En este artículo queremos hacer nuestro comentario al trabajo publicado en la revista Viento Sur (revista política de tirada bimestral desde 1991 en la que se tratan temas de actualidad de política internacional, movimientos sociales y cuestiones teóricas) en el número 103 de Mayo de 2009 por Juan Carlos de Miguel y Víctor Pozas (Prof. Catedrático y Prof. Doctor en Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Universidad del País Vasco, respectivamente).

Los autores del artículo “¿Polarización ideológica o económica? Relaciones entre los medios y el poder político y corporativo” analizan el papel de los grandes grupos de comunicación con respecto a sus relaciones con los poderes políticos y cómo se prioriza, por parte de los dirigentes mediáticos, el crecimiento y el beneficio económico de sus empresas ante la tendencia ideológica que se les supone, la cuál queda en un segundo plano.

A toda empresa mediática que se crea se le atribuyen, por definición, dos propiedades características: un papel clave en la fundamentación de las sociedades democráticas y un sesgo político que, en dichas sociedades, se va reduciendo progresivamente. Este sesgo político, en el caso español, se dirige a una tendencia orientada hacia un centro difuso para el ámbito estatal. En el caso de los medios de comunicación de carácter público, este sesgo se encuentra más marcado. Por el contrario, en el caso de los medios privados, el sesgo político está siendo sustituido por una mentalidad de empresa (o sea, de conseguir un beneficio o una mayor rentabilidad económica). La estrecha relación, entre los medios de comunicación y el poder, dificulta la construcción de un sistema de medios que provea a la sociedad de una información independiente de los poderes económicos y políticos.

En el caso de España, su sistema mediático se englobaría dentro del modelo mediterráneo o pluralista polarizado junto con otros países del sur de Europa (como Grecia o Italia). Este es uno de los tres modelos que definen Hallin y Manzini (2008). Los otros dos serían el del norte de Europa o democrático corporativo y el del Atlántico norte o liberal teniendo a Estados Unidos como referencia. En nuestro caso y en el del resto de países del sur de Europa, las características distintivas serían: baja difusión de diarios, tradición de periodismo político, instrumentalización de los medios de comunicación privados, politización de radios y televisiones públicas y el escaso desarrollo del periodismo como profesión autónoma. Los propios profesionales de estos países admiten la influencia que ejercen sobre ellos los propietarios o altos cargos de los medios para los que trabajan. El periodismo se decanta por un posicionamiento partidista, alejándose de la neutralidad de la que presume la prensa anglosajona. Así mismo, los medios de comunicación utilizan la política para favorecer su crecimiento. El ejemplo más claro del sur de Europa es la influencia de Silvio Berlusconi en la Italia de finales del siglo veinte y principios del veintiuno. Desde su posición de primer ministro, realizaba una actividad bidireccional: por una parte, favorecía el crecimiento de sus empresas mediáticas a través de la política y, por otra parte, sus empresas le ayudaban a conseguir sus propósitos políticos, principalmente electorales (aunque no siempre lo consiguieran).

Siguiendo con en caso español, dos grandes grupos mediáticos a nivel privado copan el panorama periodístico: El grupo PRISA, ligado a la izquierda (PSOE), y el del Mundo, ligado a la derecha (PP). No siempre prestan un papel asesor y controlador del buen hacer de su partido afín, sino que a veces y puntualmente realizan críticas y muestran su desacuerdo respecto a sus proyectos políticos. Si nos adentramos en el panorama autonómico, la situación está mucho más fragmentada. Los medios de carácter público se encuentran fuertemente politizados. El partido gobernante es el que los controla. Además, no existe la figura de un organismo independiente que regularice los medios audiovisuales públicos, como ya existe en la mayoría de los países europeos. Esto se acrecenta en los medios públicos autonómicos, que se han convertido en oficinas paralelas de relaciones públicas de los partidos en el poder. El clientelismo, propio de los países que accedieron hace poco a la democracia, ha sido utilizado por los diferentes gobiernos españoles en estas últimas tres décadas. Esta práctica se lleva a cabo por ejemplo con la concesión de licencias para televisiones a concesionarios pertenecientes a grupos mediáticos afines. Un ejemplo claro de esta práctica fue el reparto de licencias audiovisuales en la Comunidad de Madrid hace seis años. La mayoría de las licencias fueron concedidas a medios cuya tendencia ideológica es afín a la del partido en el gobierno de la región.

El carácter ideológico que caracterizaba las acciones de los medios de comunicación ha cambiado por un carácter más pragmático. Es decir, las empresas mediáticas buscan las relaciones que mejor les permitan alcanzar sus objetivos de crecimiento económico. El paradigma de este modelo es el grupo estadounidense NewsCorp del magnate Rupert Murdoch, cuyo imperio mediático ejerce su enorme influencia (audiencia) para expandirse con el beneplácito del poder político. Esto le permite financiar, por ejemplo, a los dos grandes partidos políticos estadounidenses (republicanos y demócratas), convirtiéndose esto en un círculo vicioso del que Murdoch obtiene constantemente beneficios.

En España, en los últimos años, la tendencia se orienta hacia la búsqueda del crecimiento económico (intereses similares a los de Murdoch), desterrando el clientelismo utilizado desde finales de los años setenta. Por lo tanto, la polarización puede crecer o decrecer si sus intereses se ven satisfechos o si estos peligran. Varios han sido los ejemplos que han llevado a pensar en esta no alineación de los grupos multimedia con “sus partidos”. La llamada primera guerra del fútbol enfrentó a dos plataformas digitales ideológicamente diferentes (Canal Satélite-PRISA- vs Vía Digital-TELEFÓNICA-) por los derechos de retransmisión de los partidos de fútbol de primera división durante el gobierno de José Mª Aznar. Las disputas entre ambas plataformas dieron lugar a la creación de una plataforma única (Vía Digital) ligada a Sogecable, empresa participada mayoritariamente por PRISA. Vemos como, en ese caso, lo que primó fue el interés económico sobre el ideológico. En este caso, la disputa surgió entre compañías mediáticas de signo político distinto. No obstante, también han surgido disputas entre medios afines en materia ideológica. Por ejemplo en 2007, surgió de nuevo una disputa por los derechos de retransmisión de partidos de fútbol entre Mediapro y Sogecable (PRISA). Sin embargo, la más recordada fue la que llevaron a cabo medios de la derecha moderada y de la extrema derecha a raíz de los atentados que tuvieron lugar en Madrid el once de Marzo de 2004. El Mundo y la COPE, por un lado, y el grupo Vocento, por otro, entraron en una disputa por la autoría de los citados atentados. Esta disputa suponía una estrategia para captar audiencia o restar audiencia en otros medios que poseen un público situado en un mismo plano ideológico.

En la actual situación de crisis, los grandes grupos mediáticos españoles tienden a la recomposición o a la fusión entre ellos mismos, incluso en aquellos que disponen de posiciones políticas totalmente opuestas. Otra prueba más, junto con lo expuesto anteriormente, de que la vinculación ideológica que profesan los medios de comunicación está dejando paso a la búsqueda de acciones para la expansión y el crecimiento económico de sus empresas.

P.-S.

Referencias bibliográficas:

De Miguel, J.C. y Pozas, V: art. “¿Polarización ideológica o económica? Relaciones entre los medios y el poder político y corporativo”. Revista Viento Sur. Nº103. Mayo (2009). Sevilla

Hallin, D.C. y Manzini, P.(2008) Sistemas mediáticos comparados. Barcelona. Ed. Hacer.

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Carlos Checa

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