Hoy día es lo más normal del mundo estar conectados a la red. Nos permite desconectar del mundo que nos rodea, de los problemas, de la gente…  durante un tiempo en el que las preocupaciones dejan de serlo, volviéndose temporalmente inexistentes. Pero no desaparecen. No se van. El hecho de vivir en un mundo virtual no significa que dejemos de seguir viviendo en este, el del día a día, el que nos afecta, el que siempre trae algo nuevo, el que sorprende, el que llena de preocupaciones y obliga a hacer algo, principalmente a trabajar, para poder seguir viviendo bien en él. Vivir bien… ¿Qué consideramos como “vivir bien”?

Hemos normalizado la costumbre de salir antes a la calle con el móvil en el bolsillo que con los zapatos puestos. La costumbre de ocupar los ratos muertos mirando una pantalla. El escuchar música en lugar de tener una conversación. El mirar las redes sociales en lugar de leer el periódico. El de atontarnos en lugar de completarnos. Somos esclavos de un aparato que lo único que hace es que desaprovechemos el tiempo, que perdamos la vida y su esencia. Que nos amarguemos cuando no debemos. Que nos preocupemos de más. Que no disfrutemos. ¿Por qué la gente no para de documentar su vida? ¿Por qué si vas a la playa tienes que subir una foto? ¿Acaso si no lo ve la gente quiere decir que no has estado? ¿Qué haces tú cuando te vas de fiesta? ¿Estás de fiesta o estás retransmitiéndola? El profesor Jocelyn Lachance nos contaba algo similar en la charla, en la que nos habló durante su ponencia sobre que estaba llevando a cabo una serie de encuestas para valorar el qué es lo que nos hace desconectar del mundo conectado.

La ignorancia es un gran lastre para la sociedad. Véase el caso del “coronavirus”. El boom mediático que se le ha dado a través de los medios y que nosotros, con nuestro desconocimiento y alarmismo, difundimos sin ton ni son por puro entretenimiento, porque casi nadie se para siquiera a leer la noticia, si quizás es fake, sino que nos orientamos y basamos en un titular sensacionalista que llama la atención y nos atrae. Pero el caso es tener algo con lo que mantenernos ocupados. Tener nuestra mente en otro lugar. Así los políticos tienen vía libre para hacer chanchullos por otro lado y que nadie se dé cuenta. Mientras hablamos de una cosa no lo hacemos sobre otra. ¿Vamos a morir por coronavirus? No soy doctor para dar lecciones, pero sé que hay en todo el mundo 2.649.680 casos confirmados por coronavirus, con 184.643 fallecidos, pero con 721.349 recuperados, como bien indican los últimos datos registrados a día 23 de abril en los medios de comunicación. También sé que las personas inmunológicamente fuertes no van a morir de eso. Es una gripe más pendiente de estudio. «Persona fallece por coronavirus´´. Pincha el link. «Muere la primera persona en Madrid por Coronavirus. Una mujer de 99 años´´, como publicó telemadrid.es el 5 de marzo. Con todo el respeto a esas personas que hayan fallecido teniendo coronavirus, no pretendo reírme de ellas. Váyanse a tomarle el pelo a otro e infórmenme bien. No quiero conspiraciones (´´teorías conspiranoicas´´ de que Estados Unidos quería adelantar a China como la mayor potencia económica, como nos cuenta lavanguardia.com en un artículo). Quiero verdades. El machismo no es un virus (o tal vez sí) y mata más que el coronavirus (18 muertes este año, 1.051 desde que empezaron a contabilizarse en 2003). La pobreza también mata más que el coronavirus (1.300 millones de personas sufren pobreza, siendo385 millones niños). El tabaco (+50.000 al año). Lo que pasa que es novedad.

Relájate. Suelta el móvil. Hay vida si levantas los ojos. Disfruta de una buena reunión con tus amigos de toda la vida. Habla de cómo te va en la carrera, en el amor. Recuerda las gamberradas cometidas juntos. Esos viajes a la playa. Aquel viaje a la nieve. Ten una bonita cita con tu chica. Mírala a los ojos y date cuenta de que no tienes nada mejor que eso. Que en esa pantalla no hay nada que sea más importante que la tarea de hacerla feliz. Disfruta el primer trago de la cerveza. El olor del café por la mañana. Un abrazo de tu abuelo. Un cocido de tu abuela. El beso de tu madre. Todo esto no te lo da el móvil, pero algunos no se dan cuenta. Algunos ni llegan a disfrutarlo.

Todos hemos caído en las garras de esa fiera llamada “móvil”. Todos somos esclavos. Pero ahora hay quien decide plantarle cara y quien no quiere plantársela porque cree que es feliz en ese mundo. Es imposible ser feliz ahí. Un lugar del que no puedes escapar ni aunque quieras no es un lugar adecuado. Es una relación tóxica difícil de entender. Las tonterías que puede llevarte a cometer también el móvil… ¿Un ejemplo? Estás de fiesta borracho y te da un bajón con el que acabes llamando a tu ex. ¿Culpa del móvil o del alcohol?

Está claro que el móvil puede ser un arma muy útil en nuestra vida. Yo eso no lo discuto. Cuando estás mal y necesitas hablar con un amigo de confianza. Cuando estás lejos y echas de menos a tu familia. Pero creo que se ha perdido la referencia respecto a los móviles. Se ha pasado de tenerlo como un aparato con el que realizas llamadas telefónicas a algo que miras cuando estás haciendo de vientre. ¿En qué momento ha ocurrido eso? Será que no es interesante descubrir qué compone un ambientador.

Eso sí, hay muchísimos avances que ha permitido, solucionando y haciendo la vida más fácil. Abarca las funciones de una cámara, de una grabadora, de un bloc de notas, de una calculadora, de reproductor de música, de periódico, de alarma, de televisión, de mapa, de tarjeta de crédito, de agenda, de calendario… y muchísimas cosas más. ¿Sabías todas estas que te he enumerado? Enhorabuena, entonces es que has pasado muchas más horas de las que deberías con tu móvil.

Pronto va a estar catalogado como un hueso más de nuestra mano, como si fuera una prolongación de ésta.

Tampoco hace falta que vayas a terapia si consideras que estás enganchado. Una cosa es dar trabajo a los psicólogos y otra bien distinta es hacer que se bañen en billetes, porque como tengamos que ir todos los que vamos a cualquier parte con el teléfono estarían apañados también. No darían a basto.

Puede que estés enganchado y no lo sepas. ¿Qué es lo primero que compruebas al salir de casa: si llevas el móvil o si has cogido las llaves? ¿Qué es lo primero que haces cuando vas a salir de fiesta: comprobar cuánta batería te queda (a ti o al móvil) o la ropa que te vas a poner?

Analiza lo que haces. Estúdiate. ¿Estás enganchado? ¿Necesitas ayuda? Te lo dice alguien que está escribiendo esto mientras mira el móvil de vez en cuando, como si fueran a darle la noticia de su vida actualizando Instagram o leyendo Twitter, que tiene los cascos conectados a la música de Spotify y que en cuanto termine esta frase se va a poner a ver una serie en la pantalla de su móvil.

En una de esas encuestas de Lachance (una de las hechas a personas que habían recorrido el Camino de Santiago) encontró ejemplos de todo tipo, desde personas que llevaban el móvil por si le pasaba algo poder avisar a sus familiares, hasta otras que mostraban cuadros de agresividad, así como aquellos que mostraban temor ante la idea de ir sin móvil. Yo te diré: viaja contigo mismo. Deja el móvil de lado. Hay vida más allá de la pantalla. Descúbrela.

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Juan Ignacio Cantero

Graduado en Periodismo por la Universidad de Castilla- La Mancha con Máster oficial en Profesor de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de idiomas también en la Universidad de Castilla-La Mancha. En la actualidad es doctorando en la Universidad de Castilla- La Mancha e investiga sobre periodismo deportivo, nuevas tecnologías y periodismo inmersivo/ realidad virtual.
Juan Ignacio Cantero

Juan Ignacio Cantero

Graduado en Periodismo por la Universidad de Castilla- La Mancha con Máster oficial en Profesor de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de idiomas también en la Universidad de Castilla-La Mancha. En la actualidad es doctorando en la Universidad de Castilla- La Mancha e investiga sobre periodismo deportivo, nuevas tecnologías y periodismo inmersivo/ realidad virtual.

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