Parece descabellado que los mismos acontecimientos se repitan o que el pasado pueda regresar pero la historia se mueve como una espiral y algunos sucesos vuelven a ocurrir de forma casi idéntica.

El fin de este artículo no es otro que el de traer un acontecimiento histórico a la más reciente actualidad para demostrar que la Historia no aglomera solo hechos pasados e irrepetibles sino que se proyecta hasta ahora y extiende sus garras de forma irrefutable. ¿Qué mejor forma de empezar que por España?, un país que si algo ha demostrado es su ineficacia a la hora de aprender de su propia Historia y de los errores cometidos.

Corría el siglo XIX, época convulsa en todos los aspectos en España pero que tuvo su máxima en el Sexenio Democrático (1868- 1874). En ese 1874 tras una experiencia fallida de República, los sectores conservadores se pusieron manos a la obra para que las cosa volvieran a la normalidad que ellos consideraban. Lo correcto para ellos era restaurar la monarquía borbónica en la persona de Alfonso XII e instaurar un régimen que favoreciera la estabilidad y el control de la situación. Una restauración de la monarquía borbónica tras un régimen que había caído y perdido su identidad. Pues bien, 100 años después un tal general Franco moría dejando a España sin rumbo y otorgando el único timón a Juan Carlos de Borbón.

La restauración monárquica de 1874 fue llevada a cabo por el líder conservador Antonio Cánovas del Castillo cuyo empeño se centró en crear un régimen político manipulado, con una democracia a la vista de todos, pero con los resultados electorales controlados. Junto a Mateo Praxedes Sagasta, líder liberal estableció un sistema bipartidista para poner el escaparate de una falsa democracia. El Partido Liberal solo tenía el nombre ya que era un mero aparato de un régimen solo de apariencia. Bipartidismo y turnismo fueron los grandes preceptos de la restauración pensada por Cánovas del Castillo. Dos grandes partidos que al parecer tenían ideas diferentes, pero seguían los mismos fines mientras se iban intercambiando en el Gobierno escenificando una democracia inexistente. Para una mayor parafernalia, en 1876 se redactó una Constitución que articulara la pantalla que se iba a crear.

En 1978 otra Constitución que todavía hoy está vigente significó el pistoletazo de salida de otro régimen de la restauración que fue denominado “transición” y cuyos planificadores fueron llamados “padres de la democracia”. Tras restaurar con Juan Carlos I la monarquía borbónica, loa grandes líderes políticos de la España del siglo XX buscaron en el baúl de los recuerdos y encontraron en 1874 su año 0. Era la hora de vender la democracia a precio de coste, como el humo de un cigarro que al principio engancha, pero a la larga es gravemente pernicioso. Pese a engalanarse de pluralismo se creó un sistema favorecedor del bipartidismo con dos grandes partidos PP y PSOE que acturían de conservador y liberal pero que una vez más perseguirían los mismos fines: ser actores de un teatro llamado democracia. Desde entonces se han ido turnando en el Gobierno mientras los demás hemos ido ciegos a votar, pensando que eran nuestros intereses los que se defendían. Y es que para ellos que el pueblo hable es síntoma de convulsión y que aparezcan partidos como Podemos es comunismo, radicalismo islámico, chavismo e incluso amenaza de guerra.

Amenazar el régimen de la restauración supone una grave falta para cualquier ciudadano que ose hacerlo y levantar la voz. Mientras tanto sigue la parafernalia con la abidación del rey instaurado, pero a rey muerto rey puesto, tal y como ya pasó entre finales del XIX y principios del XX. No hay opción a que se desafíe el orden impuesto y si aparecen nuevos actores se les intenta desprestigiar para intentar sacarles del juego.

La Historia se repite, y tal y como ocurrió en el pasado, los propios errores del turnismo y el fuerte tufo que despide la timocracia ha hecho que los ciudadanos salgan a las calles y escupan en las hurnas ensuciadas de hipocresía. La clase política debe reaccionar y no re-restaurar la restauración porque el poner parches a los escapes de gas puede desencadenar un estallido global del sistema. Si la restauración falló hace un siglo, ¿quién fue la brillante mente que pensó que no lo haría una segunda vez?

The following two tabs change content below.

Juan Ignacio Cantero

Graduado en Periodismo por la Universidad de Castilla- La Mancha con Máster oficial en Profesor de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de idiomas también en la Universidad de Castilla-La Mancha. En la actualidad es doctorando en la Universidad de Castilla- La Mancha e investiga sobre periodismo deportivo, nuevas tecnologías y periodismo inmersivo/ realidad virtual.
Juan Ignacio Cantero

Juan Ignacio Cantero

Graduado en Periodismo por la Universidad de Castilla- La Mancha con Máster oficial en Profesor de Educación Secundaria Obligatoria, Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanza de idiomas también en la Universidad de Castilla-La Mancha. En la actualidad es doctorando en la Universidad de Castilla- La Mancha e investiga sobre periodismo deportivo, nuevas tecnologías y periodismo inmersivo/ realidad virtual.

Leave a Response