En 2015 la Organización de las Naciones Unidas aprobó la agenda 2030, destinada a mejorar la vida de la sociedad mundial a través de una serie de pautas, que permitan proteger el planeta y garantizar a todas las personas una prospera calidad de vida para el año 2030.  La agenda encierra un conjunto de 17 objetivos de Desarrollo Sostenible, entre ellos se encuentra el objetivo 12 que trata de afianzar la producción y consumo responsable.

Un grave problema que está muy presente, aunque parece que en ocasiones no se tiene en cuenta, es el despilfarro de alimentos que se producen cada año en todo el mundo. Según la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, cada año se desperdician 1.300 millones de toneladas de comida, un dato sorprendente ya que actualmente alrededor de 2.000 millones de personas están sufriendo hambre; y por tanto su estado físico es extenuante. 

Por su parte, España se sitúa en el séptimo país europeo que más alimentos acaban en la basura sin llegar a consumirse. De los 1.300 millones de toneladas que se desperdicia a nivel mundial 7,7 millones pertenecen a España, siendo 1,2 los alimentos que están en condiciones óptimas para ser ingeridos. Según el último informe llevado a cabo por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA),en 2018 los consumidores españoles tiraron 1.339 millones de Kilos/litros de comida y bebida, un 8,9 % más que en el año 2017. 1.127 millones de kilos eran alimentos que no se habían utilizado y los 212 millones de kilos restantes eran alimentos cocinados, pero que se encontraban en buen estado.  Este resultado revela que la tasa total de desperdicio sobre el total de alimentos comprados asciende un 4,6 %, una cifra  más elevada que en el año 2017.

El Ministerio alega que este despilfarro alimentario se produjo sobre todo durante la primavera-verano de 2018, cuando en poco tiempo creció a un 10,5% debido a que las altas temperaturas empezaban a ser notorias. En cuanto el tipo de alimentos que más se malgasta, son las frutas y verduras que representan un 46% de los productos sin utilizar y le siguen los productos lácteos con un 13%. El pan y el pescado presentan volúmenes  mucho más inferiores siendo un 5% y un 2,3% respectivamente. 

Por otro lado, los platos cocinados como legumbres, sopas, carnes y arroz son las recetas que tienen más posibilidades de acabar en el cubo de la basura, esto significa que ocho de cada diez hogares españoles reconocen tirar alimentos sin tener un control preestablecido. En cuanto a los usuarios que suelen tirar más alimentos a la basura, el Ministerio señala a las familias compuestas por matrimonios de 15 a 49 años que tienen hijos menores entre 6 a 15 años. En efecto, María Gema Muñoz Vélez, ama de casa de un hogar toledano de 40 años y con dos hijos de 10 y 15 años reconoce hacerlo con frecuencia: “A veces no pienso en para cuantas personas estoy cocinando y termino utilizando todo el producto, esto conlleva a que sobre una gran cantidad de comida que acabo tirando». Además, María Gema confiesa que cuando a un producto alimentario le falta una semana para que caduque lo termina tirando antes de que se cumpla su caducidad.

Alimentos agrícolas sobrantes de un puesto ambulante. Sara Paniego Muñoz

 

Decreto 19/2019 para evitar el desperdicio alimentario en Castilla-la Mancha

Ante este panorama en Castilla-La Mancha el Consejo de Gobierno paso a la acción y se ha convertido en la primera región del país, en admitir una ley contra el desperdicio de alimentos.El pasado 26 de marzo se aprobó el Decreto 19 / 2019,en el cual se sucintan medidas para impedir el derroche alimentario. La medida se publicó en el Diario Oficial de Castilla-La Mancha el 4 de abril de 2019 y paso a entran en vigor a los veinte días de su respectiva publicación.

La norma establece dos objetivos principales: evitar el aumento de los residuos que se puedan originar en la sucesión de la cadena alimentaria, ya que la generación de restos incrementa los gases de efecto invernadero y contribuir de forma responsable en la redistribución de alimentos a las familias que más lo necesiten en la región.  Su aplicación se sitúa en aquellos ámbitos donde se gestionan las mayores cantidades de desechos alimentarios; siendo los más destacados los consumidores en los hogares, las empresas encargadas de difundir alimentos y los establecimientos que se dedican a la restauración. 

Ante la duda Ignacio Hernando Serrano, portavoz del Gobierno de Castilla-la Mancha declaró: «No se trata de un decreto negativo, sino que promueve la adhesión voluntaria de todos los operadores de alimentos de Castilla-La Mancha. No establece ninguna obligacion, sino que busca promover una economía circular».

Red Alimenta

La implantación de instituciones que pongan freno a este contratiempo parece ser la mejor vía. El pasado mes de septiembre la Asociación Red Alimenta dio a conocer que, gracias a su actividad en el año 2018, se había evitado el desperdicio de cinco toneladas y media de comida en Toledo. Además, las previsiones van más allá y desde la agrupación se piensa que una vez que finalice el 2019 esa cifra se habrá superado con respecto al año anterior.

Red Alimenta nacio en 2017 bajo la tutela de Gloria Calvo, economista que trabaja para una empresa en la Comunidad de Toledo y María Martín, jurista de la Administración pública. Las jóvenes toledanas se iniciaron en este proyecto sin ánimo de lucro gracias a un viaje que hicieron a Portugal. En el conocieron la ONG ReFooduna iniciativa preocupada por el control de la distribución de los alimentos y reciclaje de productos que dejan de ser aptos para el consumo humano; y por tanto garantizan una utilización razonable y sostenible. 

 

Imagen corporativa de Red Alimenta.         redalimenta.org

La ONG que partió en un principio desde Lisboa y que ahora se extiende por varias ciudades portuguesas sirvió de inspiración para la creación de Red Alimenta. Su idea era trasladar los valores de ReFood a un proyecto de ámbito local en la ciudad de Toledo. Actualmente, son 63 los voluntarios que se encargan de desplazarse a por los alimentos sobrantes de comedores escolares, restaurantes, supermercados, mercadillos ambulantes y hospitales. María Martín describe el procedimiento: «Cada uno de los voluntarios estamos ubicados en diferentes zonas de recogida. Llevamos equipajes térmicos con varias botellas de cristal que son rellenadas con los alimentos». María explica que inmediatamente después cada uno de los grupos se desplaza a los hogares de las familias más necesitadas de la capital. Esta distribución es dispuesta por los servicios sociales del Ayuntamiento, ellos se encargar de decidir las familias beneficiarias. Aunque Gloria Calvo afirma: » Esta claro para quien van los productos, normalmente son desempleados, madres solteras con niños menores, familias con personas con discapacidad a su cargo y personas mayores con dificultades para valerse por sí mismas».

Es tan grande su implicación con la protección y respeto al medio ambiente, que para ellas es importante aplicar esos valores a su organización. El voluntariado se dispersa andando por puntos cercanos a los que suele acudir, haciendo su rutina diaria para recoger los alimentos, de esta forma evitan el transporte y la contaminación que conlleva su uso. También realizan reuniones con los hosteleros  y comedores, Gloria destaca la voluntad de colaborar, que ha habido desde el principio  por parte de todos aquellos a los que presentaban su idea : “El proyecto ha tenido una gran acogida y apoyo desde su nacimiento. Nos dimos cuenta de que los restaurantes y comedores no querían malgastar el producto, pero nadie les presentaba ninguna alternativa y no sabían como aprovechar lo que sobraba”. El dinero aportado por los socios y donaciones es destinado a la compra de envases, carros y bolsas térmicas que faciliten el transporte de la comida.

El objetivo final de Red Alimenta es acabar con el desperdicie de alimentos que puedan servir para atajar las desigualdades sociales y que se divulgue el siguiente mensaje: «Todos podemos colaborar en este entramado, para construir un entorno más equitativo y socialmente responsable con el medio ambiente».

De cara al futuro, aunque en un principio la red fue creada para funcionar solo en Toledo, Gloria y María sueñan con poder extender la iniciativa a Cuenca, Albacete, Guadalajara y Ciudad Real. Para que ocurra eso las coordinadoras de Red Alimenta, asumen que tendrían que contar con más recursos como más fondos económicos por parte de los socios, donaciones económicas de personas meramente voluntarias, una instalación en cada ciudad y una red de cooperantes mucho más extensa que estén dispuestos a desplazarse por las distintas provincias de Castilla-la Mancha.

VII edición de AECOC contra el desperdicio alimentario
App de Too Good To go disponible para Android en Play Store. Sara Paniego Muñoz

Cada vez son más frecuentes los eventos que tratan de abrir vías para poner punto final a esta problematica. El pasado 26 de septiembre tuvo lugar el VII punto de encuentro de AECOC, la Asociación Española de Codificación Comercial. La reunión celebrada en la Fundación Pablo VI de Madrid acogió a 300 profesionales de empresas, administraciones y ONG; para tratar el tema del desperdicio alimentario.

El foco se centró en casos de éxito como Too Good To Go, que ha desarrollado una App móvil en la que restaurantes y supermercados venden comida a domicilio, una comida que de cualquier forma se hubieran desecho de ella. También fueron presentados los proyectos de Campos Estela, una red de comedores escolares preocupados por la supervisión de las cantidades alimentarias que se cocinan y la alimentación saludable y Food for Soul, un programa fundado por el chef Massimo Bottura que consiste en la creación de comedores sociales, en los que los alimentos desechados de mercados, supermercados y los de su propio restaurante, se rescatan para realizar platos de alta cocina para los que más lo necesiten.

A lo largo de la jornada se pusieron sobre la mesa algunos datos destacables sacados de un estudio realizado por AECOC. En el informe el 91% de los encuestados dice no darse cuenta de lo que supone la tirada de los alimentos, mientras que un 7% asegura hacerlo de forma frecuente. Ese 7% corresponde a gente joven menor de 30 años o familias numerosas. Sin embargo, a pesar de que las cifras son preocupantes el estudio también revela un dato positivo, y es que 2/3 de los encuestados desechan mucha menos comida que antes.

Al final de la ponencia, Nuria de Pedraza Barbero, Directora de Comunicación de Relaciones Institucionales en AECOC, recalco que “estamos en un momento donde cada vez hay más concienciación respecto al desperdicio y debemos aprovecharlo”. Además, señalo que hay que ser más sostenible y cumplir de esta formar con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, concretamente el objetivo 12 de Producción y Consumos Responsables.

Causas y consecuencias

María Belén Acosta, técnica en jardinería y recursos naturales y paisajístico, centra las causas del desperdicio alimentario en problemas como las plagas de bichos en las cosechas o el mal uso de fertilizantes. Además, María Belén asegura que “en muchas ocasiones los precios de los productos no se corresponden a los demandados por el consumidor”. Esto ocasiona que muchos de ellos no se vendan y se echen a perder.

Con respecto a las empresas la técnica expresa: “Muchos alimentos son descartados antes de ser caducados a pesar de que aún puedan consumirse. Esto sucede porque no cumplen patrones estéticos como la forma, el color o tamaño”. Pero de lo que está segura, es que la causa primordial es la desmesurada cantidad de comida que se cocina. “Tanto los negocios de restauración como en los hogares, se preparan excesos de comidas y que muchas veces al no comerse se terminan tirando”, sostiene Acosta.

Para María Belén las consecuencias se centran en tres ámbitos; en el medio ambiente, económicas y a nivel social. Uno de los primeros efectos negativos de la perdida de alimentos es la cantidad de agua desechada durante su producción, así lo confirma la experta: “3.300 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, se introducen en la atmósfera durante el proceso y a esto hay que sumarle los gases producidos por el vertido de estos”.

Alimentos vertidos en el medio ambiente. Creative Commons

Por otro lado, subraya que estos despilfarros suponen que 75 millones de dólares se pierden cada año. Acosta índica que solo el malgasto de los alimentos que se sirven en un hospital, da una pérdida de 10.000 euros anuales teniendo en cuenta que la media de los desperdicios esta alrededor de los 2 euros/kilo. En el ámbito social las consecuencias son muy nocivas, sobre todo para el tercer mundo y la especialista recuerda: “En España más de dos millones de personas recurre a comedores sociales y muchos de ellos son menores que carecen de alimentos para su crecimiento”.

Soluciones

La UE está trabajando desde hace unos años en el proyecto FUSIONS (Food use for Social Innovation by Optimissing Waste Prevention Strategies), con el fin de reducir el desperdicio alimentario a través de estrategias de prevención e innovación social. Estas son algunas de las iniciativas que se proponen:

  • La creación de aplicaciones móviles, una alternativa que ya está empezando a funcionar como la App diseñada bajo el nombre de   Too Good To Go o la aplicación Nummums destinada a reducir los desechos y encargada de redistribuir los alimentos. La aplicación puede hacer una lista alimentaria de compra sostenible y busca los puntos más cercanos para dar aquellos alimentos que no se quieran consumir y que puedan ser repartidos entre los que más los necesiten.
  • Aprovechar los excedentes de comida es otra de las iniciativas, los alimentos que han sido retirados del mercado pero que están en condiciones óptimas para ser consumidos, pueden ser aprovechados. Un caso particular es el de la empresa Rubies in the ruble, que comercializa con mermeladas de frutas y verduras provenientes de excedentes. Otra de las alternativas, internacionales es la entrega de excedentes a organizaciones benéficas a través del registro de la plataforma Foodshare.

Dentro del proyecto de FUSIONS, también hay iniciativas creadas en España:

  •  Espigoladors, se trata de una empresa social que recoge frutas y verduras que se hayan descartado porque no se vendan, por cuestiones estéticas o porque la fruta este madura y este estado no sea del agrado del consumidor. Esta recolecta va destinada a la elaboración de nuevos productos como cremas, mermeladas o salsas y otra parte a entidades que trabajan en la gestión de la alimentación. Se tratan de personas que tratan con gente en riesgo de exclusión social y que quieren fomentar la creación de oportunidades.
  •  Comida Basura, es una plataforma ciudadana contra el despilfarro de alimentos, que opera en Madrid. Reúne a todas esas personas que se interesan por el movimiento freegan, es decir, que solo quieran alimentarse de aquella comida que tira la sociedad de consumo. Realizan talleres para aprender a cocinar con sobras, localizan zonas verdes de recogida y se establecen grupos de barrio para ir a recolectar los alimentos.

Al despilfarro alimentario contribuyen productores, consumidores y supermercados, pero todos pueden hacer algo para minimizarlo. María Belén Acosta sí considera que hay buenos proyectos en marcha, pero lamenta que “si no se aprovechan será difícil que para el año 2030 se consiga llegar a la meta establecida, de reducir a la mitad el desperdicio alimentario”.

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