¿Quién dijo que las coberturas de guerras eran cosas de hombres? Tirando por tierra este mito Beatriz Lecumberri, periodista española especializada en el ámbito internacional, ha recorrido parte de la geografía mundial cubriendo conflictos armados y luchando porque el periodismo “sirva para algo”. Irak, Israel, Líbano,Brasil y actualmente Jerusalén son algunos territorios que ha pisado esta “periodista de libreta”, como ella misma se define, con pie firme. Aunque ajetreada, el tiempo le ha permitido escribir La revolución sentimental donde refleja sus 4 años de viaje periodístico por la Venezuela de Hugo Chávez.

¿Cuándo decidió dedicarse al periodismo internacional?¿Fue por vocación o por obligación?

Por vocación, aunque no es una decisión que se tome un día y ya está. La vida me fue llevando y también he tenido mucha suerte. El deseo y la curiosidad estaban ya presentes antes de empezar a estudiar Periodismo y fueron en aumento una vez en la universidad. Recuerdo haber leído, por ejemplo, Mujer en guerra de Maruja Torres, antes de empezar la carrera, y decir: “Yo quiero dedicarme a esto”. En mi caso quiero que el oficio que he elegido y que me encanta, el periodismo, sirva para algo. Y en mi trabajo en lugares como Caracas, Jerusalén, Irak o Haití quiero creer que sí ha servido. Ser el hilo conductor entre una realidad desconocida, una guerra, una historia humana que nos conmueve, las vicisitudes de un presidente, la violencia que azota a un país, las víctimas de un conflicto sin fin, etc y el lector, oyente o telespectador es un privilegio, un deber, una responsabilidad, una pasión… En mi caso, y por eso digo que he tenido suerte, he podido hacerlo, he podido estar en lugares donde pasaban cosas graves y he podido contarlas. Ése era el periodismo que yo quería hacer y hacia él me he ido encaminando poco a poco.

Oriente medio, Venezuela, Francia, París y ahora Jerusalén ¿Por qué ha elegido trabajar en estos países y no en otros? ¿Cuál de todos diría que le ha aportado mayor experiencia como periodista?

 No podría elegir uno. En todos estos lugares he aprendido y he crecido como periodista. Algunos destinos los he elegido o perseguido yo, por ejemplo Oriente Medio, concretamente Jerusalén, sobre todo en mis primeros reportajes en la región. Otros llegaron por casualidad, como Venezuela, donde nunca me había planteado ir antes de que me ofrecieran dirigir la oficina de la agencia France Presse allá y fue una experiencia tremendamente enriquecedora.

Además del inglés ¿qué otros idiomas cree necesarios para el periodismo internacional?

Todos los posibles. Por supuesto el inglés ayuda allá donde vayas porque casi todo el mundo chapurrea algo. En mi caso ahora estoy aprendiendo árabe porque me parece una herramienta de trabajo importante en la región donde vivo.

¿Cree que a día de hoy la mejor arma para los actores internacionales es una ciudadanía informada y educada o por el contrario lo que quieren las instituciones es hacer que el pueblo sepa solo lo que ellos quieren?

Creo que no se puede generalizar. Siempre hay gente que prefiere tener como interlocutores a gente con poco acceso a la información y creo que sobran ejemplos en el mundo actual. Hoy, la información circula y la mayoría de la gente en los países, llamémosles democráticos, tiene acceso a ella. Otra cosa es que haya una sobredosis de datos y noticias y dentro de ellos mucha “contaminación” y manipulación y que la gente ya no sepa con qué quedarse, en quién confiar o cómo formarse una opinión correcta sobre las cosas.

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Beatriz Lecumberri en plena entrevista con Chávez. / Fuente:B. L

Además de su labor periodística ha escrito un libro reflejando su vivienda por la Venezuela de Hugo Chávez ¿Qué es lo que más le ha impresionado de ese Gobierno?

La Venezuela de Chávez que yo viví era una caja de sorpresas. Viví casi cuatro años en Caracas y Hugo Chávez nunca dejó de sorprenderme. Para bien y para mal. Fue sin duda un momento extraordinario en el sentido literal del término: fuera de lo ordinario. En Caracas, de 2008 a 2012 pasaron cosas increíbles. Como decía antes, fue un privilegio descubrir ese país desconocido para mí, vivir esa realidad política tan compleja y contarla en mi trabajo como periodista y posteriormente con el libro. Me impresionaron muchas cosas, como el poder de Chávez sobre los venezolanos y el culto a la personalidad existente.

En la introducción de su libro afirma que Hugo Chávez se convirtió en su gran obsesión ¿Qué rasgo de su personalidad le llamó más la atención?

Independientemente de la opinión que se tenga sobre él, Chávez era un hombre con un carisma fuera de lo común, lleno de contradicciones y de miedos, muy solo y con un sueño que quería realizar a cualquier precio aunque no pudo ser. Cuando hablo de obsesión, me refiero a que en aquellos años, la vida de los periodistas en Caracas giraba en torno a él. Sus palabras, sus decisiones, sus salidas de tono interesaban a todo el mundo y todos los corresponsales vivíamos al ritmo que él marcaba. Había que escucharlo todo el rato y te aseguro que hablaba mucho. Muchísimo…Como jefa de oficina (éramos 8 o 9 en total) yo era responsable en última instancia de la producción entera (texto, foto, vídeo…) y era un trabajo muy muy exigente. Te doy varios ejemplos: Chávez nacionalizó el Banco Santander visitando un convento de monjas, rompió las relaciones con Colombia mientras recibía a Maradona y mandó al rey de España a tomar viento en un discurso de madrugada. Nunca en mi vida pensé que iba a tener que escuchar a alguien tantas horas. Al final, ya lo conocía prácticamente: sabía cuando venía de buen humor o de mal humor, cuando se preparaba para anunciar algo importante, cuando el discurso sería largo o más bien corto (corto eran dos o tres horas…). Chávez nos llamaba a los corresponsales para acompañarlo en viajes por Venezuela, nos convocada a ruedas de prensa interminables… Para él era muy importante lo que la prensa internacional decía sobre él.

Maduro ha acusado a los medios españoles de querer “desprestigiar y distorsionar” la realidad venezolana. Usted como periodista española ¿comparte la afirmación del presidente o por el contrario cree que a veces se juzga y habla de Venezuela sin conocer su situación?

Hay que distinguir entre dos cosas. Por un lado, creo que se ha hablado y se habla mucho de Venezuela sin saber realmente qué está pasando allá. Me parece que el país y Chávez llevan años caricaturizados en muchos medios, y no sólo españoles. El mismo desconocimiento existe sobre la oposición venezolana. Venezuela no es blanco o negro, no es tan fácil decir ‘estos son los buenos, estos son los malos’. El país es muy complejo, exige documentarse y escuchar a gente muy diversa antes de hacer juicios o emitir opiniones como las que veo a menudo en la prensa. Ahora bien, cuando Maduro dice que la prensa española “desprestigia y distorsiona”, habría que preguntarle si se refiere a informaciones poco documentadas o simplemente a cualquier artículo en su contra.

A día de hoy las dificultades económicas han obligado a los medios a recortar el presupuesto en información internacional y, a muchos de ellos, a reducir las corresponsalías ¿Cómo cree que solventan los medios esta carencia de información internacional?

Los medios de comunicación siguen contando con las agencias de noticias internacionales como AP, Reuters, AFP y en España, EFE, que les suministran la información. Pocos pueden permitirse tener todas, pero conservan una o dos. Ahora bien, se pierde calidad y personalidad, porque no es lo mismo publicar una crónica de tu corresponsal, que es exclusiva, que un despacho de agencia.

Según palabras de Felipe Maraña “En una sociedad internacional con cambios tan bruscos, los medios de comunicación se ven obligados a mover constantemente a sus corresponsales quienes acaban perdiendo así sus raíces y convirtiéndose en jinetes de una tropa ambulante para la que es mucho más importante estar que ser”, ¿Cree usted que ahora se apuesta más por el periodista todoterreno que por el periodista especializado?

Creo que sí. Por razones económicas, al corresponsal se le pide hacer de todo y saber de todo, lo cual es imposible. Cada vez existen más las llamadas corresponsalías regionales, es decir, tener a una persona por ejemplo en Jerusalén que hable de lo que pasa en todo Oriente Medio, o en Bogotá y que hable de lo que ocurre en Buenos Aires. Está claro que si un periodista vive en Jerusalén no tiene la información necesaria para contar lo que está pasando en El Cairo sin viajar a Egipto. Son las exigencias del guión y eso entristece a los corresponsales buenos, que se ven obligados a contar sin ver, lo cual es un drama para el oficio y un cierto timo para el lector. Es mi opinión.

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Beatriz Lecumberri con papel y boli en Gaza. / Fuente: B.L

Siguiendo las palabras del filósofo Jaime Balmes “uno de los errores de los seres humanos es el de creer queel que tiene talento, lo tiene para todo”. Continúa afirmando, que “lo normal es que cada persona sea sobresaliente en una cosa, mediocre en otras muchas y negados para otras más”. ¿Hay alguna rama del periodismo para la que usted se vea negada y no tocaría jamás?

Yo  creo que soy periodista de libreta o de página en blanco en el ordenador.Pienso que mi lugar está en la prensa escrita, sea diario, agencia o revista…Ahora estoy haciendo radio, por ejemplo, y no termino de sentirme cómoda. Lo puedo hacer medianamente bien pero jamás seré una buena periodista radiofónica. Nunca he hecho televisión tampoco. Me intriga y me encantaría probar cómo se cuenta con imágenes, pero al mismo tiempo me inspira respeto y hasta ahora no me he atrevido.

Según Reston a los periodistas “nos fascinan los acontecimientos, pero no sus causas” ¿Cree usted que en la actualidad los medios de comunicación siguen llevando a cabo esta dinámica para informar sobre los sucesos internacionales?

Creo que la rapidez con la que hoy en día informamos, esa tiranía de ser los primeros, de actualizar la web o de entrar en directo en la radio y la televisión nos impide muchas veces llegar al fondo de lo que está pasando. Me parece que la exigencia de ser los primeros, sumada a la falta de medios financieros del periodismo merma la calidad de la información que damos.

Desde su experiencia ¿qué consejo le darías a un estudiante de periodismo que quiera especializarse en el ámbito internacional?

Que lea mucho, aprenda idiomas y jamás salga de casa, del hotel o del avión con el título o el primer párrafo de una nota en la cabeza. Es decir, que se deje sorprender.

Prensa, radio, televisión, o los infinitos medios que nos brinda Internet. ¿Por cuál de ellos se decanta usted para mantenerse informada sobre el ámbito internacional? ¿Qué dieta diaria recomienda leer a un periodista para estar al día en el ámbito Internacional?

Es necesario leer tanto como se pueda, en cualquier soporte (Internet, prensa diaria, revistas especializadas, libros… ) No sólo de nuestro de país sino de otros países. Y leer también a la competencia. Es cierto que a menudo el día a día no deja demasiado tiempo para informarse como sería deseable.

Ha estado cubriendo la guerra en Irak y el conflicto palestino-Israelí. ¿Creé que la mujer como corresponsal juega con desventaja en el campo de batalla?

Antes de nada, quiero decirte que he cubierto varios conflictos como cualquier hombre. Mi empresa nunca me cortó las alas por ser mujer ni tampoco me sentí marginada dentro de las coberturas por mis colegas hombres. Creo que cada vez hay más mujeres periodistas cubriendo conflictos y eso es una victoria. Ahora bien, es innegable que una mujer, actualmente, en ciertos terrenos tiene que tomar unas precauciones o comportarse de una determinada manera para poder seguir haciendo su trabajo. Hay momentos en los que hay que saber dar un paso atrás, ponerse un velo o no salir del coche, desgraciadamente. Mi trabajo en el sur de Irak fue especialmente difícil. Es una región chií donde las mujeres no salen prácticamente de casa sin sus maridos o hermanos mayores y donde una chica que viaja acompañada por varios hombres y ninguno es su marido era muy mal vista. Te puedes imaginar. Tuve que ir velada y con una túnica hasta los tobillos siempre y hubo alguna situación un poco complicada. Supongo que recordarás los abusos sufridos por mujeres periodistas en Egipto durante las manifestaciones de la plaza Tahrir hace un par de años. Durísimo…

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Beatriz Lecumberri con niños de Gaza. / Fuente: Cedidas por B. L

Una de las armas de guerra más utilizadas en los conflictos armados es la violación de las mujeres. ¿Cree que es un tema un poco abandonado por los medios de comunicación o por el contrario cree que los medios se hacen eco de este problema?

Creo que se habla poco y en algunos casos nada. En África por ejemplo, la violación de las mujeres durante los conflictos es moneda común. Hay miles de niños nacidos de esas violaciones, miles de casos de Sida, miles de mujeres excluidas de sus propias familias por esta razón, es decir, doblemente víctimas.  Ahora estamos viendo el drama de las niñas secuestradas y usadas como kamikazes por Boko Haram en Nigeria. Hace un año hubo una campaña cuando secuestraron a varias decenas de jóvenes estudiantes, bajo el lema “bring back our girls”. Hasta Michelle Obama se fotografió con un cartel con este mensaje. Pero rápidamente pasamos a otra cosa. Las niñas no volvieron, Boko Haram ha seguido secuestrando… y la noticia ocupa poco espacio en la prensa, en general. ¿Qué está pasando en Irak con las mujeres cristianas? El Estado Islámico (ISIS) las viola y las mata, pero sabemos poco de lo que pasa porque desgraciadamente no hay casi periodistas en estos lugares por el altísimo riesgo que representa. ¿Es culpa de los periodistas que no hacemos bien nuestro trabajo? ¿Es culpa de los medios que no dan espacio a estos temas? Podríamos hablar durante horas… Tengo dos amigos freelance que han ido a lugares donde nadie quería ir y se han jugado literalmente la vida. Siria, Sierra Leona, el último rincón de Ucrania… Se han gastado sus ahorros en estos reportajes y los medios no les han comprado los reportajes, que eran excelentes, o se los han comprado por 30 o 40 euros. Así no se puede hacer buen periodismo. Se está
perdiendo el respeto por el trabajo del reportero y eso es gravísimo. Me he desviado un poco de tu pregunta pero creo que es un comentario que te puede servir también.  Por cierto, te recomiendo una página web que hacen unas amigas periodistas que se llama LolaMora, donde se habla de este tipo de temas y de la mujer víctima en los conflictos.

Y por último, y siguiendo las palabras del corresponsal Julio Alonso “para hacer periodismo en la guerra, hay que estar donde se mata y se muere”. ¿Ha vivido alguna situación trágica que no haya podido olvidar?

No me gusta demasiado contar “batallitas” como yo las llamo. Creo que nosotros no somos la noticia y detesto el “periodismo estrella”. Pero sí, ha habido reportajes y momentos muy concretos que me han cambiado la vida para siempre. Una no vuelve igual de ese tipo de coberturas. Mi primer reportaje en los territorios palestinos, en plena segunda Intifada, en un pueblo llamado Nablus, al norte de Cisjordania, me marcó para siempre. Tener a una persona a tu lado y verla morir un minuto después te hace plantearte muchas cosas sobre la fragilidad de nuestra existencia y las prioridades de la vida. Irak, durante la guerra del 2003, fue también una misión muy dura en la que nos tocó ver masacres terribles y en la que corrimos muchos riesgos. Yo pensaba en mis padres mucho… en lo que sufrirían si me pasaba algo. Y te señalaría también el terremoto en Haití en enero de 2010. No fue una situación de guerra pero fue un drama difícil de asimilar. Tanta gente muerta, tanta pobreza… Llegué a Puerto Príncipe horas después del seísmo y las imágenes eran dantescas. En esos casos, como te decía al principio, contar y contar bien lo que ves es una gran responsabilidad, pero también una gran satisfacción. En esas situaciones, sí siento que nuestro trabajo vale para algo.

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