«Poca gente sabe que nuestro club es el único de España que tiene la categoría de competición y la categoría adaptada», manifiesta Tomás Herrero, entrenador del Club Natación Cuenca. Un club compuesto por 160 competidores que «siempre está entre los dos primeros a nivel regional». Él prepara a la categoría infantil y a personas con síndrome de Down, sin ninguna diferencia en el entrenamiento para unos y otros, aunque confiesa que éstos son más disciplinados y se quejan bastante menos. «Así se lo inculcan desde pequeños en la Asociación de padres de Síndrome de Down de Cuenca (ADECU), con la que tenemos mucha relación», aclara el entrenador.

Tomás destaca a cuatro alumnos con Down que entrenan con los normalizados, tal cual los llama él, porque «van más avanzados y son capaces de llevar el ritmo y siempre están entre los tres primeros del club». Los cuatro tienen una larga lista de medallas, conocen bien lo que es subirse al pódium y día a día se esfuerzan para superarse. Por supuesto, no dudan en animarse mutuamente cuando alguno se queda sin fuerzas. El especialista en esto es Mariano Latorre: «Cuando yo ya no puedo más prefiero ultimar mis fuerzas animando a mi compañero para que gane». Mariano, que practica la natación desde los 12 años, ha consiguiendo el bronce en 100 metros libres en el Campeonato de España, además de colocarse en el tercer puesto en 100 metros mariposa y la plata en 50 espalda en el Campeonato de Castilla-La Mancha. «Un día me esforcé tanto que después de ganar me puse malo», cuenta Latorre con satisfacción. Aunque la natación seguirá en su vida y tiene como prototipo a David Meca, a Mariano le gustaría ser entrenador de fútbol.

Otra veterana nadadora en este club es Silvia Lara, a quien se le debe el nombre de la piscina por ser la primera campeona de España con síndrome de Down en 1996. Con 14 años de recorrido a sus espaldas, Silvia ha recibido varias becas deportivas, ha cruzado el Estrecho de Gibraltar y guarda bien en su memoria los cuatro records que tiene: 200 metros estilos, 100 braza, 50 braza y 100 estilos. En el regional de Castilla-La Mancha consiguió el oro en 100 metros libres y 50 braza y la segunda posición en 50 metros libres. Tras su don de nadadora, Silvia deja a la vista que también se le da bien hablar, pues es muy charlatana y no tarda en contar que su ídolo es Eduardo Cruz, un nadador invidente que ganó las Olimpiadas de Pekín y que ella dice ser su prima segunda. Casi sin dejar hablar a sus compañeros, Silvia tiene claro que ella sí quiere ser entrenadora de natación.

El siguiente avanzado, Francisco Pérez, es el modelo a seguir para todos los de la categoría infantil, según expresa Tomás, «porque siempre viene con alguna medalla de los campeonatos». He aquí la razón: Paco, como le llaman comúnmente, lleva desde los cuatro años dedicándose a este deporte. Por esa razón ha sido campeón de Europa en Italia, subcampeón del mundo en Grecia y ha estado también en Polonia e Islandia. Su carrera deportiva no termina ahí. Este nadador ha conseguido tres records nacionales en diferentes Campeonatos de España y en 2014 ha obtenido la medalla de plata al Mérito Deportivo, la misma que Silvia consiguió en 1999. El ímpetu con el que cuenta toda su trayectoria demuestra el orgullo que siente hacia su esfuerzo y el amor hacia la natación, pues Paco también quiere seguir dedicándose a ello y ser entrenador de esta disciplina. En este caso, su nadador preferido es Michael Phelps.

Silvia Lara, Mariano Latorre y Francisco Pérez. // Foto Violeta Puerta
Silvia Lara, Mariano Latorre y Francisco Pérez. // Foto Violeta Puerta

Por último, el más joven y vergonzoso pero puro nervio, según lo califica Tomás, es Alfonso Pérez, campeón de España en la categoría infantil, oro en el regional de Castilla-La Mancha en 50 metros libres y 50 braza, y bronce en los 100 metros libres. El entrenador confiesa que le costó mucho que este joven avanzara pero que a través del juego lo consiguió, tanto nadar un largo entero como subirse al trampolín. «Lo bueno de Alfonso es que aprende imitando y adora tanto a Paco que siempre intenta asemejarse a él», expresa el monitor con admiración, quien tiene elogios para todos. Se nota que Tomás disfruta mucho de su profesión y de estos cuatro nadadores que, además, a excepción de Alfonso, trabajan. Por eso, el profesor destaca el esfuerzo y dedicación de estos Down, aparte de considerarles nadadores innatos. Para ellos, Tomás es el mejor entrenador que han tenido, dentro y fuera del agua, y «tiene mucha paciencia. Nos anima y nos motiva mucho», opina Silvia.

 

«¡No hay cansancio!», es la frase que utiliza Herrero para que sus alumnos lleguen hasta el final del entrenamiento con buenos resultados: «Si al finalizar están cansados es que han hecho un buen trabajo, si no, no se notará la evolución». Otra técnica que utiliza Tomás es apuntar los tiempos que van haciendo en los diferentes ejercicios del entrenamiento para que entre ellos se piquen y se esfuercen más en ganar a su compañero. ¿Y en qué consiste el calentamiento? «De momento, como acaban de volver de las vacaciones, las actividades son para ganar fondo; cuando se acercan a las competiciones hacen ejercicios más específicos», explica el monitor. Todo la preparación de la clase está recogida en una pizarra. En primer lugar, marca el ritmo al que quiere que se haga el entrenamiento según las órdenes del director del club, en este caso es z1 -cada director utiliza su propio lenguaje-.

En total hacen 5.000 metros distribuidos de la siguiente manera: un calentamiento compuesto por 6 series de 100 metros a estilo libre descansando 20 segundos una vez que hayan hecho los cuatro modos de la disciplina -braza, espalda, crol y mariposa-. A partir de este momento, cronómetro y silbato en mano, pues Tomás no se separa de estos utensilios para apuntar las marcas personales y el tiempo de descanso, así como para indicar las salidas. Ahora toca hacer 4 series de 500 metros y, para finalizar, 8 repeticiones de 25 metros con salidas. El entrenador insiste en que es preferible pararse si están cansados «porque si no pierden la técnica». Al terminar, todos se juntan para estirar. Se colocan en círculo y cada día salen dos al centro a dirigir el estiramiento. «Esto lo hacemos así para que tengan más trato entre ellos, ya que la natación es un deporte en el que prácticamente no pueden hablar entre ellos», expone Tomás. Todo esto en un entrenamiento de dos horas de lunes a viernes.

El Club Natación Cuenca es un ejemplo de esfuerzo, superación y, sobre todo, compañerismo e integración. «Entre todos se llevan muy bien, aunque si se tienen que regañar entre ellos se regañan. O si se tienen que tocar para que les dejen pasar al nadar, pues no se cortan. Siempre desde el respeto», confiesa Tomás. Así es este club y lo que se esconde tras el mérito del entrenador Tomás Herrero y los alumnos con síndrome de Down Silvia Lara, Francisco Pérez, Mariano Latorre y Alfonso Pérez.

 

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Violeta Puerta

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