Según el último informe de la Agencia Europea de la Energía (EEA), las plantas de producción de energía eléctrica, generada mediante la combustión del carbón, son las principales causantes de las emisiones de dióxido de carbono, dióxido de sulfuro y óxido de nitrógeno en el aire. España, por su parte, sufre el mismo problema, pues el 64% de las emisiones de CO2 son liberadas por ellas.

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible están incluidos en la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible, aprobada por la ONU en el año 2015. Se componen de 17 puntos aprobados por los Estados Miembros, para acabar, principalmente, con la pobreza mundial, proteger el planeta y garantizar paz y prosperidad a todos los seres humanos. Todos y cada uno de los objetivos están interconectados, con una clara intención vinculante en uno y otro.

El objetivo número 12 aboga por una producción y consumo responsable de las empresas. Es decir, se debe fomentar el uso eficiente de los recursos y la energía, a fin de que las factorías respeten el medio ambiente, sin dañarlo ni destruirlo, para que todo ello se convierta en una consecuencia positiva que favorezca a todas las personas que habitan el planeta.

En Europa, pese a todo este tipo de medidas, este punto significa un reto imprescindible con el que reducir los daños en el medio ambiente, así como bajar los costes merced a la implementación de sistemas de producción más eficientes y menos contaminantes. Supone un desafío tan inmenso porque gran parte de la industria no está concienciada en este aspecto. Un ejemplo muy clarificador de esta problemática es el de las plantas de producción de energía mediante la combustión del carbón. Los datos servidos por el informe más reciente de la EEA –titulado Liberación de contaminantes al medio ambiente del sector industrial europeo- sobre las emisiones de la totalidad de las industrias, que es reportado por los estados miembros de la Unión Europea, revelan que la de la producción de energía eléctrica -a través de la combustión del carbón- es la más contaminante, en términos de emisiones de CO2 al aire, de todo el viejo continente.

Los esfuerzos de la UE para hacer frente al problema han dado sus frutos, consiguiendo que se reduzcan minoritariamente las emisiones en los últimos años. No obstante, el carbón sigue estando posicionado entre los materiales preferidos por las instalaciones industriales para el desarrollo de su actividad. Algunos países como Polonia, Alemania o Reino Unido lo saben bien, ya que dentro de sus fronteras se ubican las plantas de generación de electricidad más dañinas para el medio ambiente.

En España, según el informe elaborado por la Red Española para el Desarrollo Sostenible, el objetivo que tiene que ver con la producción y consumo responsable no goza de una buena puntuación. Y es que la valoración obtenida en la mayor parte de las ciudades estudiadas está muy lejos de ser buena.

Fuente: RDS

Esto es así debido a que, en 2016, el 18,4% de la energía producida en nuestro territorio provino de este tipo de centrales eléctricas, más concretamente de las 15 que actualmente están en funcionamiento en el estado español. Las plantas de produción de energía con carbón que más emisiones de CO2 emiten son la de Aboño, en la provicincia de Asturias, con 8,19 millones de toneladas de dióxido de carbono expulsado y la de As Pontes, situada en la región gallega, que sigue muy de cerca a la anterior, con 8.12 millones de toneladas liberadas.

Fuente: El País

Aunque todavía hoy en España siguen existiendo muchas de estas centrales, lo cierto es que otras tantas han echado el cierre a lo largo de los últimos años, gracias a las políticas que se han ido tomando paulatinamente desde los Gobiernos. El caso que atañe a nuestra comunidad, la de Castilla-La Mancha, se corresponde con la planta de producción de energía mediante carbón de Puertollano, que en 2013 dejó de producir a causa de la crisis económica que asolaba a España por aquel entonces.

La UE contra la polución

El cambio climático se ha convertido en un problema global, que ha der ser resuelto entre todos. Por ello, la Unión Europea ha dictado numerosas políticas y estrategias en aras de fomentar las negociaciones internacionales sobre el clima. Con ellas, los países miembros han acordado diversos objetivos, los cuales deben ejecutarse en los años venideros, para garantizar que las preocupaciones referentes al clima sean tomadas en cuenta en ámbitos políticos como la energía o el transporte. Y es que el desarrollo sostenible significa un pilar fundamental para la UE, por ello se ha comprometido a establecer un alto nivel de protección del medio ambiente.

Para la UE la energía es, cada vez más, una prioridad en clave política, tanto es así que constituye una de las cinco áreas principales de desarrollo contempladas en el llamado Plan Estratégico Europeo de Tecnología Energética (ETE).

En él se encuentran fijados algunos objetivos que determinan cuestiones capitales para el devenir del planeta y la salud pública. Uno de ellos marca que el 20% de la energía consumida en toda Europa en el 2020 deberá provenir de fuentes renovables. La UE pretende su consecución a través de medidas que permiten a los países miembros intercambiar energía procedente de fuentes renovables para cumplir los estándares. También los países de la UE pueden recibir energía renovable proveniente de países no pertenecientes a la comunidad europea, siempre y cuando se haya producido en instalaciones respetuosas con el medio ambiente.

Mientras, otro de los objetivos reclama el incremento en un 20% de la eficiencia energética de los países europeos, es decir, más del doble que el 9,8% registrado en 2010.

La iniciativa europea sobre la red eléctrica es otro punto trascendental para lograr las metas propuestas, puesto que con ella se pretende lograr que el 50% de las redes europeas integren las energías renovables. A su vez, la Unión ha impulsado otro proyecto a fin de mejorar la eficiencia energética, cuyo principal propósito tiene que ver con el impulso en el avance hacia un futuro con bajas emisiones de carbono.

Emisiones 0 en España

Con la entrada del nuevo Gobierno socialista de Pedro Sánchez, el cierre de las centrales eléctricas que queman carbón para producir energía se puede divisar en un futuro prácticamente inmediato. Las intenciones de los socialistas, a diferencia del gobierno anterior, que pretendía impedir el cierre de las mismas a través de un decreto ley, sumadas a las arduas exigencias de la Unión Europea parecen indicar que este tipo de instalaciones industriales en España tienen los días contados. Esto es así, debido a que el reacondicionamiento de las plantas de producción supone un costo económico inviable para las compañías. Además, la modificación del sistema de comercio de derecho de gases de efecto invernadero impulsado por la UE provoca el encarecimiento de la expulsión de CO2 a la atmósfera.

La propiedad de las centrales se concentra entre las 5 grandes eléctricas: Endesa, EDP, Gas Natural, Viesgo e Iberdrola. En una entrevista al diario El País las empresas afirman que 8 de las 15 plantas están en riesgo de clausura en un periodo máximo de dos años. El año 2020 es el límite para que las compañías tomen medidas. Endesa prevé dejar de producir en sus centrales de Compostilla y Teruel antes del año marcado por la UE. Por su parte, Iberdrola hará lo mismo con las suyas, ubicadas en Lada y Guardo, mientras que Viesgo declara no tener previsto, todavía, hacer inversión alguna en su central de Puente Nuevo para acondicionarla acorde a la nueva normativa europea. Gas Natural tiene claro que la central de Anllares echará el cierre, aunque en el caso de su otra planta, la de Meirama, aún no ha pensado qué hacer con ella.

Si finalmente se formalizan las previsiones, los niveles de gases de efecto invernadero descenderían notablemente en nuestro país. Solo entre las 15 centrales eléctricas por combustión de carbón son las causantes de 46,5 millones de toneladas de CO2, es decir, casi el 14% del total de las emisiones.

Fuente: El País

Desde el Ministerio de Transición Ecológica se ha trabajado en este aspecto para cumplir con las expectativas europeas. En el nuevo Plan Nacional Integrado de Energía y Clima que España ha de enviar a Bruselas antes de que finalice este año, se ha destacado la propuesta que obligará al país a instalar 50.000  megavatios (MW) `verdes´ desde ahora hasta 2030 para consumar el objetivo del 35% de energía renovable del total de la producida. Esto es, dicha cantidad de generación de energía renovable supone una producción de 5,000 MW anuales, lo que posibilitaría que, en un plazo de 12 años, el porcentaje de presencia de este tipo de energía ascendiese del 17,5% actual al 35% fijado, una marca incluso por encima del límite europeo.

 

Consecuencias negativas tras el no al carbón

El fin de las centrales térmicas está a la vuelta de la esquina, más concretamente en 2020. El cierre de estas plantas supone un beneficio medioambiental incuestionable, pero también significa un duro varapalo para la economía de los consumidores, puesto que llevaría consigo una subida sustancial del precio en la factura final de la luz de entre un 5% y un 10%.

Además, dejar de producir energía eléctrica por combustión del carbón, se traduce en la pérdida de numerosos empleos relacionados con el sector. En España, hoy en día el número de personas empleadas dedicadas a la minería asciende a 2300, unos puestos de trabajo que quedarían en el aire tras el cierre de sus principales compradores de materia prima. A estos trabajadores habría que sumarle todos aquellos desempleados tras el cierre de las centrales térmicas.

No obstante, el Gobierno se ha comprometido a iniciar una búsqueda de salidas profesionales para los trabajadores afectados. Asimismo, la UE ha creado una plataforma en favor de las comarcas en transición, a fin de ayudar económicamente a los territorios que se vean afectados por el cierre de estas plantas.

 

Asturias ligada a la industria

La región de Asturias es una de las zonas que se siente más castigada por la intención del Gobierno central de echar el cierre a las centrales termoeléctricas, debido a la concentración de centrales termoeléctricas en el territorio y la importancia del sector minero que se concentra en el lugar. Es por ello que a principios del 2018 en el Parlamento Asturiano se discutió sobre el futuro de la industria, consensuando una decisión que optaba por oponerse al cierre de las térmicas antes de 2025. Un tiempo después, ya a mitad de año, el Ejecutivo asturiano reiteró su oposición al cierre de sus plantas después de haber conocido la prórroga que se le ha concedido a las Islas Baleares y Canarias, aprobada por el Gobierno central, para prolongar su actividad más allá de 2020.

Sin embargo, tras las negociaciones políticas, en septiembre del presente año la mayoría del Congreso rechazó tramitar una ley propuesta por el PP, mediante la cual se pretendía impedir el cierre de sus centrales, desobedeciendo incluso la normativa europea. Con esta decisión se ha dado un gran paso para el cierre de las centrales de producción de energía a través de la combustión del carbón.

Finalmente, a últimos de octubre, el Congreso de los Diputados aprobó con una amplia mayoría el fin de las centrales térmicas de carbón. Esta medida supone para Asturias un duro golpe, pues las plantas de producción de Lada, Aboño y Soto de Ribera no podrán prodigarse en el desarrollo de su actividad económica. Y con el cerrojazo a las térmicas, según un informe oficial de JRC para la Comisión Europea, España será el sexto país más afectado, provocando así, concretamente en Asturias, la desaparición de unos 600 puestos de trabajo.

 

Alternativas al carbón

El carbón se convirtió en la base de las transformaciones tecnológicas, económicas y sociales en el marco de la segunda revolución industrial. Sin embargo, también ha sido el causante del empeoramiento de la calidad del aire, debido a los altos índices de dióxido de carbono que emite. Por ello, su tiempo ya ha pasado y las instituciones lo saben. La UE ha abanderado un proyecto que busca frenar este problema, a través de su Plan Estratégico Europeo de Tecnología Energética.

También, desde otras zonas del planeta, se han desarrollado investigaciones como la liderada por El Instituto de Tecnología de Massachusetts, que ha deparado en la creación de nuevas plantas de generación eléctrica alimentada con gas natural, capaces de no contaminar gracias a la utilización de células de combustible de óxido sólido, lo que se traduce en la obtención de electricidad sin emisiones de CO2 al aire.

Además, estas nuevas plantas ofrecen la ventaja de crear energía al mismo precio o incluso inferior que el de las plantas tradicionales de producción de energía eléctrica mediante gas natural. El nuevo sistema propuesto por los investigadores del MIT, no necesita de ningún tipo de nueva tecnología, sino que consiste en una simbiosis de técnicas o componentes ya existentes.

Las energías renovables es la apuesta principal para hacer frente al problema de efecto invernadero y cambio climático. Muchos países dentro y fuera de Europa están apostando por ellas. Y es que este tipo de producción de energía es infinita y además, tiene unos índices de contaminación notablemente inferiores a los de la energía proveniente de las fuentes no renovables como el carbón.

Entre las principales fuentes de energía renovable se encuentran la eólica, solar y geotérmica. La primera se aprovecha de la energía cinética del viento para hacer girar las palas de los molinos, un movimiento que pone en funcionamiento el rotor del aerogenerador generando así, energía eléctrica. Castilla y León se alza como la comunidad autónoma en España que más energía de esta índole produce.

Fuente: Energeticacoop.es

Las centrales solares o termoeléctricas pueden ser térmicas, las cuales obtienen energía eléctrica a partir de la radiación solar, que es captada por medio de un sistema de espejos y que, posteriormente, es cocinada en una caldera. Las centrales solares fotovoltaicas emplean una metodología diferente a la anterior para transformar la radiación solar en energía eléctrica, ya que la consiguen a partir de paneles de células fotovoltaicas que procesan la luz.

Por último, la energía geotérmica aprovecha el calor interno de la Tierra, con el que se calienta agua, a través de una red de tuberías, para después convertirlo en vapor, y así obtener energía eléctrica.

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