Luces totalmente apagadas, una música tan persuasiva que estimula todos tus sentidos, caras de expectación entre todos los asistentes, dudas y asombro entre los niños; se corre el telón y acción. El espectáculo ya ha comenzado, la magia brilla con presencia propia: esto es el teatro negro.Según Domingo Conejo Siles, maestro de educación infantil que aplica la técnica del teatro negro considera que, «utilizando la oscuridad total y con muy pocos recursos, se pueden realizar muchas experiencias dramáticas» que, sin duda, sorprenden a los niños y niñas que asisten a la representación.

El tan reconocido cuento del autor Lewis Carroll, ‘Alicia en el país de las maravillas’, fue representado el pasado 12 de octubre en el Teatro-Auditorio de Cuenca por la Compañía Irú. El presidente de la Fundación de Cultura Ciudad de Cuenca, Pedro Mombiedro, anunció en la revista Telón de Fondo que han programado más de una veintena de actividades en busca de la máxima calidad en propuestas de teatro, música y danza para la ciudad conquense.

Y si algo tiene el mundo del teatro que les represente a la perfección es la noción del tiempo, de aprovecharlo a cada momento. Ya lo dijo Carroll en su obra, “¿Cuánto tiempo es para siempre? A veces, solo un segundo”, y ahí estaba yo, como Alicia, perdido en un mundo que no conocía, citado en un lugar y en un instante momentáneo que queda reflejado “al otro lado del espejo”.

Giras semanales por diferentes puntos de España (Cuenca, Yecla, Salamanca, Getafe…), a los que llegan el día de la actuación, preparan, ensayan, comen, vuelven a ensayar, trabajan y dejan una sonrisa a los niños que asienten al espectáculo, recogen y se marchen. Fin de la eternidad de ese momento, instante resumido en poco más de cinco segundos.

Como Alicia, saltemos sin pensar ni mirar atrás

Esta entrevista empieza con un mensaje de correo a Ricardo Cristóbal, fundador de la Compañía Irú, adaptador de la obra y titiritero en lo que termina siendo una conversación de lo más común entre dos personas afines; después de conversar con Ricardo me presenta a Elisa Forcano, artista que da vida a Alicia y que por azares del tiempo -una vez más-, tengo que aprovecharlo como lo hizo Alicia, pues “el tiempo está en tu contra, y estás siendo descuidada con él”.

De esta manera, Cristóbal nos cuenta que la forma en la que trabaja su compañía es con la idea principal que aporta el autor de la obra y que es “a la que más juego le pueden sacar”, pero siempre versionando y haciendo algo diferente para que el público joven -que es al que se dirigen- pueda divertirse. Al mismo tiempo, considera al teatro negro de “efectista” y reconoce que se hace poco en España. “La mayor diferencia que hacemos nosotros es que nos apoyamos en la parte visual, nuestro espectáculo tiene bastante poco texto”.

Si se preguntan por sus inicios, la Compañía Irú nació tras la coincidencia de los que son ahora sus componentes, ya lo eran en un antiguo grupo de teatro negro uruguayo. “Todo comenzó debido a las inquietudes que teníamos los miembros, así que decidimos seguir investigando por nuestro lado. Decidimos probar cosas nuevas, empezamos a innovar con las sombras y con la luz para que no todo fuera negro”.

El Sombrerero hace ver a Alicia que la realidad es subjetiva a los sentidos.
El Sombrerero hace ver a Alicia que la realidad es subjetiva a los sentidos. Imagen de la Compañía Irú.

 

Conozcan el lado oscuro del espejo, ese en el que nadie se mira

“Creo que la gente solo ve la parte superficial de la profesión, creo que solo ve las luces, pero cuando trabajas en ello tienes que saber gestionar las sombras que son muchas. Es un trabajo de resistencia”, afirma Forcano. De esta manera, Cristóbal nos explica que para realizar una obra trabajan dos años sin parar, “la producción de un espectáculo nuestro lleva un año de preparación, entre decidir el espectáculo, adaptarlo, meternos en el taller para construir los títeres y ensayar es casi un año” y durante los 365 días restantes se marchan de giran.

En estos momentos, la Compañía Irú se encuentra trabajando con la obra de ‘Alicia en el país de las maravillas’, una representación diferente a la que se puede visionar en el teatro clásico, en el cuento o en las películas filmadas por Walt Disney Studios. Y es que en el teatro negro los sentidos se agudizan más, te hacen formar parte del espectáculo y te transportan a la realidad que estás viviendo en ese momento. Sentir como la butaca en la que estás sentado se mueven, en la que tu boca se precipita a interaccionar con los personajes de la obra y en la que al final te saca una sonrisa por haberte sentido un protagonista más.

Según Elisa Forcano, actriz que realiza el papel de Alicia en la obra, “el teatro negro para mí es magia ya que te permite la posibilidad de generar universos imposibles”. La libertad de los géneros artísticos te permite dar rienda suelta a la imaginación, a hacerte sentir como si estuvieras volando cuando en verdad tienes los pies en el suelo, en ser único cuando eres uno más. En esta ocasión, la Compañía Irú ha tratado de caracterizar a una Alicia contemporánea del siglo XXI, muy empoderada; “intentamos huir de lo lánguido, de cosas que sean demasiado frágiles e inocentes, aquí hay una cosa más como de juego y picardía con el público”, declara Forcano.

Alicia y el Gato Sonriente. Imagen de Compañía Irú.
Alicia y el Gato Sonriente. Imagen de Compañía Irú.
Se cierra el telón y se pone fin a una hora de pura magia

Es el momento en el que podemos discutir de la obra, en el que podemos comprobar la importancia del teatro en la sociedad, de cómo se encuentra en estos momentos y de las sensaciones tan humanas que nos produce tras haberlo contemplado. ‘Alicia en el país de las maravillas’ es una obra tan ficticia, pero a la vez tan real que puso patas arriba al siglo XIX y que en estos momentos sigue retorciendo los conceptos de realidad, tiempo y locura del ser humano. Acaso si has visionado esta obra, ¿no te has replanteado dónde se encuentran los límites?

El director de la compañía es bastante tajante, “siempre son malos tiempos para el teatro, pero es bueno que sean malos tiempos para el teatro porque la gente se pone más la pila, nos hacemos más creativos y más interesantes”. Ambos protagonistas se ponen de acuerdo cuando hablan del tipo de espectador que consume teatro, lo definen como “inquieto”. Forcano va más allá, “cuando salgo al escenario y lo que comunico es entendido, me siento correspondida. Es lo hermoso de esta profesión, llegar a la gente y poder transmitir cosas a la gente”.

Y claro, cuando hablan de transmitir lo hacen refiriéndose a los valores, a unos valores comunes y de integración, de aspectos positivos que hacen del mundo un lugar mejor en el que vivir. Las sombras que oculta el mundo que descubre Alicia son banales y materiales a los ojos de su reina, una dama ofuscada en la mediocridad de sus actos y de sus desdenes, empedernida en su propia voluntad, en una conciencia que solo había escuchado una voz, la suya. La aparición de luz y color que aporta Alicia en el ‘país de las maravillas’ es una clara y directa alusión a la realidad en la que vivimos, en la que se hace de manifiesto la necesidad de la inocente y de la valentía a equivocarse.

La vida no es más que una representación fuera del escenario

“Creo que todo el mundo, al menos una vez en su vida, debería subirse a un escenario”. Así de contundente se mostró Cristóbal a la hora de hablar de los beneficios que puede aportar el teatro dentro de nuestra sociedad. La responsabilidad de tener que representar a una persona que no eres tú te hace consciente del sentimiento de valor; además, el día a día te enseña a trabajar en equipo y, por último, te da voz, te hace sentirte diferente al resto de las personas, te hace sentirte valorado.

Los conflictos democráticos que se han dado en nuestro país no son indiferentes a la reacción revolucionaria y crítica que se puede hacer desde el teatro y, enlazándolo con los valores que puede aportar a la sociedad “creo que la gente joven ahora mismo tiene ganas de decir muchas cosas y habiendo mucha gente que te impide decir cosas, creo que el teatro es un sitio muy bueno para poder mandar ese mensaje”, afirmaba Cristóbal.

De nuevo, se apagan las luces y aparecen las voces de Cristóbal y Forcano en el escenario, y sin temor a lo que piensen luchan por un sueño, por su sueño, en un mundo en el que cada día es más difícil ser un individuo diferente en lugar de que cataloguen como un 1 o un 0, manifiestan la importancia del arte y de la cultura y de todos aquellos que lo hacen posible. Entre la oscuridad del escenario se despiden nuestros protagonistas, se escuchan sus pasos cada vez más lejos y con ellos los de Alicia y el teatro negro. Fin.

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