El último estudio de la Asociación Española de Videojuegos (AEVI), en colaboración con la consultora Gfk, arroja datos recientes sobre el consumo de videojuegos en España: el gasto medio de los hogares en videojuegos ronda los 100€, mientras 3 de cada 4 hogares disponen ya de al menos una consola. En 2011, el 25,4% de los adultos en Europa ya disfrutaban de los videojuegos como un pasatiempo habitual, y la proporción no hace sino aumentar.

Las cifras no dejan lugar a dudas: la progresiva penetración de los videojuegos en la sociedad está expandiendo y cambiando los horizontes de la industria como nunca antes. Una entusiasta apertura comercial que ha reconvertido las reglas de una industria próspera, pero cada vez más competitiva. Pero, ¿acaso el concepto de videojuego sigue siendo el mismo?, ¿quiénes son los verdaderos artífices de esta expansión?

Mientras las grandes firmas siguen sumando cifras récord a sus súperproducciones triple A, juegos anónimos como Minecraft, Flappy Birds o Candy Crush logran una repercusión mundial de la noche a la mañana con beneficios multimillonarios. Detrás de este fenómeno encontramos grupúsculos de trabajo que llegan a reducirse a un único trabajador que toca la campana de oro; éstos son los nuevos referentes del éxito empresarial del sector.

La competencia de la industria independiente tiene escaso recorrido y debe mucho a la proliferación de herramientas de código libre y a las nuevas fórmulas de micromecenazgo como Kickstarter, que obran en beneficio de los pequeños emprendedores. Su funcionamiento es sencillo: durante un tiempo limitado un proyecto creativo presenta un objetivo de financiación a la espera de patrocinadores que hagan posible su comercialización. Si el mínimo económico no se alcanza, el proyecto no percibe fondos pero cada vez es más habitual encontrar casos en los que la recaudación final multiplica las expectativas económicas de salida. Este método de financiación ha revolucionado no sólo los videojuegos, cuya incorporación ha sido relativamente reciente, sino también el mundo de la música, la moda o el cine.

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Fuente: Kickstarter

Pero la clave del éxito independiente no se reduce únicamente a factores cuantitativos: la innovación y la amplia oferta de productos ha sabido atraer a una audiencia casual, hasta hace poco inexplorada por el sector, al tiempo que ha recompensado al público tradicional con títulos brillantes poco convencionales. Hay productos de todo tipo y para multitud de plataformas: desde sencillos videojuegos para facebook como Farmville, hasta portentos artísticos como Ori and the Blind Forest o Transistor. El consumidor puede escoger cómodamente entre un amplísimo catálogo.

A estas alturas tampoco podemos ignorar otro gran círculo de influencia para la industria: Youtube. Gameplays, walkthrough, sesiones streaming… nuevos formatos audiovisuales que componen el decálogo del entretenimiento continuo de los youtubers. Juegos como Slender Man, Amnesia o Flappy Birds eran juegos completamente desconocidos hasta que los grandes reyes del medio hicieron de ellos fenómenos mainstream. Por ello no es de extrañar que empresas de todo signo, no sólo de videojuegos, traten de acercarse a estos líderes de audiencia.

Otro factor no sólo de éxito, sino de prestigio de la industria independiente lo encontramos en propuestas de Early Access: el jugador adquiere el videojuego en una fase temprana del desarrollo para disfrutarlo a lo largo de todo el proceso de producción, pudiendo comunicar a sus creadores sus gustos y preferencias. Todo un acierto que permite la financiación directa del proyecto, un mejor acabado del mismo y que por si fuera poco, prescinde de la contratación extra de profesionales -beta testers- que identifiquen bugs, puesto que la comunidad de jugadores trabaja con ellos y les informa de los errores del juego. Una excelente forma de disfrutar de los videojuegos y de recompensar el esfuerzo de los creadores.

Toda esta aventura no ha pasado desapercibida para el núcleo tradicional de las empresas. Ciertamente sus producciones estrella pueden presumir de los presupuestos más ostentosos del mundo del entretenimiento, pero cada vez encuentran más dificultades para ser rentables. Hablamos de títulos que juegan su mejor carta en las dos primeras semanas de su lanzamiento en un mercado cada vez más competitivo. El dinero debe caminar sobre estrategias probadas y rutas ya conocidas, mientras que la innovación queda en el terreno de la incertidumbre. Una incertidumbre conquistada por la industria independiente gracias la deslocalización del proceso productivo de videojuegos.

Bastion, the Binding of Isaac, Darkest Dungeon, Gunpoint, Mark of the Ninja, Papers, please, Undertale, World of Woo… los estudios independientes han demostrado que el acabado técnico no compromete el resultado final y que ya no existe una única garantía de éxito: la clave es la diversidad.

Otra forma de hacer videojuegos y de disfrutarlos es posible.

 

 

 

 

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