Una vez Nelson Mandela escribió que “cuando el agua ha empezado a hervir, apagar el fuego ya no sirve de nada”. Es de un extracto de El largo camino hacia la libertad (1994). Hoy en día, los problemas corren como la pólvora. Las noticias hacen eco de todo cuanto acontece en el mundo. Este verano el Amazonas saltó a la actualidad mediática gracias a las redes sociales, la gente consideró que no se estaba haciendo ruido sobre la quema y tala indiscriminada de sus bosques. Entonces la comunidad internacional tuvo que tomar papeles en el asunto, obligada por la presión popular. No obstante, otros graves incendios, que al mismo tiempo también se daban, pasaron apenas sin levantar la voz: los fuegos de Siberia y los de África del Sur.

Los científicos están de acuerdo en aquello que parece cada vez más claro: el cambio climático está aquí. Ello implica que los ecosistemas de alguna forma están cambiando también. Más temperatura implica que los campos estén más secos.

Un grupo de investigación de la UCLM está trabajando en esta cuestión, cuentan con un blog con todo tipo de informaciones (artículos, entrevistas, proyectos). El proyecto se llama “Ecología de fuego y cambio global”. Se trata del Departamento de Ciencias Ambientales de la universidad. Más de diez personas implicadas en encontrar respuestas ecológicas al fuego y sus consecuencias, una investigación que también estudia el contexto socioeconómico que rodea los procesos que tienen lugar en un incendio, un análisis de sus efectos en el clima mediterráneo en pleno cambio climático.

Incendio forestal, fotografía libre de Pixabay
Integrantes del grupo

José Manuel Moreno es el investigador responsable del grupo. El trabajo de ellos abarca diferentes áreas temáticas: Regeneración de la vegetación (Iván Torres Galán y Beatriz Pérez Ramos), Ecología de la germinación (Belén Luna Trenado), Paisaje y LIDAR (Olga Viedma Sillero), Biogeoquímica y ecología del suelo (María Belén Hinojosa), Régimen de incendios (Gonzalo Zavala Espiñeira e Itziar Rodríguez Urbieta y Fisiología de plantas y ecosistemas (Antonio Parra de la Torre).

Con los incendios de este verano (el de Gran Canaria; los de Galicia o más cerca: el de Toledo, en Montesión) de nuevo la alarma social se ha disparado. No han faltado aquellos que ponen el foco en los que tachan de pirómanos. Para Beatriz Pérez, experta en regeneración de la vegetación, lo más importante radica en “hacer llegar a la gente las circunstancias de lo que es un incendio real, el cómo se produce, la inmensa mayoría de los incendios se producen por negligencias y malos usos”. Las respuestas dependen de la fisonomía que rodea al incendio. Cada lugar y cada fuego es completamente diferente. El incendio de Montesión ha permitido incluso después de la devastación el rebrote de algunas especies escondidas bajo tierra o de árboles que por las propiedades de su corteza están mejor adaptados; de hecho, este mismo otoño ya ha empezado a brotar el verde. Los robles por ejemplo son más inflamables que los pinos.

Las consecuencias, así como las causas, depende del contexto climático e incluso económico y social. Un sinfín de factores se tienen en cuenta a la hora de investigar un terreno calcinado. El incendio que también tuvo lugar en Toledo, el de Almorox, contaba con más pinos que encinas. Las plantas germinadoras (que crecen por semilla, como los pinos) no están tan adaptadas a los fuegos como aquellas plantas rebrotadoras (como las encinas que llevan poco tiempo en rebrotar). Por eso fue más grave el de Almorox. Además, que haya una urbe cerca posibilita más incluso que haya fuegos, en los lugares con más población es más frecuente encontrar malos usos que pueden llevar a un error fatal en los campos.

Incendio forestal, fotografía libre de Pixabay

María Belén Hinojosa, experta en biogeoquímica y ecología del fuego, está segura de que la sequía puede alterar el clima mediterráneo (que en principio es un clima preparado y acostumbrado a los fuegos): “los efectos de la sequía pueden perdurar incluso dos años después de que esta haya acabado”.

En un artículo reciente en el que ha participado Itziar Rodríguez se concluye que “la actividad de incendios y las tierras forestales quemadas disminuyeron durante las últimas tres décadas en España”, si bien es cierto, el artículo también llama a la prevención, el riesgo de incendios aumenta junto con las altas temperaturas traídas por el cambio climático. Han aparecido, aunque no son comunes, los “mega-incendios” (como el acontecido en Ática, Grecia, en julio de 2018, en el que murieron al menos 100 personas).

Proyectos en desarrollo

El grupo ha trabajo ya en numerosos proyectos. Lo más reseñables son el de FUME (2010-2013), el de FOCLIM (2016-2019) y el más actual, RIOCCADAPT (2017-2019). FOCLIM es un proyecto que actualmente está en marcha, se centra en “los incendios forestales en el centro-oeste de España: Factores que los controlan, impactos sobre el ecosistema y vulnerabilidad de las plantas bajo el cambio climático. Simulación de los efectos del cambio climático sobre un jaral‐brezal afectado por el fuego”. Un proyecto que además tiene el apoyo del Ministerio de Economía y Competitividad. Una investigación centrada en “los factores que controlan los incendios a dos escalas: regional (España peninsular) y local (centro-oeste de España)”.

Se estudia la vulnerabilidad de especies que dependen de los cambios en el régimen de incendios y del clima. Los objetivos son: el análisis de los incendios (temporalidad, estructura de tamaños, condiciones de ocurrencia), verificar la relación entre paisaje e incendios, señalar el impacto de los cambios en incendios y posincendios, y determinar la dependencia o vulnerabilidad de la vida de especies al estrés térmico o hídrico (los cambios de temperaturas fuertes).

Su trabajo ha servido para determinar el cambio evolutivo de los incendios: “Descubrimos que el paisaje era bastante dinámico y, en general, se volvió más peligroso con el tiempo. Los incendios pequeños aumentaron y se extendieron sobre el paisaje con el tiempo, con incendios medianos y grandes estables o decrecientes”. Es lo que señalan Olga Viedma, Itziar Rodríguez y José Manuel Moreno en un artículo publicado en diciembre del año pasado.

De lo que se deduce que ahora es más difícil predecir los incendios futuros: “Con el paso del tiempo, los incendios forestales perdieron los vínculos con las áreas iniciales propensas a incendios y, a medida que se extendieron, se asociaron más a áreas de menor elevación, con mayor radiación solar, cultivos herbáceos y granjas de gran tamaño”.

El artículo continúa así: “a pesar de eso, y el paisaje más peligroso que ha evolucionado con el tiempo, los incendios grandes tienden a disminuir, lo que respalda que los servicios de extinción de incendios sean bastante eficientes para disuadir incendios”. Cada vez hay más incendios pequeños, mientras que los grandes disminuyen.

El cambio climático es una realidad que ya no se puede negar, las temperaturas han crecido en un 1,1% desde la etapa preindustrial. Como dijo José Manuel Moreno en un reciente programa de El Objetivo: “No hay planeta B”, “el tiempo de hablar sobre el cambio climático acabó, ahora toca el tiempo del hacer”.

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Juan Jesus Rubio

Observador y batidor de noticias en Periodismo. Siempre en la vanguardia.

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