El deporte no entiende de sexo, ni de raza, ni de religión. Tampoco entiende de edades. Pese a la imposibilidad de poder competir con las altas élites nacionales, las personas con una cierta edad poseen sus categorías y campeonatos distintos en muchos deportes. No se trata de categorías profesionalizadas al cien por cien, pero permiten crear un hueco para cierto público que busca nuevas experiencias o continuarlas en otra etapa de su vida. La historia de Celestino Portillo Martín, más conocido como “Quini”, no es la típica de una persona con metas, retos u objetivos por alcanzar. Es el relato de una ilusión: disfrutar, cada día, de su mayor pasión, la bicicleta. Lucha por que nada le impida pasar el tiempo con la cabeza agachada, mirando la cubierta de la rueda delantera de su bicicleta acariciar el asfalto. Pese a que algunos años atrás el destino le puso a prueba, él sigue haciendo kilómetros sobre dos ruedas, de la única forma que sabe: luchando y con valentía.

Quini mostrando sus trofeos orgulloso de lo conseguido
Quini mostrando sus trofeos orgulloso de lo conseguido

Celestino nació en plena meseta castellano manchega, en un pueblo de gran tamaño a cincuenta kilómetros de Ciudad Real. La situación de aquella época no permitía que todos los niños fueran al colegio y, ni mucho menos, que ampliaran sus estudios mucho más. Comenzó a trabajar muy joven para ayudar a su familia a sacar adelante a sus hermanos. Los valores de la modestia, la humildad, el esfuerzo y el sacrificio fueron acuñados en su interior a base de cargar peso, de quebrar sus manos jóvenes manipulando objetos peligrosos y realizando esfuerzos recomendados más bien para otras edades. Durante la etapa de, teórica, plenitud física de toda persona, se dedicó trabajar para sobrevivir, y para sacar adelante a sus hijos.

En lo que respecta al ámbito deportivo, los mejores años de su vida no los dedicó al deporte que hoy le da las ganas de levantarse cada día. Jugó al fútbol, en el club de su localidad: el Manzanares C.F. No consiguió grandes logros con el equipo manzanareño, pero Celestino, o como más bien le conocen, “Quini, sostiene que “Si las condiciones en el fútbol hubieran sido, en aquella época, como las actuales, yo hubiera llegado lejos”. El fútbol es una de sus pasiones hoy en día para disfrutar desde el sofá de su casa, desde donde, si su otra pasión lo permite, visiona todos los partidos posibles de la jornada. Si no fuera por su modestia y humildad, tendría en su casa todos y cada uno de los trofeos que ha ido coleccionando durante muchos años de pedaleo, sin embargo, su personalidad ha hecho que ceda sus trofeos a sus tres hijos, para que puedan disfrutar de ellos y sus nietos puedan ver lo que su abuelo ha conseguido.

Sacrificio. Esa es la palabra que primero sale de su boca cuando se le cuestiona por el secreto para conseguir tantos éxitos. Y no le falta razón. Solo con una dedicación extrema y una pasión sin fronteras ha conseguido vivir una segunda juventud deportiva llena de éxitos locales, provinciales, autonómicos e, incluso, nacionales. Entre muchos otros trofeos y títulos que ha podido olvidar con el paso de los años, estos son los que hemos podido recolectar de su propio testimonio y de distintas bases de datos: Moratalla, 8 veces Oscar Sevilla, Alcorisa, Sierra de Gúda, escalador de oro en Sierra Nevada, Albacete, Camuñas, 7 primeros de contrareloj en Membrilla, 4 primeros en Pozoblanco, Ayora, Requena, Quintanar de la Orden, 4 veces campeón de Castilla la Mancha, Almagro y contrareloj de Alarcos (CR). Además de todo ello, ostenta el mejor tiempo de su categoría en la Quebrantahuesos nacional.

Una lista de títulos que no acaba, de copas que no encontrarían sitio en una vitrina y de medallas que pintarían de dorado cualquier pared. Pero sin duda, tras la enumeración de tantos títulos, dos éxitos sobresalen por encima de todos los anteriormente nombrados. El año 2011 supuso un frenazo en seco en su carrera sobre el sillín. Lo que parecía un dolor sin importancia en la zona abdominal pasó a ser un cáncer de próstata. Resulta llamativo, pero a la vez algo de esperar si lo conoces en persona, el hecho de que él mismo fuera el más fuerte de entre sus familiares. La preocupación se adueñó de todos sus seres queridos, pero “Quini” se mantuvo sereno, confiando en que se recuperaría de todo. Luchando, como siempre. Varias sesiones de radio, sin llegar a quimioterapia, le dejaron bastante lastrado físicamente. Pero, una vez recuperado de la enfermedad, y en contra de las recomendaciones de los médicos, se puso de nuevo a recuperar su forma encima del sillín.

Su vida es la bicicleta y si el cáncer no había podido con él, el hecho de no poder seguir haciendo ciclismo sí que lo hubiera derribado. Sin embargo, con largas sesiones de entrenamiento, volvió a subirse encima de la bicicleta, a competir, a ganar y, sobre todo, a ser feliz. Volvió a recuperar su nivel de forma, hasta que hizo acto de presencia otro desgraciado acontecimiento no esperado. En una de sus interminables salidas mañaneras a entrenar, el viento jugó una mala pasada a nuestro protagonista. Atravesando una de las rutas más concurridas por ciclistas y a una velocidad elevada, un abanico de viento derribo a “Quini” dejándolo muy mal parado fuera de la calzada. Sus compañeros de ruta lo socorrieron de forma bastante rápida y, se puede decir y afirmar, que con esa rápida reacción le salvaron la vida.

Múltiples lesiones, apenas presentaba movilidad alguna en su cuerpo y varias semanas postrado en una campa del hospital de la capital de provincia. El tiempo pasaba y su carácter varió. Ya en casa apenas podía moverse del sillón que se ubicaba delante del televisor, pero, otra vez, su fuerza mental y física, se impusieron contra todo pronóstico. La recuperación se aceleró inesperadamente. Los médicos estaban muy sorprendidos con la evolución que “Quini” presentó. Los médicos, una vez más y por una causa diferente, recomendaron no subirse más a una bicicleta y, en un principio, “Quini” acató el consejo médico, pero no duró mucho. Poco a poco fue preparándose físicamente para subirse de nuevo en una bicicleta, donde, meses atrás casi pierde la vida. El miedo no existe cuando este intenta impedir que renuncies a una pasión que es más fuerte que él.

Recibiendo el premio de la carrera de Moratalla
Recibiendo el premio de la carrera de Moratalla

“Quini” volvió a montarse. Siguió, sigue y seguirá encima de su sillín. Batiendo records, demostrando que la edad no es una barrera cuando llevas la lucha, el sacrificio y el esfuerzo por delante. Se trata de uno de los mejores deportistas de la región, pero, por encima de todo, se trata de una persona con unos valores encomiables, noble y siempre defensor de sus seres queridos a ultranza. Pese al porcentaje de discapacidad que el accidente acarreó, sigue subido en la bicicleta y batiendo records. Uno de sus muchos éxitos conseguidos tras el accidente, se trata de haber finalizado la quebrantahuesos celebrada este año en Huesca, consiguiendo el mejor tiempo de su categoría. Y ahí sigue, entrenando casi a diario y disfrutando como nunca de sus seres queridos y de su pasión. Dos cosas que si perdiera serían más peligrosas que la enfermedad que sufrió y el accidente juntos.

 

Entrevista

Pregunta: ¿Cómo comenzó su pasión por la bicicleta y porque? ¿Había realizado algún deporte anteriormente?

Respuesta: Me regalaron una por el día del padre mis hijos. Era una bicicleta de montaña y ahí empezó todo. De la bicicleta de montaña pasé a la de carrera. Empecé a conocer a ciclistas y así me fui metiendo en el equipo (Castillo Pilas Bonas) y me asocié a la federación de ciclismo de España, porque quería competir en mi categoría. De joven jugué al fútbol.

P: ¿Cuál fue el éxito más difícil de conseguir? ¿Y el de mayor importancia para usted?

R: La carrera en Murcia, Moratalla. 170 km y 4 puertos de montaña, dos de primera y dos de segunda categoría. El de mayor importancia es ser cuatro veces campeón de Castilla La Mancha y una vez quinto de España, teniendo una avería en medio de la carrera.

P: ¿Qué es lo primero que se le vino a la cabeza cuando le diagnosticaron la enfermedad?

R: Disfrutar de mis hijos y nietos y, sobre todo, montar en bici, porque se me iban los malos pensamientos.

P: ¿Cómo se lucha contra algo tan grave como un cáncer, como lo hizo usted? ¿Cuál fue su motivación?

R: La mayor motivación fue mi familia, pero sobre todo, la bicicleta. Incluso mi oncóloga me felicita.

P: ¿Le costó volver a tener la forma física adecuada tras la enfermedad?

R: No. Siempre me mantuve encima de la bici, aunque con un poco de menos fuerza debido al tratamiento.

P: ¿Vive con miedo de que se pueda volver a reproducir?

R: Vamos a ver, yo tengo cáncer de próstata. El cáncer está ahí, lo tengo en el hueso y no tiene operación. Lo que estamos haciendo es reducir las posibilidades de metástasis, y por ahora está todo controlado, aunque claro, tengo que seguir con la medicación y con controles médicos. Pero no, no tengo miedo, ahora soy feliz con mi hija, yerno y nietos.

P: ¿Cómo ocurrió el accidente? ¿Llegó a pensar que era el final?

R: Bajando de un puerto a 80 km por hora vino de repente una ráfaga de viento y me tiró de la bicicleta. Sí, estoy vivo de milagro y gracias a la ayuda de mi amigo y compañero Pedro.

P: ¿Cómo encaró una recuperación tan dolorosa cómo esa?

R: Con valor, valentía y coraje y repitiéndome cada día que tenía que volver al que era antes del accidente.

P: Pese a que las recomendaciones de los médicos decían que no volviese a coger la bicicleta ¿Por qué decidió seguir montando en la bici?

R: Yo no podía quedarme en mi casa sin hacer nada, no soy un abuelo que está todo el día sentado. Empecé a hacer rodillo y, como cada vez me sentía mejor, comencé a coger la bici, y esa fue mi recuperación. Hasta los médicos se quedaron sorprendidos al ver lo deprisa que me recuperaba gracias a la bici.

P: ¿Su vida es la bici?

R: Ante todo, están mis hijos y nietos, pero no podría vivir sin seguir con la bicicleta. Es pasión lo que siento cuando estoy subido en la bici compitiendo.

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