La noticia de la cotización del agua en los mercados de futuros de Wall Street puede parecer el argumento de un capítulo de Black Mirror o el comienzo del futuro distópico y apocalíptico de las películas de Mad Max, pero ya es una realidad. El 2020 continúa sorprendiendo y demostrando que la realidad supera a la ficción.

El agua es vida y un recurso limitado, su gestión y accesibilidad es primordial frente al aumento de su escasez. La cantidad de agua desciende y, en paralelo, la población aumenta: actualmente hay 7.700 millones de personas en el mundo y Naciones Unidas calcula que en 2050 la población aumentará hasta los 9.700 millones, pudiendo alcanzar los 11.000 en el año 2100.

Según el World Resources Institute el agua se está agotando, un recurso esencial para la industria, agricultura, producción de energía, salud mundial y la base de la vida. En la actualidad “más de 1.000 millones de personas viven, en la actualidad, en regiones con escasez de agua y hasta 3.500 millones podrían sufrir escasez de agua en 2025”.

  • “Increasing pollution degrades freshwater and coastal aquatic ecosystems. And climate change is poised to shift precipitation patterns and speed glacial melt, altering water supplies and intensifying floods and drought”

También señala que el aumento de contaminación degrada el agua potable y los ecosistemas marinos costeros. Lo que se suma a las consecuencias del cambio climático: cambios en patrones de las precipitaciones, aceleración en la desaparición de glaciares e intensificación de inundaciones y sequías.

La escasez de agua es una realidad que sufren millones de personas, un estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura afirma que, en la actualidad, 2.200 millones de personas carecen de agua potable y más de la mitad de la población (4.200 millones) no tienen un sistema de saneamiento adecuado.

Esta situación se agravará todavía más dentro de 30 años según los resultados del Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020: “Se estima que la reducción de la disponibilidad de agua significará que para 2050, 3.9 mil millones de personas (más del 40% de la población mundial) vivan bajo un estrés hídrico severo”.

 

El informe también enfatiza el valor del agua, del “acceso al agua potable y a los servicios de saneamiento e higiene, va mucho más allá del precio pagado al grifo, y es un insumo vital para las economías prósperas, las comunidades estables y las poblaciones sanas”. Es el centro de la supervivencia y por ello es “un derecho para todas las personas”, esencial para la dignidad humana.

José Fernández Pérez, doctor ingeniero químico y jefe de planta en la Estación de Tratamiento de Agua Potable, describe este recurso como el “único bien insustituible” y añade: “Me gustaría diferenciar entre lo que es valor y lo que es precio, el valor intrínseco no cambia, es decir, la utilidad que tiene tanto para las personas como para el medioambiente es innegable”.

Incluso Audrey Azoulay, directora general de la UNESCO, pronunció con motivo del Día Mundial del Agua el pasado 22 de marzo un mensaje que dejaba claro la emergencia en tomar acciones:

  • “El agua será mañana más importante que el petróleo este siglo. La predicción del ex Secretario General de las Naciones Unidas Boutros Boutros-Ghali, formulada en 1994, resuena de forma alarmante hoy en día. Una amenaza pende en efecto sobre el futuro de los recursos hídricos, ya hablemos de su cantidad o de su calidad, porque el desarreglo del clima, que ya es una realidad tangible, acrecienta el riesgo de escasez”

Claro queda que el agua es cada día más valiosa y se refleja con la noticia de la cotización de este recurso en el mercado de futuros de Wall Street desde el 7 de diciembre.

 

El agua en la bolsa, ¿amenaza u oportunidad?

La raíz del debate reside en si el hecho de que el agua cotice en el mercado de futuros de Wall Street permitirá una mejor gestión o, por el contrario, se especulará con un recurso vital.

En primer lugar, Juan Ramón Rallo, doctor en Economía y licenciado en Derecho ha publicado un artículo de opinión donde explica el contexto financiero: “En un contrato de futuros, el vendedor se compromete a entregarle algo al comprador en la fecha de vencimiento y el comprador se obliga a pagarle entonces al vendedor el precio convenido”.

Por ejemplo, en relación con el agua, un agricultor que necesite grandes cantidades de agua, la compra con el precio que tiene a día de hoy para utilizarla en un futuro. De esta forma, se asegura el suministro ante el temor del aumento de precio por la escasez de recursos hídricos.

En este punto, Juan Ramón Rallo explica el problema: los especuladores. Estos siempre buscan el beneficio, tanto si prevén la subida o bajada de precios. “Si un especulador cree que los precios de una mercancía van a subir próximamente, le interesa comprar hoy un contrato de futuros sobre esa mercancía a un precio inferior al que cree que prevalecerá más adelante”.

También explica un aspecto importante de este tipo de contratos, lo que se compra y vende no es el agua física, sino los derechos de comprarla a un determinado precio. Por todo ello, opina: “Aunque para muchos la creación de un contrato de futuros sobre el precio del agua (que no sobre el agua) suponga un acto sacrílego, los demandantes y oferentes finales lo agradecerán: más información y más instrumentos de cobertura para su actividad. Es decir, mejor coordinación y menores despilfarros de este bien básico”.

Sin embargo, otras voces como el periodista Adolfo Zableh Durán, quien en una columna para El Tiempo ha escrito: “Tiene cara de ser esto el comienzo del fin. Cada vez que sale una noticia de tono fatalista decimos que el mundo se fue al carajo, pero esta vez tiene toda la cara porque no se trata de pasajes de avión o celulares inteligentes, cosas que deseamos, pero de las que podemos prescindir, sino de que la fuente de la vida puede quedar en manos de gente que antepone el dinero a cualquier cosa”.

Por su parte, José Fernández explica que el precio del agua aumentará en un futuro, pero en España “la competencia del agua, de dar el servicio de agua potable a los ciudadanos la tienen los ayuntamientos, al final es un mercado regulado”. Debido a ello, los precios varían poco, por lo que en España no se sentirá el impacto de la cotización en bolsa del agua tanto como en otros países.

En este punto, Fernández opina: “No te voy a decir que es positivo que el agua cotice en la bolsa de valores, pero tampoco es negativo. Lo ideal sería que se respetara la directiva marco del agua y se creara un servicio decente, eficaz y con perspectiva de futuro para no malgastar este recurso y se recuperara el precio de todas esas inversiones en lo que paga el ciudadano y los agricultores”.

El debate está servido, aunque la complejidad y delicadeza reside en las millones de vidas que están en juego. Puede que muchos no sean conscientes de las consecuencias de la escasez de agua, según ACNUR las más graves son:

En primer lugar, las enfermedades, puesto que la falta “de sistemas de potabilización adecuados obliga a recurrir a fuentes de agua contaminadas”. En segundo lugar, el hambre por la relación del agua con la ganadería y agricultura.

En tercer lugar, la desaparición de especies vegetales y, por último, los conflictos provocados por la escasez, que suponen “el desplazamiento de las personas a otros países para encontrar lugares seguros en los que vivir”

Simplemente una camiseta cuesta 2.000 litros de agua, unos vaqueros son 10.850 litros y unas simples zapatillas de deporte 4.400 litros. Con poco, cada día una persona lleva 17.250 litros de agua. No solo por la ropa, para hacer el café de por la mañana se han gastado 140 litros y para un litro de agua embotellada, irónicamente, se necesitan 3 más. Incluso para los móviles y dispositivos, solo en fabricar un microchip se necesitan 130 litros.

 

El objetivo número 6, la base del resto

Objetivo de Desarrollo Sostenible número seis: Garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible y el saneamiento para todos. Y la primera de sus metas es: “De aquí a 2030, lograr el acceso universal y equitativo al agua potable a un precio asequible para todos”.

Un horizonte que parece difícil de conseguir y, a la vez, uno de los más urgentes debido a su relación con el resto de los objetivos para 2030.El Informe Mundial de las Naciones Unidas sobre el Desarrollo de los Recursos Hídricos 2020 lo expone con el siguiente gráfico:

De forma curiosa, el informe no se muestra positivo en cuanto a cumplir este objetivo, principalmente por problemas de inversión: “Los niveles actuales de financiación resultan inadecuados para alcanzar el objetivo de la comunidad internacional de disponibilidad universal y gestión sostenible del agua y del saneamiento, tal como se ha establecido en el ODS 6. Para cumplir los dos primeros objetivos del ODS 6: acceso a servicios de agua segura, saneamiento e higiene para todos para 2030, las inversiones de capital deben alcanzar los 114 mil millones de dólares al año”.

A los gastos que menciona, suma “mejorar la calidad del agua, aumentar la proporción de aguas residuales tratadas, aumentar la eficiencia del agua, implementar la gestión integrada de los recursos hídricos y proteger y restaurar los ecosistemas relacionados con el agua. Tampoco incluye explícitamente tecnologías resistentes al clima. Así, sin aumentar significativamente los niveles de inversión en agua, será ‘casi imposible’ alcanzar el ODS 6”.

Sin embargo, Fernández comenta desde la experiencia en el sector hidráulico que sí que se muestra optimista: “Si miras la big picture a pesar de la sensación constante que tenemos de que el mundo va a peor, la realidad es que, si miras desde 1990 hasta ahora la gente que vivía en el umbral de la pobreza, la gente que tenía acceso a agua potable, vacunas, al final estamos mejorando mucho y no hay razones para pensar que eso no va a seguir siendo así”.

Además, remarca: “Ya es bastante positivo que existan los objetivos de desarrollo sostenible, es un gran paso”. Mas allá de las esperanzas, lo que está claro es la necesidad de abordar las causas de la escasez de agua para cumplir el objetivo. ACNUR las resume en tres principales causas, aunque José Fernández añade una más.

 

Las causas de la escasez de agua

ACNUR explica de forma muy breve la primera causa, la contaminación: “Nos referimos tanto a la contaminación de aguas dulces como a la contaminación de la tierra o del aire, ya que la contaminación se puede filtrar al agua y también puede afectar al aire”.

De hecho, la contaminación de mares y océanos ya está provocando otras graves consecuencias a la salud como comer plástico. National Geographic estima que son 8 millones de toneladas las que acaban en el océano año tras año, lo que más o menos equivaldría a arrojar 2.000 torres Eiffel al océano.

Debido a la gran presencia de macroplásticos, microplásticos y nanoplásticos estos entran en la cadena alimenticia de la fauna marina, lo que provoca que sea inevitable que las personas también los ingieran. No solo se pone en peligro la disponibilidad del agua, sino también la salud tanto del planeta como de todos los que la habitan.

El informe de Greenpeace titulado La crisis climática y la urgente necesidad de protección de los océanos deja claro que el cambio climático y la amenaza sobre la biodiversidad marina “no pueden abordarse por separado, debido a las estrechas interconexiones entre los ecosistemas naturales y el clima, a pesar de lo cual no existen aún planes multilaterales ni instituciones globales con el poder necesario para gestionar conjuntamente estas crisis gemelas”.

 

Segunda causa: la sequía provocada por el cambio climático

El Informe Mundial de las Naciones Unidas detalla que la evidencia científica deja claro que el clima no va a parar de cambiar. Esto influye de forma directa a “los sistemas hidrológicos que están afectando a la disponibilidad de agua, la calidad del agua y los eventos extremos, e indirectamente a través de cambios en la demanda de agua, que a su vez pueden tener impactos en la producción de energía, la seguridad alimentaria y la economía, entre otros”.

La relación entre el cambio climático y la disponibilidad de agua es evidente y el informe critica que no se esté tratando como tal. “Conectar el agua con el cambio climático, podría permitir a la comunidad internacional aprovechar recursos adicionales para hacer frente a la amplia superposición entre los desafíos climáticos e hídricos”. También menciona que, aunque las acciones a nivel mundial dirigidas a los problemas hídricos han aumentado, “necesita una mayor atención por parte de los gobiernos”.

Además, el informe Agua y Cambio Climático: Datos y cifras calcula: “Las inundaciones globales y las lluvias torrenciales extremas han aumentado más de un 50% esta década y ahora se dan con una frecuencia cuatro veces mayor que en 1980. Otros fenómenos climatológicos extremos como las tormentas, las sequías y las olas de calor han aumentado más de un tercio en esta década y se registran el doble de veces que en 1980”.

 

Tercera causa: El uso descontrolado del agua

“Tanto a gran escala, en las fábricas, como a pequeña escala, en nuestras propias casas, en algunas ocasiones malgastamos el agua y no recordamos que es un recurso escaso”, según ACNUR.

En este sentido, José Fernández cuenta que no se puede consumir más de lo que se dispone y explica el sistema que considera como más conveniente para reutilizar el agua:

  • “En la depuradora, cuando llega el agua sucia, una de las posibilidades es mejorar los tratamientos y hacerlos más exhaustivos de tal manera que el agua alcance la calidad que permita ciertos usos. No se puede legalmente, utilizarla para consumo humano, pero sí permite otros usos como los regadíos, lavadero, usos ambientales o devolverla a un embalse, que permitirían aliviar la demanda de agua”.

Lo describe como una de las vías que se acabará implantando, aun con todo el coste de infraestructuras y mantenimiento que requiere.

Otro debate ligado a la gestión de los recursos hídricos es si debería privatizarse o no. Al igual que la cotización del agua en Wall Street, gira en torno a evitar malgastar agua y quién es más eficiente, si la gestión pública o privada.

Tal y como explican en el libro Manual de remunicipalización de los servicios públicos de agua: “El ciclo integral del Agua (abastecimiento, saneamiento, depuración y reutilización) es, quizás, el primero y más básico de todos los servicios públicos municipales en todo el mundo. También aquel en el que más se centra el debate y la acción entre gestión pública o gestión privada, siempre sobre la imprescindible titularidad pública”.

 

¿Una cuarta causa?

A estas tres causas de la escasez de agua y, por tanto, el aumento de su precio en un futuro, Fernández añade otra más: “No es tan evidente, pero en la distribución del agua, las pérdidas hidráulicas, aunque parezca increíble, de media en España puede que un 20% del agua que producimos en la depuradora se pierda en la red. Sobre todo, en países menos desarrollados, si las redes de agua no se mantienen se pierde muchísima agua en la distribución”.

Ya no solo el desaprovechamiento del agua, sino la pérdida durante su distribución. También asegura que, en la planta de Albacete, donde cuentan con toda la tecnología e infraestructura necesaria, están a “un 80% de rendimiento hidráulico, entonces en sitios donde estén peor se pierde mucha agua y es algo muy significativo”.

En definitiva, como opina José Fernández, “todo pasa por invertir” y las soluciones a la escasez de agua se guiarán por mejorar la gestión y la conciencia de la ciudadanía. Sin embargo, debido a la complejidad de los recursos hídricos, lo que no está claro es la balanza y el peso que tendrán la gestión pública o privada en cuanto a precios, infraestructuras, inversión y gobernanza.

 

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Lucia Torres Camacho

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