Un fin de semana cualquiera para Antonio Soriano puede comenzar con el pitido de un despertador. La ruta ya está organizada. ¿Hora de quedada? las 10.00h. Esta vez la jornada se va a centrar en la escalada, aunque podría ser espeleología, descenso de cañones, ala delta o montabike en su corriente más extrema.

Como experto en deportes de montaña, Antonio repasa antes de salir todo el material que utilizará. Los arneses, las cuerdas, las cintas y el resto de material de seguridad, mientras que guarda de nuevo los neoprenos que utilizó la semana pasada para el descenso de cañones y la espeleología. Lo último en su lista, avisar de la ruta a sus familiares por si ocurriese algún fallo técnico e introducir en la mochila la comida del día.

Pedaleo tras pedaleo, Antonio pone rumbo junto con sus compañeros a la Serranía más profunda de Cuenca, donde frente a ellos, se alzan metros y metros de piedras que escalarán durante el día entre risas, esfuerzos y buena compañía. Y es que las actividades físicas de riesgo cada vez están más ligadas a la supervivencia, la velocidad o la altura. Poco a poco son más los adeptos que desafían las leyes de la gravedad.

El grupo se nota nervioso mientras bromean unos con otros sobre las expectativas que tienen para el resto del día. Y es que en estos deportes, lo convencional se queda en un segundo plano. Alcanzar un bien común deja de ser la prioridad, los chicos prefieren marcarse retos para luego superarlos. En definitiva, el objetivo es acabar con la monotonía e interactuar con el ambiente que les envuelve.

Situados en las faldas de aquella gran roca, y con quince minutos de estiramientos a las espaldas, Antonio se provee de arneses y pies de gatos que le ayudarán a sujetarse, además de cintas y cuerdas por las que subirá a la cima. Él se ofrece a ir primero, “cuando vas el primero tienes más posibilidades de sufrir la caída, por eso la sensación es más extrema” asegura. Y es que “cuando llegas arriba se siente una sensación indescriptible que llena por dentro. De hecho, siempre que llego me paro un momento a mirar lo que tengo delante y detrás”

Nuevos desafíos surgen del afán de adrenalina. “Soy adicto a la adrenalina” afirma mientras coge aire y pega el primer impulso que le ayudará a escalar los cien metros que le quedan por delante. Se trata de una especie de satisfacción personal que trae consigo este consumo de adrenalina, una manera de evadirse de la realidad, basada en la concentración y la habilidad técnica.

Una necesidad de experimentar sensaciones y experiencias varias solo por el placer de arriesgar. Es la búsqueda de peligro y aventura, de desinhibición y susceptibilidad al aburrimiento. Antonio subía rápido por la roca, mientras un compañero abajo mantenía la cuerda de la que pendía la vida de nuestro alpinista. Pero no todo vale, el peso de ambos debe estar acorde para que en caso de incidente, no se cree el efecto polea. Así lo contaba el grupo que observaba como algunos de ellos ya prácticamente habían alcanzado la cima.

Y es que, pese a que se trata de un deporte de sensaciones interiores, también es importante la confianza en la persona que tenemos al lado. “Este tipo de deportes te ayudan a crecer, en el sentido de que tienes que mantener la calma y no ponerte nervioso. Puedes encontrarte a cincuenta, sesenta o cien metros” aseguraban.

Una vez arriba, “la sensación es indescriptible” contaba Antonio, que recordaba además, la primera vez que había escalado como uno de los mejores momentos vividos en este deporte. El conquense no solo se centra en Cuenca, pues afirma que “si tuviera que elegir uno, sería los picos de Europa. Me parece una de las pocas regiones que quedan vírgenes aquí en España. Muy extrema”.

Este tipo de deportes, sufren grandes parones en invierno por las condiciones meteorológicas. Las temporadas altas transcurren desde los meses de primavera hasta los de otoño. “Desde los 15 años hasta mis 33 llevo practicando deportes de riesgo” y en estos dieciocho años de experiencia, Antonio recuerda que no todo ha sido bueno. Sentados en plena Serranía, el conquense recordaba una mala experiencia vivida como monitor de un grupo de menores en los picos de Europa, donde se desviaron de la ruta durante cuatro horas en una situación meteorológica de niebla y temperaturas altas.

Entre anécdotas transcurría la hora de comer, con un par de cervezas y la compañía de un grupo de compañeros que disfrutaban tanto o más que el propio Antonio. Muchos de ellos, no solo eran compañeros de escalada, sino que también practican el descenso de cañones, la espeleología o incluso el parapente. Y es “Cuenca es un paraje ideal para practicar deportes de riesgo. Hay muchas oferta en esta modalidad”.

Como miembro de la Asociación Juvenil Annapurna “Te recomendaría empezar con gente de mucha confianza o ir a una escuela donde te formasen y no te lleves ningún susto el primer día. El primer día es clave” aseguraba una vez acabado la jornada. Se trata de una asociación encuadrada en este tipo de actividades adaptadas a los niños a través de campamentos y rutas. Cada verano los monitores forman a niños a través de tres fases. “Las dos primeras son de formación, y en la tercera viajamos o a los picos de Europa o a Ordesa donde los chicos ponen en práctica lo que han aprendido”.

Tras un día duro repleto de sensaciones, Antonio vuelve a casa completamente realizado, con ganas de volver a la naturaleza y con futuros proyectos en deportes como paracaidismo, parapente o ala delta. Ya sea solo o acompañado, aprovechará las últimas semanas de otoño que Cuenca ofrece, antes de que el frio lo impida.

Y es que el riesgo es una forma de vida, ¿Qué les deparará el próximo fin de semana?

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