La temporada del campo va cogiendo color. Los huertos de naranjos van llenándose de “collidores” en una de las épocas más importantes del año, la campaña citrícola 2020-2021. En medio de una pandemia, los trabajadores tienen que seguir nuevas instrucciones y cambiar su rutina diaria para evitar contagios y seguir trabajando.

En la Comunidad Valenciana la mandarina tiene un valor extra. Un fruto muy arraigado para todos y cada uno de los valencianos, ya que está totalmente relacionado con la tradición agrícola. Todo el paisaje está repleto de campos de naranjos y de aroma a azahar. En la primavera, el naranjo se cubre de flores. Unas caen al suelo, las otras se convierten en mandarinas. Este paso de flor a fruto es el que se conoce como cuajado y es el primero de un largo proceso de cultivo hasta que las mandarinas llegan a nuestro paladar con la mejor calidad.

Hoy en día, encontramos este fruto en los supermercados durante todo el año, pero las mandarinas, como todo tipo de fruta, son productos de temporada. La fase de maduración y cosecha se extiende durante los meses de julio y marzo, pero cuando empieza de verdad la campaña es ahora, finales de octubre, principios de noviembre. Saber cuándo una mandarina está madura para recolectarla es fundamental para obtener un producto de calidad.

En España existe una gran variedad de naranjas y mandarinas, por ese motivo en cada zona hay un tipo diferente. Además, el tiempo de recolección cambia según el modelo de fruto. La que se recolecta y trabaja en la Comunidad Valenciana ahora es la clementina, una especie de mandarina de tamaño pequeño. Esta a su vez se divide en diversas variedades, destacando entre ellas las siguientes: “Fina”, “Clemenules”, “Oroval”, “Marisol”, “Oronules”, “Esbal”, “Clemenpons”, “Loretina” y “Arrufatina”, pero hay muchas más. Cada una tiene su origen en alguna parte de la región.

La “Clemenules” tiene su origen en la localidad castellonense de Nules y está considerada por la mayor parte de consumidores, agricultores y especialistas como la mejor entre las mandarinas. “Tiene un sabor muy dulce y agradable”, dice Juan. Esta especie de clementina es la que predomina en Castellón: «Nuestra variedad estrella por calidad y condición es la Clemenules. Es la variedad más cultivada en nuestra provincia y se comercializa desde mediados de octubre hasta principios de enero», expresan desde la ASOCIEX.

Las clementinas antes de ser recolectadas / Foto: M. Mora

El proceso de la mandarina es como un reloj de arena. Abajo del todo se encuentran los pequeños productores que venden sus frutos a las empresas. En medio se encuentran los asentadores, más conocidos como los compradores, estos son los líderes en el sector, los encargados de comprar a las cooperativas y los que negocian con los supermercados. En el sector castellonense, los dos grandes grupos son San Lucar y Grupo Tilla. Una vez la venta hecha, la red de distribución es la que se ocupa de repartir el fruto. Arriba del todo de este “reloj de arena” se encuentra la red general.

Como se puede observar, el camino que recorre la mandarina desde que sale del huerto hasta que llega al consumidor es largo y costoso. Los collidores son los que empiezan recolectando las mandarinas que luego trabajarán en los almacenes.

Sobre lo que se espera de esta campaña a nivel de exportación, la Asociación Profesional de Exportadores de Fruta de la Provincia de Castellón asegura que: “Si la demanda es buena como la finalización de la anterior, se esperan conseguir volúmenes de exportación parecidos a la campaña 2018/2019, ya que en la pasada hubo una merma importante de producción”. Según los datos de la siguiente tabla, aproximadamente el 23% de mandarinas y el 12% de naranjas corresponden a Castellón, así lo afirman desde ASOCIEX.

CAMPAÑA Exportación mandarina Exportación naranja TOTAL, ESPAÑA
17/18 1.382.000 TN 1.562.000 TN 2.944.000 TN
18/19 1.486.000 TN 1.702.000 TN 3.188.000 TN
19/20 1.258.000 TN 1.621.000 TN 2.879.000 TN
Un trabajo duro

Las calles están vacías y silenciosas cuando los collidores, aun siendo de noche, salen de sus casas para empezar la jornada. Cada cuadrilla tiene su punto de encuentro: “Normalmente cada cuadrilla quedamos siempre en un lugar, esperamos al cabo y partimos hacia la finca que nos han mandado. Cuando llegamos allí, descargamos el camión y si el terreno está seco nos ponemos a trabajar, si esta mojado, nos esperamos a que la fruta pierda ese punto de humedad de la noche”, cuenta Llido.

El collidor listo para trabajar / Foto: M. Mora

La cuadrilla es el grupo de personas que forman parte del mismo grupo de trabajo. Estas suelen estar compuestas por un número que oscila entre los 15-20 trabajadores. En el grupo, hay un líder, este es el cabeza de cuadrilla que es el encargado de acudir cada mañana al almacén para que los corredores le digan a que finca tiene que ir él y su cuadrilla. “Nos dan el parte de la finca, las cajas que quieren que cosechemos por persona y si es a destajo, pues a destajo, sinos te dicen tantas cajas por persona”, expresa Juan.

El cabeza de cuadrilla trabaja como todos, pero además tiene una función extra, así lo asegura Pepe Ventura, el cabo de la cuadrilla en la que trabaja Juan: “La función que tengo, aparte de trabajar igual que todos, es la de controlar la cantidad de cajones que se hacen. También hago los papeles para traerlos a la cooperativa para que sepan la cantidad de kilos que se han recolectado y a que finca pertenecen estos”.

Los cajones donde se colocan las naranjas / Foto: M. Mora

Y como todos, los collidores tienen que seguir cada día una serie de instrucciones, establecidas por la Conselleria de Sanidad, para la prevención y el control del COVID-19 en el sector agrario. “Nos han dado mascarillas FP2 de 25 lavados, hidroalcohol y todas las mañanas nos toman la temperatura”, aclara el collidor. Además, la forma de trabajar ha cambiado a la de otros años: Si los árboles son grandes podemos ir cada uno por un lado siempre manteniendo la distancia de 2 metros y si son pequeños, una persona por tira”, añade.

La buena coordinación de la cuadrilla es igual de importante como la sincronización que sea capaz de estructurar el grupo. El cabo da una mirada a la finca y opta si empezar de dentro hacia fuera o, al contrario, esto se hace para “no dañar la fruta”. Una vez decidido, todos se ponen a trabajar. Al finalizar, las mandarinas se pesan en la báscula y se hacen unas pegatinas para cargar el camión, así saben las cajas que se transportan. Cuando este está lleno, marcha hacia el almacén para descargar el fruto.

Del campo al almacén

Las mandarinas del campo llegan a los almacenes para ser elegidas y trabajadas.  Si el trabajo de campo es duro, esto no se queda atrás. Las mandarinas, una vez descargadas del camión se colocan dentro de una cámara frigorífica. Después, pasan por distintas fases: “Cuando ya está buena para trabajar pasa por la previa que es donde se quita la que está podrida. Luego, pasa por la tría que es donde se elige la mandarina y se quita la pica de mosca y si hay araña. A continuación, pasa por el calibrador y la gente que hay arriba de este la distribuye por calibras: a las pasteras, a las bolsas y a las graneleras”, explica María Dolores Roig, trabajadora de Serifruit.

En las graneleras como bien el nombre indica va todo a granel, en las pasteras es donde se encaja la naranja y en las bolsas se hacen mallas. Después cuando el palet está confeccionado pasa por la marcadora y se marca depende del destino (Alemania, Francia…). Finalmente, se guarda de nuevo en cámara hasta que llega el camión para recogerlo y trasportarlo a su destino.

El día a día en el almacén es trabajoso. En Serifruit se organizan de la siguiente forma: “Hay un grupo de personas que estamos en secciones y somos las responsables de estas. Entonces cuando entramos dentro del almacén ya sabemos el sitio al que tenemos que ir. Los demás se distribuyen en función de donde haga falta gente”, expresa Roig.

Al día suelen almacenar 300.00 kilos de mandarinas. Lo máximo que se llaga a volcar son 500.000 kilos. Horas y horas de esfuerzo, los trabajadores saben a qué hora entran a currar, pero no a la que terminarán: “Nos ponemos a trabajar a las 7 de la mañana, pero terminamos en el momento que se termina la faena, pueden ser las 22:00 horas o las 23:00, la hora de terminar no se sabe. Nos tiramos trabajando unas 14/15 horas seguro”, añade María Dolores.

Aunque ahora en temporada alta hacen turnos, el grupo que va por las tardes sigue sin saber cuándo acabará la jornada. Y es que el trabajo ahora se nota, hay mucho más durante la campaña citrícola: “Este año hay mucha cantidad de mandarinas. Debido al COVID-19, este fruto tiene más salida, se nota más, hay mucho trabajo. Hacemos muchos pedidos para otros países”, finaliza Roig.

Un naranjo lleno de mandarinas / Foto: M.Mora
Futuro de la Política Agraria

La nueva Union Europea (UE) sigue avanzando en las negociaciones de la Política Agraria Común (PAC) que regirá al campo valenciano en el marco 2021-2027. Lo que se prevé en las propuestas legislativas para el futuro de la PAC de la Comisión Europea es “una mayor ambición medioambiental y acción por el clima, y una apuesta decidida por el relevo generacional”, así lo explica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación su la página web.

Por primera vez, la agricultura mediterránea, y en especial, la valenciana, tendrá acceso a las ayudas directas del pilar fundamental, o eso parece, así lo comunicó el presidente de la Generalitat, Ximo Puig, tras reunirse con el ministro de Agricultura, Luis Planas. Está la posibilidad de que el sector hortofrutícola pase a encuadrarse en las ayudas de la PAC, una noticia histórica para la Comunidad Valenciana y para la agricultura. “La PAC, históricamente, siempre ha discriminado a la agricultura mediterránea y, sobre todo, a la citricultura, ya que la ayuda viene a ser el 5% de los costes cuando en otros cultivos continentales alcanza incluso el 50%, por lo que muchas veces, parece más una limosna que no una subvención”, explica José María Notari, presidente de la FEPAC en la Vilavella.

Desde la asociación de agricultores de La Vilavella (FEPAC) piden, entre otras cosas, “más justicia y equidad” a la nueva PAC. Van más allá: “Queremos mecanismos que regulen el mercado y no se limite a un reparto de ayudas y, estas ayudas, que vayan a quienes realmente cuidan nuestros campos”. Piden rentas directas para los agricultores: “Estamos un poco escépticos con los nuevos eco esquemas, ya que, en teoría, premiarán a los agricultores más respetuosos con el medio amiente y la citricultura valenciana lo és, ya que los cítricos, a diferencia de los cultivos continentales, absorben en gran cantidad CO2 de la atmósfera, pero dudamos que en la práctica salgamos beneficiados”, añade Notari.

El texto definitivo de la nueva PAC está aún lejos de poner punto y final, pero poco a poco se van conociendo algunos de los pilares sobre los que se apoyará la nueva reforma agraria. “Se prevé una bajada de las ayudas, por lo que, esperemos equivocarnos, pero parece que la nueva PAC nos lleva a menos dinero, más requisitos y, seguramente, más burocracia”, señala el presidente local de la FEPAC.

La nueva PAC entrará en vigor en 2023, por lo que todavía queda tiempo y todo puede cambiar. A partir de ahora, sobre la base de las propuestas, los eurodiputados, los Estados y la Comisión deberán negociar y decidir cuales van a ser las normas que se aplicarán a partir de 2023.

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Marta Mora

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