El abismo da miedo, como explica el profesor de la Universidad de Pau, Francis Jauréguiberry. Al individuo le aterra lo desconocido, pero a su vez le atrae. En esa fina línea que separa el miedo de la atracción se encuentra la comunicación. Según la información que se transmita, la sociedad gestionará la incertidumbre que define la actualidad mediática de una forma u otra.

El canal por el que surge la solución a la decisión final del individuo es el periodismo. Aunque la inmediatez condiciona de manera negativa al oficio. El mundo se ha convertido en una maratón, todos corren sin ver la meta y todo se debe a un contagio social. Los individuos son seres racionales, pero solo a medias, y, cuando ven correr al resto de personas que forman su comunidad, ellos también corren. Esta rapidez se traduce, según Jauréguiberry, en presión, estrés y situaciones de urgencia.

El contagio de la prisa acaba por llegar a la vida privada de todo ser humano. El miedo a perder el tiempo aterra a todo individuo, pero, a su vez, se mantiene quieto, a la espera de que aparezca en su vida algo intenso o interesante, que dé sentido a su cotidianeidad. El intento de rentabilizar el tiempo de ocio se ha intensificado con la llegada de las nuevas tecnologías. La hiperconectividad une a las sociedades, pero aísla al individuo. Las relaciones personales tienden a aumentar mediante las redes. La hiperconexión se ha convertido en una nueva adicción de la que nadie está exento.

Las nuevas tecnologías han afectado también a la manera de comunicar. Ya no solo se ha acelerado la vida de las sociedades masificadas, sino también el consumo y la creación de la información. Por supuesto, hay que entender que no solo aumentan las relaciones personales sino también la cantidad de información.

Esta hiperconectividad ha traído consigo nuevos términos, como la infoxicación, acuñado por Alfons Cornella en 1996: “es el exceso de información. Es, pues, lo mismo que el information overload. Es estar siempre «on», recibir centenares de informaciones cada día, a las que no puedes dedicar tiempo. Es no poder profundizar en nada, y saltar de una cosa a la otra. Es el «working interruptus». Es el resultado de un mundo en donde se prima la exhaustividad («todo sobre») frente a la relevancia («lo más importante»)”.

Jauréguiberry entiende que el exceso de información la convierte en ruido. Y, de esta forma, acaba siendo insignificante, simplemente no es nada. ¿Qué papel juegan entonces los profesionales de la información? ¿Acaso su objeto de trabajo se ha convertido en esa ‘nada’? La mezcla de contenidos de calidad con las fake news también ha afectado a la memoria colectiva que es a corto plazo. No hay una retención de información veraz, ya que hay una acumulación de información.

La dificultad de entender ciertas informaciones hace que la audiencia las omita. Cada vez son menos las personas que leen una noticia entera, y, a su vez, son más los que se quedan con la lectura del simple titular. Esta falta de profundización en los contenidos periodísticos producen que la masa pierda su deseo de reflexión y su capacidad de crítica, como explica el profesor Jauréguiberry.

En el caso de las noticias de ámbito político, la inmediatez ha hecho mucho daño. La velocidad que se exige a los periodistas provoca el riesgo de caer en la precipitación y, por lo tanto, en la equivocación. El análisis del propio profesional queda descartado, el trato de la información es superficial y se transmite a la sociedad de manera directa. Este hecho produce que los ciudadanos omitan ese tipo de informaciones por la dificultad del contenido. Así, un ciudadano mal informado se convierte en un ciudadano manipulado, como explica Ana Pardo, Directora Corporativa y de Relaciones Institucionales del periódico digital ‘Público.es’.

El auge de los populismos es un gran condicionante. La palabra sencilla hace que los individuos entiendan y asimilen ese mensaje. Entonces, ¿la solución está en rebajar la dificultad de los discursos también en el ámbito periodístico? Ana Pardo cree que no. La periodista entiende que sin periodismo no sería posible una democracia. Pero sabe que el
oficio más bonito del mundo, según García Márquez, se encuentra en un momento de grave crisis. Aun así, dice que se precisa una mayor conciencia ciudadana construida desde la base. Por ello, piensa que es necesaria una educación y una cultura que enseñen a la sociedad cuáles son sus derechos respecto a la información y a la prensa. Piensa que
la solución es que comience a endurecerse la legislación. En primer lugar, hay que reivindicar los derechos de los periodistas y a su vez, los de la propia sociedad.

El periodismo deber seguir ejerciendo como un canal entre el poder y el ciudadano. Y tiene que seguir siendo la herramienta de la denuncia social. Para ello, tiene que acabar el poder político y económico que se ejerce sobre los medios de comunicación, con el fin de crear una información libre, sin presiones de los grandes magnates económicos o políticos. Y para ello, la ciudadanía tiene que entender que crear información no es gratis
y que el futuro del periodismo es uno de suscripción. En cuanto a la forma de entender las noticias de ámbito político, es necesaria una mayor educación ciudadana. Y, sobre todo, es necesaria una reforma educativa que refuerce la alfabetización mediática, así como lo correspondiente a las fake news y las nuevas tecnologías.

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Elena Satue

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