Adriana Amado es española de sangre pero argetina de nacimiento. Doctora en Ciencias Sociales y Máster en Comunicacion, ha compaginado en su vida la investigación académica con la enseñanza, siendo profesora en la Universidad de la Matanza de Buenos Aires (Argentina), Univerisdad de Buenos Aires y en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). Entre sus investigaciones destacan trabajos sobre la comunicación pública y política en Latinoamérica, los esterioripos de la mujer en el sistema mediático o los productos televisivos de entretenimiento en Argentina. Amado al mismo tiempo preside el Centro para la Información Ciudadana de Argentina y es cofundadora de la web de intercambio académico www.catedraa.com.ar. En este tramo final del 2015, la investigadora y docente argentina se encuentra en la Facultad de Periodismo de la UCLM como profesora invitada.

Adriana Amado en la Facultad de Periodismo // Foto: Rubén M. Checa
Adriana Amado en la Facultad de Periodismo // Foto: Rubén M. Checa

Pregunta: Se encuentra como profesora invitada en la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla-la Mancha, ¿qué supone esto para usted?

Respuesta: Es un enorme privilegio poder estar aquí y agregar a mi estudio y a mi mirada de Latinoamérica la parte de España. Nosotros somos pueblos muy parecidos pero a la vez somos muy diferentes y yo creo que tener la capacidad alguna vez de salir uno de su silla y sentarse un rato en la silla de enfrente es lo que enriquece y permite comprender. Cada pueblo tiene su especificidad y es como encontrar las coincidencias en las diferencias y las diferencias de las coincidencias.
P: Además de realizar labores docentes en esta facultad, ¿va a realizar también trabajos de investigación?

R: Sí. Mi idea es intercambiar con los profesores, ver y encontrar líneas de trabajo común. Yo creo que para consolidar esta mirada comparativa hace falta ponerse a escribir, a pensar fenómenos, a poder compartir con otros colegas a través de investigación, es decir, de publicaciones. Mi interés por la investigación no es solo académico. Nosotros trabajamos también con periodismo y con cobertura sobre fenómenos contemporáneos. Da la casualidad, además, que los dos países están en campaña política, en octubre termina una campaña muy intensa en Argentina y ustedes están empezando, con lo cual ese punto me parece sumamente atractivo para pensar y desarrollar. Otra cosa que también me fascinó es su televisión: está también llena de reality shows y en Argentina se están emitiendo ahora mismo muchos de los programas que se emiten aquí, con lo cual también es un punto de observación único que estoy disfrutando muchísimo.

P: Es Doctora en Ciencias Sociales y cuenta con una maestría en Comunicación, publicando en septiembre de 2005 el libro Información: ¿Se Puede Saber Lo Que Pasa? ¿Encontró la solución a esta pregunta?

R: Sí. Lo que encontré es una respuesta que involucra mucho al ciudadano. Creo que venimos de sociedades donde le habíamos cedido al periodista la tarea de informar. Hoy nos encontramos que el trabajo del periodista es el eslabón más débil en el diálogo democrático porque se le pide y se le exige verdad, compromiso. Pero la sociedad no está dispuesta a acompañarlo, deja de comprar periódico, deja de prestar atención a los productos informativos. Entonces en ese juego de políticos, periodistas y ciudadanos el vértice de los periodistas es el que nos quedó más desbalanceado. Sí se puede saber lo que se pasa, siempre y cuando haya un compromiso de esos tres actores: que los políticos estén dispuestos a rendir cuentas, que los ciudadanos las exijan y que los periodistas estén dispuesto a ayudar a ese intercambio de la manera más honesta posible. Si no, no hay milagros.
P: En la tesis que llevó a cabo constató que tres cuartas partes de la información de los contenidos de los medios provienen de las oficinas relaciones públicas o gabinetes de prensa y la iniciativa del periodista se reduce al 10%. ¿Cómo sería el periodismo si estas oficinas no existieran?
R: El periodista hoy es una persona que tiene en algunos casos un empleo precarizado, que está en el medio de peleas de poder que en algunos casos se dan entre sus fuentes, sus anunciantes, el dueño de su periódico, el compromiso que tiene con su pueblo. Ahí es donde empieza lo que yo decía del compromiso de la ciudadanía. La ciudadanía y el poder también son fuentes informativas. Ante la constatación de que buena parte de lo que vemos en los medios ha sido iniciativa de las oficinas de prensa, si esas son abiertas, transparentes, colaboran, obviamente son una ayuda para el periodista. Lo que nosotros vemos en latinoamérica, y ahí hay una gran diferencia respecto a España, es que las oficinas de prensa, sobre todo las gubernamentales, se han cobertido en paredes que impiden el acceso a la información. En lugar de ser facilitadores y propiciar encuentros con los periodistas, hacer conferencias de prensa, lo que se han convertido es en productoras de propaganda gubernamental.

También pasa con los bancos, y de hecho ustedes lo han vivido hace poco: el banco emite un comunicado, no dice más que eso, el medio lo replica porque tampoco tiene más información. Pero la pregunta es: ¿Es lo que necesitamos saber o es lo que dice el banco? Pues lo que dice el banco. Entonces ahí de nuevo se desbalancea ese triángulo anterior: el ciudadano se queda sin las respuestas. Es poco probable que accedamos a información de profundidad y de calidad si no está dispuesta la fuente informar. Y en eso los procesos que vivimos en Latinoamérica, sobre todo en esta primera parte del siglo, son muy elocuentes, porque tenemos fuentes oficiales que son productoras de información muy activas, pero que no dan conferencias de prensa, no atienden a los periodistas, bloquean el acceso a datos esenciales, entonces la tarea del periodista se ve perjudicada.

P: En España varios de los asuntos de corrupción han sido descubierto por medios libres como eldiario.es, que no tienen ninguna presión política ¿Esto influye a la hora de sacar a la luz este tipo de información comprometida?

R: Exacto. El cruce de  interés y de poder de los medios es muy fuerte pero a la vez es muy delicado. Porque no es tan sencillo como decir: ¡Ah!, El Diario tiene que dejar de aceptar la presión de los anunciantes, porque sin anunciantes tampoco puede salir. Este es un poco el desafío que afrontan estos nuevos medios nuevos. Es decir, el medio nuevo necesita es suscriptores y gente que lo apoye porque si no, vuelve a caer en la dependencia del anunciante y volvemos a replicar el modelo que queríamos superar. La pregunta es: ¿Quién paga por la información? Hasta ahora lo que estamos viendo es que la información la paga y la produce la fuente de poder. Eso nos ha dejado un sistema totalmente desequilibrado a esos intereses cuya responsabilidad no es sólo de los medios, o sólo de los periodistas, sino de alguna manera como decía, del ciudadano al no apoyar el trabajo informativo.
P: ¿La llegada de este tipo de prensa libre ha contribuido a que los periodistas tengan menos presiones a la hora de realizar una labor de investigación?

R: Yo creo que eso es una gran diferencia que tienen ustedes en Europa. En latinoamérica está la presión que tiene el periodista con los grupos de poder y financieros y políticos. Nosotros tenemos nuevos grupos de poder que son el Paraestatal. La corrupción está asociada al narcotráfico, tráfico de influencias de una manera estructurada, entonces a veces el periodista libre puede publicar pero a riesgo de su supervivencia. Estamos esperando a que aparezca un medio o que aparezca un periodista héroe que revele lo que el sistema está tratando de ocultar. Y bueno, sí, aparece. En Argentina desde hace ya 8 años empezaron a aparecer investigaciones muy documentadas sobre la corrupción del poder, el enriquecimiento de los mandatarios y tan documentadas que son causas judiciales que están en proceso. Ahora, la trama de poder es tan fuerte que eso sigue, los mandatarios siguen en el poder, ahora estamos viendo que quizás en Brasil hay un cambio en las cúpulas… Pero son procesos muy lentos.

 

Adriana Amado en la Facultad de Periodismo // Foto: Rubén M. Checa
Adriana Amado en la Facultad de Periodismo // Foto: Rubén M. Checa

P: Por otro lado, en ocasiones un político puede tener influencia sobre el periodista. Usted misma dijo en Twitter hace unos días que en la carpeta de spam de su correo tenía varios emails de políticos. ¿Cuáles son los intereses, bajo su punto de vista, que llevan a los actores de la política a ponerse en contacto con los periodistas?

R: Uno de los temas sobre los que estoy escribiendo, en relación a la campaña del 2015 en mi país, es que ha sido la campaña con más propaganda en la historia reciente. Empezó a fines del año pasado. Las calles están llenas de vallas con las caras de los políticos diciendo ‘Vótame’. Los políticos están pagando tuits promocionados. Nos llegan miles de mensajes políticos diciendo que los votemos pero cuando yo les escribo no me contestan. O sea, ellos están muy enfocados en eso, ellos hablan y hablan, gastan mucho dinero, y público en muchos casos, para hacer propaganda. Pero no hablan al punto tal que en Argentina en 2015 estamos organizando el primer debate presidencial. Los candidatos a presidente nunca quisieron debatir en Argentina. Ahora un grupo de académicos y de gente de la sociedad civil estamos trabajando en un proyecto que se llama ‘Argentina Debate’ y el candidato que va en primer término no quiere sumarse al debate porque piensa que va a perder. Entonces lo que yo estaba planteando y que es un poco la obsesión de estos días en el twitter es cómo confiar en un político que te abruma con su monologo y su discurso pero que no está dispuesto a hablar. Que no está dispuesto a hablar con el periodismo, con sus seguidores… Yo veo en mi twitter tuits promocionales de políticos y yo les contesto y nunca responden. Si en mi caso, que escribo en los periódicos de mi país, que más o menos soy una persona con algún contacto público no me contestan, yo no quiero pensar a un ciudadano de a pie. Entonces justamente esa es la gran paradoja. Se la pasan hablando pero no dialogan. Entonces ¿cuál es el modelo de democracia que buscna? Es esa, un monólogo permanente.

P: Desde el año 2011 preside el Centro para la Información Ciudadana, que es una iniciativa para que la comunicación pública sea de calidad. En uno de sus libros, publicado a través de este centro, compara esta rama de la comunicación a un espectáculo. ¿Qué problemas presenta hoy en día la comunicación pública en Argentina?

R: Que se ha convertido en un show montado para la televisión y no en este diálogo ciudadano que veníamos hablando. Justamente en el 2007, cuando apreciamos que se estaba generando esto, se cerraba el espacio igualitario donde un ciudadano o un correligionario o un candidato de la oposición podían sentarse a hablar con otra persona. Mis estudiantes en Argentina nunca vieron a un presidente dialogando de igual a igual con un político de la oposición. Nunca lo vieron dando una conferencia de prensa abierta y relajada. Solo en espectáculos montados con artistas y fuegos artificiales. Los ven en Cadena Nacional, un género que aquí sería impensable. Consiste en que se corta la transmisión de todos los canales y el presidente habla por todos los canales abiertos el tiempo que quiera. Y si quiere hablar 20 minutos, habla, o si es una hora y media, habla. Y si tú estabas pensado en ver un programa o el noticiero no puedes, porque está interceptado. Además es un montaje porque se hace con público, que a cada dicho aplaude como si estuviera en un mitin político. Eso nos deja también en una paradoja cuando justamente desde la sociedad civil planteamos las restricciones que tienen los periodistas a trabajar, la falta de espacios, de accesos a las fuentes de poder. Nos dicen: «¡Pero si nosotros estamos hablando todo el día! Nosotros estamos todo el tiempo en la televisión» y la pregunta es: «Claro, ¿en qué forma están en la televisión?». Están en un espectáculo producido por la fuente pero no en una posibilidad. En Argentina, la actividades presidenciales se filman por una productora contratada por el presidente y se distribuyen las imágenes de la filmación a todos los canales. Pero nunca está la posibilidad de que sea tu mirada, tu foto, la que vemos si no es la foto que el gabinete de prensa de la presidencia aprueba para que sea distribuida en los medios. Con lo cual ahí está la paradoja. No podemos decir que no hay información, porque el acto oficial se graba y se distribuye. Pero la pregunta es dónde está el periodista como actor que puede acercar al poder la voz del ciudadano. El poder dice: yo me manejo y me comunico de manera directa con la ciudadanía. Y ahí la trampa está donde la ciudadanía tiene un rol distinto al de aplaudir el espectáculo. Por eso el programa que impulsamos desde la ONG se llama ‘Preguntar al poder’ y un poco tratamos de replicar en Argentina lo que aquí fue ‘Sin Preguntas no Hay Cobertura’. Pero con poca suerte.

P: Usted ha dicho que el público ya no demanda información sino confiabilidad. ¿Tiene la prensa un problema de credibilidad derivado de las presiones políticas y económicas?

R: Sí. No es que el ciudadano no se dé cuenta de que le están mintiendo, es que en algunos casos decide que ya no le importa. Creo que el caso más sonado, y creo que también marca un eje, tiene que ver con lo que pasó aquí con la portada famosa de El País de Atocha, donde decía que fue ETA quien hizo los atentados del 11M y luego tuvo que ser explicada diciendo que «en realidad nos llamó el presidente y nos dijo que habían sido ellos». Entonces ahí el periodista muestra que tampoco confiaba mucho en su fuente de poder y tuvo que decir que eso fue lo que les dijeron y que no lo pudieron contrastar. Obviamente el público empieza a dudar de su diario pero también duda de la fuente que le dijo eso a ese diario. Ese estado de suspicacia es justamente lo contrario a la información. Yo creo que justamente el corrimiento a otros formatos tiene que ver con que, “bueno, si no me da información por lo menos que me dé entretenimiento, porque ahí no me estafa”, pero yo no creo que la gente quiera estar en el entretenimiento. En mi país hemos visto que en situaciones de crisis o en situaciones donde la información es relevante la gente sintoniza el noticiero, vuelve a buscar la orientación. Lo que pasa es que en la mayoría de los días ¿qué es lo más importante de los medios? ¿El pronóstico del tiempo? Si el pronóstico del tiempo tiene confianza, ¿cómo no se va a conseguir confianza en la comunicación política?
P: También ha escrito sobre los estereotipos que giran en torno a las mujeres en el sistema mediático argentino, afirmando que «el rol de la mujer sigue anclado en el servicio doméstico y sigue habiendo una gran exigencia con la belleza”, por ejemplo. ¿Esto solo sucede en Argentina, o también se puede extender a otros países latinoamericanos o europeos?

R: Yo ahora estoy viendo en la tele de aquí lo mismo. Aquí veo que sí se admiten mujeres de más edad, pero el estereotipo estético de las formas y la delgadez y la exhuberancia es tremendo. Pero me convencí que también las mujeres somos un poquito cómplices de eso porque somos nuestras peores juezas a veces. Creo que en Europa hay  más aceptación de la diferencia, de hecho he visto presentadoras más allá del estereotipo de delgadez y juventud. Pero en Argentina todo cuesta mucho porque, por ejemplo, hay pocas periodistas políticas, sigue siendo un ámbito mayoritariamente masculino. Sigue habiendo pocas editoras mujeres. Al frente de programas de radio también son contadas las mujeres, porque generalmente aparecen en el rol de bastonera, de contraparte. Y también tiene eso mucho que ver con que la mitad de lo que vemos en televisión es publicidad y la industria publicitaria vende esa figura. Muy lentamente pareceré como compradora de coches, pero también muy lentamente aparecerá la gente mayor o de diversidad étnica como personas en condiciones de adquirir la promesa de consumo.

P: Al mismo tiempo ha hecho críticas a los formatos televisivos que existen actualmente, donde los programas que pueden estar reñidos con el buen gusto consiguen más audiencia que aquellos culturales. ¿Qué provoca esto en la sociedad?

R: De todas las cosas de la comunicación, eso es lo que más me intriga. El consumo pop, los productos masivos, eso a mí me intriga y mi gran pregunta es esa: ¿Por qué nos atrapa tanto masivamente aquello y todo el esfuerzo de los programas y cadenas de calidad no generan ningún interés? A eso sí que no tengo respuesta. Como hipótesis yo creo que en Latinoamérica la política se volcó al entretenimiento y montó un espectáculo. Todos los presidentes de Latinoamérica tienen programas de televisión, pero el entretenimiento no da confianza. Entreteniene pero es el más fugaz de los consumos televisivos. No es como la cultura que se te queda y enriquece, el entretenimiento te da una experiencia de mucha intensidad pero de cero permanencia. Lloramos con la expulsión de Gran Hermano y luego no sabemos si se llamaba Maite o no. Hoy te acuerdas de eso y mañana ni sabes quién es.

Los académicos hemos tendido a despreciar el mainstream. Cuando podamos entender por qué la sociedad prefiere eso a lo que la clase ilustrada considera que debería ser por su bien y que ignora, creo que podemos pensar en un salto de calidad para nuestras sociedades.

«La política no estaría hablando de refugiados si no hubiera aparecido Aylan. Tendemos a terminar debatiendo de la foto del niño y no del niño de la foto»

P: En 2004 creó el blog de intercambio académico www.catedraa.com.ar ¿Qué objetivo persigue? ¿Qué críticas ha recibido por parte de otros profesionales de la comunicación y el periodismo?

R: Lo de CátedraA es porque en 2004 dijimos que la cátedra iba a ser abierta, que también tenía que haber recursos propios en las universidades en las que trabajamos. Entonces decidimos montar una página abierta y que la bibliografía que nosotros usáramos fuera bibliografía que se pudiera conseguir en línea. Entonces los autores buscamos material al que los alumnos puedan acceder, que nadie tenga que comprar ni apuntes ni libros. Eso nos desafió mucho porque era mantener la calidad de las lecturas pero de manera accesible. Entonces comenzamos a colgar en ese blog nuestras publicaciones, vídeos que pasamos en clase, etc. para que aquel que lo necesite no venga a pedirme el apunte sino que lo tiene ahí. La crítica que recibimos es a veces lo desactualizado, que la vorágine nos impide reparar un enlace que se cayó o se me olvida poner cosas más actualizadas. Pero ahora también esa página tiene una dirección de Twitter y Facebook y tratamos de que la mayor parte de las consultas y de trabajo con los alumnos sea en la página de Facebook. Eso tiene doble objetivo: uno es canalizar por ahí la consulta de la catedra. Y otra es que como nosotros trabajamos con alumnos que se dedican a la comunicación publica, que aprendan a salir de los espacios contenidos de los chats o grupos cerrados, que empiecen a entender lo que significa hacer una pregunta públicamente, publicar un trabajo a la vista de todos… Lo más grato es recibir mensajes de alumnos de otros años, que las ves que siguen interesados en la comunicación y que siguen con ganas de participar.
P: El pasado 17 de septiembre hablaba en un medio de comunicación argentino sobre la crisis de refugiados sirios. Ahí califica la foto del pequeño Aylan como “una bofetada de realidad a los líderes europeos”. Si no hubiera salido a la luz, ¿los medios de comunicación hablarían como lo están haciendo actualmente de la guerra de Siria y los refugiados de ese país?

R: No. Y creo que la política no estaría hablando de eso si no hubiera aparecido Aylan. Tendemos a terminar debatiendo de la foto del niño y no del niño de la foto. Luego se abrió el debate diciendo que si se hizo bien en publicarla o no se hizo bien. Pero la pregunta es: hay un niño muerto en la foto, ¿qué sociedad tenemos que hizo que ese niño tuviera que morir? Justamente estaba en Múnich cuando empezaron a llegar los refugiados y era muy fuerte. A mí me dio toda la impresión de que la canciller alemana no hubiera salido a hablar o a mostrar gestos de buena voluntad de no tener todos en el recuerdo la foto de Aylan. Ahí es donde me parece que el periodismo sigue siendo el que nos estimula un poco para mover el debate. Ahí se planteó un problema y creo que también estamos constatando que en la medida que nos fue abandonando esa emoción, también nos va abandonando la noticia. Si nuestras sociedades reaccionan a la lógica del espectáculo, yo no creo que haya que rechazarla, sino integrarla y entender cómo podemos hacer avanzar la agenda a partir de que son esas cuestiones y son ese tipo de imágenes las que capturan a la audiencia. Ahora veo las coberturas y son en los campos de concentración, son imágenes durísimas, pero no tenían esa condensación que tenía la foto del pequeño.

P: También participa de forma activa en las redes sociales, ¿qué suponen para el periodismo del siglo XXI? ¿Cuál es el papel de internet y las redes sociales en la generación de la opinión pública?

Yo creo que el periodismo del siglo XXI tiene que ser un periodismo de conversación. Hoy hay canales de expresión del lector que no había hace apenas 10 años. Hoy el medio sabe perfectamente qué noticia ha sido leída y cual no, qué comentarios ha despertado, qué noticia ha sido compartida, con lo cual el medio ya sabe perfectamente el pulso del lector. Obviamente el lector online todavía no es representativo en el universo pero hay algo ahí. Es curioso, o al menos pasa en mi país y en Latinoamérica en sociedades muy polarizadas: los comentarios de las noticias son muy agresivos. Pero el medio no interviene. El que los abre, porque hay muchos que aún no abren los comentarios, los deja abiertos, que la gente hable y comete. ¿El lector o el ciudadano no es parte de la información? ¿Qué lugar se le da a la información? También es cierto que no podemos dejar todo a la tiranía del clic, pero creo que ahí hay un espacio donde es posible entender mucho más el interés, por dónde va la atención del público y generar un periodismo más dialogado, que mientras recibe la inquietud del ciudadano sepa que también necesitas conocer otro tipo de información. Las redes sociales son el espacio de diálogo que no sabemos aún muy bien para qué estamos usando. Ustedes las usan como si fuera un grupo de chat, para hablar y quedar entre ustedes. Tampoco toman conciencia de que son públicas y a veces critican a los profesores y ellos dicen: ¡oye, pero si te estoy viendo!
P: ¿En qué se parece o diferencia el sistema mediático español con el argentino?

R: Creo que ustedes tienen un periodismo más consolidado. Se nota más una tradición de periodismo, se nota un lugar más definido. Un modelo de periodismo más claro. En Argentina es más errático. Tenemos un periodismo más volcado a la opinión que al reportaje, de hecho se llama reportaje a la entrevista de preguntas y respuesta. El reportaje en profundidad es un género en extinción. Los últimos años todas las circunstancias han debilitado mucho al periodismo y han bajado mucho la calidad de los medios argentinos. Mucho. De hecho solo un medio está llevando a cabo investigaciones de cierto impacto social, pero el resto se ha convertido en este periodismo que el 80% de lo que publica lo manda y establece el poder, no está reclamando su derecho a la pregunta, las asociaciones de periodistas en Argentina son muy pequeñas y con poco poder. Creo que de eso podemos aprender mucho del periodismo español aún en su crisis. Se nota que está más consolidada la profesión, que nosotros la tenemos bastante desarmada.

P: ¿Algún buen recuerdo que se lleve de Cuenca y la Facultad?

R: El mejor. Para mí estas semanas  han sido un privilegio. La universidad es súper receptiva, ha sido muy generosa conmigo al invitarme y al abrirme sus puertas y se nota que hay un muy buen clima de trabajo. Además la ciudad es bonita. Yo vivo en el centro mismo de Buenos Aires, con lo cual despertarme por la mañana con el ruido de la Serranía para mí es genial. También me da la oportunidad de vivir unos meses en una ciudad con tanta tradición… Piensa que en Argentina no tenemos edificios de más de un siglo, entonces estar en una ciudad que tiene tantos siglos y que las piedras han pasado por tantas cosas es muy emocionante. La verdad es que estoy muy feliz y me encanta tanto es así que yo pensaba que los fines de semana iba a salir a Madrid pero estoy súper a gusto. He salido a caminar y he descubierto que hay multitud de caminos para explorar. De aquí a que me vaya no sé si los recorreré todos. Además tuve la suerte de ver el San Mateo. Los colegas aquí siempre me preguntan que si no me aburro y les digo que de donde yo vengo esto es como un retiro espiritual (risas).

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Rubén M. Checa

Periodista en proceso por la UCLM 4/4. También un año en UNIPG (Italia). Escribo sobre cultura, deporte, política y educación, aunque también disfruto de la televisión en eltelevisero.com Entre mis aficiones, la fotografía
Rubén M. Checa

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Periodista en proceso por la UCLM 4/4. También un año en UNIPG (Italia). Escribo sobre cultura, deporte, política y educación, aunque también disfruto de la televisión en eltelevisero.com Entre mis aficiones, la fotografía

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