Los estudios y el amor fueron los que hicieron que Cristina se cruzara con el rugby; ese deporte desconocido en nuestro país y por qué no, también algo machista.

Cristina es natal de Puertollano (Ciudad Real) y hace ahora cuatro años, los estudios la trajeron a Cuenca. Vino para estudiar Educación Social pero nunca imaginó que el rugby se convertiría en algo fundamental durante su etapa universitaria. Entre las tantas cosas que le ha traído Cuenca, una de ellas fue conocer a Felipe, su actual novio y su entrenador de equipo de Rugby. Un día, él mismo fue quien la empujó para que conociera más de cerca este deporte que él ya practicaba. La animó a que se acercara a los partidos y entrenamientos del equipo masculino y que practicara con ellos. “Lo probé un día y me quedé” fueron las palabras de Cristina. Pero aún le faltaba algo: compañeras.  IMGP8945

Cristina, Irina y Julia. Ellas fueron las tres primeras chicas en practicar Rugby en Cuenca. En sus inicios, hace ahora casi cuatro años, las tres entrenaban con el equipo masculino de Cuenca ‘A palos’, pero pronto se dieron cuenta que el siguiente escalón era crear su propio ‘A palos’ femenino.

El equipo empezó a coger forma con la captación de más chicas; la amiga, la prima, la vecina, la compañera de clase… hasta quince jugadoras que son actualmente. “Nuestro primer partido fue un caos” recuerda la jugadora. Llevaban pocos entrenamientos y las integrantes del equipo aun no se conocían demasiado. “Las posiciones en el campo son un poco complicadas” se justifica, “y no supimos coordinarnos bien”. Esto y los nervios complicaron el partido. Pero como no hay mal que por bien no venga, acabaron ganando. “Aquel partido no creo que se nos olvide a ninguna de nosotras. No te puedo explicar lo que sentí. Solo sé que desde el campo hasta el vestuario fui llorando”. Este día fue el trampolín del rugby femenino en Cuenca. Les hizo apostar y confiar en lo que habían creado.

El equipo femenino ‘A palos’ no es un equipo federado, lo que no les ha permitido todavía competir en ligas profesionales. Ellas no pierden la esperanza ni el ánimo; saben que son un equipo joven y que les quedan muchos escalones por subir.

 Un deporte desconocido

El entrenador, Felipe, tiene en proyecto organizar una ‘liguilla’ a nivel regional. En Castilla-La Mancha, el rugby femenino brilla por su ausencia. Lo mismo ocurre con el masculino, es más, equipos de rugby de la región compiten en la comunidad de Andalucía ya que Castilla-La Mancha carece de federación. Felipe quiere que sus chicas de ‘A palos’ vayan más allá de competiciones y partidos amistosos que es lo que conocen hasta ahora en su deporte. Lo que han conseguido en más de tres años solo es el principio, pero desgraciadamente, están “jugando en un campo desconocido” para muchos. Existe una opinión muy generalizada sobre el rugby y es la de ser un deporte violento, para hombres y más propio “de América”. Cristina no la comparte y le gustaría que la gente dejara a un lado los estereotipos. Ella asegura no haber experimentado la violencia en ningún momento: “es todo lo contrario, somos una piña y en los partidos jugamos unidas y protegiéndonos unas a otras”. Considerado para hombres, precisamente por la fuerza que se emplea en su práctica: “Las chicas nos debemos considerar tan fuertes como los chicos, podemos hacer todo lo que ellos hacen”. No existen requisitos para poder jugar al rugby femenino ya que tienen cabida todo tipo de chicas, sean altas, bajas, delgadas o menos delgadas. Hay numerosas posiciones en el campo, y cada jugadora de las quince que hay por equipo ocupa una de ellas, esto permite posicionar a cada una en la más acorde a sus facultades.

Otra de las cuestiones que salpica al rugby es la confusión que existe entre éste y el fútbol americano. Los jugadores de este tipo de fútbol utilizan numerosas protecciones durante el partido, como  por ejemplo para el antebrazo, las lumbares, rodilleras o casco. El motivo es que los jugadores están más expuestos a los placajes ya que otra de las diferencias es que tienen permitido placar a otro jugador aunque éste no lleve el balón. En el rugby es todo lo contrario. Supondría expulsión directa a aquel jugador que plaque a otro que no posea el balón. Como protección solo utilizan la bucal.

Es cierto que, como en cualquier otro, el rugby es un deporte que requiere un mantenimiento físico diario ya que se emplea mucha fuerza corporal en el campo. Las chicas de ‘A palos’ entrenan tres días por semana, una hora y media por entrenamiento. La gran mayoría de ellas estudia o trabaja de manera paralela al rugby. ¿Es esto compatible?

La carrera universitaria no ocupa únicamente el horario de clases, si no que engloba muchas más horas de estudio y trabajos. A Cristina no le sobran horas del día, a veces incluso le faltan. Tiene que organizarse a diario para poder llegar a todo, pero lo más importante para ella, sin duda, son sus estudios. Sin embargo, confiesa que el Rugby ocuparía su segunda ocupación más importante del día. Esto no quita que estudios y deporte no puedan compaginarse, “hay que encontrar tu deporte, es el que hará que organices tu tiempo”. En un deporte en equipo existe mucho más compromiso; todos los jugadores son piezas fundamentales por lo que Cristina, como todas sus compañeras tienen una responsabilidad intocable con los entrenamientos y con su equipo.

La puertollanera ya era deportista antes de conocer el rugby. Durante seis años practicaba el voleibol hasta que los estudios fuera de casa le impidieron seguir con él. Esto le permite comparar las cualidades de un deporte y otro. La principal diferencia que destaca entre los dos deportes “de su vida”, rompiendo una lanza a favor del rugby, es que en este hay mucho más contacto físico con tus compañeros, esto provoca unión en el equipo. Es un deporte de contacto y lazos de compañerismo, incluido con los rivales. El denominado Tercer Tiempo, la tercera parte del partido, significa que, una vez finalizado el juego, es momento de que los equipos rivales disfruten de un rato agradable juntos acompañado de un aperitivo. El equipo local invita al visitante a comer y beber y así crear unión entre ambos, lo cual debería ser fundamental en cualquier deporte.

Los estudios que en su día unieron a Cristina con el rugby, tal vez sean también el motivo de su separación. Este año acaba la carrera de educadora social y su siguiente meta es encontrar trabajo o hacer algún máster fuera de Cuenca. Dedicarse profesionalmente al rugby no entra en sus planes pero le encantaría que siguiera formando parte de su día a día allá donde vaya. Pero eso está en manos del destino, el mismo que quiso que un día se encontraran.

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Sara Olivares

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