La revista mensual Yorokobu nace en 2009, contra todo pronóstico. Pero hablar solo de una revista sería quedarse corto. Diseños y contenidos, en papel y web, tan singulares que casi obligan a seguir leyendo, mirando, o tocando, en el caso de algunas de sus portadas.

Yorokobu es el primer “hijo” de la editorial de contenidos Brands and Roses, la primera experiencia editorial de sus creadores. El alumbramiento se produce en el punto álgido de una crisis en la que, en palabras de uno de sus fundadores, “había demasiada información y era el momento de buscar otras vías”. Durante estos seis años no solo ha aprendido a andar si no que cuentan con numerosos premios en su haber, 65 publicaciones mensuales, 25 mil seguidores en Twitter y una tirada de 30.000 ejemplares.

La revista no ha parado de crecer. De sus nueve progenitores ha pasado a 80 incluyendo colaboradores (muchos freelance) en la actualidad. Entre los fundadores se encuentran Rocío Martín y Fermín Abella, que se encargan de la parte comercial y de márketing. De esas 80 personas “todas cobramos”, asegura Fermín con un sentido del humor que desafía la palabra ‘crisis’ y provoca la tímida risa de su reducido auditorio en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca.

La presentación en esta Facultad, el pasado 28 de octubre, tiene mucho que ver con las palabras con que se definen en su web: “Nos gusta la innovación, la inspiración, las tendencias, las aventuras de los emprendedores, las cosas positivas que ocurren en el mundo y nadie cuenta… Y, en definitiva, la creatividad y todo lo que nos haga aprender y pasarlo bien.». Cuando preguntan en la sala quien les conoce, aproximadamente la mitad de los asistentes de Bellas Artes levantan el brazo.

Si de algo ha sabido nutrirse Yorokobu es del talento de gente por descubrir. Algo que le ha permitido destacar especialmente en su mayor sello de identidad: sus portadas. Por tanto, el motivo de esta presentación no podía ser otro; un concurso, junto a Volkswagen, para diseñar su portada y contraportada. Se toman con humor la coincidencia de su creativa búsqueda con la contaminada imagen de la compañía de automóviles en estos momentos.

Entre las características de los fundadores de Brands and Roses, además de la búsqueda de talento, se cuenta su positividad. Les aconsejaron una cabecera vistosa y olvidarse del papel. Se lanzaron con 4.000 ejemplares y “tenemos la cabecera más pequeña de todas”, dice Rocío.

Les propusieron que buscasen un nombre sencillo, fácil de recordar, y decidieron que la traducción de “ser feliz” al japonés era la mejor de las opciones. “Yorakab, yokubo… al principio nos llamaban de todo”, también recuerdan los problemas de los kiosqueros para recordar su nombre, “fue un desastre”.

Pero Yorokobu ha sido todo lo contrario a un desastre y ha dado con las dos claves para un buen proyecto comunicativo: “un buen diseño, para hacer que la revista sea visualmente atractiva y el contenido. Siempre decimos que si tienes un buen diseño pero luego no hay ‘chicha’ no te promocionas”.

 

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Portada de Antonio Felipe. Fuente: Íñigo Ortiz

 

Su trabajo creativo, original o transgresor, en el campo de las artes gráficas, les ha dejado varios premios Laus por el camino, entre ellos el Premio Genio Oro a la mejor portada. Esta última se trata de una portada de agua, su diseño es tan surrealista como las anécdotas generadas, “había empresas que no dejaban entrar la revista por miedo a que el líquido fuese inflamable”. Otras, cocinadas o tejidas, no menos originales y todas ellas elaboradas a cambio de cero euros y mucha confianza. Los reconocimientos a Yorokobu han servido como garantía para otros proyectos, entre los que se encuentran algunos como bluemagazine (BBVA), Ahorrando Neuronas (EVO), Ling (Vueling) o zerolistillos con Coca-Cola, quien “ha confiado mucho en nosotros” según Rocío. Pero “¿cómo se empieza sin dinero?” quiere saber una de las asistentes.

“Reducción de costes al mínimo (un año y medio sin cobrar), si no tienes dinero tienes que invertir tu tiempo y tu trabajo. La confianza es clave a la hora de rodearte de gente y creer en lo que estás haciendo. No hay más truco”

La confianza en Yorokobu es otro de los pilares que hace posible que funcione y se practica desde dentro, “empezamos a trabajar en un garaje y es muy gracioso porque muchas veces cuando estamos todos no hay sitio para sentarse, por eso trabajamos desde casa y por tanto tienes que confiar en que la gente está trabajando”.

La colaboración con otros medios periodísticos como el blog Materia, Mongolia o ediario.es se basa también en la confianza que genera el interés por “las mismas cosas y la manera de contarlas”, si bien es cierto que intentan mantenerse al margen en cuestiones políticas, lo cierto es que comparten colaboradores freelance, éxito y probablemente muchos de sus lectores. En el caso de eldiario.es incluso se comparte enlace mutuo desde ambas webs.
“No queremos ser obvios, queremos que la gente rasque lo que hay detrás” apunta Fermín. No cuentan con secciones, ni un criterio para seleccionar temas. “Buscamos que el contenido sea bueno y a partir de ahí para adelante”. Tal vez haya sido esa agenda-setting en blanco o ese orden en el caos lo que ha generado la confianza de los lectores en un proyecto diferente que demuestra que hay vida en el mundo de la comunicación y el periodismo más allá de 2009.

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