En 1995, Greg Glassman, un expolicía de California, se sintió dispuesto a crear un conjunto de ejercicios que funcionasen de manera complementaria y originasen un estilo de vida en el que marcarse retos personales jugando con un gran esfuerzo. Esta serie de movimientos de cardio y fuerza contaba ya entonces con el propio Glassman como entrenador, que educaba y preparaba los cuerpos de los usuarios de su gimnasio para profesiones tales como policía, bombero o incluso para alistarse en el Ejército. Esta variedad de deporte fue denominado CrossFit. Los costosos y novedosos entrenos que suponía el mismo, junto con el aliciente de la presencia de un entrenador, marcaron el origen de una nueva era para el deporte.

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Crossfiters en clase // Foto: Paloma Ollero

El ex-agente que comenzó con 18 inscritos en su gimnasio de California, especializado en dichos ejercicios, pasó a tener 1700 clientes en cinco años. La conocida marca Reebok patrocinó de manera oficial a Glassman a partir de entonces.

El CrossFit, ahora tan de moda, consiste en un entrenamiento a intervalos de alta intensidad (también llamado hiit) que se realiza en grupo. El hecho de que se lleve a cabo en equipo hace de éste un deporte competitivo dentro del buen ambiente que se genera. Esto es así puesto que los deportistas se reúnen a practicarlo con gente con sus mismos propósitos mientras comparten espacio y tiempo, pero también hay cierta rivalidad a la hora de ver quién avanza más y mejor. Ello fomenta el esfuerzo personal y hace que las líneas de meta de cada uno de los participantes no dependan sólo de los límites que éste o ésta se haya marcado, sino también de los que ha visto que el compañero o compañera alcanzaba.

Quienes lo practican dicen que se necesitan muchas ganas, coraje, confianza y buena disciplina, la cual, si no se tiene, se adquirirá, pues estos ejercicios pueden resultar muy costosos, pero terminan siendo adictivos. Hablan de éste como un deporte que engancha y explican que el cuerpo ejercitado de este modo hace que la mente entienda la vida de otra forma. Por supuesto la rutina no es amiga del crossfiter, quien, con ayuda del entrenador, lucha contra ella mediante la perfecta planificación de los WODs, como se denominan a los circuitos del deporte. Los WODs, que deben sus siglas a Workout Of the Day (entrenamiento del día), integran y mezclan de manera concienzuda ejercicios como las sentadillas, el press en banca, anillas, peso muerto, abdominales o volteretas. Cada uno conoce sus límites y es tarea tanto del entrenador como del instruido alcanzar y sobrepasar los mismos. El calentamiento es muy importante, puesto que sin él podrían producirse lesiones que este deporte pretende, precisamente, evitar con su práctica. Esto es así puesto que el principal objetivo del Crossfit es, además del disfrute del deporte, conseguir la agilidad y musculatura fuerte necesarias para enfrentar tareas dificultosas en el día a día.
Los especialistas en este deporte aconsejan combinarlo con una dieta sana que acoja todos los nutrientes que nuestro cuerpo necesita y deseche los que no aportan nada bueno a la salud. Un ejemplo de ello es la supresión de la ingesta del azúcar en las comidas. Así como el aporte de proteínas, grasas insaturadas o fruta.
La correcta introducción del CrossFit en la vida de un deportista pasa en casi todo momento por la figura de su entrenador, quien aconseja al crossfiter sobre la mencionada dieta equilibrada, complementaria al buen entrenamiento y, sobre todo, la correcta realización de los ejercicios, muy importante a la hora de evitar lesiones y conseguir los propósitos físicos esperados.

Entrevista a Joaquín Castillo, entrenador en el box Tarsis de Albacete

Pregunta- ¿Cómo se inició en el CrossFit?
Respuesta- Simplemente decidí probarlo y me enamoré en seguida que lo practiqué.

P- ¿Cuánto tiempo lleva practicándolo?¿Cómo se especializó?
R- Llevo un año y medio. Me especialicé sin darme cuenta, empecé a aprender y durante meses no hice otra cosa que indagar acerca del CrossFit.

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Joaquín Castillo dando su clase de Crossfit // Foto: Paloma Ollero

P- ¿Hay algo que le atraiga especialmente que no crea que tenga cualquier otro deporte?
R- El espíritu de compañerismo y hermandad que se vive en él, pero sobre todo el sentimiento de creer ser indestructible (risas).

P- Actualmente el Crossfit está de moda, ¿cree que hay mucha gente que lo practica por eso y no porque realmente le “enganche”?
R- Lo que veo a menudo es que algunas personas empiezan a practicarlo por moda y se acaban quedando por adherencia a dicha práctica. La mayoría de gente que lo practica por supuesto que está enganchada.

P- ¿Cuál es su rutina a la hora de dar las clases?¿Cómo organiza los WODs?
R- Las clases se componen de calentamiento, trabajo de técnica (la que toque ese día), WOD o circuito y vuelta a la calma. Los WODs tienen infinidad de posibilidades de organización, basta con tener claros los objetivos y las capacidades que quieras trabajar, a partir de ahí solo hay que escoger los ejercicios y ordenarlos de forma coherente. Obviamente lo explico así a modo resumen. Saber programar estos tipos de entrenamientos sin pasarte o quedarte corto en la intensidad requiere muchísimas horas de práctica y experiencia.

P- ¿Qué diferencias hay (si existen) entre chicos y chicas en las clases?
R- No sabría decirte, porque tengo chicas e incluso madres a quienes no les ganan ni los más “burros”. Si me tuviera que quedar con una diferencia que resalte, es la concentración. Normalmente las chicas se concentran mucho más por el simple hecho de que al principio les cuesta más mover los pesos.

P- ¿Cualquiera que se vea capacitado puede realizar estos ejercicios?
R- Totalmente. Incluso los que no se ven capacitados acaban superando retos que veían imposibles.

P- En rasgos generales, ¿qué destacaría de su trabajo como entrenador de este deporte?
R- El amor-odio que me tienen mis clientes, porque les hago sufrir de lo lindo pero la satisfacción que les produce mejorar mental y físicamente no se puede comparar con nada.

Desde luego, conociendo estos datos sobre el CrossFit, queda claro que más que una práctica es una conducta. Y, ¿por qué no intentarlo?

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