En un mundo sobredigitalizado, el falseamiento de la información se encuentra a la orden del día. Desde ciertos sectores del periodismo y mediante una serie de prácticas, se está trabajando para acabar con esa desinformación.

La sociedad actual vive en un momento de constante cambio político. Los tiempos se han modificado con la llegada de la era digital. La aparición de Internet ha transformado el modo de vida de los ciudadanos, que ahora buscan nuevas formas de satisfacer sus necesidades como consumidores. Las redes sociales se han convertido en un medio indispensable para la trasmisión de la información, pero, ¿realmente es eficaz este modelo de propagación de la información, o, tal vez crea un mundo ciego atrapado en la desinformación y en el engaño?

Lo que parece una realidad en la que todos los individuos tienen acceso a la información se ha convertido en una era de consumo rápido de la misma, que provoca la asimilación de las noticias falsas. Así es como se crean los bulos, esos mensajes llamativos que parecen verosímiles a primera vista. Debido a la inmediatez de las redes, los bulos se propagan rápidamente. El objetivo de estas noticias es generar odio o falsas creencias sobre un asunto con el fin de socavar dicho objetivo. Partidos políticos como Vox a menudo publican este tipo de noticias para alterar la opinión pública.

En enero de 2020, Vox viralizó en Twitter un vídeo en el que una mujer le ordenaba a una niña tocar a un hombre desnudo. En el tweet, proclamaban la necesidad del Pin Parental para evitar que los niños se enfrentasen a esas situaciones en el área docente. El tweet se viralizó rápidamente generando escándalo. Finalmente, se demostró que el vídeo que publicaron se trataba de una performance de 2017 en el Museo de Arte Moderno de Sào Paulo. En consecuencia, Facebook ha censurado gran cantidad de sus publicaciones por contener información falsa. El 8 de enero de este mismo año, la red social vetó un vídeo difundido por el líder del partido político que aludía al grupo socialista aplaudiendo a EH Bildu. También Twitter ha acabado suspendiendo la cuenta oficial de dicho partido político por la incitación al odio. Según la directora del diario Público, Ana Pardo de Vera: “la información es necesaria para la democracia”, pero, si se falsea la información, ¿se está falseando la democracia?

Otro caso significativo del falseamiento de datos es el de Eduardo Inda, periodista y tertuliano español. En su medio digital OkDiario ha difundido mentiras y bulos con el fin de impugnar a políticos o activistas. En febrero de 2017, el diario Economía Digital destapó el montaje que había creado el propio Inda donde hacía creer que desmentía un bulo. Se ha demostrado que la fuente que utilizó era una cuenta fake de Twitter creada para acusar de estafa a FACUA (Federación de Consumidores y Usuarios en Acción de Andalucía) y su portavoz. La fuente fake se clausuró un tiempo después, cuando FACUA impuso una demanda contra Eduardo Inda. Afortunadamente, existen medios y plataformas que se encargan de desmentir y sacar a la luz los trapos sucios.

Además, los bulos no solo engloban discriminaciones raciales, también de género. Los argumentos de las noticias falsas a menudo se utilizan para perpetrar discursos machistas. Para evitarlos, la información se debe construir con perspectiva de género. Este mecanismo se centra en la elaboración de información poniendo en igualdad de condiciones a la población femenina y masculina. Es una metodología que se debería aplicar en todos los campos a la hora de elaborar noticias, ya que el buen periodismo debe dejar de lado las diferencias de género y abogar por un derecho que ha estado privado durante muchos años para las mujeres.

Vivimos en un mundo en el que predomina la comodidad y, por ello, las personas creen lo primero que les entra por los ojos sin detenerse a contrastar ningún dato. Esta nueva era de la información necesita luchar contra la propagación de las fake news. Para ello, los medios deben ofrecer información veraz y contrastada. En palabras de Ana Pardo de Vera: “Periodismo no es cualquier cosa. Periodismo no es subir un vídeo a las redes. Hay que tener una fuente, un contexto, contrastar y verificar.” Ahora bien, ¿por qué el proceso de verificación es tan complejo?

El principal problema reside en encontrar canales fiables y veraces. Por ello, existen medios de comunicación, como Maldita.es, que se encargan de hacer “periodismo para que no nos la cuelen” con el fin de desmentir noticias falsas. Los redactores de este medio investigan y llevan a cabo un proceso de verificación donde contrastan las noticias de acuerdo con otros medios, hablan con profesionales sobre el asunto, dialogan con testigos, etc. Su medio está especializado en distintos ámbitos, como la migración, ciencia, tecnología o datos.

Además, Maldita.es ha creado una red de colaboradores donde los “malditos y malditas” envían bulos para desmentir. Lo hacen a través de un número de teléfono que han habilitado para que cualquier persona, desde su hogar, pueda enviar imágenes o textos que puedan parecer sospechosos de ser un bulo. Tras ello, el equipo de Maldita.es investiga sobre dicha información recaudando datos y verificando las fuentes. Finalmente, publican un artículo en el que confirman o desmienten dicho bulo. Gracias a medios como este se está abogando por un periodismo mucho más leal y veraz.

El papel de la información es crucial en la vida de los ciudadanos, ya que un individuo mal informado se convierte en un individuo manipulado. Los periodistas son el canal principal de transmisión de la información entre poderes y ciudadanía, y por eso, hacer buen periodismo es una necesidad fundamental para el funcionamiento de la democracia.

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Alicia Alarcon Sanchez

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