masivas de carne, es la responsable de la pérdida de biodiversidad en ecosistemas como el Amazonas, se están contaminando acuíferos. Provoca el aumento del consumo de antibióticos en la carne que consumimos y, sobre todo, la pérdida de un cuidado real de los animales en estas granjas.

Concretamente en España, el lugar con una cultura arraigada al cerdo brutal, se matan una cantidad de cerdos al año, equivalentes al número de habitantes en España; la mitad se queda en España y la otra mitad se exporta. Tenemos unas 90.000 granjas de cerdos en España y más de 80.000 son intensivas. Solo hay unas 155 que son ecológicas.

Cerdo en granja

Este modo de producción masivo significa maltrato, animales confinados, con enfermedades… Estas enfermedades se sufren a causa de estas situaciones de aislamiento y de agrupaciones en los cerdos, por eso, la industria cárnica no se puede permitir una enfermedad en el animal. Están tan estresados que algunos cerdos pueden llegar al canibalismo, arrancándose las colas unos a otros, por ejemplo. Más de 7 millones de cerdos mueren en las granjas antes de ser destinados al consumo.

En 2011 en Estados Unidos, 13.600 toneladas de antibióticos fueron vendidos para suministrar a los animales en las granjas, casi cuatro veces más que la cantidad suministrada a las personas enfermas. En Europa fueron 8.500 toneladas, pero éstos datos palidecen ante las 100.000 toneladas suministradas a los animales en China. Esto supone un consumo global de recursos inimaginable, dice PACMA. En España, el 84% de los medicamentos producidos van a los animales.

Los piensos que se les dan a los cerdos, también vienen hormonados. Si antes tardaban 1 año en conseguir hacer crecer a uno, ahora en 4 meses tienen el mismo resultado. En el programa Salvados, “Stranger Pigs” aparece uno de los camioneros que se dedican a llevar a los cerdos y explica de una forma muy clara, “en verano si los cerdos andan, se sofocan y mueren, son como culturistas hormonados, mucho por fuera, pero por dentro están vacíos”.

En el documental de Évole, junto con la ayuda de Igualdad de Animal entraron en una granja para ver la condición de unos cerdos que se encontraban con hambre, infecciones, canibalismo, lesiones neurológicas… No solo esa, sino que, en 2010, la organización entró en 172 granjas de cerdos de las comunidades de Andalucía, Aragón, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Cataluña, Extremadura, Madrid, Murcia, Euskadi y Valencia. Todo esto se plasmó en diferentes imágenes que contaban las duras vidas que sufren los animales.

Vacas en granja

El Convenio Europeo para la explotación de los animales en la Industria Ganadera basa sus reglas en cinco libertades; libertad de hambre y de sed, libre de molestias, alivio del dolor, heridas y enfermedades, libertad de expresar un comportamiento normal y, por último, libertad de miedo y de angustia. Unos derechos, que, si nos encontramos en una gran parte de la industria ganadera de nuestro país, tanto granjas como mataderos, no se cumplen. Si es imposible cumplir esta serie de necesidades y derechos básicos para los animales, podemos entender que es imposible crear una producción responsable de estos y, por lo tanto, un consumo de la misma manera.

En China se consumió 63 kilos de carne por persona en 2017, mientras que en 1982 eran alrededor de los 13 kilos anuales

El consumo sostenible de carne parece ser uno de los mayores objetivos que proponen las Naciones Unidas para acabar tanto con la sobreexplotación del suelo, como con el desperdicio de comida o la explotación animal. La OMS dice que se deben consumir para tener una dieta saludable unos 20 kilos de carne al año, mientras que en España se consumen más de 50. El partido animalista PACMA afirma que China es el país que más carne produce del mundo, un 28% del total mundial.  Aun con escasas regulaciones medioambientales, “ya han anunciado su intención de reducir su consumo de carne a la mitad”. En 2017, en China se consumió 63 kilos de carne por persona, mientras que en 1982 eran alrededor de los 13 kilos anuales. Por esta razón, la nueva guía alimenticia china reduce el consumo entre 14 kilos 27 kilos por personas en 2030, una cifra que representa un tercio de la tendencia actual.

Greenpeace apuesta por un cambio total tanto en las formas de consumo como en “cambiar las reglas del juego”. Para poder llegar a un consumo sostenible, dice la organización, se debe producir y consumir desde una perspectiva mucho más local, no concentrar el poder del mercado cárnico en manos de unos pocos para así ayudar al campesinado; promover la soberanía alimentaria. Esta soberanía se entiende como “la capacidad de cada pueblo para definir sus propias políticas agrarias y alimentarias de acuerdo a objetivos de desarrollo sostenible y seguridad alimentaria”. Es decir, apoyar a todas las personas a tener acceso físico, social y económico a los alimentos suficientemente nutritivos para poder llevar una vida sana, tanto para uno como para el medio ambiente.

Si es cierto que la industria energética es uno de los contribuyentes al cambio climático y, de la misma manera, se toman medidas para acabar con esta lacra ambiental. Se avanzan en coches eléctricos, en transporte público… ¿Dónde está el avance y el progreso en parar la contaminación de la industria cárnica?

Se necesitan 1.000 litros de agua para producir una sola hamburguesa

No podemos permitirnos la cantidad de carne que comemos; no es viable seguir comiendo carne a estos niveles… ¿por qué el Estado o, incluso, las Naciones Unidas, no promueven un paso más allá del omnivarismo y replantea desde las bases más fundamentales un voto a favor al veganismo, vegetarianismo, o incluso, a seguir una dieta mucho menos rica en productos de origen animal? En ninguno de los objetivos de desarrollo sostenible se usa la palabra veganismo, ni vegetarianismo, ni el recorte por parte del pueblo de este alimento.

Para entender de otra manera el impacto medioambiental que tienen, por ejemplo, las vacas en nuestro planeta, si juntásemos a todas formando un mismo país, sería el tercero en emisiones de gases de efecto invernadero. No todo esto no acaba ahí; bosques de América Latina están siendo talados y destruidos para poder sembrar pastos para diferentes animales. Una hamburguesa de ternera necesita más de 1000 litros de agua para poder ser fabricada, para crear 1 kilo de filete de ternera son necesarios 15.000 litros de agua, mientras que para producir 1 kilo de trigo hacen falta 1.300 litros o 131 para 1 kilo de zanahorias, en niveles superiores, se necesita alrededor de 1.500 litros de agua para generar un kilo de grano de maíz. Sin embargo, si estas carnes provienen de granjas ecológicas y más locales, se reduce el consumo. ¿No son datos suficientes para tomar conciencia de lo que comemos?

Un tercio de los alimentos acaban en la basura

La creación de carnes en cadena; superproducciones de hamburguesas, filetes… produce, además de todo tipo de contaminación, un desperdicio millonario de comida. Un tercio de los alimentos acaban en la basura afirma WWF. “Cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de alimentos, mientras casi 2.000 millones de personas padecen hambre o desnutrición”, explica la ONU. En este contexto, es necesario reducir a la mitad el desperdicio per cápita de alimentos en el mundo a nivel de comercio minorista y consumidores para crear cadenas de producción y suministro más eficientes. “Esto puede aportar a la seguridad alimentaria y llevarnos hacia una economía que utilice los recursos de manera más eficiente”, explica la organización.

Sección de carnicería de supermercado

 

No es necesario recurrir al veganismo como forma de vida, ni a eliminar todo tipo de consumo animal de tu vida, ni tampoco alimentarte a base de hojas. Sí es necesario hacer crítica de nuestro consumo como sociedad y hacer una crítica al estado y las políticas necesarias para consumir alimentación de calidad. Es necesario entender el daño de la industria cárnica masiva al medio ambiente y, por consecuencia, a la madre naturaleza y a nosotros, al fin y al cabo. Destruir montañas, bosques, destruir el agua que bebemos y el suelo donde andamos no tiene por qué ser nuestra marca como seres humanos ni como sociedad.

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