Ninguna sociedad moderna podría sobrevivir sin la mujer. Más allá de las funciones reproductivas, la visión de la mujer enriquece a la cultura y el ámbito rural no está exento de ella. A pesar de ello, un entorno masculinizado y envejecido priva a muchas mujeres de sus aspiraciones por lo que optan por el éxodo hacia las ciudades. No en vano el sector servicios es el predilecto por las mujeres. Según el INE, el 90% de las mujeres trabaja en el sector terciario, cifra que se reduce en el medio rural hasta el 77%.

Definir el espacio rural es muy complicado. Estados, instituciones públicas e investigadores han sido incapaces de ponerse de acuerdo. Y es que los términos para aludir al espacio rural son diversos: ámbito, medio y zona. El tamaño de la población, lo que delimita la ley, el Instituto Nacional de Estadística, la aplicación de políticas. Cada una dista sobremanera en la calificación de rural de los municipios de España. El artículo 3 de la Ley 45/2007, de 13 de diciembre, para el desarrollo sostenible del medio rural, considera este espacio como aquel con una densidad inferior a las 100 personas por km2 o una población menor a 30.000 habitantes. El INE, en cambio, denomina zona rural a aquellos municipios con menos de 2.000 habitantes.

No obstante, este debate gramatical carece de interés ante el tema que nos incumbe. Tal día como el 15 de octubre de 2008 se celebró oficialmente el primer Día Internacional de las Mujeres Rurales. La resolución 62/136 reconoció “la contribución de las mujeres de las zonas rurales a la familia y la comunidad que tienen que hacerse cargo de los niños y de las tareas domésticas y agrícolas”. Un día que sembró su semilla en 1995 con motivo de la Plataforma de Acción de Beijing, aprobada en la IV Conferencia Mundial de las Mujeres.

No tendríamos este día para conmemorar a la mujer rural si no existiesen problemas en este colectivo. Nadie resume de mejor modo el problema que Teresa López, presidente de la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR) en Profesiones: “El problema fundamental ha sido la invisibilidad a la que nos hemos visto sometidas en la sociedad en general, heredando los papeles tradicionales de género que reproducen las relaciones de desigualdad y las limitaciones de acceso de las mujeres a todas las esferas de la vida social y productiva en igualdad de condiciones”.

Tradicionalmente, la mujer se ha encargado del cuidado de los niños y de las labores domésticas a la par que ayudaba a su marido en sus labores agrícolas en aquellos terrenos de poca extensión. Este aislamiento social produjo su invisibilización en la toma de decisiones y en las altas esferas sociales, políticas y sindicales. En cambio, ahora la mujer plantea un cambio de paradigma para revitalizar las zonas rurales. El desarrollo sostenible del medio rural no puede separar su camino del de la mujer.

3396119504_0a8d502674_oLa vida manual no escapa de la mujer. Fotografía: Héctor A. Nuñez.

Atrás y adelante

Juliana Valiente, una anciana de Campillo de Altobuey (Cuenca), representa esta invisibilización ya que ha vivido todo este paradigma. Cuidó toda su vida de sus hijos, se dedicó a las labores domésticas y ayudó a su marido en su pequeña explotación de olivos. “Son tierras que ahora tenemos arrendadas ya que nuestros hijos se han dedicado a otras cosas. Mi hijo se fue a una pequeña ciudad de Valencia mientras que mi hija ha trabajado en muchos sitios”. Actualmente su vida gira en torno a una trabajadora que le ayuda, las visitas de su familia y vecinos, la televisión y un pequeño periquito.

Esto contrasta con las más jóvenes. María García, una adolescente que se ha desplazado a Valencia para estudiar no encuentra su sitio en el mundo rural. “No me veo siguiendo el trabajo de mi padre en la construcción”. En muchas ocasiones, las aspiraciones profesionales se oponen a lo que les puede ofrecer la vida en una zona rural. “Me apasionan las lenguas, por lo que me decanté por estudiar traducción e interpretación”, explicó.

La escasez de servicios, empresas y rutas de transporte, propuestas de ocio o falta de profesionales sanitarios, agravadas por la crisis económica de 2008, se ceban mucho más en los núcleos pequeños de población. La falta de servicios provoca que la gente se vaya de los pequeños pueblos y si hay menos gente se acaban ofertando menos servicios. La despoblación y la falta de servicios es un círculo vicioso que hay que revertir.

El envejecimiento es uno de los muchos problemas que asola el medio rural junto a la masculinización de la sociedad. Muchas mujeres han preferido abandonar su pueblo en busca de otras oportunidades en las ciudades y la posibilidad de cursar estudios superiores. Un envejecimiento feminizado por la mayor esperanza de vida por la diferente vida que han llevado a cabo. Sin embargo, muchos jóvenes han tomado el camino inverso. Según Asociación Agraria de Jóvenes Agricultores (ASAJA), más de 8.000 personas han ido a parar a Castilla-La Mancha buscando en el campo una salida profesional.

Hace ya más de diez años, Malika Aomari hizo el camino a la inversa de la ciudad a un pueblo. Desde Albacete se trasladó con su familia hasta la pequeña localidad de Minglanilla, y más tarde a Campillo de Altobuey. Desde entonces ha vivido de aquello que ha podido. “He trabajado temporalmente en el Ayuntamiento, he cuidado de algunos ancianos y hasta de limpiadora en Enguidanos”, un resumen de la preferencia de la mujer por el sector servicios.

DSC_0142El envejecimiento feminizado del medio rural. Fotografía: Pedro Ribeiro.

La masculinización es otro obstáculo. El índice de masculinidad, 100 multiplicado tras el resultado de la división entre el número de hombres por el de mujeres, refleja una diferencia de seis puntos porcentuales. El 96,9% en España frente al 108,1% en el medio rural. Un hecho probatorio de esta diferencia es que el 71,2% de los titulares de explotaciones agrarias son hombres. La Ley 35/2011 sobre titularidad compartida de las explotaciones agrarias quiso revertir esta situación dando visibilidad a las mujeres.

Hora gubernamental

Una ley que no ha cambiado prácticamente nada. En cuatro años tan solo se han acogido a ella 136 explotaciones, 23 de ellas en Castilla-La Mancha, según datos del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente. Una cifra irrisoria frente a las expectativas de 300.000 peticiones. En el plano europeo, solo España y la región belga de Valonia han puesto en marcha un sistema legal de titularidad compartida. La diferencia es que en la región del centro de Europa se otorga automáticamente si se cumplen una serie de requisitos, al menos que se rechace.

Un contratiempo más para la visibilidad de las mujeres en los procesos y en la toma de decisiones. Muchos proyectos de las diferentes legislaturas han tenido en segundo plano la evolución del medio rural. La décima legislatura está llegando a su fin pero el gobierno del Partido Popular no se marchará, si lo hace, sin un plan para alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres. Durante tres años con un presupuesto de 23,1 millones de euros, el Plan para la promoción de las mujeres en el medio rural emprenderá 82 acciones en cinco ámbitos: empleo y emprendimiento, participación de las mujeres en actividades del sector primario, participación en la toma de decisiones, conciliación y responsabilidad y la igualdad de oportunidades en el diseño de las políticas de fomento del medio rural.

Un plan de acción con carácter integral cuyo margen de acción agrupa seis ministerios: Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente; Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad; Educación, Cultura y Deporte; Industria, Energía y Turismo; Fomento e Interior. Entre sus acciones más destacadas encontramos la formación en nuevas tecnologías, el apoyo a asociaciones de mujeres rurales, afianzar la Ley de Titularidad Compartida o “Emprende rural” la plataforma en línea de información, creación de redes, impulso del comercio electrónico de productos y un programa de asesoramiento de emprendedoras.

La desigualdad de género es una brecha que debe cerrarse. También en el medio rural. Rebeca, seudónimo de una mujer de un pueblo de Cuenca, piensa que esto es fundamental aunque no encuentra el calor de las conciudadanas de su localidad. “Ninguna mujer se quiere arriesgar a tener problemas en su círculo más cercano”. Casada y con dos hijos concibe una realidad distinta para las mujeres de su entorno.

Fotografía principal de Nilgün Gün Özer.

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Pedro M. Peralta

Estudiante de Periodismo. Patrón de los juntaletras y marinero de las olas gráficas.
Pedro M. Peralta

Pedro M. Peralta

Estudiante de Periodismo. Patrón de los juntaletras y marinero de las olas gráficas.

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