¿Quién ha oído hablar del Mölkky? Probablemente nadie, esa es precisamente la razón por la que he decidido adentrarme en este maravilloso mundo, el inesperado y genuino juego de puntería finlandés.

Intentar contar o explicar lo que ha sido mi participación en este deporte minoritario, resultaría imposible, ya que no estamos ante un campeonato del mundo. Narrar toda la experiencia vivida, implicaría tener que escribir páginas y páginas, y pese a ello, no ser capaz de expresar la fuerza e intensidad que la mañana allí vivida merece. Así pues, cuando alguien decide inscribirse en esta aventura, comienza a formar parte de un grupo que vive una experiencia intensa, deportiva, social, afectiva y familiar.

Reglas del juego

Para jugar a estos bolos finlandeses, hay que seguir unas pequeñas normas. Doce pivotes numerados que se colocan en el centro del terreno de juego, contando entre 6 y 8 metros aproximadamente desde la línea de lanzamiento. Con un tarugo llamado Mölkky, los jugadores tiraran sobre dichos pivotes. Si derriban más de uno, anotará tantos puntos como pivotes tumben, por el contrario, si solo impactan en uno, anotarán los puntos que indique dicho pivote. Tras esto, los pivotes se levantan en la posición en la que el pico apunte, de forma que se van desperdigando. El objetivo: llegar a 50 puntos sin pasarse, ya que en ese caso, la puntuación retrocedería hasta 25 puntos. Además, si un jugador tira sin derribar ningún pivote tres veces consecutivas, queda eliminado. Durante la partida, se van anotando los puntos que consigue cada jugador. Lo más interesante del juego es cuando se está llegando al objetivo, ya que hay que buscar el lanzamiento adecuado para no pasarse de puntos.

Probablemente parezca un juego sencillo, algo fácil, pero no lo es. En mi primera experiencia en el juego del Mölkky, me he dado cuenta de que es algo complicado. Nada que ver con lo que es para Joaquín o Jesús, que aunque apenas llevan practicándolo un año, ya son grandes profesionales.

Nervios y expectación

Y, como no podía ser de otra forma, Joaquín su mujer Chari y sus amigos Jesús y Toñi echaron algunas partiditas. Y así, con un agradable paisaje y una arena todavía húmeda por la lluvia, se pusieron a lanzar palos. Fueron el centro de atención de todo el “parque del Vivero”, ya que todo transeúnte preguntaba por el juego.

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Jesús y Joaquín jugando con varios espectadores // Foto: Laura Muñoz.

Los pobres Chari y Joaquín comenzaron muy mal su partida, debido a que Chari tenía la puntería fallida tirando 3 veces sin derribar ningún palo. ¡Menos mal que era una partida de amigos! y como ella aseguraba, “la norma de descalificar al que falla 3 veces, nosotros siempre nos la saltamos para que esto sea más divertido”.

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Joaquín tras tirar, Chari y Jesús // Foto: Laura Muñoz.

A medida que transcurría la partida, Joaquín y Chari iban anotando puntos, los cuales se acercaban cada vez más a 50, para el equipo de Jesús y Toñi. Aunque los comienzos no fueron muy buenos, la suerte cambió para Chari y Joaquín que empezaron a sumar tantos casi al final de la partida. A falta de tan solo 12 puntos, Jesús lanza concentrado en derribar el bolo marcado por dicho número; sin embargo, ¡falla! Pasa por tanto el turno de nuevo a Chari, y con este, una oportunidad más para el equipo de Joaquín y Chari. Esta, lanza el Mölkky con intensidad, realizando un tiro excepcional con el que logra 9 tantos.

En el mano a mano entre Jesús y Chari, llega de nuevo el turno de Jesús quien enfila otra vez el número 12, apuntando con una sonrisa y creando la incertidumbre absoluta de todos los presentes. Arriesgando a un solo bolo y con un lanzamiento limpio, Jesús alcanza la gloria cerrando con 50 puntos exactos. “Un gran juego para salir de casa y echar un rato al aire libre” apuntaba Chari.

Sin límites

En la actualidad, el deporte se ha convertido en algo más, ya que la discapacidad no es un límite para todo aquel que quiera practicar su juego preferido. En el caso del Mölkky y sobre todo, en el ámbito conquense, padecer una minusvalía tiene un valor muy importante.

Joaquín es jugador habitual de Mölkky  y sufrió un accidente laboral que le provocó la pérdida de su mano derecha. Este jubilado considera que “es un juego maravilloso que permite desahogarte y olvidarte del mundo”.  A pesar de su discapacidad, para Joaquín “siempre es buen momento para echar una partidilla”.

Aunque muy representativo y sinónimo de superación, Joaquín no es el único caso, ya que su mujer Chari también sufre una minusvalía por hernias discales y un problema en las manos, que le han ocasionado la jubilación temprana. Aun así, Chari no pierde las ganas de practicar este deporte, “aunque jugando no me entero, luego me duele la espalda, pero merece la pena” asegura.

Jesús también se encuentra jubilado ya que sufrió varios ictus, pero él siempre está dispuesto a jugar,  “el lugar donde haya que jugar no importa, el caso es jugar y por supuesto pasárselo bien”. Como no podía ser de otra forma, para estos jubilados, este deporte minoritario, “hace diferente la discapacidad”.

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Ambos equipos tras finalizar la partida // Foto: Laura Muñoz.
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