Para comer un plato de lentejas, se recorren aproximadamente de 2.000 a 9.020 kilómetros, puesto que España importa un 80% de legumbres particularmente de México, Turquía o Canadá, a pesar de que paradójicamente también es uno de los que más produce. Por eso, cabe preguntarse si es beneficioso o perjudicial socio-ambientalmente hablando. Existen alimentos de «km 0» o alimentos de proximidad, cada día son más demandados por los consumidores, ya que cada vez les llega más información a la sociedad sobre los alimentos que hay en el mercado.

Pero ¿qué son realmente los alimentos de proximidad? Miles de productos recorren una gran cantidad de kilómetros para llegar a los hogares, emitiendo gases contaminantes para la atmósfera, y por lo tanto, afectando la salud del planeta. El consumo de alimentos de km 0 se refiere a los productos que se encuentran en un radio que no supere los 100 kilómetros de distancia de dónde vives.

Durante las exportaciones, de un país de origen a un país destino, los productos tienen que llegar al lugar en un estado de “frescura” y de “calidad”, por lo que muchos productores, en el caso de la fruta o de la hortaliza, se ven en la necesidad de tener que realizar una cosecha antes de que el fruto termine de madurar, es decir, se corta antes de tiempo, se frena el metabolismo de la fruta o verdura, para poder exportarlo y que llegue para su correcta comercialización. Este proceso, según ha indicado el profesor asociado de la Universidad de Chile e investigador en postcosecha y cadena de frío, Luis Luchsinger en una entrevista a Redagrícola, se hace a través de una cadena de frío, que es una “lucha contra reloj” para que los alimentos no lleguen en un estado de deterioro. Para esto, se intenta “ayudar” a que los productos tengan una vida más larga, ya que tras ser arrancados hay todo un proceso hasta su maduración y consumición.

Por su parte Nazaret Castro, periodista e investigadora de multinacionales en Ámerica Latina aclara que: “Si tu compras frutas y verduras que han sido producidas cerca normalmente son comercializadas en canales alternativos que posibilitan recuperar eso que perdimos con el sistema de la gran distribución moderna. Sistema de separación entre productor y consumidor  que es poder preguntar acerca de lo que comemos, pero no solo de eso, sino de si lleva agro tóxicos, si ha respetado el medioambiente…”

El mercado

Todo este debate, entre productor, distribuidor y consumidor, es algo que tiene que ver con la competencia de precios y de mercado. En 2018, las importaciones en España crecieron un 5,39%, las compras al exterior, suponen casi el 30% del PIB. Puesto 65 de 190 países. Las importaciones y exportaciones son parte del sistema financiero de un país, ayudan a su crecimiento económico y a que se reconozca el concepto de la globalización, que a su vez significa precios más bajos, más variedad de productos… además de que países más ricos se impongan frente países pobres.

En el transcurso de exportar e importar, también hay un proceso que no es muy conocido, se trata de las reimportaciones, y según el Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, “es el régimen que permite la reintroducción en el territorio aduanero, de mercancías comunitarias que, después de haber sido exportadas fuera de la Comunidad, regresan en el mismo estado, con exención de los derechos de importación”, en otras palabras, se trata del devuelvo de las partidas de productos importados a su lugar de procedencia.

Por otro lado, existe todo un embudo entorno a las grandes superficies sobre la forma que tienen de vender ciertos alimentos. Nazaret Castro afirma que: “En los grandes supermercados normalmente se privilegia ese modelo hegemónico capitalista que busca aquel lugar donde los costes son más bajos, donde las legislaciones ambientales son más laxas, y a veces, venden alimentos como ecológicos como “bio”, pero vienen de muy lejos y envueltos en plásticos”. También añade que para poder “acceder a otro tipo de producción se requiere otro tipo de comercialización”, es decir, para poder cambiar la forma que existe de compra y venta más concienciada con el medio ambiente, habría que revisar y vigilar los sistemas producción y distribución, ya que muchas veces, solo interesa la rentabilidad económica y no se mira por el impacto social, pero mucho menos por el ambiental.

La huella de carbono es un indicador ambiental que recoge la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que el ser humano emite al planeta. Gran parte de esta huella la dejan los combustibles de los medios de transporte que diariamente cruzan los océanos, o el cielo para que los productos lleguen a los supermercados. Nazaret Castro sentencia que: “el cambio climático está asociado a que todo lo que comemos recorre miles de kilómetros”.

¿Se miran las etiquetas?

Como consumidor, en escasas ocasiones se miran las etiquetas de procedencia de un alimento, esto puede ser por falta de tiempo, ya que a la hora de hacer la compra los clientes no suelen reparar mucho sobre la información de los alimentos, más bien miran los precios. Por ejemplo, Pilar Sánchez, afirma que: “algunas veces sí y otras no”, José Antonio Ortiz, en cambio dice que lee las etiquetas, “no lo hago directamente en el supermercado, pero sí cuando llego a casa”.

Etiqueta de un paquete de harina, fabricado en Lisboa. Silvia Trujillo.

Existen iniciativas que se están llevando a cabo, como por ejemplo, los huertos sociales de Cuenca, que consisten en proporcionar unas parcelas de tierra para que la gente pueda cultivar. Estas convocatorias están abiertas por el Ayuntamiento de Cuenca para otorgar a los ciudadanos, que bajo unos requisitos, reciban la adjudicación poder seguir el “rastro” de los alimentos que van a consumir una vez recolectados.

Además, según ha indicado Miguel Chillarón, técnico de medio ambiente en el Ayuntamiento de Cuenca, es un proyecto con carácter social, que trata de incrementar el interés por la vida rural. Según ha indicado el técnico es para “no perder la tradición de los huertos, para que la gente sepa cultivar, es una escuela de aprendizaje para los que son profanos o que vienen de otras actividades”. Chillarón asegura que: “los alimentos que vienen de fuera, económicamente son más baratos pero el coste energético para mantener el frío y su conservación”.

Campaña de recogida de uva en Castilla- La Mancha. Silvia Trujillo.

Todos los recursos y herramientas que se pongan a disposición de los ciudadanos por parte de las instituciones son necesarios para la concienciación con el entorno en el que se vive. Se debería potenciar la “España vaciada”, y ayudar a impulsar la agricultura ya que el campo es uno de los principales motores de crecimiento para un país.

Pero no solo en las áreas rurales, sino también en los centros urbanos se puede cambiar el modo de comercialización, en Madrid, ya existen proyectos de “supermercados cooperativas”, que siguen los modelos de Francia o EE.UU para comercializar de una forma diferente a como lo hacen las grandes superficies.

Es importante conocer y estar informados de lo que se come, puesto que es una actividad diaria y necesaria para las personas, el etiquetado en muchas ocasiones es engañoso, aunque cada vez se trate de profundizar más en la procedencia, por cuestiones ambientales, para luchar contra el cambio climático y poder vivir en un mundo mejor.

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Silvia Trujillo

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