Si estuviésemos enfermos, no dejaríamos nuestra salud en manos de alguien que tenga un libro sobre medicina. Si quisiéramos construir una casa, no se lo pediríamos a alguien que tenga un martillo. ¿Por qué cuando queremos informarnos no recurrimos a periodistas profesionales? Este en un problema real que sufren, por un lado, los periodistas ya que les afecta a ellos, a su trabajo y a la credibilidad de su profesión, y, por otro lado, también lo sufre la sociedad ya que todo esto favorece a la desinformación de la población.

Son varios los problemas a los que se enfrenta la profesión de periodista, uno de ellos es el intrusismo laboral. Se debe, principalmente, a que para ejercer esta profesión no se exige una titulación a pesar de que existe en este país desde 1941. Según Elsa González, presidenta de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), «la profesión periodística debería estar situada en el mismo nivel que la sanidad o la educación, ya que son imprescindibles en una democracia. Es la base de las libertades». Hay dos momentos clave que marcan la situación actual del periodismo; el pasado y el futuro.

En España, como ya se ha mencionado anteriormente, los estudios de periodismo como tales no existían en España antes de 1941, por lo que se trata de una educación Superior relativamente joven. Pasó tiempo hasta que estos estudios se implantaron y se cimentaron en la sociedad y el periodismo se empezó a considerar un oficio, durante ese tiempo alguien tenía que ejercer la profesión, por lo que han pasado años en los que o no había titulados o eran escasos. Muchos de estos puestos estaban ocupados por humanistas, filósofos, escritores, etc. Partiendo de esta base, aunque por razones justificadas, desde el primer momento se ha pasado por alto la necesidad de exigir una formación a las personas encargadas de informar. Esto ha llevado a que muchos de los que trabajan en el gremio simplemente son personalidades contratadas por tener cierto reconocimiento mediático; concursantes de realitys shows como entrevistadores, ex deportistas como comentaristas, etc. Además, a esto se le suma la falta de ‘tradición periodística’ de este país. Mientras que, en otros países, como Estados Unidos o Gran Bretaña, el periodismo vivía su ‘edad de oro’, España lidiaba con una rígida dictadura implacable con la libertad de expresión. Toda la información que se publicaba estaba muy controlada y condicionada en beneficio del régimen. Esto, sin duda, ha hecho mella en la consideración actual que tenemos de la profesión.

En cuanto al futuro del periodismo, ya está aquí y lo han traído las nuevas tecnologías. Con la cantidad de mejoras y avances tecnológicos que hay en la actualidad, es lógico que haya habido una repercusión en esta profesión. Las redes sociales ocupan una gran cantidad de tiempo en la vida de las personas de hoy en día, que viven enganchadas a dispositivos tecnológicos, por lo que recurren a ellas para casi cualquier cosa. Instantáneamente podemos tener audios, imágenes o videos de algo que está pasando en la otra punta del mundo y en cuestión de segundos podemos verlo publicado en cualquier red social. Esto ha provocado que cualquiera con un móvil o una cámara se crea periodista solo por grabar unas imágenes. Este es el fenómeno llamado ‘periodismo ciudadano’. Ana Pardo de Vera, en las Jornadas de Comunicar en el abismo, celebradas en la UCLM argumentó: “No es lo mismo grabar un video de un accidente que hacer una noticia con ese video sobre el accidente. Hacer periodismo no es lanzar un video en las redes sociales, hay que poner un contexto; las circunstancias de la carretera, el motivo del accidente, las causas por las que se produjo…”. Como analiza Pardo, el ya mencionado ‘periodismo ciudadano’ puede sernos útil para los periodistas, los cuales no son omnipresentes, no pueden llegar a todos lados, con lo que algunas imágenes, testimonios o declaraciones recogidas por usuarios anónimos con sus teléfonos móviles, pueden ser de ayuda para el periodista que elabora la noticia. El problema está cuando esa información recogida por la gente de a pie, se convierte en la única base de la noticia. Es un error informarse por las redes sociales a través de cuentas o perfiles que no son de periodistas o medios de comunicación serios. Eso no es periodismo y a lo único que conduce es a la desinformación.

Sumando los factores del pasado y del futuro del periodismo, la conclusión que se obtiene es que los cimientos del periodismo están construidos en terreno arenoso, es decir, no hay una ‘tradición periodística’ que nos haga valorar el oficio y exigir profesionalidad a la hora de contratar gente, produciendo que la sociedad menosprecie este trabajo, su función y la labor que realizan los profesionales, lo que deriva en que cualquiera se crea capacitado para desempeñar las funciones de un periodista. A parte de ser una lacra que afecta al periodismo, es un defecto que aflige a la sociedad. El periodismo construye la libertad de personas y de sociedades, y al servir como canal de expresión de la sociedad, propulsa cambios en la historia. Si no cambiamos nosotros esta situación, ¿quién lo hará?

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Ester Gonzalez Garcia

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