El UFIL Cuenca trabaja en la bioeconomía forestal para solucionar los problemas medioambientales que están por venir. Pese a las dificultades suscitadas por la covid-19, los participantes continúan innovando. Se espera que el proyecto suponga un antes y un después para la ciudad, situándola en el mapa, creando empresas y ofertando nuevos empleos.

Son las 9.51. Se abre la puerta del Instituto de Tecnología, en el campus universitario de Cuenca. Lo primero que se observa es un panel informativo, donde se indica el uso obligatorio de mascarilla y gel hidroalcohólico en las instalaciones. Hay pasillos a ambos lados. Los de la derecha llevan a las áreas donde investigan alumnos de la Politécnica y de Comunicación Audiovisual. Si se va a la izquierda se avanza hasta las instalaciones del Urban Forest Innovation Lab (UFIL).

El UFIL Cuenca es un proyecto financiado por la Unión Europea, en el que los participantes -35 en esta promoción- testean soluciones a los problemas medioambientales que se identifican claves en los próximos años. Trabajan en la bioeconomía forestal, aprovechando recursos de origen biológico con usos que hasta ahora no se habían planteado. Cada uno se centra en una investigación individual, al igual que en otra general, junto a otros compañeros.

Se sigue la idea que muchos países europeos están siguiendo: si se piensa en una infraestructura verde –ecológica-, la mayor que tiene Europa son los bosques, y de ellos se pueden aprovechar muchos materiales de forma sostenible. Eso, unido a la tradición con la madera en la zona, es lo que ha llevado a crear el proyecto de innovación. Por si fuese poco, Cuenca es el municipio de España con mayor superficie de bosque. Son algo más de 53.000 hectáreas, según el gobierno de la comunidad autónoma.

Para poder llevarlo a cabo, UFIL cuenta desde sus orígenes con siete socios, que permiten su mantenimiento y la formación de los investigadores. Estos son: la Universidad de Castilla-La Mancha, la Universidad Politécnica de Madrid, la Confederación de Empresarios de Cuenca, el Instituto Europeo de Diseño, el Consejo Internacional de Administración Forestal, el Ayuntamiento de Cuenca y la Junta de Castilla-La Mancha. A estas se van uniendo otras entidades, como la financiera Globalcaja, que forma a los participantes en tendencias empresariales para llevar a cabo sus proyectos.

Una de las zonas de descanso de UFIL Cuenca, adaptada a las nuevas medidas de seguridad | Foto: G. Bachiller

Una de las personas que apostó por ponerlo en marcha fue César Sánchez, concejal de Promoción Empresarial y Empleo, Innovación y Nuevas Tecnologías de Cuenca. Él confirma que la idea es recuperar el sector estratégico de la madera como recurso local y cercano para, entre otras cosas, “generar tejido empresarial”. Va más allá: “Creo que lo más importante es lograr que Cuenca se convierta en el epicentro del estudio, transferencia, innovación y generación de riquezas y de empresas en el aprovechamiento de un sector que la UE está identificando como claves”.

Para facilitar la generación de ideas innovadoras, los organizadores decidieron crear “una especie de ‘Gran Hermano’ de la bioeconomía forestal”, afirma Sánchez. Y esa es la sensación que se percibe en las instalaciones que, salvo dormitorios, cuenta con cocina, zonas de descanso y espacios para fomentar el trabajo en grupo. Querían que los participantes pasaran la mayor parte del tiempo en el centro y que esa convivencia generase vías de investigación.

El problema fueron las fechas en las que se pusieron en marcha: inicios de marzo. A las dos semanas del comienzo tuvieron que frenar en seco y replantearse el método. “Con el confinamiento hubo que cambiar el planteamiento sobre la marcha. Ahora hemos tenido que cambiar los módulos de sitio. La relación entre los participantes se ha perdido”, asegura el concejal. Y él sabe bien de esa pérdida de cercanía, pues la ha sufrido con los alumnos a los que imparte clase en la Escuela Politécnica de Cuenca, en calidad de Doctor en Ingeniería Electrónica.

Por suerte, los participantes pudieron recibir formación online. Y es que, al formar parte del proyecto, automáticamente están inscritos en el Máster de la UCLM de Emprendimiento en Bioeconomía Forestal. Esto les da acceso a la plataforma Microsoft Teams, en la que tuvieron talleres. Algo que aún hoy siguen haciendo. Es más, es muy raro ver a algún investigador en las instalaciones, porque aún no trabajan allí. Quienes sí trabajan son los operarios que ultiman el montaje de equipos en los laboratorios, adaptados a las circunstancias.

Aunque la apuesta por la presencialidad ha variado, sí se ha mantenido el planteamiento de UFIL, dividido en tres bloques. El primero se usa para formar a los participantes sobre bioeconomía forestal, ya que no se establecen unos conocimientos mínimos para acceder, pudiendo hacerlo desde cualquier Grado universitario. La segunda fase sirve para asesorar desde el punto de vista empresarial, para estudiar un posible modelo de negocio y si la idea inicial se puede llevar a cabo. En la etapa final, se intenta materializar a cabo la idea incubada durante los 10 meses de preparación.

Pese a todas las dificultades desde el pistoletazo de salida, existe “mucha confianza y ánimo porque esto funcione”, asiente Sánchez. “Han sido muchas las empresas y fondos de inversión que nos han llamado. Aquí no hay petróleo, pero tenemos más bosques que en casi cualquier parte del mundo”, añade. Ese apoyo y mentalidad puede ser vital para la continuidad del proyecto en la ciudad.

Claves para la creación

Hay que remontarse al año 2012 para entender desde cuándo la Unión Europea se comenzó a preocupar de verdad por la bioeconomía forestal. En ese año, creó la Asociación Europea de Innovación para la Agricultura (EIP-AGRI), un órgano que forma parte de la estrategia de crecimiento para la presente década, llamada ‘Europa 2020’. Esta táctica, según indican en su web, “establece el

Laboratorio aún sin equipos, tras las modificaciones obligadas | Foto: G. Bachiller

fortalecimiento de la investigación y la innovación como uno de los objetivos principales y apoya un nuevo enfoque interactivo de la innovación”.

Unos años después, en el 2014, se puso en marcha ‘Horizonte 2020, “el programa de investigación e innovación más grande de la UE, con casi 80.000 millones de euros de financiación disponibles durante siete años (2014-2020), además de la inversión privada”, indica el órgano europeo. La gran baza de este proyecto es llevar las ideas del laboratorio al mercado. Justo lo que pretende hacer el Urban Forest.

“Poderoso caballero es don Dinero”, decía Quevedo en uno de sus poemas. Y es que, aunque haya grandes ideas dentro de un laboratorio, si no hay capital es casi imposible que se materialicen. Aquí es donde entra en juego el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER), que aporta el 80% del presupuesto con el que cuenta UFIL. El 20% restante lo aporta el ayuntamiento de la localidad. El retraso sufrido a causa de la covid-19 ha hecho que se haya pedido conciencia a la UE para que prorrogue los tiempos marcados en un inicio.

Estas decisiones tomadas por la institución continental son las que le permiten a Cuenca contar con un centro de innovación enfocado a los bosques. En esta promoción son 35 los participantes que testean posibles soluciones a los problemas que están por venir, una experiencia que desde la organización confían en ampliar en, al menos, dos promociones más.

Trabajos en marcha

Aunque los investigadores cuenten con proyectos individuales, desde la organización plantean retos para que los solucionen en grupos de trabajo. Uno de los que lanzaron llegó desde el Ayuntamiento de Cuenca y consiste en usar los recursos forestales locales para solventar problemas en el mobiliario urbano. Por ejemplo, creación de nuevos bancos mediante madera extraída, de manera sostenible, de los bosques del municipio.

Algunas de las propuestas de los participantes consisten en implantar jardines verticales en la ciudad, desarrollar tecnologías para una mejor gestión forestal e, incluso, poner en marcha productos audiovisuales asociados al bosque. Ahora, cada grupo busca posibles vías de financiación. “Algunos socios privados se han interesado por algunas de las ideas”, asegura Sánchez.

Entrada al área de trabajo compartido del UFIL Cuenca | Foto: G. Bachiller

Para acceder a la primera promoción fueron 120 las personas que lo solicitaron, para optar a las 35 plazas finales. Casi la mitad son de Cuenca, el resto procede de otras zonas de España y también de otros países. Para los que llegasen desde más allá del territorio nacional se facilitaron ayudas para manutención y alojamiento. Es el caso de Ángeles Rivera, una ingeniera ambiental peruana que llegó a UFIL Cuenca para poner en marcha proyectos personales. Se aloja en la Residencia Universitaria Juan Giménez de Aguilar.

Actualmente, la ingeniera trabaja para elaborar fibras textiles a base de los árboles, “para que sean un poco más sostenibles y biodegradables y así dar beneficios a la ciudad de Cuenca”. Esa es su investigación particular, pero junto a compañeros también trabaja en crear en la ciudad un espacio sostenible donde haya barras de calistenia para ejercitarse y farolas que se iluminen mediante la generación de las plantas.

No conocía la existencia de Cuenca hasta que se incorporó al Urban Forest. Con ella, son cuatro los participantes que llegan de más allá de la Península Ibérica, todos procedentes de América Latina y “con el empeño de sacar adelante Cuenca”, apostilla Rivera. Ella piensa que este proyecto, además de solventar problemas y fomentar turismo, sirve para “crear industrias, empleos y lograr que los estudiantes puedan quedarse a trabajar en la región. Así como darle oportunidades de trabajo a aquellos que no les gusta estudiar”.

Repercusión en Cuenca

El objetivo de poner a la ciudad en el mapa es otro en los que las instituciones pensaron cuando plantearon UFIL. Ya no solo para que más allá de las fronteras sepan dónde está, sino para que se perciba a la ciudad “como un lugar donde se desarrolla la bioeconomía forestal cercana”, señala César Sánchez. A esto se le añade la puesta en marcha del Parque Científico Tecnológico, que se ubicará a las afueras de la ciudad. Allí se fomentará la economía circular y se trabajará de acuerdo a la Ley de Economía Circular puesta en marcha por el gobierno autonómico.

Cuenca, con algo más de 53.000 hectáreas ordenadas de bosque es “el segundo municipio europeo con mayor masa forestal ordenada, justo detrás de Europa”, afirma el concejal. La UE lo valoró mucho cuando estudió la posible creación del Urban Forest. También gustó la idea de que los investigadores pudiesen trabajar en instalaciones de las empresas asociadas, como en la fábrica de maderas o en el propio bosque.

Otro de los fines que se persiguen es el de generar nuevas empresas y empleos en la ciudad. Para ello tienen que florecer las investigaciones y gustar a entidades que decidan invertir por ellas y llevarlas a cabo en Cuenca. Esos agentes inversores “ya se están acercando”, asegura Sánchez. Con el fin de que haya más proyectos encima de la mesa, la organización ya trabaja en la siguiente promoción, que comenzaría entre febrero y marzo.

Las investigaciones que se desarrollan en UFIL Cuenca intentan hacer el día a día más sostenible y solucionar las dificultades medioambientales que puede sufrir la región. Unas soluciones que, si son eficaces, se pueden extender al resto del mundo. Será en ese momento cuando muchos empiecen a saber qué es y dónde está Cuenca. Lo que también descubrirán es que, desde hace tiempo, en esa ciudad se está trabajando por el bien de sus bosques. Su tesoro. Su ‘oro verde’.

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Gonzalo Bachiller Peña

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