La inauguración del XIII Congreso de Historiadores de la Comunicación se realiza entre críticas a la situación de crisis económica y «de intelecto». Josep María Casasús realiza la conferencia inaugural en la que explica cómo influye el humor como motor de la historia

“Contra la ilusión no hay recorte posible”, con esa frase felicitaba el Vicerrector de Investigación y Política Científica, José Julián Garde, al decano de la Facultad de Periodismo por la organización en el Campus de Cuenca del XIII Congreso Internacional de Historiadores de la Comunicación que congregará a cerca de 140 historiadores de la comunicación de España, y América en un momento en el que la Universidad de Castilla-La Mancha atraviesa dificultades económicas y académicas que se acrecentaron especialmente desde la reciente polémica entre la institución educativa y el Gobierno de Castilla-La Mancha por las partidas presupuestarias que la Junta dedicó a la Universidad. Antonio Laguna criticó esta situación de crisis ecoómica e institucinal durante la inauguración del Congreso:

“En estos tiempos, lo extraacadémico nos ocupa demasiado, más de lo que quisiéramos […] Soy consciente de los difícil que es organizar un Congreso en estos tiempos. A los problemas habituales se suma la crisis económica que nos azota, y me atrevo a decir que también la crisis de intelecto que padecen nuestros administradores, especialemente aquellos que tienen alguna responsabilidad política”.

En ese acto inaugural, presidido por la Vicerrectora de Cultura y Extensión Universitaria, Mª Ángeles Zurrilla, acudieron Ana Navarrete, decana de la Facultad de Bellas Artes, Antonio Checa, presidente de la Asociación de Historiadores de la Comunicación, y los ya citados Antonio Laguna y José Julián Garde.

Durante la inauguración el decano de periodismo y el presidente de la Asociación de Historiadores de la Comunicación explicaron los objetivos fundamentales del Congreso. El primero de ellos es la creación de una red internacional que una a los historiadores de la comunicación de ambos continentes, pretendiendo que esa organización internacional nazca en Cuenca durante la celebración del Congreso. El segundo objetivo sería la realización del segundo número de la revista internacional de Historia de la Comunicación cuyó contenido estaría marcado por este Congreso.

Antonio Laguna también señaló la cancelación de la conferencia que iba a impartir el humorista Joaquín Reyes. Una ausencia que se debe a problemas personales del propio Reyes que le impiden acudir al Congreso.

Josep María Casasús analizó la influencia del humor en la historia

Tras la inauguración, el doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona, Josep María Casasús, ofreció una conferencia sobre la acción del humor como motor de la historia. Su ponencia se basó en la explicación del papel de agitación de conciencias que se dió en dos casos concretos, el chiste gráfico Al Fronton Condal y las caricaturas de Mahoma.

Casasús explicó que en ambos casos, esas viñetas sirvieron para movilizar a la población en favor de unos valores u objetivos concretos. En el caso de Al Fonton, ese chiste, según Casasús, fortaleció al movimiento solidaritat catalana después de que “la clase castrense no se lo tomara con sentido del humor”. Esa viñeta apareció en un momento de la historia de España, 1905, en el que el ejército estaba totalmente desacreditado tras la pérdida de Cuba y Filipinas en la crisis de 1898, por lo que los altos mandos catalanes censuraron la publicación, provocando un efecto en la población no deseado por los militares. El segundo ejemplo que destacó Casasús, las caricaturas de Mahoma, sirvió al profesor para explicar las diferencias entre la sociedad occidental, laica, y la de ciertos países árabes, mayoritariamente religiosa y las causas que llevaron a manifestaciones violentas en protesta contra esas viñetas. Esas difrencias, en relación con dichos dibujos, radican en que en Occidente es habitual criticar desde el humor a la religión, mientras que en ciertas sociedades árabes, fundamentadas en fuertes valores religiosos, esta práctica humorística se considera una falta de respeto

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