“Pensamos demasiado y sentimos muy poco…”. La frase de Charles Chaplin en 1940 en la película ‘El Gran Dictador’ bien puede definir la situación actual de la sociedad. La pandemia se ha llevado por delante muchos de los hábitos y costumbres de la gente. Las cabezas se han llenado de problemas que atormentan continuamente (salud, dinero, libertad…) y han dejado detrás las cosas que permiten disfrutar. Todo queda en un segundo plano frente al terremoto del coronavirus, y el cine no iba a quedar fuera de ello. Rodajes detenidos, estrenos que se retrasan y las salas prácticamente vacías ante la falta de nuevas películas y la reticencia de la sociedad a permanecer en lugares cerrados.

Tal es el problema que muchos cines están teniendo que volver a cerrar. A pesar de la poca incidencia que está teniendo el virus en las salas, en las cuales no ha habido un solo rebrote contabilizado, los gobiernos regionales están decidiendo volver a cerrar estos lugares o siguen reduciendo su aforo. Precisamente Cataluña ha sido una de las últimas en hacerlo. Todo ello está llevando a la Federación de Cines de España (FECE) ha mostrar su total desagrado y pedir medidas diferentes que apoyen al sector.

Toda la cultura en general está sufriendo esto, pero esto no quiere decir que la haya detenido por completo. Porque la cultura es trascendental para entender y expresar la visión del ser humano en el mundo y las cosas que suceden. El cine tiene esa capacidad mágica de adentrar al espectador a todo tipo de relatos y hacerle soñar no solo con la historia, sino con las imágenes.

Por ello y a pesar de todas las dificultades, este año hay festivales cinematográficos que se han repuesto a las adversidades y se han celebrado. Ya el Festival de San Sebastián en septiembre fue capaz de realizarlo sin problemas, aunque con enormes cambios para poder cumplir con todas las medidas de seguridad.

Pero el ejemplo más cercano es el Festival de Sitges. En 1968 dio sus primeros pasos, aunque con el nombre de ‘1ª Semana Internacional de Cine Fantástico y de Terror’. Tras más de 52 ediciones de mucho éxito a nivel internacional (especialmente por el cine de género), 2020 le planteó un problema al que nunca se había tenido que enfrentar. La pandemia mundial ha hecho estragos y se temía que ellos tampoco pudiesen celebrarlo.

Imagen de una sala del Festival de Sitges / Imagen cedida por el Festival

Tras muchas dudas de si podría celebrarse, desde la organización siempre se trató de llamar a la calma, y poco a poco fueron dando detalles de cómo lo planteaban para poder hacerlo con todas las precauciones. En un principio se hablaba de realizarlo online al 100%, como ya había ocurrido con el Festival D’A. Sin embargo, Sitges siempre negaron esa opción, ya que consideraban que su lado presencial era algo imprescindible en todo lo que representa dicho festival. Tras una larga espera, su propia página web sacó un comunicado una semana antes del mismo en el que explicaban su desarrollo final.

La directora de la Fundación Sitges, Mònica García, presentaba como sería el Festival este año: “A pesar de poder habilitar legalmente hasta un 80% del aforo, hemos preferido mantenernos en un 66% para agilizar las entradas y salidas y evitar aglomeraciones. El uso de mascarilla, por supuesto, será obligatorio durante toda la función, tal como se recordará en un divertido anuncio antes de cada pase. Se adoptarán todas las medidas de seguridad que se están llevando a cabo en los festivales y en las salas de cine: habrá más tiempo entre cada sesión, desinfección de los diferentes espacios, dispensadores de gel hidroalcohólico…”

La otra gran diferencia es la hibridación de esta edición. Esto se refiere a que, por primera vez en sus 53 años de historia, el Festival se pudo seguir de forma online. De esta manera, no solo se vendieron entradas para presencial, sino que también había una venta para la opción virtual. 250 proyecciones entre películas, cortometrajes y documentales en salas presenciales, de las cuales 155 se han reproducido también en las salas online. Esto ha permitido que la gente que no podía viajar hasta Sitges, o que se ha quedado sin plazas debido a la reducción del aforo de este año, pudiese disfrutar de manera parecida del espectáculo.

Así las cosas, hay una tradición que este año no se ha podido cumplir. El famoso Zombie Walk, que consiste en un desfile de zombis por la zona y en la que los participantes que quieran asistir son caracterizados por maquilladores profesionales, no se ha podido celebrar este año. Se han mantenido otros actos como los talleres de cine o las sesiones del Fantàstic Kids Cinema y se han añadido otros como el de realizar lecturas fantásticas en la biblioteca local, pero Sitges ha perdido parte de su esencia este año sin el famoso desfile.

“la facturación se ha visto reducida a un 53% respecto al año anterior»

A pesar de todos estos importantes cambios, la 53ª edición del Festival de Sitges puede ser considerada un éxito. Solo el poder celebrarlo ya se convierte en un triunfo, pero además los espectadores se han mostrado muy conformes con las películas expuestas y las medidas de seguridad. En cuanto a los ingresos, el director del Festival de Sitges Ángel Sala ha afirmado que “la facturación se ha visto reducida a un 53% respecto al año anterior, algo con lo que ya contábamos tras las reducciones de aforo y el impacto de la pandemia”. A pesar de ello afirma que se ha recuperado mucho dinero que se preveía perder sin este evento.

También ha querido dar unas declaraciones sobre la seguridad del festival la auxiliar de administración del Festival de Sitges Nàdia Mendiola, aseguraba que “no ha habido ningún rebrote en el festival, por lo que a medidas de seguridad podemos calificar de éxito rotundo por parte de la organización y de los asistentes a éste”, y también ha asegurado que “las pérdidas económicas si no se estuviesen celebrando los festivales cinematográficos serían catastróficas para el sector nacional”.

Los festivales independientes tampoco se rinden

Es evidente que, en todos los aspectos de la vida, los más grandes y con más poder económico tienen mayor facilidad para salir de las dificultades. Sin embargo, eso no hace que los pequeños dejen de intentar mantenerse a pie. Y eso mismo ha hecho el festival de cine independiente de Albacete ‘Abycine’.  En su 22ª edición han tenido los mismos problemas citados anteriormente, y con un método parecido al de Sitges, han podido celebrarlo sin problemas. La hibridación del festival, tanto presencial como online, y la reducción de aforo al 69%, aparte de las medidas ya conocidas en los lugares cerrados de desinfección, uso obligatorio de mascarilla o mayor tiempo de separación entre sesiones para la ventilación de las salas han sido las principales medidas utilizadas para poder realizarlo de manera segura.

Presentación de Abycine / Imagen cedida por el Festival

La importancia de Abycine trasciende no solo a la economía de la ciudad. Y es que festivales así son imprescindibles para apoyar el crecimiento de jóvenes promesas españolas en este sector, ya que muchos que tratan de empezar de forma más independiente necesitan de estos actos para promocionar sus productos y darse a conocer.

“Recibimos peticiones este año para que no suspendiésemos el festival de ninguna manera pese al coronavirus, ya que necesitaban presentar sus películas aquí.»

De la necesidad de mantener este tipo de eventos hablaba Sandra Peña, que se encarga de las labores de prensa: “Recibimos peticiones este año para que no suspendiésemos el festival de ninguna manera pese al coronavirus, ya que necesitaban presentar sus películas aquí. Muchos no tienen otra oportunidad por lo que teníamos que celebrarlo sí o sí”. Una gran noticia para el sector cinematográfico, que sigue demostrando que la cultura es vital en la sociedad actual y que siempre habrá gente que empuje para que esto permanezca así.

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Daniel González

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