La belleza, antigüedad, historia y el emblema del lugar son algunas de las características que podemos señalar a la hora de hablar sobre el Casco Antiguo de la ciudad castellano manchega de Cuenca. Numerosos son los turistas que, día tras día, recorren las calles del Casco. Cuestas, escaleras, recovecos y callejuelas conforman este lugar tan preciado por todos los conquenses. Pero como indica el refranero español: ‘no es oro todo lo que reluce’. La vida diaria de los vecinos del Casco Antiguo, es decir, la rutina no es tan ‘bonita’ y cómoda como podemos llegar a pensar los que vamos allí a pasar un agradable rato  y a sacarnos unas fotos. Algunas de las personas que allí residen hacen una valoración con los pros y los contras de vivir en este distrito de la ciudad.

La sensación de que Cuenca esté dividida en dos se hace evidente cuando conocemos que hace unos 40 años, el Casco Antiguo era denominado como el Vaticano. Este tenía su propio equipo de fútbol y una gaceta con este mismo nombre. Pues actualmente esta sensación se sigue viendo reflejada en los vecinos del Casco ya que ellos mismos cuentan que cuando van al centro de la ciudad dicen: “que me voy a Cuenca”. Pues aquí comienza el recorrido por la vida de los residentes en el Casco Antiguo, pasando por aquello que más aprecian hasta aquello que demandan para mejorar la residencia en este característico lugar.

Accesibilidad, aparcamientos y movilidad

Imagínese tener que subir al Casco en silla de ruedas o incluso con el carrito del bebé. Tantas escaleras y tan pocas rampas adaptadas dificultan la actividad de estas personas a la hora de llegar hasta allí. Pues este es uno de los temas que los vecinos ponen de manifiesto. Existen ascensores que llegan a diversos puntos del casco, pero ¿y si queremos visitar todo? Pues no hay más que escuchar el testimonio de José Vicente Ávila, vecino del Casco Antiguo, cuando cuenta que una vez se cruzó con una madre y su hijo en silla de ruedas, en el ascensor del Parking, y le preguntaron que cómo podían acceder hasta la Plaza Mayor. “En ese momento se me rompió el corazón. Como llevo tantos años aquí y me lo conozco como la palma de la mano llevé a estas dos personas hacía donde querían ir, eso sí, callejeando. El Casco no está, para nada, adaptado” cuenta José Vicente. Trabajadores del Museo de las Ciencias de Castilla – La Mancha comentan, “que para llegar hasta ese edificio, los operativos de la cruz roja tienen que subir ‘a pulso’ a las personas que vayan en silla de ruedas  y quieran visitar el museo”. Pero este es un problema con solución, ya que se construyó un ascensor que llegaba a Torre Mangana, pero que está inutilizado totalmente y no se ha puesto en marcha. La Asociación de Vecinos del Casco Antiguo tiene un proyecto para la mejora de la accesibilidad y esperan que el ayuntamiento corte de raíz estos inconvenientes. En pleno siglo XXI, este sigue siendo un problema sin resolver y en el que se ven involucradas miles de personas.

De la accesibilidad nos vamos a otro problema que agrava la rutina de los conquenses que viven en esta zona,  los aparcamientos. Desde el Puente de la Trinidad hacía arriba no se puede aparcar porque la estética del lugar exige que los coches no se vean, en la Calle San Pedro ,hasta hace 20 años, se podía estacionar pero era un caos y en la Plaza Mayor también se podía pero se debe respetar la belleza del lugar y no afearla. “Hace algunos años se hizo un parking en el Castillo y otro en Mangana pero con el inconveniente de que el vecino que guarde su coche allí le cuesta unos 72 € al mes, no es ningún regalo” cuenta José Vicente Ávila. Esto se ve incrementado con las festividades que se celebran allí, como son San Mateo y Semana Santa. Con respecto a este tema, la Asociación de Vecinos tiene un proyecto para que la calle San Martín quede reservada para los residentes.  Los vecinos han visto restringidos los pocos espacios que tenían para aparcar sus coches.

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Escaleras nuevas en el Casco / Foto: Silvia Zafra

No solo consiste en desplazarse por el Casco, los habitantes necesitan bajar hasta la ciudad y requieren  medios urbanos. Pues bien, estos disponen de dos líneas de autobús que van hasta el centro de la ciudad pero los vecinos echan en falta otros autobuses que los lleven a lugares tan imprescindibles como el Hospital y la Universidad. “Hace años existía un autobús nocturno que le llamábamos ‘El Búho’ y desapareció por la ineptitud de los políticos de turno. Este es un medio que la asociación de vecinos está pidiendo que se restablezca” argumenta el vocal de la Asociación de Vecinos Casco Antiguo de Cuenca, Juan Antonio Arce. En Cuenca, en estos momentos, se está llevando a cabo un Plan de Movilidad, “por ahora no han contado con nosotros” explica Juan Antonio. Esta es una lucha continua de todos los que están allí.

Necesidades básicas

Algo tan básico y necesario como son los bancos para sentarse y charlar, supermercados, parques, marquesinas o el gas natural ‘brillan por su ausencia’ en la parte alta de Cuenca. Los vecinos echan de menos tener unos bancos donde poder sentarse e intercambiar impresiones con los demás. Ni que decir de la falta de parques para que los más pequeños puedan disfrutar. “Los muchachos no tienen un lugar donde jugar y pasar su infancia porque los dos lugares, la Plaza de Mangana y el Jardín de los Poetas, donde los pequeños pasaban horas y horas llevan muchos años en obras ” describe con cierta melancolía José Vicente. Las ‘tiendas de barrio’ son el único medio para poder comprar lo imprescindible pero si tienen que hacer compras más abultadas o específicas tienen que desplazarse hasta el centro. Y esto no queda aquí, ya que el gas natural aún no ha llegado al Casco, aunque se está llevando, y quedan viviendas que calientan el agua con estufas de leña, es decir, como si retrocediésemos a épocas pasadas. Pues estas cosas que cada uno de nosotros tenemos tan a mano, los vecinos del Casco Antiguo de Cuenca luchan para conseguirlas y avanzar en el tiempo.

No todo iba a ser malo, los vecinos del Casco Antiguo también saben apreciar las cosas buenas y que prestan buenos servicios como es el centro de mayores San Pedro, que se inauguró  en el 2003 y que hoy en día sigue sirviendo para que los mayores tengan un lugar de reunión y de entretenimiento, pues según nos cuenta J. Vicente, en los inviernos, si no, la gente no sale de sus casas y hay muchas personas que están solas, y de esta forma tienen un punto de encuentro. “Las mujeres van allí, y ya no solo cosen, si no que hacen talleres de pintura, manualidades en general”, apunta J. Vicente.

Por otra parte, los vecinos cuentan con un centro médico situado en la calle Alfonso VIII que se abrió a principios de los años 90 y que fue reformado en 2003 mejorando sus instalaciones con la incorporación del agua caliente y la pintura del interior del mismo, gastos que ascendieron a 1242,96 euros de los que se hizo cargo, al cien por cien, la Consejería de Sanidad. “Al ser pocos vecinos, este médico funciona mejor y no lleva tanto retraso como los de Cuenca y los lunes abre por la tarde, en ese aspecto está muy bien”, afirma J. Vicente. En la misma calle y al lado del centro médico se encuentra la farmacia, una comodidad de agradecer.

Proyectos y ayudas

Hace ya doce años, desde 1990 a 2003,  que se llevó a cabo el proyecto “Cuenca a Plena Luz” con el que se llevaron a cabo obras de restauración de algunos edificios del Casco Antiguo, como los más característicos por sus colores vistosos que se observan nada más llegar arriba por la calle Alfonso VIII. Pero lo que pretendía ser algo que mejorara las condiciones, se quedó en pura fachada, nunca mejor dicho, ya que como confirma J. Vicente, “se remodeló las fachadas, el color y los tejados  y a los vecinos no les costó nada. Esto para que el casco esté bonito y porque era gratis. A los que lo hicimos después nos costó mucho dinero aunque nos dieron subvenciones. Este tipo de ayudas solo están aquí arriba”. Subvenciones condicionadas, pues tratándose de una zona histórica no está todo permitido y los vecinos se tienen que regir por lo que las diferentes instituciones estimen oportuno, otro problema a añadir a la lista, pues al depender de tantos permisos, los trámites son muy lentos y costosos. “Como Cuenca es una ciudad declarada como Patrimonio Cultural de la Humanidad, los vecinos nos tenemos que ceñir al color que tenía la vivienda en siglos pasados y que provenían de los tintes con los que se trabajaba en cada casa, las barandillas, balcones, puertas… es decir, todo para mantener la estética del casco. Tiene que haber una uniformidad, unas exigencias y por eso te ayuda El Consorcio” aclara el vecino.

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Las fachadas con sus colores característicos / Foto: Inma Teruel C.

Con este proyecto también se prometieron muchas ayudas para los vecinos “si quieres pintar la fachada, tejado…. Son desde 6.000 a 12.000 euros y se concede por el Consorcio: Ayuntamiento, diputación, estado, junta”, cuenta J. Vicente. Pero que las ayudas no lleguen a ejecutarse no favorece a que la gente se quede en el casco. “El dinero no sabemos a  dónde se perdía o a dónde no llegaba”, denuncia Juan Antonio. También se prometió el soterramiento de todo el cableado, y a día de hoy sigue sin estar completo como se puede apreciar al pasear por sus calles. “Te ofrecen, te prometen ciertas mejoras en tu barrio, o  en tu zona residencial, pero no hacen la previsión económica necesaria para llevarlo a cabo y así, por las incomodidades que van creando los diferentes gestores del ayuntamiento,  la gente se ha ido marchando a otras zonas”,  reprocha Juan Antonio, lo que provoca el consiguiente descenso de la población, pasando de unas 6000 personas que vivían antiguamente a unas 2000 que viven en la actualidad.

Gente nueva

La edad media de los residente en el Casco Antiguo oscila entre los 40 y los 60 años, pero hay un número elevado de personas mayores y hay que contar con que los que aún no lo son, lo serán y se irán encontrando con los problemas que muchos ya sufren, que, en este caso, es su propia vivienda pues éstas suelen contar con escaleras para acceder a ellas e incluso las hay que cada estancia está repartida en una planta, en la primera el salón, en la segunda la cocina y en una tercera el dormitorio nos cuenca J. Vicente. En este caso una solución sería colocar un ascensor, pero para reformas en el interior no conceden ayudas y las reformas en casas antiguas son muy costosas pues el proyecto cuesta más que el propio ascensor.

Hace años Cuenca fue una ciudad de acogida para numerosos artistas que decidieron compras pisos y casas en la zona alta del Casco Antiguo lo que hizo que le diera mucha vida “aquí se rodaban películas, programas de radio y en tiempos del Franquismo” por entonces fue cuando se introdujo el arte abstracto que acogen las Casas Colgadas, tan características de la ciudad. Pero por los años ochenta se fueron marchando y se notó como descendió la población. En la actualidad, parece que empieza a resurgir el Casco, “se empiezan a ver niños, y matrimonios, gente joven” cuenta orgulloso Ávila.

Si algo tienen en común los vecinos del Casco Antiguo de Cuenca, es que quieren vivir allí, que es su hogar y que ellos lo han elegido, pero no por ello tienen menos derechos que el resto de ciudadanos, que todo es llegar a acuerdos entre los diferentes organismos institucionales y que no dependa de quien esté en el poder para realizar la mejoras necesarias y, por otro lado, prometidas tanto en viviendas como en mobiliario, accesibilidad y movilidad. Tanto José Vicente como Juan Antonio se ven viviendo y envejeciendo allí, será porque al final aunque la vida en el Casco tenga un plus de sacrificio más que de bienestar compensa el pasear por sus rincones y respirar el aire puro o, como decía un espontáneo: «será que somos unos románticos».

Este reportaje ha sido realizado por:

Silvia Zafra Panadero

Inma Teruel C.

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